SOBRE EL CONOCIMIENTO DEL COMUNISMO POR PARTE DE LA CLASE OBRERA DE NUESTRO PAÍS.

Enrique Velasco

          
La teoría no es inocente, ni cuando aparece como ciencia.-

 

           Vemos que la teoría no es inocente. No es inocente nunca. Ni cuando aparece en su forma aparente más neutra, la ciencia.

            En el terreno que estudiamos (la sociedad basada en la forma de producir capitalista, y más concretamente el trabajo prestado por cuenta ajena), nada es inocente, nada es neutro; en el sentido de que el capital, en su movimiento de desarrollo, de reproducción, empuja, no sólo a la producción, sino al conjunto de la sociedad (que es el elemento en que apoya su reproducción) en un determinado sentido; y no le es indiferente (neutro), que algún elemento del conjunto (de la sociedad) se mueva en un sentido diferente.

            Tiene toda la lógica que sea así. Lo mismo al estudiar la manufactura y el maquinismo. Se aplica sólo la tecnología que permite una mayor ganancia. La tecnología, la aplicación de la ciencia, no es neutra; el capital empuja a la tecnología a que se mueva, a que avance, en un determinado sentido; el que permita una mayor ganancia.

            Si eso ocurre con la tecnología; con la ciencia, con la llamada ciencia básica (base de toda la tecnología), ocurre el mismo movimiento de empuje a la rama de la ciencia que aparezca con mayores posibilidades de aplicación tecnológica, y dentro de esta rama a la que mayores ganancias se esperan de ella.

            Y es que, a lo que llamamos la ciencia, vale la pena detenernos un momento en su consideración. Anteriormente nos detuvimos en el conocimiento científico, mayormente en las características que adornan a este tipo de conocimiento, pero no nos paramos en la consideración de la ciencia.

            Para el capital, la ciencia es un producto del trabajo, que se puede utilizar en otros procesos de trabajo, distintos al suyo (como una materia prima cualquiera, un ladrillo, una baranda, una máquina).

            En el mercado la adquiere, formando parte del propio obrero (los saberes adquiridos que utilizará al trabajar); formando parte de las máquinas (a las que se les introdujo en el proceso de trabajo de su construcción); en forma de diversas herramientas o medios (libros, instrucciones, disquetes, chips, patentes, etc.).

            Se trata, por tanto, de un instrumento, adquirido para su uso en la producción, por parte del capital.

            En este sentido, como instrumento de trabajo, el obrero no la utiliza, sino en la medida, y en la forma, que el capital decide.

            Este aspecto de la ciencia, ya vemos que no es nada neutro, nada inocente; por el contrario, se trata de uno de los instrumentos esenciales en el dominio del capital.

            Sigamos.

            Resulta que, es que la ciencia, se presenta, es presentada, como una “cosa”, que está en algún lugar, un lugar alto, donde sólo alcanzan los “excelentes”. Los obreros, no serian excelentes, y en consecuencia, su acceso a la misma, les resulta particularmente complicado. De hecho, la presencia de un obrero en esos altos lugares, resultaría sumamente extraña. A él, a los obreros, lo más que llegaría  sería lo que se llama la divulgación. Esta divulgación, en la producción, ya hemos visto en qué forma llega al obrero.

            Bien. Esta es la presentación que, en una sociedad capitalista, se suele hacer de la ciencia. Una presentación ingenua, inocente, donde lo más que se puede decir, y se dice, es: ¡qué le vamos a hacer, así es la vida!

            Y la inocencia, la ingenuidad consiste en que, la ciencia es presentada como un tesoro que cayó del cielo; que no es de nadie, mejor dicho, es de todos, y que está al alcance de todos, bueno, de todos los excelentes. De manera que, nada, ni nadie prohíbe a un obrero, recoger su parte del tesoro. Lo que ocurre es, que cuando recorra el áspero camino que le han preparado, cuando llegue al final del mismo, se habrá convertido en un excelente. Ya no será un obrero. Un obrero no puede retirar su parte del tesoro, sin dejar de ser obrero. ¡Qué le vamos a hacer, las cosas son así!

            Y así se presentan, de manera general. De manera general quiere decir, sin ningún tipo de análisis, sin ningún tipo de reflexión; o con razonamientos muy superficiales.

            Nosotros acabamos de hacer un análisis, bastante simple, de esta cuestión, referida al terreno de la producción; y las consecuencias más gruesas, han sido: la ciencia no cayó del cielo, es el producto del trabajo; toma forma concreta (pues se trata de un saber) en las habilidades de los obreros, en las máquinas, en los libros, en las patentes, en los métodos, y todo esto se adquiere por el capitalista en el mercado; su utilización por el obrero, queda del todo sometida a las decisiones del capital.

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