SOBRE EL CONOCIMIENTO DEL COMUNISMO POR PARTE DE LA CLASE OBRERA DE NUESTRO PAÍS.

Enrique Velasco

 

Instituciones comunes e instituciones específicas. En su conjunto realizan la reproducción de todas las formas de producción.-

Decimos que el partido socialista y el partido comunista en nuestro país, están, como todos los partidos políticos (como todas las instituciones), al servicio de la producción, puesto que son un instrumento suyo para reproducirse, para vivir y extenderse.

Como hemos referenciado ya, las formas de producir, de trabajar, en nuestro país, son tres.

A estas formas de trabajar, corresponden tres maneras de reproducirse, y por tanto, tres tipos de instituciones que hacen esta labor.

A esto, como vimos, hay que añadir una corrección. Estas tres formas de producir no se dan separadas, una al lado de la otra, sino que funcionan enlazadas, relacionándose constantemente entre sí.

Y no se relacionan de una forma cualquiera, al azar, sino que su relación es de dependencia, de subordinación, de sometimiento.

La forma capitalista es la dominante, y las otras dos, las subordinadas; de forma que, solo respetando los movimientos esenciales del capital, se pueden desarrollar las otras dos.

Esto se corresponde, se transmite, a las instituciones, de manera que podemos observar lo siguiente.

Una institución propia de la reproducción capitalista, como son los Bancos, por ejemplo, son utilizados ampliamente por las otras dos formas.

Las instituciones propias de campesinos y cooperativistas, en lo que se refiere a su contabilidad, seguridad social, obligaciones fiscales (impuestos), deben adaptarse (se han de homologar) a las instituciones capitalistas.

De manera que, la tendencia es a que, las grandes instituciones tengan la capacidad de reproducir los procesos de trabajo correspondientes a las tres maneras de producir. Pero, sirviendo de modelo la forma capitalista. Se pueden crear instituciones propias de campesinos y cooperativistas, pero una gran institución capitalista (Ministerio de Hacienda, Banco de España, Ministerio de Trabajo) señalará las condiciones que han de cumplir.

Esta es la forma en que la producción dominante, a través de sus instituciones, somete a sus condiciones a las otras formas y a sus correspondientes instituciones.

Dentro de estas reglas se mueven los partidos políticos, y entre ellos el partido socialista y el partido comunista, en su función de reproducir las tres clases de producción.

Ya hemos visto, las funciones que les asigna la producción en cada una de sus formas.

En la capitalista, su función es: o bien dirigir todas las instituciones esenciales para la reproducción, si está en el Gobierno; o bien, colaborar con el partido de los empresarios en la reproducción del capital, y de una manera especial, en la parte obrera de esa relación.

En la campesina y demás trabajadores individuales, su función seria, en la medida en que se trata de partidos socialistas o comunistas, colaborar en la reproducción de estos procesos no capitalistas de trabajo, apostando, como en principio hizo Lenin, por un camino propio de superación de su debilidad, a través de su progresiva utilización en común, tanto del propio trabajo, como de los medios (maquinaria, técnicas, abonos) más importantes de trabajo, y creando para ello las asociaciones, con las formas y funciones que ellos decidan. No hay para ellos otro camino.

Como no sea el que les propone el capital. Formar parte de una gran empresa capitalista, desempeñando una función muy concreta, y sin participar para nada en la gestión o dirección del conjunto. Es el caso de granjas de cría; las grandes empresas proporcionan las crias, el pienso, y luego compran los animales, listos para el mercado. O, igualmente el cultivo de especies, cuya simiente proporcionan, y cuya cosecha comprarán; de forma que ellos deciden los precios en uno y otro caso. En realidad se trata de trabajo por cuenta ajena, convenientemente disfrazados a efectos de seguridad social, condiciones de trabajo, etc.

Y, por fin, el papel de los partidos socialdemócratas españoles, ante la producción asociada de trabajadores dueños de sus propios medios, se correspondería con el que desempeña el partido de los empresarios en la reproducción de sus capitales. Es decir, sería como dice el refrán: cada cual con su pareja.

 

Esto de “cada cual con su pareja”, lo hemos considerado ya. Cada forma de trabajar, tiene su institución o sus instituciones propias.

La forma de trabajo individual (o familiar) por cuenta propia (campesinos, artesanos, transportistas, comerciantes, etc.), no tienen instituciones propias, utilizando para su reproducción las del capital. La explicación es que no es una forma de producir autónoma, independiente, dominante; ni lo ha sido nunca, ni es previsible que lo sea. Con anterioridad no lo ha sido, porque como hemos visto, su reproducción estaba dirigida por los señores (los nobles y la Iglesia). En el futuro, presenta el grave inconveniente de que su productividad es mucho menor que la de las otras dos formas de trabajar, dado que éstas aprovechan las grandes ventajas que proporcionan la cooperación y la producción en gran escala (en masa). Subsiste, solo con grandes apoyos (subvenciones), u ocupando resquicios que las otras formas no encuentran de interés. Excluyendo, por no tratarse de productos de gran consumo (consumo ordinario), ni poderse elaborar por un trabajo ordinario (que lo puede repetir otro trabajador), el caso de los artistas. Su producto no se vende por su valor, sino por su precio (es irrepetible, no hay competencia).

En una palabra: podríamos decir que esta forma de trabajar no tienen pareja institucional propia; la toma prestada.

El trabajo por cuenta ajena, tiene un formato más complicado; lo forman, de una parte los trabajadores (es colectivo), y de otra, el “ajeno”, aquel por cuenta del cual se trabaja. Y, esta relación es la que se ha de reproducir. No se trata de reproducir solo al empresario, ni solo al obrero, ni solo al empresario y al obrero. Hay que reproducir, al empresario (como individuo –lo que gasta en comer, vestir, ocupar una vivienda), al trabajador (también como individuo), y a la relación entre ambos (uno decidiendo, otro obedeciendo).

Reproducir esa relación no simple, sino complicada, es la misión que cumplen las instituciones propias del trabajo por cuenta ajena, del capitalismo. Por lo tanto, no se trata de instituciones simples, sino complicadas, complejas, compuestas; pero con una función común.

Sin salir de la producción, podríamos ver un ejemplo de herramientas –en este caso- de actuación aparentemente contrapuesta, pero con una función común. En una fragua, el martillo y el yunque, no hacen otra cosa que golpear el uno al otro, parece que acabará rompiéndolo, y de hecho algún día uno (con el tiempo) acaba rompiendo al otro. Pero su función, con ser, golpear el uno y aguantar el otro, no es esa, aparente, sino otra: dar forma al hierro al rojo.

Las instituciones capitalistas son como esas herramientas, que para moldear el hierro necesitan varias actuaciones llevadas a cabo por varios elementos: el martillo, el yunque y el fuego; y cuando parece que uno lo quema, y los otros lo van a romper a golpes, resulta que lo que hacen es moldearlo, darle forma nueva.

Cuando se enfrentan las instituciones de los empresarios (asociaciones patronales, y partido o partidos políticos propios), con las instituciones de los trabajadores (sindicatos y partidos obreros), parecen que sean el fuego, el martillo y el yunque. Parece que se van a destruir (y a veces se destruyen –no hay más que recordar nuestra guerra civil, o menos dramático, la desaparición o quiebra de una empresa, o el hundimiento de un sindicato-); pero su función, lo que con su continuo enfrentamiento persiguen, no es la destrucción del contrario, sino  la reproducción del capital, la reproducción de la relación en que han entrado para producir.

El capital, la relación productiva a la que llamamos capital, necesita para reproducirse, una aparato institucional compuesto por varias instituciones, que actúan enfrentándose entre sí, pero persiguiendo, en común, no el enfrentamiento entre sí, sino la reproducción de la relación productiva.

Por lo tanto, no se trata de  instituciones que tienen una función propia reproductora. Un sindicato obrero, un partido político obrero, no tiene por sí mismo función de reproducción del capital, ni siquiera la función de reproducción del propio obrero. Lo mismo ocurre con la asociación o el partido empresarial; no tienen capacidad de reproducir el capital.

El aparato institucional que reproduce al capital, es compuesto. Es un solo aparato, con una sola función; pero está compuesto de partes, de elementos. Como la fragua.

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