SOBRE EL CONOCIMIENTO DEL COMUNISMO POR PARTE DE LA CLASE OBRERA DE NUESTRO PAÍS.

Enrique Velasco

Lo esencial del esfuerzo: la diferencia del objetivo buscado.-

Un ejemplo muy sencillo de lo anterior nos lo podría suministrar un albañil.

De las muchas tareas que componen su oficio y que él realiza, una tras otra, en el orden que le exige la pura técnica, puede aislar y separar las más fáciles (acarrear ladrillos, transportar el cubo del agua, retirar los escombros, etc) y encargarlas a otro trabajador, que se limitaría a realizar estas solas tareas. Y ya tendríamos dos tipos de trabajadores: el maestro albañil, y el peón de albañil.

¿Exige la técnica que esto se haga así? ¿que haya maestros y peones?

La técnica, desde luego, no. Desde el punto de vista de la realización de la obra, el resultado es el mismo, con o sin peón.

Nos pondremos en el punto de vista del empresario que los emplea en sus obras y les paga los salarios. Si el maestro realiza más cantidad de obra con la ayuda del peón, separará las tareas y contratará al peón. Y tendremos una división técnica del trabajo, llevada a cabo por la razón de que aporta una mayor ganancia al empresario. Con la aplicación, o no, de las máquinas (una pequeña hormigonera, por ejemplo), hará las mismas cuentas. Si la máquina y quien la vigila, cuesta menos, que hacer a mano el hormigón, se comprará y empleará la máquina; si no, no. Esta división técnica del trabajo, esta ordenación del mismo, en función de la mayor ganancia de quien lo organiza, constituye lo que hoy llamamos progreso técnico, o progreso a secas. Cuando, en realidad, solo es un tipo de progreso. Es el progreso desde el punto de vista del empresario y su ganancia. Hay otros puntos de vista.

Si consideramos el caso del albañil, desde el punto de vista de los trabajadores, podríamos tener lo siguiente.

Para aprender el oficio de albañil, nada mejor que ver trabajar a un albañil. Un maestro albañil puede proponer a un joven, que le ayude en las tareas más sencillas, para las que no hay que tener ninguna preparación, y a cambio, él le iría enseñando las técnicas del oficio. Cuando aprendiera, se convertiría en un maestro; y él, y su antiguo maestro, necesitarían ambos un nuevo aprendiz. Pero lo importante, es que no habría aparecido la figura del peón.

Y estaríamos ante una creación y distribución de tareas, distinta; ante una organización del trabajo, distinta. Si los propios trabajadores proponen, discuten y deciden, la división de sus tareas y la distribución de las mismas, resulta un tipo de organización del trabajo distinta de la que hace el capitalista. Otro tanto ocurre con la utilización y empleo de la técnica, de la maquinaria; los razonamientos y los cálculos no son los mismos. Se trataría, en todo caso de otro tipo de progreso. Del progreso contemplado desde el punto de vista de los trabajadores. Se trataría del progreso socialista.

Sin embargo, el modelo que se recibe, la herencia que se recibe, no se puede aceptar “a beneficio de inventario”(si sumando haberes y restando deudas, resulta positivo, es decir, incremento mi patrimonio, la acepto; si no, no la acepto)sino que se recibe y acepta en su conjunto, con su contenido técnico y con su “filosofía”. Esta filosofía, no es otra cosa que el conjunto de consecuencias y de evidencias (lo que está tan claro que no necesita demostración) que los empresarios han sacado de su larga experiencia en la práctica de obtener ganancias a través de la ordenación del trabajo de los demás. Esta filosofía significa lo mismo que, entender la economía, el trabajo y su organización, exclusivamente desde su punto de vista. Es de todo punto lógico, que cualquier otro punto de vista, lo encuentren equivocado.

Pues bien, ese punto de vista, esa sabiduría, esa filosofía, está en la médula, en el cerebro y en todo el cuerpo del aparato productivo en el seno del cual, nace y se desarrolla el nuevo cuerpo de la producción con vocación de no ordenarse en base a la máxima obtención de ganancia, sino en base al interés de los trabajadores, y a las formas de organización decididas por ellos.

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