SOBRE EL CONOCIMIENTO DEL COMUNISMO POR PARTE DE LA CLASE OBRERA DE NUESTRO PAÍS.

Enrique Velasco

Las “profecías” de Marx.-

 

La obra más significativa de Marx es un estudio del capital, pero un estudio con intención científica, con intención de identificar los elementos que componen la producción y las relaciones que se establecen entre ellos. Lo hace centrándose en la producción capitalista, pero la forma en que va desvelando los perfiles de los elementos (el trabajo, los medios del trabajo) y las relaciones entre ellos (la propiedad de los medios de trabajo, el salario), así como de las formas en que se presentan esa combinación de relaciones (el valor, la plusvalía, la ganancia), va permitiendo dibujar otras formas de producir, por ejemplo, el socialismo.

Esta aportación a la teoría por parte de Marx, se ha visto arrastrada por las “profecías” de las que hablamos antes.

Marx no necesita ser defendido. La ristra de hombres de ciencia que con sus investigaciones han ayudado a conocer mejor el cuerpo humano y su funcionamiento, han ayudado a mejorar nuestra salud, aplicando sus conocimientos. Las investigaciones de Marx han significado un aporte muy valioso a la teoría del movimiento obrero, en lo que significa el conocimiento de las relaciones de trabajo de los obreros, de manera que la mejora de esas relaciones tenga el mejor fundamento teórico, basado en la observación de la realidad y en la reflexión.

En la parte más discutida de Marx, en la parte de sus estudios en que se diría que está describiendo lo que va a ocurrir en el futuro (empobrecimiento progresivo de los  obreros, desorganización total de la producción capitalista, etc.), hay que tener en cuenta que él está describiendo un modelo, no una realidad. Está describiendo un modelo que responde en su funcionamiento a unas leyes. Dentro del modelo, esas leyes están bien estudiadas y bien descritas. Sin embargo, ese modelo, al aplicarlo a una realidad ajena a sus leyes, da resultados que no tienen por qué obedecer a lo prevé el modelo. Marx describe las leyes de funcionamiento del capitalismo como si éste hubiese penetrado en la producción de todo el país, y en todos los países del mundo.

Este modo de analizar la realidad, aplicando los métodos de las ciencias naturales a las ciencias sociales  (o al menos, intentándolo), no conduce a predicciones del futuro, sino, simplemente a conocer mejor la realidad social, así lo hacia un prestigioso científico, como era el inglés David Ricardo, al exponer su teoría del salario, y nadie ha pretendido que su famosa ley de bronce tuviese un cumplimiento exacto en la realidad de su país, sin embargo, ayudó a entender el funcionamiento de las subidas y bajadas de salarios, aún en el día de hoy.

Es cierto, sin embargo, que muchas de las hipótesis de trabajo de Marx, y muchos de los conceptos que utilizó como herramientas de análisis, empezaron a utilizarse, no como lo que eran, sino como si se tratara de las “verdades” de una nueva religión.

Este fenómeno se acentuó con la aplicación que de estas “verdades” hizo Lenin en Rusia. Es cierto que Lenin, buen conocedor de Marx, no hizo sino concretar en la realidad lo que en Marx eran afirmaciones teóricas en el estudio de un sistema económico, que no era el comunista, sino el capitalista.

De este modo, el marxismo-leninismo, se convirtió para el movimiento obrero socialista (luego comunista), en el carné de ruta, que indicaba todas y cada una de las situaciones que se producirían en el camino y la respuesta exacta que había que dar a cada una. El guía e interprete en todos estas situaciones era el partido comunista.

Esto, ahora, contado así, parece una caricatura. Pero así se presentó, y así funcionó. Y no puede extrañar que aún, hoy, funcione en China sin que nadie se extrañe, y creciendo su economía más del doble de la europea y la americana.

Lo cierto es que, con este bloque de verdades y con el partido como su vigilante, los obreros comunistas se quedan bloqueados. En Rusia, el partido es apeado de las instituciones, y en el resto de Europa, el partido pasa a ser una fuerza secundaria.

En situaciones así, se suele decir: ¿dónde nos hemos equivocado? Naturalmente la expresión correcta sería: ¿dónde nos hemos equivocado los obreros?

Si recordamos las condiciones en que un trabajador se convierte en obrero. Si recordamos las condiciones concretas en que trabajan los obreros, cuando ocurrían los acontecimientos que les animaron a intentar dejar su condición de obreros. Si recordamos todo esto, se puede entender también que, para ellos, Lenin, Marx eran sus dioses, y sus palabras eran sagradas. Eran unos intelectuales que les prestaban sus conocimientos para ayudarles a salir del hoyo en que estaban. Eran sus guías. Pero, eso sí, no eran obreros.

Esto último nos ayuda a recordar que los científicos trabajan la teoría, lo que llamaríamos la ciencia básica. Los físicos o químicos teóricos, no están en las empresas, están en laboratorios donde solo se cultiva la teoría, la ciencia. En las empresas se decide qué parte de esa ciencia se aplicará a los procesos de la empresa, y cuándo se hará esa aplicación. En las ciencias sociales es igual que en las ciencias naturales.

Ahora, que podemos considerar reflexivamente, serenamente, que Lenin y Marx no eran dioses; ahora, hoy en día, podemos preguntar si estaban en un laboratorio haciendo ciencia, o en la empresa, decidiendo si se aplicaba o no, y cuándo convenía hacerlo.

Por lo que sabemos de la vida de ambos, podemos establecer que estuvieron en los dos sitios. Tanto uno como otro tuvieron fases en su vida, dedicadas al estudio, a la teoría; los dos se encerraron en una biblioteca a estudiar (Marx en Londres, Lenin en Ginebra), a reflexionar y a escribir sus reflexiones (El Capital de Marx y El Estado y la Revolución de Lenin, son obras principalmente teóricas); y los dos tuvieron numerosas intervenciones directas en las acciones del movimiento obrero (naturalmente, mucho más Lenin).

Esto tiene su interés, sobre todo por lo que se refiere a sus “verdades sagradas”. Todo este bloque de verdades que un obrero comunista tenía que hacerlas propias, si se las somete a análisis, una de las dos cosas: o son conceptos científicos, o son directrices, órdenes de un dirigente comunista.

En ningún caso se trata de verdades, y en ningún caso son sagradas. Los conceptos científicos nos aclaran la realidad y nos ayudan a entenderla y manejarla mejor. La fórmula química del agua no es una verdad que descubrimos; el agua ya era así antes de que supiéramos su composición química, y no era tampoco una verdad; lo que ocurre es que ahora la conocemos mejor y nos puede servir mejor. La ciencia nos ayuda a entender mejor la realidad, solo eso.

El concepto de valor nos ayuda a entender mejor el intercambio de mercancías, y cómo, en realidad, se trata de intercambio de trabajos, no solo de objetos.

Estos son conceptos científicos. No hay por qué creerlos. No se trata de creerlos o no, sino de conocerlos y utilizarlos correctamente.

Tampoco se trata de que sean sagradas; lo sagrado es lo que no está permitido discutir, y es cosa de las religiones. En la ciencia no hay nada sagrado, la propia ciencia es producto de la duda, la discusión, la reflexión, la corrección, la puesta en cuestión de lo que parecía más claro.

Así es como deben ser tratadas las aportaciones científicas de las dos personalidades citadas.

Y uno de los problemas principales, en este terreno, es que, ninguno de los dos, separó en sus escritos, cuándo intentaba construir ciencia, y cuando proyectaba lo que él entendía más apropiado para conseguir sus metas. Al estar una y otra cosa entreveradas, esto ha permitido que lo primero haya quedado tapado por lo segundo, con la consecuencia lógica de que, si un proyecto emprendido no ha dado el resultado esperado, en él ha aparecido comprometido el contenido científico también. Por ejemplo, en un proyecto de nuevos regadíos que fracasa, no se debería poner en tela de juicio la ley de la gravedad en el comportamiento del agua.

Cuando Willy Brand, secretario general del partido socialista alemán proponía renunciar a las tesis (verdades) marxistas, o cuando de igual forma el secretario general del partido socialista obrero español, Felipe González hacia la misma propuesta, y ésta se aprobaba, se puede uno preguntar a qué, exactamente, renunciaban.

 

Podían renunciar al comunismo ruso. O sea, la toma del Estado por la fuerza, y la dirección de la producción y todas las instituciones por parte del partido comunista. Dicho de otra manera: colectivización y planificación estatal de la producción, y dirección de las instituciones por parte del partido comunista (lo que se conoció con el nombre de dictadura del proletariado).

¿Se podrá seguir siendo comunista después de esta renuncia?

Ellos entendían que, efectivamente, con esa renuncia no podían confundirse con los comunistas. Y así tomó cuerpo lo que más atrás hemos identificado como la socialdemocracia

 

Esta renuncia, aparentemente, se refiere a una forma concreta de llevar a la práctica el comunismo, y, efectivamente, de eso se trataba; pero, tanto el partido socialista alemán como el español, entendieron que la renuncia no era solo a la manera como los comunistas rusos aplicaban sus ideas comunistas a la práctica, sino que también renunciaban a las ideas que servían de soporte a esta práctica.

Estas ideas vienen referidas, básicamente, a la lucha de clases. Marx llegó a la conclusión, en sus estudios, de que las clases sociales se enfrentan por sus intereses a lo largo de la historia. En el capitalismo esas clases son la obrera y la capitalista.

La clase obrera, como todas las clases oprimidas anteriores, tiene como misión más importante, suprimir a la clase capitalista, y terminar así con la explotación del hombre por el hombre.

En realidad, no es que Marx descubriera ninguna realidad nueva. De las clases sociales y de la lucha entre ellas, habían escrito numerosos autores, y hasta la propia Iglesia había intervenido con su doctrina en este terreno. Lo que a estos dos partidos y a sus dirigentes no les gustaba, era que se elevara a ley este comportamiento. Que se estableciera en forma de norma que los obreros tienen que organizarse para derribar del poder a la clase que los oprime.

Y esta postura podía obedecer, a un rechazo a este tipo de leyes marxistas que funcionaban como verdades indiscutibles; o bien, al fondo de la cuestión, o sea, si los obreros tienen ante sí la tarea de organizarse para dejar de ser obreros.

Y aquí sí que estamos tocando un punto que verdaderamente distingue a un comunista de uno que no lo es.

Desde los primeros momentos de la existencia del movimiento obrero (sindicatos, partidos, y demás asociaciones obreras), se han podido distinguir dos grandes corrientes de pensamiento, dos grandes tendencias. Una, más inclinada al pacto, al acuerdo, con el empresario para así ir obteniendo mejoras progresivas en las condiciones de vida y trabajo; otra, convencida de que esto, este sistema, hay que superarlo, y una vez fuera de él, se podrán mejorar las condiciones de vida y trabajo.

Estas dos tendencias siguen vivas en la actualidad, habiendo pasado por todo tipo de experiencias, de batallas perdidas y ganadas, y sin embargo persisten y se hacen presentes constantemente.

Ambas se han ido afirmando y tomando cuerpo en distintas organizaciones y asociaciones obreras.

Una de estas asociaciones obreras donde iba tomando cuerpo, progresivamente, la idea del cambio de sistema, de funcionamiento de las instituciones y de la producción, fue el partido socialista. Antes de ser un partido, era un conjunto de agrupaciones donde acudían los obreros más preocupados por los problemas de su clase, donde se recibían publicaciones y noticias de otros grupos, de países europeos como Alemania, Francia, Inglaterra.

A este partido comenzaron a llegar las ideas y las publicaciones de Marx. Estas ideas no hacían sino afirmar las bases de hecho y el fundamento teórico de la orientación del partido. Los obreros tienen que organizarse, para defenderse de las condiciones de trabajo que les trata de imponer el capital, pero también para preparar las condiciones que permitan cambiar el sistema de trabajo, ir hacia otra forma de trabajar en la que el obrero no sea un obrero.

La primera parte la compartían con las demás organizaciones obreras y con la inmensa mayoría de los obreros no organizados. Incluso los patrones y la Iglesia comprendían esta actividad y esta postura de las organizaciones obreras de ayuda y apoyo al obrero.

La segunda parte, sin embargo, era mucho más problemática, y en todo caso, era la que distinguía  al pensamiento socialista de otras organizaciones obreras.

Esta idea del cambio de modelo, compartida en principio, por todas las organizaciones socialistas, no es muy concreta. Se trataría sobre todo de superar la forma capitalista, sin que hubiese una fórmula que explicase la nueva manera de trabajar.

En el terreno de la teoría, las ideas, los escritos de Marx y Engels se empiezan a discutir y manejar en las reuniones socialistas. Estos estudios sirven sobre todo para conocer mejor al capital y su desarrollo, y solo a partir de ahí, se empieza a teorizar, a ordenar los conceptos que permitían esbozar un sistema distinto del capitalista y que sería, una vez desarrollado, el sistema comunista o el comunismo.

Todo este nuevo material teórico entró en nuestro país de forma muy incompleta y poco ordenada, de manera que solo unos cuantos dirigentes socialistas tuvieron acceso a él, y con bastante retraso respecto a los colegas europeos.

Los obreros españoles, su inmensa mayoría, pudo concretar estas nociones sobre el comunismo, cuando se fue enterando de lo que iba ocurriendo en Rusia. Precisamente en ese momento es cuando se produce la separación entre los partidos comunista y socialista.

Quiere decir esto, que a partir de ese momento, tanto los dirigentes como los demás miembros del partido comunista, unen su historia a la del partido hermano de Rusia. Sus victorias son las victorias del comunismo, y sus derrotas las derrotas del comunismo, ruso, español y mundial. Y quiere decir, sobre todo, que el conocimiento  que un obrero español tiene, sobre el comunismo, es el que tiene sobre el comunismo ruso.

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