SOBRE EL CONOCIMIENTO DEL COMUNISMO POR PARTE DE LA CLASE OBRERA DE NUESTRO PAÍS.

Enrique Velasco

La realidad material como origen de las ideas del movimiento obrero.-

¿De dónde, nos preguntábamos, sacan las ideas los trabajadores para formarse una imagen de la sociedad en que viven, y al mismo tiempo imaginarse la sociedad nueva que piensan construir, la “nueva sociedad”?

Las ideas, las representaciones que tienen los trabajadores, a este respecto, arrancan de la misma realidad de donde las sacan los amos. Pero la visión respectiva cambia, al ser distinta la posición que ocupan en esa realidad.

La realidad referida es la relación que existe entre el trabajador y el amo. Lo que es distinto son los elementos que une esa relación, el trabajador en un extremo y el amo en otro. La relación es la misma, pero la función que, cada uno desempeña en esa relación es distinta. La visión que cada uno tiene de la misma relación es, por tanto, distinta.

La función, el papel del amo es el saber, el mando y el enriquecimiento. El trabajador, por su parte, obedece, no se enriquece –saca para vivir- y no sabe más que lo que al amo le interesa para que produzca más y mejor.

El amo, al imaginársela, se apropia de la relación entera, de todo el protagonismo (la producción es él, la productividad es él, el empleo es él, él es el motor del progreso).

El trabajador arranca de su situación en la relación. Su soporte real es más bien negativo, por tanto, su representación mental también lo es. Su reacción, su lucha, por esa misma razón, se centra en el rechazo de su situación en la relación. Su impulso es de rechazo, no es de creación. El amo, crea, avanza; el trabajador se resiste, se apalanca.

El movimiento obrero arranca teniendo frente a sí esta realidad, y  a lo largo de su existencia se fija como tarea más directa la resistencia.

Una resistencia que en la práctica se presenta con dos sentidos contrapuestos: resistencia frente a los movimientos del amo (modernización de la maquinaria, revisión de los tiempos de trabajo, cambio de método), para no perder posiciones, y entonces aparece el sentido conservador del movimiento, el sentido retardatorio, antimoderno, antiprogreso; o bien, el sentido revolucionario, que pretende cambiarlo todo de golpe, aunque rara vez se ponen los medios para hacerlo.

Estos impulsos contradictorios del movimiento obrero (conservadores y revolucionarios al mismo tiempo) tienen su base, en buena medida, en los escasos conocimientos sobre su situación real en el seno de la producción y en el conjunto de la sociedad. Estos escasos conocimientos vienen sustituidos (como ocurre con todo tipo de saber), por emociones, imaginaciones, representaciones, falsas interpretaciones, que están al alcance de cualquiera, sea el que sea su nivel cultural. A ello se une el más escaso todavía conocimiento de la meta hacía la que se aspira. La “nueva sociedad” está normalmente construida con los elementos citados, dominados claramente por la fantasía

 

El conocimiento que los trabajadores tenían en los comienzos del movimiento obrero sobre la sociedad en que desenvolvían su trabajo era muy pobre. A lo largo de su práctica, a lo largo de sus acciones, en sus victorias y derrotas, iban sacando conclusiones, iban aprendiendo. Los amos también.

La enorme diferencia estaba, y está, en que ellos, los amos, ya disponían de la sabiduría, la destreza y el conocimiento que los largos siglos de mando les habían proporcionado. Los trabajadores tenían en su contra los largos siglos de ignorancia y sometimiento.

Desconocimiento e ignorancia, exactamente de qué. Los trabajadores conocían bien su oficio, sabían obtener los productos del campo, de la mar, de las minas, y fabricar las herramientas necesarias para estos menesteres. En caso de guerra ellos eran el elemento necesario e indispensable en la tarea de matar y morir. Ellos hacían, y hacen, funcionar el mundo cada día. ¿Qué es lo que no saben? ¿Qué es lo que saben los amos que no saben los trabajadores?

Estas preguntas no tienen una respuesta sencilla y corta, ya que se trata de un camino, de un proceso, largo en la historia. La producción de los saberes y la apropiación de ellos en la sociedad ha cambiado mucho, ha ocurrido de una forma determinada en cada fase histórica.

En la fase que se conoce como comunismo “primitivo” (aunque en la actualidad existe en diversas partes del mundo –la Amazonia, en Centroáfrica), el saber, los conocimientos son compartidos por el grupo completo, con las diferencias propias del vigor físico (niños, ancianos), de la propia tarea (lanzadores de flechas, rastreadores). En la fase que contemplamos en los países europeos, los amos disponen en una forma de los conocimientos (y se benefician de ellos), que los trabajadores no se encuentran en situación de poseer y utilizar.

¿Cómo ha ocurrido esto?

El saber, los conocimientos, tienen que ver con la experiencia, con la práctica social. Los conocimientos más elementales, más sencillos, arrancan directamente de la experiencia.

Un niño pequeño aprende que no se puede arrimar al fuego, porque se ha quemado él (puede advertirlo a su hermano para que no le ocurra lo mismo, con lo cual éste ha aprendido con la experiencia, pero no la suya propia, sino la de su hermano). Con ello han adquirido un cierto conocimiento sobre el fuego, un conocimiento en grado elemental, un saber muy incompleto, pero ya es un saber. El movimiento obrero en sus inicios tenía un conocimiento muy superficial de la realidad en que se desenvolvía y de su propio ser.

Este conocimiento, como todos, es un saber sobre la realidad, pero no la realidad misma. Es el reflejo de la realidad en la mente; la realidad entra en la mente a través de los sentidos y construye una imagen de esa realidad. Esta imagen, esta representación mental, no es un objeto real, no pertenece a la realidad, pertenece al mundo de nuestra mente. Los pensamientos no son cosas reales, son su imagen en la mente. Con nuestra mente no podemos hacernos con la realidad tal como es. Lo que hacemos es reflejarlo en nuestra cabeza en forma de idea. En nuestra cabeza no cabe la realidad, sino una idea sobre la realidad.

Un mayor conocimiento de la realidad nos permite actuar sobre la misma con mayor eficacia, equivocarnos menos. Esta eficacia confirma la validez de las ideas que sobre la misma teníamos antes de actuar. En caso contrario sería necesario rectificar la idea deformada que teníamos de la realidad.

Es la historia del conocimiento, elaborada con la larga experiencia de la humanidad.

En el seno de este proceso de conocimiento y control de la realidad ocupa un lugar muy importante el conocimiento científico. Puede venir referido a la naturaleza (ciencias naturales) o a las relaciones sociales (ciencias sociales). Hay ciencias, por otra parte, sin objeto propio en el mundo material (matemáticas, lógica) pero que auxilian a las anteriores en el manejo, selección y otros tratamientos de datos.

El conocimiento científico no tiene como objeto los seres reales, concretos. La ciencia no trabaja con objetos concretos, sino con abstracciones. El objeto concreto es tratado, considerado solo desde uno de sus aspectos, por ejemplo, el de ser pesado, y se hace abstracción de este aspecto respecto a todos los demás. Para estudiar la gravedad, abstraeremos de este zapato un solo aspecto, que es pesado, y prescindiremos de su color, su tamaño, etc. Compararemos este aspecto suyo, con el mismo aspecto de otros objetos concretos (un caballo, un mueble, una pluma) y nos habremos introducido en un concepto, una abstracción también, la gravedad, que nos permitirá un conocimiento sobre el comportamiento de los objetos desde el punto de vista de su pesantez, mucho más preciso que cualquier otro obtenido por la experiencia directa solamente.

Este tipo de abstracciones con las que trabaja la ciencia tienen, no obstante, momentos en su proceso de elaboración, de gran sencillez (recogida de datos – minerales, plantas, animales, en el campo; familia que vive en un barrio – número de miembros-, ingresos, edades, etc.). Para recoger los datos, no obstante, ya hay que haber escogido previamente, el aspecto que nos interesa. Cuando se dispone del material necesario, se formulan hipótesis, que son abstracciones de segundo grado, abstracciones de abstracciones; con lo que el trabajo se hace más reflexivo, más delicado. Las hipótesis han de probar su eficacia al actuar sobre la realidad o al encarar la validez de una nueva hipótesis.

En la actividad científica normalmente no se parte de cero, sino del resultado de innumerables procesos anteriores. Así se van depurando los conceptos, las abstracciones anteriores que, sometidas constantemente a la reflexión y a la crítica de los nuevos datos aportados, o de los mismos tratamientos de éstos, hacen de la ciencia en su estado actual, una nueva visión, una reconsideración de esa ciencia en los años y siglos pasados, y una materia de crítica y reconsideración de la ciencia de los años que vienen.

El recorrido del conocimiento científico referido a la naturaleza (ciencias naturales) es mucho más largo y está mucho más asentado que el de las ciencias sociales. Este atraso seguramente no es ajeno al escaso interés de los amos en esclarecer la madeja en que enredan a los trabajadores, en una sociedad opaca, atravesada en todas direcciones por representaciones y visiones, ilusiones e ideales propios de su posición privilegiada en la misma.

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