SOBRE EL CONOCIMIENTO DEL COMUNISMO POR PARTE DE LA CLASE OBRERA DE NUESTRO PAÍS.

Enrique Velasco


Los primeros pasos en el nuevo proceso.-

Este primer paso, en la producción cooperativa, resulta bastante comparable al proceso productivo capitalista. Resulta perfectamente visible su paralelismo mutuo.

            Se trata del proceso de trabajo material, visto en ambos casos en forma esquemática y abstracta (más atrás habíamos visto que un proceso de trabajo así, no se da nunca, sino que se dan enlazados constantemente, es decir, se reproducen constantemente -ningún carpintero hace una silla solamente-; y sin embargo, aquí lo hemos contemplado como si así fuera).

            Pues bien, es precisamente en la reproducción de ambos procesos, donde se hacen perfectamente visibles las diferencias. Y es en la reproducción donde aparecen las “novedades”, y por tanto los problemas nuevos y las soluciones nuevas. Nos referimos, naturalmente, al proceso de reproducción socialista, cooperativo; el otro, ya lo conocemos.

            Suponiendo acabado el primer paso, en la forma en que lo acabamos de ver, al plantearse su continuación, su reproducción, se ha de planear su desarrollo, se han de proyectar sus distintos movimientos, en la siguiente forma, más o menos:

- En el capitalista, el planteamiento lo hará el empresario, en la forma conocida. Los costes, salarios y reposiciones materiales, se restan del valor obtenido del producto vendido, y el resto es su ganancia. Repuestos el valor obtenido, los costes de personal y materiales y equipos (instalaciones), el proceso se puede repetir una y otra vez. En cada ciclo lo que el empresario ha de decidir es, si la ganancia que va acumulando la dedicará a mejorar su reproducción personal (vivienda, ocio, coches, viajes, etc.), a la reproducción personal de los obreros (mejorando su salario), a la mejora de las instalaciones, a la ampliación de la escala de producción (mayores instalaciones), o si dedica la ganancia a la simple acumulación dineraria (metiendo el dinero en su banco).

- En el cooperativo o socialista, “todo” se presenta de “forma” distinta. La razón es que “todo el planteamiento” lo decide el propio trabajador colectivo. Este dato es la clave para entender que el proceso colectivo de trabajo por cuenta propia es “otra” forma de trabajar; y la forma de reproducirse sus procesos, es “otra” forma de organizar las mejores condiciones materiales y culturales en que se desarrollen estos procesos. Procesos de trabajo organizados de “otra” manera (por los propios trabajadores) implican instrumentos de reproducción (instituciones) organizados de “otra” manera, y el conjunto de unos y otras (trabajo e instituciones), dan una sociedad “distinta”, con una cultura “distinta”, y unas formas de pensamiento y de ver la vida “distintas”. Es la sociedad socialista.

            ¿Quién la verá?

            Ese no es el problema, es decir, ese no es el problema que nos interesa ahora.

            En este momento de nuestra historia europea, lo que se nos plantea a los socialistas marxistas es que, por primera vez en la historia, comienza a ser una realidad el nacimiento y desarrollo de procesos colectivos de trabajo por cuenta propia, en tal forma que pueden competir con los dominantes procesos colectivos de trabajo por cuenta ajena.

            Y lo importante de esta realidad, es que se trata del primer paso en la construcción del socialismo. Y, repetimos, este primer paso se puede dar, y se está dando.

            Nos detendremos ahora en los segundos, terceros y siguientes pasos.

 

            Los segundos, terceros y siguientes pasos, constituyen lo que hemos llamado reproducción del primer paso.

            Marx procuró, al estudiar el capitalismo, centrarlo todo en el proceso colectivo de trabajo por cuenta ajena; de manera que, al escudriñar en su estructura y funcionamiento, al identificar con claridad sus elementos y las relaciones entre los mismos, pudiéramos disponer de la matriz, a partir del desarrollo de la cual, se hiciera comprensible el movimiento que siguen los elementos citados y sus relaciones al reproducirse, y así pudiéramos comprender los movimientos de conjunto de la sociedad capitalista.

            Al mismo tiempo dejaba señaladas numerosas indicaciones sobre el mismo recorrido, pero esta vez referido al proceso colectivo del trabajo por cuenta propia y su consiguiente desarrollo.

            Seguimos esas indicaciones.

            De la misma forma que el proceso capitalista tiene dos protagonistas, dos tipos de sujetos activos, el proceso socialista sólo tiene uno.

            Empresario y obrero, son estudiados minuciosamente por Marx en el seno del proceso de trabajo capitalista.

            Nos detendremos ahora en el único protagonista del proceso socialista: el trabajador colectivo por cuenta propia.

            Se trata de un sujeto colectivo (por tanto plural) y de composición heterogénea (con perfiles diversos en sus individuos componentes, en cuanto a su actividad se refiere).

            El trabajador colectivo por cuenta propia, tiene como referencia directa para entenderlo, al artesano, al campesino. Es propietario de los medios de trabajo y del producto, y al mismo tiempo es el trabajador. Por lo tanto, en la teoría y en la práctica, ha de ser perfectamente entendible. Sin embargo…

            Como es propietario de los medios de trabajo, lo es del producto obtenido, y en esto se parece al empresario.

            Como es trabajador, se parece al obrero.

            Lo dijimos más atrás al referirnos al arroz con leche de garbanzos.

            Cuando se reunieron en una nave diversos artesanos para trabajar juntos, no lo hicieron por propia iniciativa, sino bajo el mando, y la responsabilidad económica de un empresario. La colaboración, la cooperación que así iniciaron no respondía ni económica ni laboralmente a su propia responsabilidad. El trabajador colectivo que allí comenzó a funcionar, no era el trabajador colectivo por cuenta propia, sujeto del proceso de trabajo socialista; es un trabajador colectivo por cuenta ajena, es decir el obrero colectivo de la relación capitalista de trabajo.

            Cuando se inicia la reproducción, una vez finalizado el primer ciclo, el primer paso, el primer proceso de trabajo, las condiciones en que inicia la reproducción son distintas en el proceso de trabajo individual, en el colectivo por cuenta propia y en el colectivo  por cuenta ajena.

            En el individual y el colectivo por cuenta ajena, conocemos en la práctica real como se reproducen, en el colectivo por cuenta propia, hay todavía una corta experiencia.

            En el corto recorrido de esta experiencia las formas de desarrollo apenas se corresponden con los principios a los que obedece su esquema teórico.

            El peso de las formas capitalistas se nota extraordinariamente en una jovencísima forma socialista.

            El trabajador colectivo por cuenta propia, huérfano de modelos propios, queda prendido en las formas que conoce, en las formas capitalistas.

            De tal manera es así, que la organización del trabajo la copia del capitalismo, resultando el trabajador colectivo socialista una copia del trabajador colectivo por cuenta ajena. Sin tener, en consecuencia, en cuenta que éste último es una creación, hecha a su medida, del empresario, teniendo en esto como meta obtener la mayor ganancia; y ordenado, jerarquizado y ajustado su funcionamiento a espaldas absolutamente de los trabajadores.

            Se da así el contrasentido de que un instrumento construido concienzudamente por los empresarios para ser mejor explotado (el trabajador colectivo por cuenta ajena), se libera de ellos y comienza a trabajar siguiendo las mismas reglas creadas para su mejor explotación.

            Jornadas, retribución de trabajo, vacaciones, categorías, grupos profesionales, formación de equipos, jerarquía de mando, etc., son copiadas del proceso de trabajo colectivo por cuenta ajena.

            Esta práctica, de funcionar como si hubiera empresario cuando no lo hay, tiene su explicación, tendría su explicación, en los primeros años de la aventura. Hoy, podría haber un cuerpo teórico, unos conocimientos adquiridos que permitieran ir cambiando la práctica, con el fin de ir lenta y progresivamente ajustándola a los nuevos objetivos perseguidos.

            Si el objetivo del trabajador colectivo por cuenta propia no es la ganancia, porque la ganancia es el objetivo del capitalista, habrá que aclarar cual es el objetivo y una vez identificado, sacar las consecuencias que correspondan.

            Y no hay que romperse la cabeza buscando el objetivo perseguido. No es otro que el mismo que persigue el artesano o el campesino. No hay más diferencias que en la “forma” en que se busca: individualmente en un caso y colectivamente en el otro.

            El cambio de objetivo, de meta, es fundamental; y la razón es que lo cambia todo.

            Pondremos un solo ejemplo.

            El capitalista ordena el trabajo ajeno, no para vivir mejor él, sino para acumular capital, en forma de medios de trabajo (fábricas), o en forma de dinero (que permite adquirir más fábricas). Y este impulso no tiene meta conocida: acumular, acumular, acumular… sin fin.

            Y esto, visto así, no es sino el efecto que produce el sistema, el conjunto de capitalistas, en su funcionamiento, sobre el capitalista individual. El quisiera, en algún caso individual, parar, pero el sistema no se lo permite, las leyes de funcionamiento del capital (la tasa decreciente de ganancia, la composición orgánica creciente de su capital -cada vez mayor el capital en medios de trabajo, en proporción con el capital en salarios-), le empujan siempre hacia delante.

            Siempre ajustando hacia la baja, todos los costes, y muy principalmente los salariales (el medio de reproducción de los trabajadores -obreros-).

            El artesano, el campesino no tiene como meta acumular bienes  ni dinero para adquirirlos; su meta es mejorar su reproducción. Y su mejor reproducción comprende además de los bienes de consumo, su descanso, su cultura, su desarrollo personal y social. En ningún caso el acumular bienes sin tregua, sin final conocido.

            En este progreso hacia su mejora personal, hacia su mejor reproducción, encuentra, sin embargo un límite, un obstáculo: la productividad de su trabajo viene condicionada por ser un solo trabajador el que actúa, su fuerza de trabajo no es la adecuada a los grandes instrumentos de trabajo, así como su limitado patrimonio tampoco permitiría su adquisición.

            Y en este punto aparece lo que se podría llamar el nacimiento “natural” del socialismo.

            Asociamos nuestro patrimonio y nuestro trabajo y superamos así nuestra limitación funcional: la baja productividad. (La libre asociación de productores que refería Engels).

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