SOBRE EL CONOCIMIENTO DEL COMUNISMO POR PARTE DE LA CLASE OBRERA DE NUESTRO PAÍS.

Enrique Velasco

La ciencia y su alejamiento del mundo  obrero.-

 

La sociedad, tantas veces objeto de atención por parte de religiosos, moralistas, poetas, novelistas, dramaturgos, cancioneros populares, cuentos, moralejas populares y refraneros, se coloca por primera vez en el punto de mira de la ciencia, de lo que se llaman ciencias sociales. Dada su relativa juventud la penetración de sus conocimientos no es muy profunda, ni su herramientas propias (los conceptos) están muy acabados, ni los límites que separan unas de otras están muy claros. No obstante, como ocurre en las ciencias naturales, nos proporcionan una precisión en el conocimiento de determinados aspectos de su objeto, que ningún otro saber nacido de la sola experiencia nos podría suministrar.

De los distintos escenarios objeto de las ciencias sociales la producción es, para nosotros, uno de los más significativos.

Hay que señalar, sin embargo, que el lugar, el centro de su elaboración no está en los talleres y en las fábricas, junto a los obreros. El tratamiento científico del trabajo como relación social entre individuos en la sociedad, se inicia, como ocurre también con las ciencias naturales, en los centros de estudio de los nobles y de los burgueses, en las bibliotecas en que éstos y la Iglesia atesoraban todos los conocimientos científicos de la época. Los trabajadores son objeto de estudio, ellos no son los estudiosos.

Los primeros acercamientos teóricos a las relaciones de trabajo se producen en los centros de estudio de los amos. Son ellos los que inician un tratamiento abstracto de estas relaciones, es decir, empiezan  a abordar, su conocimiento con intención científica.

El entrecruzamiento entre estas fases iniciales de la nueva ciencia y los conocimientos prácticos adquiridos por el movimiento obrero en su brega contra los amos para mejorar sus condiciones de vida y trabajo, hace difícil diferenciar cuándo las asociaciones obreras hacen uso de estos nuevos y poco pulidos conocimientos, y cuándo utilizan sus viejas herramientas de lucha (justicia, libertad, revolución, es decir, ideales).

Los propios científicos (nobles, burgueses o clérigos), cuando participan directamente en la batalla, y no se limitan a su tarea propia, cuando se colocan frente al adversario para rebatir sus ideas – en los libros, en los periódicos, en el Parlamento, en los panfletos, en la calles, en los locales de las asociaciones, en las reuniones, en los mítines-, los propios productores de la ciencia, no siguen el discurso que exige el camino que conduce al conocimiento, sino las ideas y expresiones que conducen al convencimiento. Es decir, se salen del camino de la ciencia y combinan elementos científicos con otros que no tienen este carácter.

Esto hace particularmente laboriosa, complicada, la identificación de estos conceptos, de estas abstracciones por parte del movimiento obrero y sus asociaciones, y por tanto, su apropiación correspondiente, su sometimiento a reflexión y crítica, con el consiguiente enriquecimiento teórico, científico. Este servirá, cuando menos, para, a la vista de las nuevas adquisiciones teóricas, desechar por equivocadas ideas, conceptos que se venían utilizando anteriormente. Así ocurre también en el camino de la ciencia en general, la depuración y limpieza de las viejas herramientas teóricas, más quizá que la adquisición de otras nuevas, ayuda a actuar con mayor eficacia sobre el objeto a que se aplique.

El ser mismo de la ciencia, su propia forma de crearse, existir, y profundizarse la aleja del obrero. La ciencia es reflexión serena, recogida paciente y selectiva de datos, sometimiento a crítica de la selección hecha y del propio criterio selectivo, comparación del proceso seguido con otro proceso llevado a cabo por un observador distinto, para ver si hay identidad o no del método y resultado, propuesta imaginativa de hipótesis, etc. El obrero, el trabajador real del periodo estudiado, el trabajador típico de fábricas o del campo, realiza una función en su trabajo y vive en unas condiciones que lo alejan de la práctica teórica, de la práctica científica. Practica en su trabajo las aplicaciones de las ciencias (naturales, sobre todo), pero no tiene una idea ni siquiera elemental del conocimiento científico y su papel en la sociedad.

La consecuencia de todo ello merece una doble consideración.

De una parte, el movimiento obrero no nace ni se desarrolla en un terreno adecuado para el cultivo de la ciencia.

De otra, esta ciencia, tanto de carácter más general, como la que tiene como objeto las relaciones sociales en el trabajo, viene ejercida, promocionada, y por tanto guiada en su aplicación, por los amos. Y aunque a los principios científicos se les puede tener por ”puros”, su nacimiento, cultivo y aplicación corren a cargo del sujeto que el movimiento obrero encuentra siempre en la acera de enfrente, de los amos.

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