SOBRE EL CONOCIMIENTO DEL COMUNISMO POR PARTE DE LA CLASE OBRERA DE NUESTRO PAÍS.

Enrique Velasco

¿Por dónde se empieza?.-

         

Dentro del sistema capitalista, y siguiendo sus reglas de funcionamiento, no se llega a una sociedad comunista, no se construye el socialismo. Y eso es lo que hacen nuestros partidos, comunista y socialista.

            ¿Cómo se hace?, ¿Por dónde se empieza?

                        En primer lugar, habría que tener en cuenta quién se hace estas preguntas. Porque, en principio, una gran proporción de trabajadores europeos, españoles, no les parece mal el camino que siguen y la meta que buscan los partidos que votan: el bienestar general. Y dentro de ese bienestar general, naturalmente, también el de los obreros. Y este bienestar general, lo persiguen en España: el P.P., el P.S.O.E., Convergencia i Unió, el P.N.V., el P.C., Izquierda Unida, etc.; y en el resto de Europa los que hemos citado, es decir, todos.

            Esto quiere decir que, en principio, los interesados en empezar hoy a construir el socialismo, el comunismo, son una minoría de los trabajadores.

            ¿Por qué se dice “en principio”? Pues porque hay un sin número de trabajadores desengañados, aburridos del camino seguido hasta ahora por sus partidos, y que si vieran la posibilidad de un camino practicable, se podrían enganchar a él.

            En todo caso, los interesados en las preguntas anteriores, son muy pocos.

            ¿Cómo se hace y por dónde se empieza?

            Hay que situarse, para empezar, en el “lugar” del obrero, y en general, en el “lugar” del trabajador. Así nos lo indica Marx en sus estudios.

            Desde el “lugar” del obrero se analiza la composición y ordenación de nuestra sociedad capitalista.

            No desde la Constitución, desde las leyes que hace el Parlamento, desde el Parlamento mismo. No desde el Gobierno ni de sus decisiones. No desde los Tribunales y sus sentencias. Ni desde las Universidades y las Escuelas. Ni desde el alto lugar en que se coloca la cultura. Ni desde la intelectualidad crítica. Ni desde los partidos políticos. Ni desde los sindicatos.

            Todos estos “lugares” citados los ha construido el capital. Los ha construido y los vigila atentamente. Entre todos ellos delimitan el “espacio” en el que se desenvuelve el trabajo obrero.

            Marx llegó a identificar de la manera más simplificada este lugar. En todas las sociedades, dice, el secreto más íntimo para esclarecer y entender su composición, hay que buscarlo en el método, en el modo en que se extrae el excedente al trabajador directo de la producción.

            El trabajador directo en al producción material, produce más de lo que consume; lo que resta, el excedente lo aprovecha la clase dominante, el amo. Así ocurre en los antiguos imperios asiáticos, en el reino de los Faraones, en los regímenes de la esclavitud y en el de los siervos, y en nuestro régimen o sistema del capital (del trabajo colectivo por cuenta ajena).

            La forma de relacionarse el trabajador con los medios de trabajo, y como consecuencia, con el producto que obtiene, nos da la clave y la explicación de todas las instituciones que se le montan encima y viven de él.

            Estas instituciones dominadoras y avasalladoras, son a lo largo de la historia, las encargadas de explicar y enseñar cómo está construida la sociedad, y cual es el papel de ellas mismas en todo ello.

            Este hecho, según Marx, dificulta extraordinariamente que un simple trabajador pueda tener una imagen clara de su papel en la sociedad en que vive y trabaja.

            A lo largo de las fases históricas que hemos mencionado, todas las instituciones no han tenido otra finalidad que sostener la modalidad correspondiente de prestación del trabajo en la producción. Y esto, con un doble objetivo. De una parte, montar el aparato, los aparatos de coacción necesarios para mantener esa situación, hacerla sostenible. De otra parte, para justificar y dar razón de la bondad y adecuación de la acción de estos aparatos, así como presentar la propia situación como muy satisfactoria.

            Que estas propias instituciones sean las que aporten el material instructivo, educativo, para que los trabajadores de la producción se hagan cargo de su situación en el trabajo y en la propia sociedad, es un sarcasmo. Pero es así. ¿Quién enseña historia?, ¿quién enseña economía?, ¿quién enseña derecho?, ¿quién enseña moral?, ¿quién enseña qué es trabajar?, ¿quién enseña qué es un obrero, qué es un empresario, qué es un banco, qué es el salario, qué son los impuestos, qué es el Estado, cómo se organiza la sociedad?

            ¿Quién lo va a enseñar?, nos dirán.

            Y lo dirán con toda razón. En el sistema del capital, quien lo enseña todo son las instituciones del capital.

            Parece una perogrullada (una evidencia), y lo es, pero es que esa evidencia es la que provoca la pregunta que hemos hecho antes: ¿Entonces, por dónde se empieza?

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