SOBRE EL CONOCIMIENTO DEL COMUNISMO POR PARTE DE LA CLASE OBRERA DE NUESTRO PAÍS.

Enrique Velasco

La reproducción del proceso de trabajo. Un primer acercamiento al concepto de “institución”.-

 

Un proceso de trabajo aislado, sea por cuenta propia o por cuenta ajena, no deja de ser una abstracción que hacemos para entendernos. En la realidad la producción se presenta como una sucesión de procesos de trabajo encaballados los unos sobre los otros sin separación apreciable. Ningún joyero produce una sola joya y ningún carpintero produce solo una mesa.

Es decir, la producción es siempre reproducción. El campesino, que es el ejemplo más usado por su claridad, reproduce en los ciclos sucesivos de su tarea todos los elementos que intervienen en la misma. El producto que obtiene lo transforma en dinero, lo que le permite reproducir, comprándolos, los instrumentos de trabajo, las materias primas y su propia persona (comprando las mercancías que consume para su manutención). Si bien los tiempos y modos de sustitución de los elementos sean distintos. La simiente y los abonos normalmente se reproducen (porque se consumen), cada ciclo. Los aperos, sin embargo, y su propia persona, van sufriendo una reproducción o sustitución parcial (un arado o un tractor pueden tardar en reproducirse completamente diez o doce años).

Esta reproducción que describimos es también, a su vez, una abstracción de la realidad. Efectivamente esta reproducción la hace posible la existencia del comprador del producto del campesino, el productor y vendedor del abono, de los arados, el criador de los animales de tiro (caballo, mulos, bueyes), el productor de todas las mercancías que el campesino necesita para reproducirse (el campesino y su hijo, ya que en otro caso no habría reproducción del trabajador cuando éste muriera). Es decir, la reproducción del proceso de trabajo, para estudiarla, la abstraemos, la separamos del campo más amplio en el que tiene lugar.

Es muy importante la consideración de la reproducción porque permite la entrada en escena de un tipo de trabajo que se resiste a ser clasificado por los estudiosos de estos temas. Suelen llamarlo trabajo no productivo.

Veamos. Nos hemos imaginado que el productor que va al mercado a vender su mercancía, encuentra éste lleno de productores que pretenden vender la suya y comprar la que necesitan. Sin embargo, es más frecuente que quien vende las mercancías en el mercado no sea su productor, sino alguien que se ha encargado de comprar una determinada cantidad de tomates y los ofrece en el mercado a quien los quiera comprar; y así con el pescado, la carne, etc. El trabajo de este individuo consiste en eso, comprar y vender. Es un comerciante. No produce nada.

Habría que decir que su existencia no es estrictamente necesaria para la producción. El productor puede ir al mercado, vender su mercancía y comprar al otro productor la suya.

Con la presencia del comerciante se facilita el intercambio, porque a quien tu vendes tu mercancía, puede no producir la que tu necesitas. El mercader, el comerciante hace más ágil  el intercambio, es decir, la realización de la venta de la mercancía del productor. Los productores están interesados en que existan los comerciantes como colaboradores suyos en el funcionamiento de la producción. Por ese motivo comparten con él el valor del producto. La mercancía tiene el mismo valor si es vendida directamente por el productor que sí lo es a través del comerciante. Este valor se reparte entre el comerciante y el productor. Luego veremos en qué proporción.

Pues bien, ya tenemos en escena un trabajador que no participa en la producción, y sin embargo es un trabajador.

Los mercaderes, interesados en el buen funcionamiento del lugar (local, plaza, espacio), donde se realizan los intercambios, deciden dar trabajo a un individuo que se encargará de la vigilancia y buen orden del mercado. A cambio le dan una cantidad de dinero que no llaman salario, sino sueldo (que es lo que cobraban los soldados, también ajenos a la producción).

De la misma forma, tanto los productores como los comerciantes están dispuestos a pagar de su bolsillo otro sueldo para la persona que se encargue de la limpieza y mantenimiento de las instalaciones del mercado.

Este ejercicio de repaso de trabajos no directamente productivos, experimentaría una enorme subida si consideramos periodos de tiempo más cercanos a nuestros días, cuando se produce un extraordinario crecimiento en el rendimiento en el trabajo, que permite costear, no solo la vigilancia del mercado y la limpieza del mismo, sino destinar parte de la renta que perciben los comerciantes y productores a su reproducción personal, mejorada en calidad, mediante el pago de un sueldo a un individuo que se encarga de la instrucción de sus hijos, que un día los sustituirán en su tarea. Este nuevo trabajador percibirá un sueldo que saldrá de la renta (es decir, el dinero dedicado a su consumo personal) de comerciantes y productores.

Este nuevo tipo de trabajador no participa directamente en la producción, pero aparece realizando una función que, en principio, parece necesario o conveniente para una correcta reproducción del proceso de trabajo, a cambio cobra, también, una cantidad llamada sueldo (puesto que no se trata de un salario, aquí no hay capital, sino renta, es decir, dinero para el consumo).

Este tipo de trabajador no directamente productivo acaba alcanzando una gran importancia en el conjunto (ejército, funcionarios públicos), de ahí la importancia de su colocación correcta en el conjunto.

Haremos una pequeña observación, un pequeño aparte, antes de continuar con las instituciones y sus problemas.

La utilidad de las instituciones, su función, es la de servir de instrumento a la reproducción de los procesos de trabajo. Es su único sentido. Para eso nacen; y cuando su utilidad en esa función se debilita o desaparece, también desaparecen ellas. Así por ejemplo, se debilitó, hasta prácticamente desaparecer, la nobleza; igualmente las Ordenes Militares (Santiago, Montesa, Calatrava), y otras muchas.

Su campo de actuación es, por lo tanto, la reproducción de los procesos productivos. Es su escenario exclusivo.

Pero eso no quiere decir que tengan la exclusiva en las tareas de la reproducción.

La reproducción ocupa un campo muy extenso, y las instituciones no lo ocupan en su totalidad. De manera que, siempre quedan espacios en estas tareas de la reproducción, a los que las instituciones no llegan, o no han llegado todavía.

Es decir, el grueso de las funciones de reproducción, lo desempeñan las instituciones, pero no hemos de olvidar a los trabajadores que se ocupan de tareas de reproducción, y que, sin embargo, no prestan estas tareas en el seno de una institución.

Vamos a ver unos pocos ejemplos, para entendernos mejor.

La enseñanza, en nuestro país, es una tarea de reproducción, que desempeñan unos instituciones (escuelas, colegio, academias). Estas instituciones dejan unos espacios en su función (las vacaciones), que precisan ser atendidos en alguna forma.

La sanidad, es una tarea de reproducción, cubierta de forma general por las instituciones (Hospitales, Clínicas, Sanatorios). Estas instituciones cubren solo una parte de la restauración de la salud. Las convalecencias, las enfermedades leves, las enfermedades crónicas que no exigen la hospitalización, etc., exigen la atención de unos trabajadores que, igualmente, no suelen estar encuadrados en una institución.

Las tareas domésticas, la gestión y ordenación de las comidas, limpieza, higiene, lavado, ocio y distracción de los miembros de la familia; especialmente el cuidado y atención de bebés y personas mayores.

Este conjunto de tareas, que en nuestro país ocupan a varios millones de personas, pueden quedar en la sombra, al no tratarse, en su mayoría, de trabajadores contratados para las mismas, ni desempeñándose en el seno de una institución.

En un país capitalista desarrollado, como el nuestro y como toda Europa (Unión Europea), la tendencia es incluirlas dentro del orden productivo y del orden de las instituciones de este sistema. Y siguiendo este camino, aparecen las Cínicas privadas con residencia para enfermos crónicos, residencias para mayores, guarderías infantiles privadas, todas ellas con forma de empresa capitalista; empleadas de hogar a asistentes contratados como asalariados; y en forma de instituciones, empiezan a generalizarse, las guarderías municipales, las casa de colonias de vacaciones, los campamentos, los clubs deportivos, culturales, los clubs de personas mayores.

La tendencia, por tanto, es la de incluir estas tareas reproductivas de forma progresiva, en el espacio de las instituciones, de una parte; y de otra; ir convirtiéndolas en trabajos asalariados. Impulsando, al  mismo tiempo, una simplificación profunda en las tareas domésticas; mecanizando, de una parte las más duras (lavadora, lava-vajillas, cocina, hornos eléctricos, pre-cocinados) y aligerando el número de comidas, al generalizar su realización al mediodía fuera del  hogar.

Todo ello va descargando, aliviando, a esta gran cantidad de trabajadores (mujeres en su gran mayoría), que, en la sombra (sin aparecer en ninguna lista), cumplen, junto a las instituciones las tareas básicas de la reproducción.

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