SOBRE EL CONOCIMIENTO DEL COMUNISMO POR PARTE DE LA CLASE OBRERA DE NUESTRO PAÍS.

Enrique Velasco

El socialismo utópico y el socialismo científico.-

Ante este hecho, el empobrecimiento del trabajador y el enriquecimiento del capitalista, el trabajador ( en este caso ya un obrero) reacciona asociándose para defenderse del capital. Entre otras ramas del movimiento obrero, la socialista, ante un acontecimiento poco estudiado y poco conocido, como es el desarrollo del capitalismo, inicia unas respuestas puramente defensivas (huelgas, plantes, negociaciones). Al mismo tiempo, aparecen las primeras respuestas teóricas, los primeros proyectos “alternativos”, que diríamos hoy.

En un primer momento estos proyectos son puramente ideales. Se trata de pensar en una forma de trabajo, en una forma de sociedad, donde el trabajador se encuentra rodeado de todo tipo de facilidades; donde el trabajo aporta todos los bienes materiales necesarios para una vida plena, y las relacione derivadas del mismo son armónicas con todas las personas que intervienen en la vida social.

De este primer momento proceden las ideas de igualdad, de justicia en las relaciones de trabajo, de armonía en las relaciones sociales, de confianza en el progreso, en la ciencia, en el futuro, en la bondad natural del hombre.

Es el primer socialismo. Algunos estudiosos de estos temas, le han llamado a este periodo el del “socialismo utópico”. Utópico viene a significar un lugar que no existe, y al que, por lo tanto no se puede llegar. Al menos no se puede llegar en el momento que se habla de él; años después, no es la primera utopía que se convierte en un lugar real, y visitable.

La mayoría de las características que los obreros atribuyen al comunismo, pertenecen a esta época del socialismo. Son ideas muy sencillas, muy fáciles de aceptar, muy fáciles de transmitir y de un gran poder de arrastre a la acción.

En realidad, a los obreros no ha llegado otro comunismo que éste, cargado de utopías.

Una utopía era, en 1.917,esperar que los obreros, los campesinos y los soldados, dirigirían el Estado y la producción y construirian una sociedad comunista. Y era una utopía porque los obreros ( igualmente los campesinos y los soldados) no tenían formación que les capacitara para semejante tarea.

Guiados por el partido comunista ruso, sí fueron capaces de derribar al gobierno, y poner en la dirección del Estado y de la producción a los que estaban en la dirección del partido. Sí fueron capaces, bajo la dirección también del partido comunista, de rechazar la tremenda embestida de los alemanes en la segunda guerra mundial, dejando en la batalla 20 millones de compañeros muertos. Igualmente, han sido capaces, asimismo bajo la dirección del partido comunista, de conseguir con su trabajo de obreros, colocar a su país en las primeros lugares del mundo en muchos sectores de la producción y la ciencia.

Todo esto lo hicieron con la mayor ilusión, persiguiendo una utopía. Caminando hacia un lugar que no existía. No existe un Estado obrero. Los obreros no pueden montar un Estado, no saben. Claro que pueden aprender, pero aprenderán cuando dejen de ser obreros. Un obrero, ya hemos visto lo que es, ya hemos visto en qué lugar de la producción está colocado: en el sitio opuesto a la competencia, la sabiduría, la responsabilidad, la creatividad (lo opuesto a un emprendedor). En ese lugar emprendieron la experiencia rusa, ilusionados y en ese lugar la han abandonado, decepcionados.

Este socialismo elemental, idealista, sencillo, se va enriqueciendo poco a poco, con la experiencia del movimiento obrero en su conjunto, y muy principalmente con la reflexión crítica de estas experiencias. Vamos a ver un ejemplo de ambas cosas.

Una experiencia que obliga a la reflexión, a volver a pensar las cosas, es el hecho de que la esperada revolución obrera no se produce en Alemania, ni en Inglaterra, ni en ninguno de los países europeos industrializados. Y ese era un dato importantísimo con el que contaba Lenin en los primeros tiempos de la revolución. Al no producirse, tuvo que convocar al partido y reflexionar sobre el rumbo de la revolución, a la vista los nuevos datos de la experiencia.

Una reflexión crítica, puede querer decir, un trabajo de reflexión serena y profunda que incorpora elementos del conocimiento científico. Carlos Marx, por ejemplo, hizo un estudio sobre el nacimiento y desarrollo del capitalismo, que permitió revisar, y poner en cuestión no pocos conceptos que el movimiento obrero manejaba hasta entonces.

El propio Marx hubiese hecho una profunda revisión de sus anteriores obras, si hubiese vivido para ello. Es sabido que murió trabajando en esta obra, “El capital, crítica de la economía Política”, de la que no vio publicado más que un tercio más o menos. En este mismo sentido recordamos que en una ocasión tuvo que advertir que él no era marxista (es decir, ya no trabajaba con conceptos que él mismo había utilizado antes).

Es decir, la práctica y la teoría del movimiento obrero, han de ir revisando y poniendo al día, las herramientas que mejor permitan ir sustituyendo los impulsos del sentimiento y del deseo, por un mejor conocimiento de la realidad del trabajo obrero, así como poner proyectos realizables desde hoy, en el lugar de utopías lejanas que haya que creerse que un día llegarán.

A este socialismo, abierto a la reflexión crítica, a la ciencia, y a las nuevas experiencias, se le conoció en su tiempo como “socialismo científico”

El socialismo utópico, hemos dicho que podía penetrar con cierta facilidad en la mente de un obrero medio; y estas ideas sencillas han permanecido como un poso en el fondo del pensamiento comunista. Y han permanecido idénticas a sí mismas, a pesar de los cambios habidos en lo que rodea al movimiento obrero.

Y esta permanencia de estas mismas ideas, ha resultado, al mismo tiempo, positivo y negativo. Positivo, porque, aunque se haya hundido la Unión Soviética  con todo los demás países que la seguían; aunque la situación de la Cuba comunista no sea brillante; aunque el capitalismo campee por el mundo como el gran triunfador; si se escarba un poco en el pensamiento de cualquier obrero europeo, enseguida aparecen intactas estas ideas (en el fondo, tenían razón los comunistas -es su razonamiento-). Con lo cual, queda una especie de rescoldo, que no se acaba de apagar.

Y es, al mismo tiempo, negativo, porque estas pocas ideas sencillas y generales no pueden servir de soporte para alcanzar el paraíso que prometen. Esas ideas generales hay que convertirlas en conocimientos que permitan armar proyectos realizables.

Lo que se llamó el socialismo científico, era un esfuerzo en ese sentido. Los partidos comunistas (y los socialistas hasta que se separaron) europeos hicieron una gran tarea de esclarecimiento en sus ideas, de racionalidad en sus metas, en sus proyectos. Fueron ordenando sus conocimientos, afinando su teoría, y ensayando la puesta en práctica de la misma.

El conjunto de sus experiencias y el enriquecimiento de su teoría, colocó al movimiento obrero en la esquina de la historia europea, que hemos considerado más atrás. Ante la posibilidad de dar la vuelta a la tortilla, creando Estados obreros, que acabarían llevando la revolución al mundo entero. Así lo creyeron, y así lo ensayaron. No lo creían todos los partidos socialistas (por eso se dividieron y separaron), ni lo creían todos los miembros de los partidos comunistas que intentaron esta experiencia.

En la dirección del propio partido comunista ruso había opiniones contrarias a ese tipo de revolución obrera.

Pero, una vez iniciada la vía de los comunistas rusos, los ojos y la mente de todos los obreros comunistas del mundo entero quedaron deslumbrados por este foco luminoso irresistible. Era su Estado, el primer Estado obrero de la historia. Allí vieron todos los obreros comunistas su futuro.

Y en adelante, el comunismo, para los obreros y sus organizaciones, fue el comunismo ruso. Para los obreros, y para los capitalistas también.

Las formas concretas de la revolución comunista rusa, se canonizaron (se convirtieron en normas obligatorias –cánones- para toda la revolución comunista futura), y se cerraron las vías a otras posibles experiencias comunistas.

Apoyar a la primera experiencia comunista de la historia, se convirtió en el primer deber de todo obrero comunista. Con lo cual, los nuevos miembros de los partidos comunistas europeos, se encontraban ya, al ingresar en el partido, con esta norma indiscutible: el comunismo es el comunismo ruso. Y parecía natural, puesto que no existía otro.

Lo grave de todo esto es que, cuando desapareció el comunismo ruso, había desaparecido también el comunismo. Y pareció también natural.

El comunismo ruso era, eso es cierto, la primera experiencia comunista estatal. Esto quiere decir que el estado era el protagonista de la revolución, de la experiencia que se iniciaba.

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