SOBRE EL CONOCIMIENTO DEL COMUNISMO POR PARTE DE LA CLASE OBRERA DE NUESTRO PAÍS.

Enrique Velasco

Las dos tendencias del socialismo europeo.-

Desde los umbrales del socialismo europeo; desde las primeras reuniones de los socialistas españoles, se ha podido apreciar, que una parte de los reunidos, de los asociados, apuntaba, más allá de esta meta que acabamos de citar (las mejoras en las condiciones en que se trabaja y vive en el capitalismo), más allá de lograr un avance constante en este terreno; señalaban una meta más lejana y, a su entender, más ambiciosa: cambiar su suerte, cambiar el teatro en que se ventilaban su mal vivir, cambiar la sociedad en la que se originaban todas sus calamidades.

Como eso parecía una utopía, les llamaban los socialistas utópicos. No se conformaban con lo de las mejoras constantes como meta. No es que renegaran o no estuvieran de acuerdo con este objetivo, que les parecía muy bien, y lo apoyaban plenamente; sino que, les parecía corto.

         En realidad, ambas tendencias convivían sin grandes roces entre ellas. Entre otras razones, porque, como acabamos de ver, los utópicos compartían los objetivos de los “prácticos”, y los “prácticos” entendían, aunque no les convencían, las aspiraciones de los utópicos. Se trataba, por tanto, de tendencias dentro de un grupo que funcionaba como un todo.

Cada tendencia tenía su lado fuerte y su lado débil. Los “prácticos”, pegados al terreno de lo concreto, de lo diario, de lo que se puede tocar con la mano, ofrecen más seguridad, y éste es su lado bueno. Su lado flojo es que no tienen meta lejana atractiva, ambiciosa, ilusionante.

Los utópicos tienen las cualidades invertidas. Su lado flojo es la distancia corta, que coincide precisamente con el lado más fuerte de los prácticos; y su lado más fuerte, que coincide con el más flojo de los prácticos, tiene el inconveniente de que se desdibuja en el terreno de la inseguridad, incluso de la utopía.

Ambas tendencias saben, sin embargo, que su clientela, sus seguidores, sus votantes, acuden atraídos, unos por la seguridad inmediata, otros por el envite atrevido, por la oferta imaginativa. Les conviene, por lo tanto, actuar unidos y cultivar lo mejor de ambas tendencias.

Esta armonía, este funcionamiento conjunto de ambas tendencias, ofrece siempre la posibilidad de estropearse, apareciendo la sombra de la ruptura, del final de la armonía.

Lo más común en estos casos es que la causa sea, que una de las tendencias entienda que su lado fuerte, es lo suficientemente atractivo, potente, convincente, fundamentado, que hace innecesario el apoyo del lado fuerte de la otra tendencia.

La parte imaginativa, creadora, innovadora, arriesgada, del PSOE, piensa que el paso a paso de la otra tendencia, convierte al partido en conservador del orden que existe, y estimando que la oferta de un futuro distinto para los trabajadores, es lo que ofrece el comunismo soviético, se independiza como partido, y se une a la suerte de los rusos.

O bien. La parte imaginativa, etc, del PSOE, piensa, otra vez, que es el momento de dejar el paso a paso, y estima que se ha de hacer a los trabajadores españoles la oferta de un futuro distinto. El Secretario General del partido, no está de acuerdo. La tendencia imaginativa se echa atrás, y la tendencia del paso a paso, de los prácticos, piensa que se han echado atrás porque no tienen seguridad en lo que proponen. Ellos sí están seguros de lo que ofrecen en su programa.

Un  acontecimiento de éstos ocurre en los comienzos de los años veinte del siglo pasado; y el otro, en los últimos años setenta del mismo siglo.

En ambos, las dos tendencias, al separarse, se quedaron cojas.

El PSOE, como consecuencia de estos dos encontronazos consigo mismo, creyó encontrarse seguro en el paso a paso; y en ello está. Pasito a paso, engordando el pastel capitalista, y posibilitando con ello, que los obreros tengan mejores salarios, mejores pensiones, mejor sanidad, mejor enseñanza. En una palabra: convirtiéndose en mejores obreros. Como en Francia, como en Alemania, como en Reino Unido; acercándose cada vez más a los norteamericanos: cada vez ganando más, empresarios y trabajadores; hay que crecer, hay que crecer, hay que crecer.

La otra tendencia, no es que se quedara coja, sino que perdió ambas piernas. El PC perdió primero la meta futura, su especialidad, al desengancharse de la Unión Soviética; y perdió el paso a paso, porque el PSOE se lo ha comido (recordemos que es su especialidad). Se quedó sin meta lejana, y le ocuparon el terreno del paso a paso.

Las dos tendencias del socialismo son eso, tendencias. Ambas son el socialismo, ambas están en el socialismo, dentro de lo que entendemos por socialismo. Si se separan, la una de la otra, y pretenden marchar, solas, como si cada una fuera una cosa distinta, acaban perdiendo lo que tenían de socialista.

Eso le ocurrió al partido comunista ruso. Se propuso una meta lejana brillante, y no estuvo suficientemente atento al día a día, al paso a paso.

Eso le ocurre al PSOE, a la socialdemocracia, que atentos al día a día, a la cesta de la compra, al aumento de los precios, no prestan mucha atención hacia el rumbo que sigue la sociedad en general, y al papel del trabajador en ella, en particular.

Así anduvo el socialismo español sus primeras etapas. Las agrupaciones campesinas, los obreros industriales, las reuniones de estudio, de discusión, donde el maestro socialista del pueblo, leía y comentaba las noticias del periódico y los escritos que les llegaban de otras agrupaciones socialistas más veteranas; todos ellos atentos a los acontecimientos del día, a los avances pequeños del día a día, y la esperanza de un mañana distinto para los trabajadores. Así entendían y vivían el socialismo.

Esta gran esperanza de los trabajadores socialistas, a los amos, aquellos para los que trabajaban, les producía terror. Sospechaban que el lugar que les reservaban a ellos en la nueva sociedad que vendrá, no debía ser muy brillante. Por eso tenían miedo a esa meta lejana, por muy utópica que pareciera.

El mismo miedo les producían los pequeños avances que los socialistas conseguían en el día a día. Pasito a pasito, pensaban, éstos acabarán alcanzando su meta lejana, y nos joderán.

Eso era el socialismo. Temido por los amos, porque tenía una meta lejana en que ellos no desempeñaban ningún papel. Temido en el día a día, porque cada avance acercaba más a esa meta.

Hoy día, los socialistas de Tony Blair no le dan miedo a nadie. Al capital no les preocupa ni su juego corto, sus regates diarios, ni que gane el campeonato y se lleve una copa. No les preocupa ni sus avances diarios, ni que alcance su meta más querida.

No les preocupan, porque no son socialistas.
Hoy día, los comunistas europeos, los españoles, no preocupan al capital, ni por sus propuestas del día a día, ni por las metas que proponen a los trabajadores.

Y no les preocupan, porque no son socialistas.

Si antes siempre preocuparon los socialistas en Europa, en España, ¿qué les ha pasado ahora?..Pero, ¡si hasta gobiernan!, y no pasa nada.

¿Cuándo perdió el filo su navaja? , ¿Cuándo perdió el fuego su palabra?, ¿Cuándo perdieron el brillo sus propuestas, sus proyectos?

Como todos los fenómenos históricos, se trata de procesos lentos y callados, que apenas se perciben, pero que en un momento dado, sale al exterior el cambio que se ha ido produciendo en forma silenciosa.

Hemos citado dos momentos concretos, por ser muy conocidos, y porque en ellos se puede apreciar ya claramente el cambio producido.

Cuando el Partido Bolchevique, sus miembros dirigentes, acaban decidiendo encuadrar a todos los trabajadores en grandes centros colectivos de trabajo, diseñados por ellos, y enmarcada su actividad en unos planes decididos por ellos mismos; es cuando se puede apreciar con toda claridad, que el día a día, el paso a paso, que necesariamente han de construir los propios trabajadores, que son los que trabajan, los que producen, ha quedado perdido en el estruendo producido por el enorme tirón de las brillantes metas propuestas y decididas también por los dirigentes del Partido. Una de las tendencias, una de las patas que soportan al socialismo, ha sido apartada de la construcción del mismo.

Naturalmente, salió cojo e irreconocible, el socialismo ruso. Los propios trabajadores, en cuanto pudieron decidir, lo abandonaron mayoritariamente. Y lo mismo han ido haciendo en todos los países donde su partido socialista (aunque se llamara comunista –sabemos que da igual-) tuvo el  mismo comportamiento con ellos; y cuando, efectivamente, se les ha permitido decidir.

El  motivo es que esos partidos, puesta la vista en la meta lejana, han descuidado en gran manera el día a día de los trabajadores, el día a día socialista de los trabajadores, no el del partido.

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