SOBRE EL CONOCIMIENTO DEL COMUNISMO POR PARTE DE LA CLASE OBRERA DE NUESTRO PAÍS.

Enrique Velasco

Su aplicación práctica en la  U.R.S.S..-

 

Esta problemática, esta forma de escoger los problemas, ordenarlos jerárquicamente unos delante de otros, según acabamos de ver, característica de Marx, en su obra “El Capital”, tuvo una aplicación práctica en Rusia.

Naturalmente, en la forma que Lenin y sus compañeros de partido, entendieron posible y practicable en sus condiciones del lugar y el momento.

Simplificando mucho, al problema de ocultamiento que significa el mercado (la mercancía-cosa acaba ocultando que realmente se trata de un trabajo), respondieron sustituyendo al mercado por un medio de relación entre las unidades de producción mucho más perfecto: un plan. Mucho más transparente y más controlable. Así lo pensaron ellos.

Y al problema de la separación entre el que elabora la mercancía (el trabajador), y quien la lleva al mercado como su propietario (el dueño de la empresa), respondieron poniendo bajo el dominio de los trabajadores (y en su nombre el Estado), todas las empresas del país.

Las soluciones pueden parecer un poco toscas, pero, en todo caso, centraban su problemática en la que ellos consideraban propia de los estudios de Marx. Quizá pusieron más el acento en el trabajo (actividad y resultado), que en la persona del trabajador.

Y esto les costó, seguramente, que tuvieran que inventarse un paraíso (el paraíso del comunismo soviético), que, como todos los paraísos, se fue al carajo.

No obstante, es de señalar, que se trata de un intento fallido, de solucionar problemas, en la línea que los señalaba Marx.

El experimento soviético (es lo que queremos resaltar), se plantea y se realiza en el campo de la problemática Marxista.

Se trata de acabar con las condiciones que permitían el ocultamiento de una realidad que permanecía tapada por una apariencia: las mercancías aparecen en el mercado como cosas propiedad de quien las trae, y son intercambiadas como cosa por cosa (o cosa por dinero –que es otra cosa-). Esta apariencia de intercambio de cosas entre sus propietarios, encubre, oculta, un intercambio entre trabajos.

Esta manera de plantear los problemas, la habían heredado los rusos de Marx. Todo el trasfondo de lo que hicieron y de lo que intentaron, tenía que ver con estos planteamientos. En este sentido, el comunismo soviético, tenía sus raíces en el marxismo.

Y en ese sentido, ni el liberalismo, ni la socialdemocracia, se plantean ni desarrollan una problemática marxista.

Marx, en sus estudios de “El Capital” (que sabemos que es un estudio sobre el trabajo), colocó los problemas en un terreno, los relacionó entre sí de una forma, que, en su tiempo, resultaba una “novedad”. A este enfoque, a este tratamiento de los problemas del trabajo, con el tiempo se les acabó llamando marxismo.

En el sentido más sencillo, eso es el marxismo: una manera de considerar al trabajador y su obra.

Marx no se inventó los problemas que estudiaba. Le pasaba como a Newton, que no inventó la gravedad. El trabajo de los obreros, existía antes de que naciera Marx, y sigue existiendo un siglo después de su muerte. La tierra atrae a los cuerpos hacia su centro, y en el universo éstos se atraen en relación con su masa, antes de que naciera Newton y después de su muerte.

Estos señores no inventaron nada. Se limitaron a destapar lo que estaba tapado. Lo que Colón hizo con América: mostrarla, descubrírsela a los europeos (los del país ya la conocían). Ninguno de los tres hizo otra cosa que observar la realidad material, reflexionar, estudiar. Colón llegó a mostrar con su acción, lo fundado de sus observaciones y estudios. Newton y Marx, se limitaron a poner al descubierto la ley de determinados movimientos. El primero explicó un fenómeno mil veces observado y poco reflexionado: los cuerpos, todos los cuerpos, se atraen entre sí, con tanta más fuerza, cuanto mayor es su masa; como la tierra es superior, muy superior, en masa, a los cuerpos que estamos en ella, nos atrae con una gran fuerza hacia su centro. Se llama ley, porque es la norma constante que se sigue en estos fenómenos.

Marx estudió los fenómenos, los movimientos, que se dan en una sociedad, alrededor del trabajo y de su protagonista, el trabajador.

Como los dos anteriores, no inventó nada. Señaló, mostró, determinados movimientos, fenómenos; y las leyes, que como normas constantes, rigen estos movimientos.

 

Las leyes de los movimientos físicos son más rígidas, más rigurosas, que las leyes que rigen los movimientos sociales, las relaciones entre los individuos de una sociedad.

Todos los cuerpos son atraídos hacia el centro de la tierra. En proporción a su masa. Esto lo podemos decir así; es un fenómeno, una ley física.

Todos los empresarios acumulan ganancias y se hacen ricos. Es una ley del movimiento de la producción capitalista. Es una ley o norma, que se cumple, si no encuentra un obstáculo no previsto, en un medio social, que no es tan rígido como el físico. La norma dice que se ha de cumplir, en la generalidad de los casos, salvo obstáculos imprevistos e insalvables. Es lo que se llama una ley de tendencia. El empresario, por el tipo de relación que establece con el obrero, tiende a acumular riqueza, a hacerse rico.

Esta es una realidad diaria y conocida. Marx dedicó su esfuerzo a sacar a la superficie las causas, escondidas, que hacen que esto funcione así. Su empeño teórico lo situó en este campo concreto, igual que Newton los situó en el fenómeno físico de la gravedad, o Ramón y Cajal en el estudio de los microbios.

Esto hace que el movimiento obrero entrecruce sus caminos con los del marxismo. Es inevitable.

Marx se encontró con un fenómeno social, el capitalismo, y lo estudió. De una manera particular, estudió la manera de producir, de trabajar, en este sistema.

Y en esto, en esta problemática, coincidió con el movimiento obrero europeo. El movimiento obrero europeo, “vivía” los problemas que él estudiaba.

A medida que los escritos de Marx llegaban a partidos y sindicatos obreros, eran acogidos y pasaban a formar parte de su problemática. Es natural, por ello que tanto los socialistas, como los comunistas españoles, tengan su pensamiento y su formación, llenos de referencias marxistas.

El marxismo, como impulso teórico, en el esfuerzo de esclarecer las condiciones que explican  y favorecen el trabajo por cuenta ajena, no tiene más remedio que encontrarse de cara con el movimiento obrero. Los dos están en el mismo terreno. Los resultados del primero, no pueden sino ayudar al segundo a situarse sobre el terreno que pisa.

En lo que tiene el marxismo de acercamiento al conocimiento de las condiciones del trabajo del obrero, siguiendo el camino de la ciencia o un camino con intención de seguir los métodos de ésta; en lo que tiene de reflexión sobre estas condiciones, lo convierte en la “otra” teoría, que puede guiar la acción del movimiento obrero. La teoría liberal sin embargo, es la más admitida en las organizaciones obreras, en la actualidad.

Ambas teorías trabajan sobre el mismo objeto: la relación de trabajo por cuenta ajena y su reproducción. Los datos sobre los que trabajan son los mismos; en esto, no puede haber diferencias.

No obstante, tratándose de una relación el objeto de estudio, cada una de ellas contempla la misma realidad desde uno de los elementos que la componen.

Los liberales contemplan, consideran, la relación, desde el punto de vista del propietario de los medios de trabajo.

Los marxistas, desde el punto de vista de los obreros.

 Los teóricos liberales se vuelcan en el estudio de las condiciones que permitan la mejor evolución, el mejor desarrollo, de la relación empresario-obrero.

El marxismo, el conocimiento más preciso de la relación mencionada, las condiciones que la hacen posible y la mantienen, para, desde ese conocimiento, intentar otro tipo de relación.

Carlos Marx, desempeñó en este terreno, un inmenso esfuerzo, y, puso las bases teóricas que permitieran la continuación del mismo.

Ya hemos repetido que su obra fundamental estuvo dedicada, precisamente, al funcionamiento de la relación empresario-obrero. A esta relación le llamó capitalista. Y en ella centró toda su investigación.

La intención no era otra que sacar a la luz todas las condiciones que dan soporte a la relación empresario-obrero. Y desde este esclarecimiento, desde esta sustitución de los puntos oscuros que deja la teoría liberal, por un conocimiento más riguroso de las parcelas de realidad que ésta oculta; desde este terreno mejor iluminado, mejor conocido, permitir a las organizaciones obreras, desprenderse de los contagios de la teoría liberal, y construir un discurso propio, un proyecto propio, fundado, tanto en el terreno práctico, como en la correspondiente teoría.

Desde estas bases, sentadas a finales del siglo XIX, han ocurrido muchas cosas.

Las dos más significativas, ya las hemos referido. Por un lado, el ensayo ruso-soviético; y por otro, la instalación del socialismo en lo que se llama la socialdemocracia.

El primero consistió, en esencia, en sustituir al trabajador por el partido político. Lo que privó de todo sentido obrero al experimento. Y así lo entendieron los propios trabajadores rusos, que eran los que lo tenían que entender.

La socialdemocracia representa, básicamente, la contaminación del socialismo por parte del liberalismo. De tal forma que, el protagonismo de la producción y de las instituciones que la reproducen, queda absolutamente en manos de los empresarios. Con ligeras variantes, las organizaciones de los trabajadores en Europa, E.E.U.U, y de la gran mayoría de países del mundo, se sitúan, con cierta comodidad, en el seno o en el entorno de esta teoría, y esta práctica socialdemócrata.

Sobre este terreno es sobre el que se abre paso la construcción del socialismo. En el campo de la producción y el de las instituciones. En el escenario de la práctica y en el de la teoría.

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