SOBRE EL CONOCIMIENTO DEL COMUNISMO POR PARTE DE LA CLASE OBRERA DE NUESTRO PAÍS.

Enrique Velasco

Las limitaciones sistémicas del campo político, motivo del poco aprecio de los trabajadores por esta actividad.-

 

Que la actividad política tenga, en nuestras sociedades, tan poca enjundia, viene a dar una explicación del poco aprecio que en general le tienen los trabajadores.

En una sociedad que coloca al trabajo y al trabajador en el lugar, y desempeñando el papel, que vemos, en la organización de la producción; y que, a la actividad política le acota el terreno, reduciéndoselo a la reproducción de esa producción; en una sociedad con esas características, es lógica la poca importancia que los trabajadores dan a una actividad como la política.

Y es notable, porque la primera impresión es que a través de la política se podría conseguir, si no “dar la vuelta a la tortilla”, al menos mejorar la posición que los trabajadores tienen en el conjunto de la sociedad.

Sin embargo, las cosas son como son, y es mejor conocerlas y sabiendo como son, actuar con conocimiento.

Habría, por lo tanto, que distinguir dos campos de actuación del movimiento obrero.

Uno, que consiste en conseguir las mejores condiciones posibles en el sistema en que estamos. Estas condiciones se reducen a mejorar el salario (supeditado siempre a haber logrado una mayor productividad en el trabajo), la jornada (con la misma condición), la seguridad en el trabajo, la sanidad, las pensiones, la educación. Que no es poco. Y a ello dedican su esfuerzo, todas las centrales sindicales (C.C.O.O., U.G.T, C.G.T, U.S.O, ETC), y los partidos políticos de los trabajadores (P.S.O.E, Izquierda Unida, etc). Decimos que no es poco, porque en muchos países, los trabajadores tienen salarios veinte veces inferiores, jornadas de doce horas, y nada de pensiones ni de seguridad en el trabajo, y nada de formación y otras condiciones. En ese sentido, no es poco lo conseguido en nuestro país. Pero todo lo conseguido en países que incluso nos van por delante, no mueve un pelo el “lugar” que corresponde al trabajador en el trabajo, en la producción. Y la actividad política, en esos países, tan bulliciosos como parecen, no hace otra cosa que reproducir ese “lugar”, y el “lugar” que ocupa el empresario.

Eso es lo que intentó el comunismo en la Unión Soviética; cambiar esos “lugares”. Pero salió lo que salió.

Pues bien, ese sería el otro campo de actuación del movimiento obrero. Cambiar esos lugares. Cambiar el sistema.

Empecemos con orden. Si esos lugares están en la producción, hacia ese escenario habrá que dirigirse.

Y en la producción nos encontramos, ya lo hemos visto, un lugar ocupado por la sabiduría (técnica, se entiende), el mando y la ganancia, y éste es el lugar del propietario de los medios de trabajo. Y otro lugar, ocupado por la pura ejecución, la obediencia y el salario, y éste es el lugar del trabajador, al que hemos llamado obrero.

Mover, descolocar, esos lugares no es fácil. Pero tampoco es tan difícil. El agricultor profesional ocupa él solo todos esos lugares, y el taxista profesional, y otros muchos trabajadores. Bien es verdad que se trata de procesos de trabajo individuales, y nosotros tratamos ahora de procesos colectivos de trabajo. Más complicado, pero posible.

Para ocupar esos lugares, hemos visto que hay que ir revestido de determinados requisitos: saber, mando, o simple ejecución, obediencia.

Aunque, la primera condición, la que decide las demás, es tener la disposición de los medios de trabajo.

Quien tiene esa primera condición, decide las demás. Decide cómo se distribuye, el mando y la obediencia, la sabiduría y la simple ejecución, la ganancia y el salario (el producto, el valor del producto).

El propietario de los medios de trabajo, es quien ordena la producción (lo vemos en el capitalismo).

Ya vamos dando con la punta de la madeja. Cuando se encuentra la punta de la madeja, por muy enredada que esté, con dedicación y paciencia, se pone en orden todo el hilo, y desaparece el misterio que siempre encierra una cosa enredada.

La actividad política, tan bullanguera, tan ruidosa, tan sabelotodo, ya no logra distraernos. Ya sabemos adónde llega y a dónde no. A la producción no la cambia la actividad política, sino que es al revés, la actividad política sigue, para reproducirla, a la producción.

Ahora, pasamos de la actividad política, y nos adentramos en la producción, que es el lugar donde se produce la distribución de “lugares”, que sitúa a los individuos, no solamente en ese espacio de la producción, sino en todos los espacios de la sociedad.

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