SOBRE EL CONOCIMIENTO DEL COMUNISMO POR PARTE DE LA CLASE OBRERA DE NUESTRO PAÍS.

Enrique Velasco

Las realizaciones prácticas de los partidos socialistas.-

 

En la primera parte hemos hecho un pequeño recorrido por una serie de cuestiones que nos servirán para poder centrar mejor nuestro interés, en lo que es el objetivo de todas estas páginas: lo que ha significado, y significa hoy, el comunismo para los trabajadores.

Recordemos cómo el socialismo y el comunismo, los socialistas y los comunistas, arrancaron juntos en la historia; cómo se separaron a partir de la existencia de la Unión Soviética (1.917), y cómo, no obstante, los comunistas siempre han mantenido y siguen manteniendo que ellos persiguen construir la sociedad socialista.

Para seguir avanzando, nos detendremos, por separado, en las realizaciones de unos y otros. Haremos unas consideraciones sobre lo que han hecho en la realidad, cuando han tenido en sus manos el Gobierno de un país, tanto los que siguen llamándose socialistas, como los que siguen llamándose comunistas.

Empezaremos por los socialistas. Cuando nos referimos a los socialistas, estamos señalando a los partidos políticos (europeos principalmente, para simplificar así las cuestión), que tienen ese nombre, o que, aunque tengan otro nombre, consideran que se mueven en el terreno que se suele llamar de la socialdemocracia.

Son partidos políticos que han llegado a gobernar, a través de procesos democráticos, en Alemania, Reino Unido, Francia, España, Italia, Holanda, Bélgica, Portugal, etc., con programas de gobierno muy parecidos. En el Parlamento europeo forman un grupo sus representantes, y se les conoce también como el grupo socialista.

Qué significa que un partido político europeo se llame, o se le considere socialdemócrata, no ha sido lo mismo antes que después de la segunda guerra mundial. Nosotros nos vamos a referir solamente al periodo posterior, que es cuando, a través de procesos democráticos periódicos, estos partidos han podido llevar a la práctica sus programas, su ideario, y habíamos quedado en que es esta práctica real lo que íbamos a considerar.

Después de acabada la segunda guerra mundial, y durante un cierto tiempo, se distinguía entre los partidos socialistas socialdemócratas y lo que podríamos llamar partidos socialistas-socialistas (o verdaderamente socialistas). Una vez todos los partidos socialistas europeos han pasado largos periodos en el gobierno de su país, es decir, una vez se les ha podido apreciar no solo por lo que dicen (su programa) sino por lo que hacen, esa diferencia ha dejado de existir. Tanto en un país como en otro, la práctica de estos partidos cuando llegan al gobierno es muy parecida, y a esta práctica es a lo que se conoce como socialdemocracia.

Por lo tanto, todos los partidos socialistas europeos que han gobernado (los grandes partidos socialistas) son, y así se consideran ellos mismos, partidos socialistas socialdemócratas. Esto no evita que en todos ellos exista una tendencia (un ala, suelen decir) que no se sienta cómoda con este nombre, pero, en todo caso hemos quedado en que analizaríamos lo que los partidos socialistas llevan a la práctica cuando ocupan el gobierno, y no lo que pueda decir una minoría del partido que no consigue hacer realidad sus ideas en el propio partido.

La práctica de estos partidos socialistas (socialdemócrata), en Suecia, Alemania, Francia, Reino Unido (Inglaterra), Bélgica, España, etc., donde han gobernado en periodos más largos, puede analizarse desde varios puntos de vista.

La comparación la haremos enfrentando la práctica socialdemócrata a la práctica de los adversarios. Los adversarios de la socialdemocracia en toda Europa, los que ganan las elecciones, cuando no las ganan los partidos socialistas, están representados por partidos con nombres muy distintos. Además de liberales, también se les conoce como partidos conservadores y últimamente como partidos populares. Ellos también forman grupo en el Parlamento Europeo, y son allí también el adversario político de los socialistas.

Todas estas diferencias desaparecen en la práctica cuando gobiernan. Estos partidos conservadores, liberales, populares, tienen también en su seno, cuando gobiernan, una tendencia o un ala, que no se encuentra cómoda con la práctica que se realiza, pero continúan prestando su apoyo, y, por tanto, gobernando. Una variante de estos partidos lo constituyen los partidos nacionalistas o los partidos confesionales (religiosos). Estas circunstancias no los hacen esencialmente diferentes; son partidos conservadores adornados con particularidades más o menos folclóricas que, en cuanto no coinciden con su práctica real, las silencian, o las contradicen con la mayor tranquilidad

Consideramos, por lo tanto, las diferencias y las coincidencias de estos dos grupos políticos, para dejar lo más claro posible la práctica socialista, desde el punto de vista de los trabajadores, o sea, esa práctica política en lo que afecta a los trabajadHemos quedado en que la socialdemocracia la vamos a contemplar desde el punto de vista del interés de los trabajadores.

En la relación de trabajo por cuenta ajena, el trabajador ocupa una posición subalterna, que quiere decir sometida, dependiente, de otra posición, que es la dominante. La posición dominante de los empresarios dijimos que es concretada en que son los que, en forma colectiva, es decir, en su conjunto, señalan las condiciones en que se presta el trabajo, tanto las condiciones técnicas (dirigiendo todo el proceso), como las que se refieren a la duración de la jornada o el montante del salario. No es necesario que los empresarios impongan directamente estas condiciones en forma autoritaria; simplemente se trata de que las negociaciones con los representantes de los trabajadores (los sindicatos) en los convenios colectivos se señalen unas condiciones que les permitan obtener la mayor ganancia posible, y en todo caso, la ganancia media del capital. Si no lo aceptan los trabajadores, el capital emigra, la empresa se cierra.

Pues bien, esto es así, tanto si gobierna el socialismo como si gobiernan los conservadores. Encargar al conjunto de los instituciones (al estado) que preparen las condiciones para que el capital se reproduzca cómodamente, es el primer mandato del partido gobernante en cualquier país de la Europa actual; tanto da que el partido sea el socialista o el conservador.

Por lo tanto, para los trabajadores, en el punto más importante de sus relaciones con los empresarios, tanto les da que las instituciones la dirija el partido socialista como el conservador. La prueba práctica de ello es que a la hora de decidir en unas elecciones generales, unas veces encargan la dirección de las instituciones a los partidos socialistas, y otras veces lo hacen a partidos conservadores.

Los partidos, en sus programas, en su propaganda, no lo presentan así, como es natural.

El partido socialista dirá que él es el que defiende a los trabajadores, de manera que obtengan las mejores condiciones en salario, jornada, etc. y el partido conservador dirá que él se ocupa de que los empresarios creen empleo y pueda haber trabajo para todos. Pero el uno y el otro admiten como forma normal y generalizada de prestar el trabajo, la de hacerlo por cuenta ajena. Los conservadores dirán que es la mejor forma y los socialistas dirán que no hay otra que sea viable.

Estando de acuerdo en esto (que es lo esencial) cuáles son, entonces, las diferencias.

Nos mantendremos como hemos dicho, contemplando estos problemas, en lo que ellos afectan directamente a los trabajadores.

Los partidos conservadores, cuando les toca dirigir las instituciones, procuran que éstas ofrezcan al capital las más variadas formas de prestación del trabajo (a tiempo parcial, por periodos de tiempo –más o menos cortos-, por tiempo indefinido), así como las mayores facilidades en la adecuación de las entradas y salidas de trabajadores (incorporaciones, despidos) de la empresa, a las necesidades cambiantes de la misma; sirviendo especialmente para estos menesteres las empresas de trabajo temporal. Si el capital encuentra todas estas facilidades, arriesgará más, invertirá más, habrá más puestos de trabajo. Estos son los argumentos de los partidos conservadores. Con lo cual los trabajadores pueden decir que esto significa ponerse del lado del capital. Y ellos pueden contestar que, al final, los que salen (también) beneficiados son los trabajadores, porque encuentran trabajo con más facilidad.

La práctica socialdemócrata (lo que los socialistas hacen cuando están en el gobierno), arranca también, como es lógico para ellos, de las necesidades del capital, en lo que se refiere a mano de obra; pero a estas necesidades ellos responden con unos medios que es lo que distingue en este terreno a la socialdemocracia.

Lo hemos visto ya en otro lugar. Los socialistas crean, instruyen, exigen, vigilan, dotan de medios, a una serie de instituciones que se encargan de enseñar, instruir y disciplinar a los trabajadores para que puedan rendir una alta productividad. Esto permite a los empresarios obtener una alta tasa de ganancia y, a la vez, pagar unos altos salarios. De esas ganancias y esos salarios, las instituciones obtienen unos altos impuestos. Con esos impuestos se costean las enseñanzas generales (escuelas) que sirven sobre todo para disciplinar a los jóvenes en el sentido de trabajar bien y ser buen ciudadano (pagar los impuestos) ; las enseñanzas técnicas (para la alta productividad); la sanidad pública (general); las pensiones en caso de vejez, invalidez, desempleo (que crea una amplia red de seguridad). Todo esto permite a la socialdemocracia presentarse como defensora, especialmente, de los trabajadores. Y a este conjunto de instituciones, con las funciones que hemos visto, se las conoce con el nombre de estado del bienestar

 

Los conservadores, cuando recuperan la dirección de las instituciones después de un largo periodo de gobierno socialista, respetan en cierta medida esta forma de reproducir la fuerza de trabajo (los trabajadores). Al fin y al cabo al capital sólo le interesa obtener una alta tasa de ganancia, y ésta se puede obtener aunque los salarios sean altos, con la sola condición de que la productividad lo sea aún más.

De esta manera, en los años finales del siglo XX, se va creando en Europa, en los estados europeos, una red de instituciones que generalizan la protección a los trabajadores y sus familias (el lugar de su reproducción) en situaciones en que se encontrasen económicamente desvalidos (Seguridad Social); así como prevenir su asistencia en caso de enfermedad o accidente (Sanidad), y en todo caso, el apoyo en cualquier situación de desvalimiento (asistencia social). Al mismo tiempo, lo hemos visto, se crean las instituciones que educan, que inician en el sentido de la disciplina y el “respeto” a la jerarquía, al mando, que tan necesario resultará en el trabajo por cuenta y dirección de otro. También las enseñanzas técnicas, que tan necesarias resultan para la aplicación de las tecnologías que el capital incorpora para poder aumentar la productividad (Universidades, Institutos tecnológicos, Centros de investigación, etc.).

Este conjunto de instituciones, recibe su impulso y sostén económico (como todas las instituciones) de los Presupuestos Generales del Estado, es decir, de los impuestos, y los impuestos, como también lo sabemos, salen de todos los trabajadores, ya que los que paga el capital lo contabilizan como en coste más para calcular su ganancia neta.

Quiere esto decir que, esta forma de organizar la reproducción de los trabajadores, que hemos llamado Estado del bienestar y que impulsan los partidos socialistas, sin que los partidos conservadores se atrevan a desmontar del todo cuando llegan a dirigir el conjunto de las instituciones del Estado, es solamente eso, una de las formas especiales de ordenar la reproducción de la fuerza del trabajo necesaria siempre al capital.

La prueba de que esto es así la tenemos en el país que dirige el movimiento de los capitales del mundo entero. En este país, los Estados Unidos de Norteamérica, los trabajadores, prefieren otro tipo de funcionamiento de su propia reproducción.

Comparten los capitalistas y trabajadores norteamericanos con sus colegas europeos, la idea central sobre la reproducción de los trabajadores: ha de hacerse ésta de manera que permita la más cómoda reproducción del capital. Sin embargo, admiten que no hay un modelo único.

El modelo que ellos prefieren se ordena sobre una idea central. Con una alta productividad (recordemos, una alta cantidad de producto por cada hora de actividad de cada trabajador), se pueden cobrar altos salarios (respetando siempre la tasa de ganancia). Con estos altos salarios, los trabajadores, individualmente, privadamente, organizaran los costes de su sanidad, sus pensiones, su educación. Siempre habrá un mínimo de protección para los salarios muy bajos, y esto será la excepción, el modelo es el individual privado. Las instituciones que en Europa, la socialdemocracia fomenta y defiende, a los norteamericanos (trabajadores y capitalistas), les parecen innecesarias e inútilmente costosas.

La consecuencia más importante, a nuestro entender, de esta forma de actuar los partidos socialistas europeos es que el centro de su programa, la dirección hacia la que apunta su proyecto, es la manera de reproducirse los trabajadores en la relación de trabajo por cuenta ajena, es decir, en la relación de trabajo y capital. Se trata, por lo tanto, de relacionarse con las instituciones (dirigiéndolas, si se está en el Gobierno, tratando de influirlas, si se está en la oposición), para que favorezcan una reproducción del capital que permita la existencia y funcionamiento del conjunto de éstas que antes hemos señalado: Seguridad Social, Sanidad, Asistencia Social, Red de Organismos de Enseñanza, Transporte, Vivienda, etc.

Siempre es conveniente señalar que este tipo de instituciones que son objeto del proyecto (y de la práctica) socialista, no se enfrentan al capital. Una sanidad bien organizada, una Seguridad Social bien gestionada, una enseñanza general (o técnica) bien dirigida, etc., no son un obstáculo para el buen funcionamiento del capital, todo lo contrario, pueden asegurar los carriles por los que transcurre el desarrollo del mismo.

Si el funcionamiento de estas instituciones significara, en algún momento, un obstáculo en la reproducción del capital, habría que reajustarlas, de forma que dejaran de serlo.

En realidad, la práctica, y los programas de los partidos socialistas europeos en la actualidad, vienen referidos a la existencia de estas instituciones y la conveniencia o no de reforzarlas, mejorarlas, o en su caso ajustarlas.

Como hay un modelo distinto, el norteamericano, que funciona también (para el capital, naturalmente), siempre hay la tentación, o puede haberla, de sustituirlo, o al menos, buscar un acercamiento a ese modelo.

Y en este terreno es en el que encontramos la práctica, el funcionamiento real, de los partidos socialistas. De forma que cuando el modelo utilizado es el norteamericano (alta productividad, alto salario y organización individual privada de la reproducción), el partido socialista se hace innecesario y desaparece o ni siquiera nace.

Por lo que se refiere a los partidos comunistas europeos se observa una práctica similar; se trata, por lo tanto de partidos igualmente socialdemócratas.

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