SOBRE EL CONOCIMIENTO DEL COMUNISMO POR PARTE DE LA CLASE OBRERA DE NUESTRO PAÍS.

Enrique Velasco

Las dificultades teóricas y prácticas en la ordenación del trabajo colectivo.-

 

La especialidad, la singularidad, de la estructura productiva propia del comunismo, no consiste en que en ella no exista la figura del empresario, ni la figura del obrero. En la estructura del trabajo del campesino y del artesano, tampoco existen estas figuras.

Lo que hace singular a esta estructura, respecto a los dos que acabamos de citar, es el hecho de que en contra de lo que sucede en ambas, que el proceso de trabajo es individual, en la estructura de trabajo comunista, el proceso de trabajo es colectivo.

Este último rasgo, esta característica, es la que comparte con la estructura capitalista de la producción; en ambas se trata de procesos colectivos de trabajo.

Por lo tanto, lo que hace singular a la estructura comunista del trabajo, es un doble rasgo; el proceso de trabajo es por cuenta propia, y es un proceso colectivo.

Dos rasgos, que al darse en procesos de trabajo muy corrientes y conocidos, no exigen largas explicaciones.

Por cuenta propia, como el campesino, como el artesano, quiere decir que la propiedad de los medios de trabajo, la organización del mismo, y el producto del mismo, son del propio trabajador.

Y un proceso de trabajo colectivo es aquel en el que participan varios trabajadores.

La combinación de ambas características, es cierto que componen una figura que nunca existió  en la historia de la producción.

En términos muy sencillos, la estructura a que nos venimos refiriendo consta de dos elementos y las relaciones entre ellos.

Los elementos son, el trabajador, de una parte, y  los medios materiales que utiliza, de otra.

Las relaciones entre ellos son, la de propiedad, por un lado, y la de control técnico, por otro.

En un primer momento puede pensarse que tanto los elementos, como las relaciones, son idénticos a los del trabajo del campesino y el artesano, con lo que estaríamos ante una misma estructura de trabajo. Y, en principio, así es. La igualdad de estructura, da también una igualdad en las consecuencias de su funcionamiento: el producto de la actividad se lo apropia el trabajador, y en consecuencia, el propio trabajador controla y decide sobre la reproducción de sucesivos procesos de trabajo.

Así es en el trabajo de un campesino corriente, y también en el de un artesano cualquiera.

La diferencia, lo habíamos dicho, la única diferencia consiste en que aquí el trabajador es colectivo, no individual.

Ahora, en este punto, en este momento, es cuando corresponde hacerse las siguientes preguntas: ¿En la teoría, todo el secreto del comunismo se encierra en esta pequeña fórmula? ¿en la práctica, toda la dificultad estriba en que el trabajador es colectivo?

A bote pronto, sin pensárselo mucho, habría que contestar que sí.

Los procesos de trabajo colectivos por cuenta propia se corresponden con la estructura productiva de una sociedad que se pudiera llamar comunista. La teoría, así, se utilizaría en forma correcta. Eso quiere decir que la suscribiría Marx, Lenin, y posiblemente Stalin. La teoría.
La práctica es, que cómo se hace eso.

Los que han metido las manos en esta práctica, también se lo han preguntado. Lenin, Stalin, Mao, Castro. Ninguno de ellos estaba en un taller o en una granja; veían el problema desde las instituciones, y más concretamente desde unas instituciones muy raras, ya que al mismo tiempo que dirigen las Fuerzas Armadas, y el Gobierno, son propietarias de los medios de trabajo. Así, de esta manera, desde esta posición, es muy difícil entender los problemas que encuentran los obreros para dejar de serlo, los problemas que encuentran los campesinos individuales para dejar de serlo.

Los trabajadores de una cooperativa sí que tienen a mano todos los datos que componen la problemática de que hablamos. Están en un lugar privilegiado: en un proceso de trabajo colectivo por cuenta propia. En el lugar propio de la teoría y la práctica comunistas.

 

La dificultad que encierra el proceso de trabajo comunista, no viene tanto de que sea por cuenta propia, como de que, al mismo tiempo, es colectivo. Hay que convenir, acordar, ponerse de acuerdo, en todas las condiciones en las que se va a desarrollar el trabajo en común.

¿Y eso es tan difícil?, ¿Ese es el motivo por el que una forma de trabajar, tan favorable para el trabajador, no se ha extendido más rápidamente? ¿Es ese el motivo por el que no han llegado a buen puerto, los anteriores ensayos- la U.R.S.S., por ejemplo-?

A estas preguntas, habría que contestar afirmativamente. Ordenar colectivamente las condiciones materiales de su trabajo por parte de los propios trabajadores, comporta importantes dificultades. Vamos a ver algunas.

Hay una muy general. Encuentra enfrente un modelo, muy generalizado, que, aparentemente, funciona muy bien. Solo hay que ir mejorándolo. No hay ningún motivo para inventarse otro, cuando el que se tiene –el capitalista-, ofrece lo que se le pide: buenas condiciones de trabajo y de vida para los obreros.

Sin embargo, el centro de gravedad de las dificultades que ha de superar el nuevo sistema, la nueva estructura, es el siguiente: el trabajador tiene que estar, en la iniciativa de la creación de la nueva empresa; en la ordenación de su funcionamiento; en su constante reproducción.

Esto se debe entender en su sentido profundo, no en el superficial.

No se trataba, en su día, de que los pobres –en todos los sentidos- campesinos rusos, pasaran a ser unos gestores excelentes de unas unidades productivas (empresas) colectivas, en unos periodos rápidos de tiempo.

Era lo que, al parecer del Comité Central del Partido, era imprescindible para cumplir sus planes de modernización de la producción. No era el proyecto, el deseo, la propuesta de los propios campesinos. Con los medios, limitados, de que se disponía, y con la formación técnica y la educación de estos campesinos, más limitadas todavía, la producción comunista en el campo ruso hubiese seguido, con toda seguridad, un camino mucho más lento, pero un camino comunista, y con toda probabilidad, irreversible. En este caso, los comunistas eran los dirigentes del Partido, cuando quien tenían que ser comunistas en Rusia, eran los campesinos.

Hoy día, no son comunistas en Rusia, ni el Gobierno, ni el Partido del Gobierno, ni los campesinos. Siguiendo el lento camino que ellos proponían a Lenin, hoy, la producción agrícola rusa estaría mucho más cerca del comunismo.

Si se trataba de ordenar el trabajo del campo en la forma comunista, quien la iba a tirar adelante tenía que ser el que definiera, el que la proyectara.

Tirarla adelante quiere decir ordenar el trabajo y los medios, disponer del producto, para con su valor ir definiendo cada periodo de tiempo la reproducción de todo el conjunto.

Si no es así, los trabajadores se convierten en obreros. En estos momentos, en estos años iniciales del siglo XXI, en la Europa de la U.E (Unión Europea), los campesinos se quedan retrasados respecto a los trabajadores de las ramas industriales de la producción. Se intenta arreglar su problema mediante subvenciones, mediante ayudas. Pero, es inútil. Se trata de un problema de productividad. Se trata de un problema de escala. Hay que agrupar y reordenar, a los trabajadores, a los medios de trabajo, y a las relaciones entre unos y otros.

Esto comporta problemas de ordenación técnica (cómo trabaja cada uno, coordinándose con los demás), y de reordenación de la propiedad (todo es propiedad del conjunto de los trabajadores: los medios y el producto obtenido). Esta sería la salida comunista.

La salida capitalista, ya la conocemos. El capital se va haciendo con las distintas parcelas, y una vez reordenados los aprovechamientos a escala muy superior a la que se utilizaba, utilizando medios técnicamente más elaborados y costosos, comienza a contratar a trabajadores (algunos pueden ser los antiguos campesinos) por cuenta ajena. Y ya tenemos la agricultura (que ahora ya se llamará agroindustria) En el mismo formato que el resto de la producción, con capitalistas directores y trabajadores-obreros.

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