SOBRE EL CONOCIMIENTO DEL COMUNISMO POR PARTE DE LA CLASE OBRERA DE NUESTRO PAÍS.

Enrique Velasco

La confusión teórica y la confusión práctica.-

Puestos así los raíles de la revolución rusa, la locomotora y los vagones no tienen que hacer otra cosa que, con el empuje de la primera, llevar los segundos, con su carga, al lugar de destino. Este lugar es el comunismo.

El comunismo es un lugar donde los productos con los que se satisfacen las necesidades individuales y sociales (comida, vestido, vivienda, sanidad, escuela, libros, transporte, diversiones), serán tan abundantes, que no habrá problemas de reparto; cada uno retirará lo que necesite. El trabajo serán tan productivo que pasará a ser, en vez de una necesidad (tenemos que trabajar todos, tantas horas), una pura condición de vida (no se puede vivir sin hacer absolutamente nada). El trabajo se hará voluntariamente, y aún sobrará gente para hacerlo. Naturalmente estamos hablando de un punto de llegada, tras un largo recorrido.

Pues bien, los comunistas rusos y los que les siguieron (medio mundo) veía así el proceso. Un largo y difícil camino, y un lugar de llegada.

Dicho de otra manera. Unas metas escalonadas, a corto y medio plazo, y una meta a largo plazo.

A las primeras le llamaron el socialismo (se estaba construyendo el socialismo) y a la meta finnal o meta a largo plazo, el comunismo.

Del comunismo se sabía poco. En todo caso, sería el lugar de la abundancia, ya que el crecimiento constante de la productividad del trabajo haría abocar en él necesariamente. En algún caso los dirigentes del partido se permitieron señalar un plazo (20 años en una ocasión, si bien en otras señalaban tiempos tan dispares como 5 años o 50).

Sin embargo, los primeros tramos del recorrido sí que nos son conocidos. Y después de lo dicho, hemos de reconocer que lo que los revolucionarios rusos y sus continuadores llamaban socialismo (construcción del socialismo), no coincide con lo que los partidos socialistas europeos actuales llaman socialismo. Al mismo tiempo que, a lo que actualmente en Europa llamamos comunismo (lo que existía en la URSS), ellos los rusos, no lo llamaban así (ya hemos visto que a eso solo se llegaría al final del proceso).

Podemos ir ya aclarando algunos términos, para, al menos con las palabras, empezar a llamar a cada cosa con su nombre. Esta labor de desescombro siempre ayuda a cualquier búsqueda que se haga más adelante.

Los rusos, en su revolución que ha durado más de 70 años, llamaron “socialismo” o “comunismo en su primera etapa”, a la organización de la producción y del Estado que se dieron a sí mismos a través del partido comunista.

A este tipo de organización correspondería una meta final que, para ellos, sería el “comunismo” o “segunda fase del socialismo”.

Nunca alcanzaron los rusos la fase del comunismo, dado que pusieron final a su experiencia socialista antes de llegar a la fase final.

A esta experiencia rusa se la conoce hoy, y durante toda su duración, como “el comunismo”. Cualquier país que se dio ese tipo de organización, se dijo de él que era un “país comunista”. No obstante, ya sabemos el poco sentido que tiene esta expresión, ya que ellos mismos nunca pensaron, ni mantuvieron, que su país hubiese alcanzado el comunismo. Por el contrario no se le conoce como el “país socialista”, ni a lo que pusieron en práctica se conoce como “el socialismo”, siendo así que ellos consideraban que en eso consistía su intento.

Hay que pararse a considerar que la experiencia rusa, lo que ellos consideraron el socialismo (o primera etapa para llegar al comunismo), no coincide con lo que en la actualidad defienden y practica un partido socialista europeo. Y esto no hace más que confundir a cualquier joven trabajador que no tiene armas, no tiene medios, para saber qué tiene que ver el partido en el que milita, o que intenta militar, con el comunismo y con el socialismo.

Tampoco coincide esta experiencia con lo que hoy ofrece y practica un partido comunista europeo. Y esto es aún más desorientador, porque los socialistas ya han admitido como práctica la socialdemocracia (trabajo por cuenta ajena, pero con las mejores condiciones que el sistema permita para los trabajadores); pero el partido comunista (español, francés, portugués) aún no sabemos si siguen diciendo que son anticapitalistas (no al trabajo por cuenta ajena) o si parten ya, como los socialistas, de la no discusión ni replanteamiento del sistema en que trabajan los obreros en nuestros países.

Lo que más nos interesa, en resumen, es haber recorrido el camino que han seguido los dos conceptos, socialismo y comunismo y poder señalar lo que en la práctica significa hoy el comunismo (lo que se experimentó en Rusia), y lo que significa hoy el socialismo (la socialdemocracia).

Así mismo, y como resumen también, recordamos que socialistas y comunistas, mientras fueron revolucionarios, entendieron que había una “cosa” a la que había que darle la vuelta como a una tortilla, y que para ello utilizarían una “cosa”, que era el Estado.

Al llevar a la práctica estos conceptos, al aplicarlos a la realidad, descubrieron que la primera “cosa”; aquello a lo que tenían que dar la vuelta, no era una “cosa” (no era como una “tortilla”), sino una relación, la relación que se establece entre el trabajador y los medios materiales con los que trabaja y entre el trabajador y el producto de su trabajo. Y cuando estos medios y el producto son de una tercera persona, el propietario, la relación a que nos referimos se establece entre éste último y el trabajador.

Como la revolución, según la concebían los unos  y los otros, decía que los trabajadores, los obreros, debían acabar en la parte de arriba al dar el vuelco. Y como eso lo encontraron extraordinariamente difícil. Unos  y otros, comunistas y socialistas, dejaron de hacer referencia a lo del vuelco; y la revolución, en adelante, se concretó en intentar lograr las mejores condiciones de trabajo, y vida para los obreros, pero dejándoles donde estaban, “abajo”.

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