SOBRE EL CONOCIMIENTO DEL COMUNISMO POR PARTE DE LA CLASE OBRERA DE NUESTRO PAÍS.

Enrique Velasco

Las dos patas del comunismo en Lenin: los campesinos (cuenta propia), y los obreros (cuenta ajena)

El paradigma o modelo de cada una de estas formas, en su representación más extrema, serían, de una parte el modelo de producción colectiva planificada estatal (Lenin, Stalin), y de otra, el percibido, señalado y añorado por Lenin, las cooperativas.

Ambos modelos tienen en común que responden a la misma teoría comunista: conseguir la dirección de la producción, y por tanto, de la sociedad en su conjunto, por parte de los trabajadores. Por responder a un mismo impulso teórico (a una misma forma de entender la sociedad), ambas maneras podían ser contempladas por un teórico y al mismo tiempo dirigente comunista como era Lenin.

El hecho de que pensara en las cooperativas a propósito de los trabajadores campesinos, y no de los industriales, tiene una base real. Los trabajadores industriales trabajaban por cuenta ajena, mientras que los campesinos lo hacían por cuenta propia.

Se podría pensar, en consecuencia, que por la cabeza de Lenin pasó la posibilidad de que al socialismo (al comunismo) se podía llegar por ambas vías; partiendo del trabajo por cuento ajena y partiendo del trabajo por cuenta propia.

Lenin y el conjunto de socialistas y comunistas que lo precedieron (y de los que aprendió la teoría), tuvieron siempre como muy probable que al socialismo se entraría por la puerta del capitalismo. El capitalismo prepararía las condiciones que permitirían que los obreros tomaran las riendas de la producción, del trabajo. Es decir, que la vía probable de acceso al socialismo pasaría a través del trabajo por cuenta ajena. Y para ello se prepararon, y para ello hicieron todas las previsiones, todos los preparativos. De ahí la perplejidad y las vacilaciones de Lenin y su partido bolchevique cuando se encuentran con la realidad de que la mayor parte de la producción agraria (nada menos que toda la alimentación), no es capitalista; sus trabajadores no son obreros, trabajan por cuenta propia. Este frente, lo reconocen ellos mismos,, no lo tenían muy trabajado.
Y la diferencia es fundamental, no es de detalle.

 En el caso de los campesinos, por la condiciones de su trabajo, es como si nos encontráramos con que la mayor parte de la industria (o toda ella) se encontrara en manos artesanas, es decir, en manos de trabajadores por cuenta propia y con proceso de trabajo individuales.

 O, por el contrario, que los campesinos rusos fuesen una minoría, porque la mayor parte de la producción agropecuaria estuviese ya dirigida por el capital.
  
En estos dos casos (todos los trabajadores por cuenta propia, o todos por cuenta ajena), los comunistas rusos lo hubieran tenido más claro. Pero se encontraron con una gran parte de la producción en cada banda. La industria en manos de los capitalistas y la agricultura en manos de los propios trabajadores (los campesinos).

 Cabían, por lo tanto, dos posibilidades: una, tratar de una forma a los trabajadores por cuenta ajena, y de otra a los trabajadores por cuenta propia. Otra, tratarlos a todos con el mismo rasero. Lenin intentó reiteradamente la primera, y Stalin y sus continuadores acabaron aplicando la segunda.

 Estas dos realidades distintas son la causa de que en la cabeza de Lenin aparezca en forma de reflejo el recuerdo añorado de las cooperativas.

Sí se profundiza más en la realidad que tiene delante Lenin y su partido, nos encontraremos con lo siguiente. La penetración del capital en la producción, intercambio y consumo rusos, en esta época, es muy irregular. Banca, obras públicas, minas, industria, comercio exterior, es donde está más presente, pero deja todavía extensas zonas (la agricultura, por ejemplo), en manos de la llamada pequeña producción.

La teoría socialista utilizada decía que cuando el capital domina toda la producción (por tanto, también intercambio y consumo), se empiezan a dar las condiciones para la irrupción del socialismo. Por tanto, en la Rusia de Lenin y Stalin no se daban las circunstancias necesarias para que el socialismo se abriera paso, o, al menos, para que se abriera paso en la forma prevista. En realidad la previsión era que esa penetración del capital tuviese lugar en todos los países del mundo, o al menos, en los más desarrollados. Sin embargo, la situación que consideramos, tenía lugar en un solo país, y en el que el capital no controlaba el conjunto de la producción.

A la vista de la falta de correspondencia entre las previsiones y la realidad, el partido se inclina al final por un modelo único: la colectivización y planificación estatal de toda la producción, el intercambio y el consumo. Y este modelo queda momificado en Rusia, de forma que, hasta su desaparición, no sufre ninguna modificación que permita hablar de una evolución.

 

Como se puede comprobar en las distintas experiencias del socialismo, en numerosos países de todo el mundo, los modelos utilizados no han sido exactamente iguales.

En el que más nos hemos detenido ha sido en el ruso o comunismo soviético. La razón es que fue el primero y sirvió de modelo para otros: el chino, vietnamita, coreano del norte, cubano y todos los países llamados del este (Polonia, Checoslovaquia, Hungría, Rumanía, Bulgaria, Albania, etc). Se llamó soviético y en realidad no lo fue; se suponía que los soviets (consejos), formados por obreros, campesinos y soldados, serían los organismos que dirigirían y controlarían toda la actividad económica. Esto no fue así, porque el partido comunista, el gobierno y la administración ( todos ellos controlados por el secretario general del partido y un pequeño grupo de dirigentes), fueron los verdaderos protagonistas, y sin embargo, se le conoce, se le sigue conociendo, como el comunismo soviético, Otra razón es que ha completado un ciclo, es decir, ha cerrado su experiencia y se ha incorporado al sistema capitalista, de nuevo.

De su largo recorrido de ida y vuelta, en el movimiento obrero europeo, y más concretamente en el movimiento obrero español, ha quedado una herencia, que ahí está. A cualquier comunista o socialista en nuestro país, se le recuerda con frecuencia su parentesco con el comunismo ruso, y se le atribuye un final parecido.

Los socialistas se defienden enseguida, diciendo que nunca compartieron el modelo soviético; y que su modelo nunca consistió en el control por los obreros del Estado, y a través de él de la producción y del conjunto de la sociedad; ellos, y sus organizaciones, siempre se centraron en la mejor defensa de los obreros y del conjunto de los trabajadores, en el seno del sistema capitalista, es decir, en el modelo que hoy se conoce como socialdemocracia.

Y hay que admitir que es así. Socialistas y comunistas eran la misma cosa, hasta que la experiencia rusa los separó, adoptando cada uno su modelo.

Los comunistas españoles, sin embargo, admitieron como bueno el camino de comunismo ruso durante largos años. Posteriormente se separan por entender, básicamente, que el control del Estado podría alcanzarse por la vía de las elecciones; con lo que, al mismo tiempo, admitían la existencia de otros aspirantes a controlar total o parcialmente el Estado (las instituciones). Por esta misma razón relativizaron (convirtieron en posible, pero no obligatorio, como los rusos) tanto el control de la producción (con la posibilidad, al mismo tiempo, de que el control solo fuese sobre los medios de producción más importantes – electricidad, transportes, bancos, industria básica-), como la planificación de la misma (admitiéndose una planificación indicativa, es decir no estrictamente obligatoria).

Al admitir todas estas variantes sobre el modelo ruso, los comunistas españoles estaban señalando a los representantes del capital que estaban dispuestos a convivir con ellos en el seno del modelo o sistema capitalista.

Esta separación de caminos con el modelo ruso, se hizo antes de que tuvieran ni sospechas de que éste se hundía. Con ello los comunistas españoles no entendieron que con el hundimiento del modelo ruso, se hundía el suyo también. Sin embargo, al igual que el modelo ruso, el comunismo español ha ido perdiendo el soporte de los obreros. En fechas recientes, un dirigente comunista español se lamentaba de tener más apoyos en ambientes de profesionales (técnicos, funcionarios, empleados), que en ambientes obreros.

Habrá que recordar que los obreros rusos siempre esperaron que con el comunismo, dejarían de ser obreros. Pensaban que en eso consistía el comunismo, en que ellos dejarían de ser obreros. Sus dirigentes, sin embargo, soñaban con una Rusia fuerte, rica, moderna, avanzada, motor de una revolución mundial que llevaría la paz y el progreso a todos los países de la tierra. Y para ese fin, pusieron los cimientos, levantaron los pilares, fabricaron la estructura del gran edificio. Los obreros, sin embargo, seguían viendo que aquello no debía ser el comunismo, porque ellos seguían siendo obreros. Al final, se cansaron.

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