SOBRE EL CONOCIMIENTO DEL COMUNISMO POR PARTE DE LA CLASE OBRERA DE NUESTRO PAÍS.

Enrique Velasco

La revolución en la U.R.S.S.. Un planteamiento imposible.-

Con Stalin dirigiendo al partido comunista, el partido comunista ocupando al Estado en su totalidad, y el Estado convertido en el propietario de todos los medios de producción, la revolución se hace imposible. Si la revolución consistía en dar la vuelta a la situación, de manera que los obreros, que estaban abajo, acabaran arriba, con la organización que se dio a la producción y al Estado, la revolución no se podía abrir camino.

En la sociedad rusa, como en la sociedad francesa de los últimos años del siglo XVIII, con la revolución, cambió la parte de arriba; mejor sería decir que se reajustó la parte de arriba. La parte de abajo, los obreros, en su conjunto, no cambiaron. Los obreros siguieron empujando a la producción; simplemente empujando; la planificación, la ordenación, la dirección, la inspección, continuó siendo función de los de arriba. Los trabajos de simple rutina técnica o de simple ejecución, en todas las instituciones del Estado, quedaron así mismo en manos de quien las realizaba ya. La dirección pasó también a la nueva minoría reinante, a la vieja minoría reajustada (con el desmoche de nobles, patriarcas y generales, pero conservando el escalón superior técnico –oficiales militares, diplomáticos, ingenieros, profesores, investigadores, magistrados-), combinada con los dirigentes del partido.

En adelante, cuando la producción (su dirección, se entiende) estuvo en manos del partido, así como todas las instituciones del Estado, la revolución pasó a significar una cosa distinta. Ya no se entendía por revolución poner lo de abajo arriba y lo de arriba abajo. Ese vuelco ya había ocurrido. Los explotadores (terratenientes, grandes capitalistas, la iglesia) ya habían sido expropiados y apartados de los puestos de dirección y en su lugar ya estaban los obreros, representados por el partido. El Estado era ya el dueño de toda la producción, pero el Estado no era otra cosa que el representante de los obreros.

Ahora lo que había que hacer era consolidar, reforzar la revolución. Y eso se conseguía, apoyando al partido, fomentando la disciplina en el trabajo, y sobre todo, aumentando la productividad del trabajo. Aumentar la productividad se convirtió en la preocupación preferente de la dirección del partido, y por lo tanto del partido entero. Con mayor productividad se conseguiría renovar todo el utillaje industrial, dotar bien a la industria pesada., tecnificar la agricultura. Y esta sería la base técnica, que junto a un gran esfuerzo de inversión en la enseñanza y la investigación, situaría al conjunto de la Unión Soviética en los primeros lugares de los países del mundo.

Como se puede observar, la revolución se daba ya por hecha una vez estuvo en manos del partido la dirección de la producción y del Estado en su conjunto. En los países que siguieron el modelo de la Unión Soviética, entre ellos varios africanos, una vez conseguida la dirección del ejército y, a través de ella, la ocupación del gobierno, ya se hablaba de “triunfo de la revolución”. Ya se daba por hecha, aún antes de tomar la dirección, por parte del gobierno, de los principales medios de producción, los Bancos, etc. En adelante, se trataba de consolidar, profundizar la revolución, preservar los logros revolucionarios, etc.

Este es el tipo de revolución comunista que ha manejado el movimiento obrero mundial durante largo tiempo. Y nosotros, a los efectos del estudio del comunismo que hacemos, retendremos de él varias cosas.

Según este tipo de revolución comunista, los obreros son explotados por los capitalistas, los terratenientes, los Bancos. El instrumento que utilizan para esta explotación es el Estado. El partido comunista encabeza la insurrección de los obreros contra esta situación, conquista el Estado, expropia a los explotadores, y organiza la producción bajo la dirección del partido. El Estado de los obreros, ya no es propiamente un Estado, ya que no persigue su explotación, sino por el contrario su mayor nivel de vida material y cultural. La función de este Estado es principalmente organizar bien la producción, de forma que los obreros alcancen un nivel alto de vida material y cultural. Y en segundo lugar, defender del enemigo de la revolución los avances conseguidos por ésta.

Ahora podemos recordar, cómo quedó grabada en la mente de los dirigentes comunistas rusos, lo que ellos llamaron el comunismo de guerra. Los campesinos trabajando al límite de sus fuerzas para producir lo necesario para su propio mantenimiento, el de los obreros industriales que fabricaban todo el material de guerra, y para el mantenimiento de los soldados en el frente. Los obreros industriales fabricando, además del material de guerra, todo el utillaje necesario para una agricultura mecanizada. Y los soldados defendiendo en el frente la seguridad de sus compañeros. Todo el conjunto, ordenado y controlado por el Estado, y éste, dirigido por el partido. Este era el esquema del comunismo de guerra.

Este esquema, no tubo más interrupción en su funcionamiento que el periodo en que, con Lenin, se ensayó lo que se llamó nueva política económica. Al objeto de obtener el máximo de grano, con el que hacer frente a las crecientes necesidades de la rapidísima industrialización, se exigió a los campesinos la entrega de una determinada cantidad, pudiendo llevar el resto al mercado por cuenta del propio campesino. Poco después, y particularmente con Stalin ya en la Secretaria General del partido, se abandonó esta experiencia, se colectivizó toda la agricultura y se volvió al esquema anterior, acusando particularmente algunos rasgos.

Se planificó toda la producción (planes quinquenales) y se puso toda ella bajo la dirección del Estado.

En dichos planes se señalaba el crecimiento previsto, con lo cual el crecimiento de la productividad se puso en el centro del interés en las preocupaciones de los órganos superiores del Estado.

Pasó así de medirse el éxito o fracaso de la revolución, por el cumplimiento o no de las previsiones de los planes, y los miembros del partido empezaron a ser bien o mal considerados en relación con su aportación al cumplimiento de los planes. Un comunista modelo era el minero que al frente de su equipo logró el mayor número de toneladas de carbón, por encima de las exigidas por el plan. Y se le entregó una medalla, señalándolo entre los miembros del partido como un modelo a imitar.

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