SOBRE EL CONOCIMIENTO DEL COMUNISMO POR PARTE DE LA CLASE OBRERA DE NUESTRO PAÍS.

Enrique Velasco

Las reflexiones marcianas: un primer desbroce teórico.-

 

La consecuencia más gruesa sería, seguramente, la posibilidad de que el trabajo se realice en otro cuadro de relaciones. Por ejemplo, que el propietario de los medios de trabajo sea el propio trabajador. Con lo cual reconquistaría la propiedad del fruto de su trabajo, y la dirección técnica del mismo.

Este cambio, en nuestros años de comienzos del siglo XXI es posible, y la práctica de las cooperativas de producción lo confirma. Existen y funcionan.

Sin embargo, los problemas que plantea esta perspectiva, desde la teoría y desde la práctica, son muy importantes.

Desde la teoría, nos toparemos con todos los apoyos intelectuales que las instituciones prestan al tipo de producción (al tipo de trabajo a quien sirven, y de quien reciben el sustento) basada en el capital; y desde la práctica se habrá de pasar por todo tipo de medidas, modelos y controles ajustados a ese tipo de trabajo por cuenta ajena.

Sin embargo, la labor de busca en medio de apariencias que se presentan como indiscutibles y basadas en unos principios que se pretende que son naturales, es decir, basados en la naturaleza misma, abrirán perspectivas teóricas que pueden dar pié a prácticas distintas.

En principio, el hecho de que una fábrica de pienso para animales, por ejemplo, pertenezca a sus propios trabajadores, significa que se ha dado el primer y más importante paso, en el camino del socialismo: ha desaparecido el empresario.

Es el comienzo, la puesta de la primera piedra en el edificio, en la construcción, del capitalismo, en un caso, y del socialismo, en el otro.

Ahora recordamos cuales fueron los siguientes pasos en la construcción del capitalismo. Simplemente recordarlos.

Apoyándose en el hecho de ser el propietario de los medios de trabajo y, por tanto, del producto que se obtenga, el empresario se hace con la dirección y coordinación de los procesos de trabajo que realizan los trabajadores que, asimismo, él ha contratado.

Buscando obtener una ganancia (es lo único que él pretende con esta operación), combina las tareas (cooperación) en la forma más rentable para él, aplica los principios científicos (tecnología) más apropiados, aprovechando las nuevas formas de energía (electricidad, petróleo y derivados, vapor de agua, etc).

Toda esta operación material le reporta, haber creado, montado, un aparato productivo, un nuevo aparato productivo, perfectamente adaptado a la finalidad buscada: obtener una ganancia con el trabajo ajeno.

Con la sencilla ordenación del trabajo artesanal puesto a sus órdenes (la manufactura), ya comenzó recolectando buenas ganancias, pero lo de ahora, el enorme aparato productivo capitalista, es la cima de la organización productiva puesta al servicio, especialmente, de la producción de ganancia.

Es, en una palabra, la ordenación del trabajo de los obreros, con la exclusiva intención de sacar de él la mayor ganancia posible.
Al capital le ha costado siglo y medio montar un aparato de sacar ganancia del trabajo ajeno.

Una cooperativa, comienza negando la mayor, pegando donde más duele: secando la fuente de la ganancia.

Sin embargo, se encuentra donde se encontraron los primeros empresarios ingleses, con todo el aparato por inventar y montar. El aparato productivo propio del trabajo en cooperación, está por inventar y montar. Lo primero (inventar) exige un trabajo teórico y lo segundo (montar), una larga práctica

 

En el aspecto teórico del camino a recorrer, siempre serán una buena compañía las reflexiones que Marx hace ante el proceso que comentamos:  la construcción del aparato productivo capitalista.

Siempre podrá servir de inspiración en el proceso de construcción del aparato de producción socialista.

El primer punto de reflexión podría venir señalado por el primer escalón que sube el empresario para llegar a la cima de todo el sistema.

Es el primer paso, tanto en la teoría, como en la práctica, de lo que hoy llamamos el sistema capitalista.

Se trata de la intervención directa en el proceso de trabajo, por parte de una persona ajena al mismo. En el pasado inmediato, el “amo” (nobles o Iglesia) recogen de las manos de los trabajadores (siervos-campesinos o artesanos-) el fruto del trabajo de éstos. Ahora no es así. El empresario se mete dentro del proceso de trabajo, y comienza a ordenarlo a su manera e interés.

A lo largo de toda la Edad Media, los siervos han trabajado siguiendo las tradiciones y conocimientos de sus mayores. Los “amos”no intervenían para nada en estos procesos de trabajo. La sabiduría, los conocimientos de los “amos”, no tenían relación alguna con los procesos de trabajo de sus siervos.

Esto es lo que comienza a cambiar, cuando los primeros propietarios empiezan a convertirse en empresarios. Comienzan a aplicar a los procesos de trabajo que se desarrollan en “su” empresa, no solo sus propios conocimientos e iniciativas, sino que contratan a su servicio a personas especializadas en estos menesteres (lo que hoy llamaríamos técnicos, administrativos, gerente).

Ya hemos visto cómo, a través de tres palancas, principalmente, dan un vuelco enorme a la organización del trabajo ajeno. La descomposición de los trabajos en las tareas más simples, para agrupar y combinarlas en formas encaminadas a obtener el máximo rendimiento del conjunto (cooperación compleja); la aplicación de los principios científicos (tecnología) que, asimismo, resultase más productiva (sobre todo aplicaciones físicas y químicas); y el aprovechamiento de fuerzas energéticas superiores en gran proporción al simple esfuerzo humano.

La prestación del trabajo queda extraordinariamente modificada, respondiendo dicha modificación a criterios, a pareceres e intereses, ajenos a los trabajadores.

En el día de hoy, cuando se monta una empresa cooperativa, en el sector-habíamos dicho- de los piensos compuestos, la organización del trabajo y la tecnología aplicada (principalmente, las máquinas que se utilizan y la energía que las mueve), son idénticas a las que se emplean en una empresa capitalista del mismo ramo. De tal forma que la única diferencia seria, que no hay empresario. Y, sin embargo, toda la organización del trabajo que montamos, ha sido elaborada de esta determinada manera y no de otra, precisamente porque así le interesaba al empresario dueño de la misma.

Se ha de ser consciente, por tanto, que tratándose de una empresa socialista, que no tiene empresario, se está organizando un modelo de producción, un modelo de ordenación del trabajo, prestado por el capitalismo.

Con la cooperativa, tenemos una empresa socialista que organiza el trabajo como si fuera capitalista.

Este problema, teórico y práctico, tiene una salida, una solución, falsa; una solución para salir del paso.

Consiste en plantearlo de la siguiente manera: como lo más importante es que, al ser nuestros los medios de trabajo, también lo son sus frutos, los trabajadores no tenemos que preocuparnos de nada más; ya no nos explotan.

Se trata de una solución falsa, en el sentido de que, cuando se abre un camino largo, cuyo final se adivina a lo lejos, no hay por qué pararse en el primer tramo y dejar ya de avanzar.

Apropiarse (ser dueños) de los medios de trabajo por parte de los mismos trabajadores y, por tanto, de los frutos del mismo, es, como en el caso del capitalista, el primer paso, el trampolín, para avanzar hacia el paso siguiente (que él dio en su día): la organización técnica del proceso de trabajo.

Los capitalistas no dieron este paso en un tiempo breve; tampoco es previsible que los socialistas lo hagan.

Los capitalistas destriparon los procesos de trabajo, descomponiéndolos en las fases mas sencillas, de manera que se pudieran encargar el trabajador menos preparado y, por tanto de salario más bajo, llegando así a emplear a niños de 8 y diez años. La única finalidad de trasformar así las tareas concretas que realiza cada trabajador, no tiene nada que ver ni con las características de éste, ni con su interés; ni con las características de todos los trabajadores de la empresa, tomados en su conjunto, ni con el interés de los mismos. El camino elegido no tenía otra finalidad que procurar la mayor ganancia al empresario.

Este, el empresario, y sus asesores, conocen la división de tareas que se hace, así como la necesaria coordinación de las mismas para que todas se dirijan a un fin común. Todo esto, sin embargo, lo desconocen los trabajadores.

Las tareas de coordinación las conoce y dirige el empresario, que las desempeña personalmente o a través de sus encargados. Estos últimos, por realizar tareas de coordinación, han de tener unos conocimientos superiores al del simple ejecutor de una tarea limitada; y al mismo tiempo, por actuar con mando delegado del empresario, tiene una mayor responsabilidad. Por todo ello, tiene lo que se llama mayor jerarquía (está más alto que los obreros), y por tanto mayor salario.

Cuando comienza la utilización de la maquinaria, ocurre otro tanto igual. La decisión de su adquisición solo pertenece al empresario, y, sean cuales sean las consecuencias de su uso sobre la organización del trabajo, los trabajadores no tienen ninguna intervención en ello.

Sobre el uso de la maquinaria, el trabajador no ha de adquirir más conocimiento que el imprescindible para que cada máquina funcione, aunque no conozca su montaje interior ni la concatenación (los enlaces) de sus movimientos. Si se avería, se llama a un mecánico (que, a su vez, conoce esta máquina, pero no tiene el conocimiento de su relación con el conjunto de la demás maquinaria).

De esta forma, solo el empresario y su pequeño equipo de colaboradores, tiene el conocimiento suficiente para poner en funcionamiento la empresa.

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