SOBRE EL CONOCIMIENTO DEL COMUNISMO POR PARTE DE LA CLASE OBRERA DE NUESTRO PAÍS.

Enrique Velasco

La previsión era que un capitalismo maduro llevaría por sí mismo al socialismo.-

El modelo previsto por los pensadores y dirigentes marxistas tenía  la particularidad de que se aplicaría cuando el sistema capitalista estuviese maduro. Esta particularidad es muy importante porque obligó a imaginar cómo progresaría el sistema capitalista y con qué perfiles llegaría a su madurez.

No se podían trazar más que líneas maestras, a la vista del funcionamiento que el sistema mostraba. Estas líneas maestras permitían tener un conocimiento básico del comportamiento del sistema puro, pero el sistema puro es un concepto, no una realidad. El concepto del sistema capitalista, sirve para entender una realidad, no es la realidad misma.

Por ejemplo, el concepto del trabajo capitalista nos ayuda a entender mejor la realidad del trabajo en España. Pero, como gran parte del trabajo en nuestro país no responde al modelo capitalista (los funcionarios, los campesinos, las amas de casa, los profesionales, las cooperativas, las Cajas de Ahorros, los trabajos del voluntariado, etc), ese concepto nos queda corto. Y sin embargo, se suele decir que nuestro país tiene una economía capitalista. Lo que se quiere decir, normalmente, es que, el capital establece unas relaciones de trabajo en España que repercuten e influyen en todas las demás formas, ordenándolas en la dirección que más interesa al capital. Pero de eso no se puede deducir que el trabajo en España sigue el modelo de la relación capitalista, porque, como hemos visto, eso no corresponde a la realidad.

Si en España, en la actualidad, se quisiera aplicar el modelo del comunismo ruso, nos encontraríamos con problemas muy parecidos a los que se encontraron Lenin y Stalin. En Francia, en Alemania, en Italia, en Portugal, en Marruecos, ocurriría lo mismo.

Eso quiere decir que el capitalismo no ha funcionado como si fuera el único sistema de producción; por tanto, no ha seguido rígidamente las leyes en sus movimientos que se podrían derivar de su funcionamiento en solitario. Mas bien, ha tendido (leyes de tendencia) a convivir con múltiples formas de trabajo procurando imponer los movimientos en la dirección que le interesa. Eso puede significar el dominio mundial, pero no, como entendía la teoría marxista, la penetración de la forma capitalista en toda  la producción mundial.

Por lo tanto, hubo que trabajar en un escenario no previsto y con un guión distinto del previsto. Esto hay que repetirlo porque, al hablar del socialismo científico, se puede tener la impresión de que se trabajó en un proyecto previsto previamente, pero que algún dato falló y acabó estropeándolo todo.

No es así, como hemos visto. Se trabajó en un país que no reunía las condiciones necesarias, y hubo que utilizar medios inadecuados.

Pero en todo caso, hay que recordar, que si las cosas hubiesen ocurrido de forma más acorde con las previsiones marxistas, tampoco las previsiones estaban muy ajustadas. Veamos.

Las previsiones eran que, cuando el capitalismo se desarrollara plenamente en toda Europa, en todo el mundo, las propias leyes de su funcionamiento impedirían el mismo, y se desembocaría en el socialismo. Y esto ocurriría porque todo el aparato productivo estaría ya colectivizado y planificado (“socializado”) por los capitalistas, y lo único que faltaría sería sustituir a éstos últimos (siguiendo este patrón, los comunistas rusos se hicieron con el control de la industria).

Aquí hay una palabra, socialización, que al ser muy utilizada en el lenguaje marxista, y ser muy cercana a la palabra socialismo, vale la pena desmenuzar  un poco.

El jardín del señor marqués tiene un uso exclusivo para él y sus familiares y amigos. Sí la autoridad dispusiese su uso público, diríamos que el jardín del marqués ha ido socializado.

El taller de un zapatero remendón es de uso exclusivo de su dueño. Hablar de la socialización de las funciones en el taller, no tendría mucho sentido. Se trata de un proceso de trabajo individual, llevado a cabo por el propio dueño del taller.

La socialización es posible o no, según el objeto que se pretende socializar.

Cuando nos referimos exclusivamente a proceso de trabajo, los procesos de trabajo individuales, por sí mismos, no pueden ser socializados. Ya hemos visto como ejemplo de proceso de trabajo individual, el del campesino, en el que él realiza todas las funciones. Sus herramientas, su simiente, sus animales de tiro, son de uso exclusivo del propio campesino.

Qué tendría que ocurrir para que tuviera algún sentido hablar de la socialización del arado de un campesino. Tendría que tratarse de un acuerdo con un campesino vecino, mediante el cual, éste podría utilizar el arado a cambio de que, en las mismas condiciones, el primero pudiese utilizar el carro del segundo. Esta experiencia puede llevar a la decisión de, junto con el vecino de ambos, comprar entre los tres un tractor para el uso en común. Posteriormente pueden comprar un medio de transporte, junto con otros tres campesinos, y adquirir en común la simiente, el abono, el pienso para los animales de cría.

Todos los elementos citados han pasado a tener un uso socializado. Sin embargo, los procesos de trabajo, en sí, siguen siendo individuales, todas las tareas las desempeña cada trabajador en su propia parcela, sin que haya ninguna tarea que se haga un común.

Suponemos que se trata de cultivo de viña. Y que los seis campesinos anteriores, puestos de acuerdo con otros seis, han comprado en común una prensa de segunda mano, unos depósitos y demás elementos para montar una pequeña bodega, en una nave, que asimismo han alquilado en común.

Cultivan cada uno su viña, utilizan en común el mismo tractor, etc, pero siguen siendo cultivadores individuales. Sin embargo, el proceso de trabajo de elaboración del vino lo hacen juntos, con elementos propiedad de todos ellos.

Vemos cómo se va produciendo la socialización, la puesta en común, de los distintos elementos de procesos de trabajo todavía independientes. Cómo se pone en común una nueva fase del proceso de trabajo (la elaboración del vino), conservando todavía la producción de la uva como procesos individuales.

Si nos fijamos bien, el proceso de trabajo de elaboración del vino, ya no es un proceso de trabajo individual. Ya hay tareas distintas que desempeñan distintos trabajadores. Ya hay que empezar a decidir en común quién de los doce se encargará de cada tarea, cómo se repartirá lo que se obtenga de la venta del vino, es decir, se repartirán las tareas de administración, de gestión y de dirección; y se hará en común, es decir, en forma socializada.

Si un día se decide poner también la tierra de las viñas en común, se seguirán los mismos pasos que con el proceso de trabajo de la elaboración del vino. Se integrarán los dos procesos, o sea, se hará un solo proceso nuevo que comprenderá los anteriores, con la redistribución de competencias, tareas, obligaciones, de todos los trabajadores-propietarios.

Ese fenómeno social que acabamos de describir se llama socialización del trabajo, y socialización de los medios de producción. Es un proceso lento y complicado, y como hemos podido apreciar, iniciado, proseguido y guiado por los propios trabajadores.

Se trata, en cualquier caso, del núcleo del trabajo comunista, y por esta razón, de la realidad en la que encuentra su sentido toda la teoría socialista

 

Acabamos de ver una forma de socialización de los medios de trabajo y del trabajo mismo.

Hay otra forma, mucho más estudiada que la anterior, Marx le dedicó sus últimos años de trabajo, y su obra más importante, el Capital. En ella recoge una enorme cantidad de datos, así como el resultado del trabajo que a ello dedicaron grandes autores europeos.

Todos ellos estudian de forma muy detallada el rápido y espectacular cambio de procesos de trabajo individuales (artesanos) a procesos de trabajo colectivos, donde distintas tareas se adjudican a trabajadores distintos que, enlazando su resultado, obtienen un producto colectivo también. Se le conoce como la revolución industrial, y ya hemos tenido ocasión de repasarla.

Ahora, solo nos cabe ajustar las diferencias entre esta socialización y la que acabamos de ver.

Nos limitaremos a lo esencial, ya que las demás son una consecuencia de ésta.

En la anterior, el promotor, el ejecutor y el guía es el propio trabajador.

En ésta, el que la promueve, controla y guía, es el capitalista.

La consecuencia principal de este distinto protagonismo es que, cuando quien decide es el trabajador, antes de dar un paso, considera los inconvenientes y los beneficios que este cambio representan para él y para su trabajo. Cuando quien decide es el capitalista, los cambios se llevarán a efecto solo en el caso que representen para él una mayor ganancia, sin tener en cuenta los efectos negativos que pueda tener para el trabajador y las condiciones en que trabaja.

Por lo tanto, los profundos cambios que ha exigido la reorganización de las tareas y la coordinación entre los trabajadores que las desempeñan, así como el cambio en las herramientas y en las cadencias y ritmo en los movimientos, se han hecho todos ellos teniendo como finalidad la mayor ganancia del capitalista.

Se ha montado así, un aparato productivo, destinado a producir ganancia al capitalista. Y se le ha dado una ordenación en su funcionamiento, que ninguna relación guarda con el interés de los trabajadores.

Este aparato, en la mano despótica (quiere decir, con mando absoluto) del capitalista, crea un tipo de trabajador (el obrero), diligente, obediente, disciplinado, integrado (adaptado) al aparato y a sus exigencias técnicas y sociales (relaciones con los compañeros, los jefes, y el amo), es decir, un trabajador socializado.

Y este tipo de trabajador socializado, este tipo de socialización, es la que, entienden los marxistas, facilita el paso del capitalismo al comunismo, pues al final de este proceso, solo habría que suprimir a la persona del capitalista, ya que la empresa estaba ya “socializada”.

Particularmente los comunistas rusos, echaban de menos una producción en que el capitalismo hubiese llevado a cabo ya esta labor de encuadramiento y adiestramiento de los trabajadores. Y bien que lo lamentaban Lenin y Stalin, que se encontraron millones de trabajadores que no habían pasado por esa fase de “refino”: los campesinos.

Hay que admitir que el movimiento obrero, tanto la vertiente teórica, como el lado práctico, tenía, y tiene en este tema, no una laguna, sino un verdadero lago. Debido, con toda seguridad a la falta de práctica, a la falta de experiencias.

Hoy, esto es cierto, se cuenta con mucha más experiencia. Casi medio mundo ha pasado (algunos aún están pasando) por el ensayo copiado del comunismo ruso. Y a ello hay que añadir, los intentos de Chile (con Allende), los socialistas franceses (al comienzo de la era Miterrand), en la medida en que su rumbo recordaba en algo la misma (o, en algo, parecida) dirección.

De ellas se deriva un gran vacío, en lo que se refiere a la toma en sus manos, de la producción, por parte de los trabajadores.

En todas las experiencias citadas, los obreros han estado representados por el Estado. En la experiencia más larga, el Estado ruso pasó a hacerse cargo inmediatamente de las empresas industriales. Y se colocó en el lugar del empresario: dirección económica y dirección técnica. A los setenta años, el Estado conservaba el control y la dirección económica y técnica. Mientras tanto, se quitaron de encima el hambre, la ignorancia, el atraso; pero el Estado seguía representando a los obreros en el control de la empresa.

El Estado sabemos que es un concepto muy amplio, que apenas sirve para aclarar otros conceptos también muy amplios. Por eso hemos preferido, utilizar siempre el concepto de instituciones, y aclarar que las instituciones se crean para poder reproducir los procesos de trabajo, y las crean y las controlan quien controlan los procesos de trabajo. El control y dirección de la producción quedó en la competencia del gobierno, y el gobierno lo controlaba el partido, que es otra institución.

Es decir, si la socialización de los medios de producción y del trabajo mismo es lo que distingue a todas las experiencias comunistas habidas, hay que pararse y considerar qué tipo de socialización ha tenido lugar, si la que hemos citado en primer lugar, o la socialización capitalista. Y hay que concluir que las empresas capitalistas mantuvieron con los comunistas, la socialización que ya tenían, y éstas sirvieron de modelo para las de nueva creación, incluidas las agrícolas.

La  socialización que citamos en primer lugar, solo mereció una mirada lateral por parte de Lenin, pero no se utilizó de modelo en ninguno de los intentos comunistas que hemos referido. En la antigua Yugoslavia llamaron sistema de autogestión a la organización que, sobre el papel, dieron a la producción; pero la práctica fue la misma que en los demás países referidos. El partido comunista controlaba toda la producción a través del gobierno y de todas las instituciones.

 

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