SOBRE EL CONOCIMIENTO DEL COMUNISMO POR PARTE DE LA CLASE OBRERA DE NUESTRO PAÍS.

Enrique Velasco

La teoría y el trabajador.-

 

La teoría sigue el encuadre que hagamos de la realidad. Si nos centramos en la naturaleza, obtendremos una imagen mental de ella, una explicación de sus movimientos, de sus funciones.

            Si el objeto de nuestra observación y reflexión es el agrupamiento humano, su movimiento y desarrollo, obtendremos una imagen mental de los mismos, así como de las leyes que siguen estos movimientos, es decir, una explicación de las relaciones que se dan entre los individuos que componen un grupo, y las que este grupo establece con otros grupos humanos.

            La explicación que nuestra mente da a los fenómenos que contempla, es una teoría, más elemental, o más desarrollada; siguiendo el método científico, o no.

            La conducta sigue, normalmente, el camino que nos señala la teoría.

            La teoría que se elabora, y de la que se dispone, sobre el trabajo, es del mayor interés para el trabajador, en general. Si el trabajo se presta por cuenta ajena, pasa a estar interesado también en esta teoría, el amo de los medios con los que se trabaja; puesto que él es también el propietario del producto y el que dirige todo el proceso.

            Se trata, por tanto, en el caso del obrero, de dos aspectos de la teoría sobre el trabajo. De una parte, la teoría, el saber, sobre la tarea que él realiza. De otra, la teoría, el saber, que responda a la pregunta de por qué él trabaja en estas condiciones concretas.

            Veamos la primera, la que podríamos considerar como el conocimiento técnico sobre la realización de su trabajo.

            Para un obrero, sus saberes técnicos útiles vienen señalados por las necesidades que de ellos tenga la tarea concreta que le asigna el empresario.

            Si él, por su cuenta, adquiere otras habilidades o saberes técnicos distintos, deberá encontrar un empresario al que le interese encargarle la tarea a la que corresponden los mismos. Y en ese caso, quedarán sin utilización los antiguos saberes.

            En resumen, la teoría necesaria a un obrero en el ejercicio de su trabajo, depende de la decisión, de la conveniencia del empresario.

            El otro aspecto de la teoría, que concierne, que se refiere a un obrero; aunque de algún modo va unido a éste primero, tiene un alcance más amplio, mucho más amplio.

            La teoría profesional va directamente, y de modo muy concreto, ligada a los movimientos de que se compone la tarea profesional. Se trata, por lo tanto, de unos saberes reglados. Las reglas, las pautas, las formas de proceder, se las habrá enseñado el oficial, el especialista, el compañero, junto al cual comenzó a trabajar (¡no!, primero tienes que hacer esto así, después…-eso es lo que irá diciendo-). Algunos conocimientos los traerá de la escuela, o del centro al que haya asistido (si ese es el caso, naturalmente). Y todo ello, lo irá asentando y perfeccionando con la experiencia.

            En todo caso, en la mayoría de las tareas, en los niveles menos especializados, las tareas encomendadas, exigen un grado de teoría, de conocimientos, muy limitado (recoger tomates, aceitunas, melones, seleccionar naranjas, empaquetar fresas, acarrear ladrillos, acopiar material, trasladarlo, cargar un camión, coser camisas, envasar pastillas, conducir carretillas, ordenar los géneros). En los más especializados, la empresa, los encargados, toman a su cuenta el adiestramiento del obrero.

            Es un saber individual, ligado directamente a la persona. Va ligado, enlazado, con el saber y la actividad de otros obreros, pero eso no quita que de tu parcela de saber y de tu actividad, tú eres quien la tiene que sacar adelante; tu responsabilidad es individual.

            Se trata también, de un saber, que se presenta en forma escalonada (jerárquica). En cualquier empresa, unos obreros tienen un grado de conocimiento superior, y otros inferior. Unos necesitan más conocimientos que otros, porque su labor es más compleja, más complicada; su grado de responsabilidad es también superior, y también lo es, lógicamente, su salario. Un saber jerarquizado.

            Tiene, por último, este saber técnico, una característica especial. Y ésta lo distingue de forma muy importante de otra serie de saberes, que entre sus cualidades, no recogen ésta.

            Se trata del ligamen tan estrecho que se da entre el saber técnico y la reproducción del propio obrero. Nos referimos a que es el medio de vida del obrero. La fuerza física, y este saber para su aplicación, son el único medio de buscarse la vida un obrero. Puede no saber un montón de otras muchas cosas, pero no saber trabajar, resulta incompatible con su propio ser de obrero.

            Para ser obrero, para hacer de obrero, le resulta suficiente este tipo de saber. Otros saberes le resultarán necesarios para reproducirse como individuo. Otros saberes sociales le serán precisos para desenvolverse en su barrio, en su casa, con los amigos. Para ser obrero, sólo necesita saber trabajar; saber trabajar en la forma que le ordena su empresario.

 

            Estamos viendo la teoría que relacionada con su trabajo, maneja un obrero.

            Hemos visto un tipo, un aspecto de esa teoría.

            Se trataría de la teoría, de los conocimientos, muy ligados a su trabajo concreto, es decir, de sus conocimientos técnicos.

            Hemos visto que son conocimientos muy reglados (siguen siempre un mismo ritmo, un mismo orden, una misma manera de actuar); jerárquicos; y que son la base del sustento del obrero.

            Por todas estas características, diríamos que todos los obreros los poseen, los utilizan, y a su posesión y uso, le dan una extraordinaria importancia.

            Hay, sin embargo otro tipo de conocimiento, otro aspecto de la teoría que manejan los obreros, y que también está relacionada con su trabajo.

            A diferencia de los anteriores, éstos no son conocimientos ligados directamente a su trabajo concreto; no son conocimientos reglados; no son jerárquicos, y no están ligados estrechamente al sustento del obrero.

            En consecuencia, no aprieta la necesidad de su adquisición; se puede trabajar sin tenerlos necesariamente presentes.

            Y, sin embargo, vienen envueltos en el trabajo mismo, nacen, como los otros, de la práctica del trabajo.

            A diferencia de los profesionales, de la teoría necesaria para el trabajo obrero, esta otra teoría, este otro aspecto de la teoría que manejan los obreros, puede ser descuidada, puede ser poco cultivada por el obrero, puesto que nada ni nadie le aprieta para que la cultive.

            Pero está presente, es ineludible (que no se puede esquivar).
           
            Y respondería a la pregunta del obrero: ¿por qué trabajo yo así?, ¿por qué hay obreros y empresarios?

            Es imposible trabajar para un empresario (con lo complicadas que son las relaciones que con él se establecen; con lo peligrosas que para el obrero son estas relaciones) y no hacerse las anteriores preguntas.

            La respuesta puede ser tácita (callada, silenciosa, que no se dice de manera formal), o expresa.
          Pero, sobre todo, la respuesta puede ser, elaborada, pensada, trabajada; o simple y superficial.

          En todos estos casos, estamos ante una teoría. No existe un solo obrero que no tenga una “teoría”, una explicación, una representación mental, que aclare este fenómeno que él toca, con el que trata, diariamente.

          Y aquí estamos tocando materias que anteriormente ya hemos visto: las ideas, los valores, la cultura. Ahora podremos encajarlas mejor. El método marxista nos servirá de apoyo.

          Tanto las ideas, como lo que llamamos la cultura, y lo que hemos llamado los valores, vimos que, aunque tengan su lugar de recepción en la mente, en la cabeza; su elaboración, su cultivo y sobre todo su difusión, se lleva a cabo a través de las instituciones (centros de enseñanza, familia, tele, radio, prensa, medios informáticos, iglesias, clubes, fundaciones, asociaciones –sindicatos, partidos-).

          Pues bien, de igual manera que en la producción, al obrero le llega la teoría (los conocimientos, la aplicación de la ciencia), que el empresario estima precisa para el desempeño correcto, óptimo (el mejor) de la tarea que le ha señalado, y ni un gramo más; de igual forma, ideas, valores y cultura, son filtradas y depuradas por las instituciones, y de esta manera llegan al obrero.

          Él, el obrero, personalmente, puede elaborar en su cabeza una gran cantidad de ideas, pero a los obreros (recordemos que el obrero en funciones es siempre colectivo), a los obreros, las ideas, los valores y la cultura, llegan siempre a través de las instituciones, y éstas, las instituciones, tienen como finalidad general, la cómoda reproducción del capital, y como finalidad particular, en éste campo concreto, la de crear, cultivar y difundir las ideas, los valores, la cultura, que mejor compatibilice (que no obstaculice), la fluida reproducción del capital.

          Por tanto, la teoría que, en general, está en nuestras sociedades europeas, al alcance del obrero, ya sea, en el estrecho marco de su trabajo concreto de obrero, como en el más ancho de la condición obrera en nuestro tiempo y en nuestros países; es la que decide, prepara, difunde y, en una palabra, permite, el capital. Porque el capital es, recordémoslo, el que dirige la producción (es decir, la organización del trabajo de los obreros), y por esa misma razón, es el que pone norte, dirección, a las principales instituciones, encargándoles al mismo tiempo que transmitan, ese norte y esa dirección, al entramado de instituciones que están en contacto directo, que están en la brega diaria, con el obrero.

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