SOBRE EL CONOCIMIENTO DEL COMUNISMO POR PARTE DE LA CLASE OBRERA DE NUESTRO PAÍS.

Enrique Velasco

El proceso de trabajo por cuenta ajena.-

 

Nos introduciremos ahora en la forma de trabajar que se conoce como “por cuenta ajena”.

Ya conocemos lo que es una mercancía (producto del trabajo que se dedica al intercambio), y cómo se comporta el valor en la elaboración de la misma. Recordaremos que a las horas de trabajo directamente aplicadas a la misma se le suman las que van cediendo las herramientas, máquinas y demás medios de trabajo. Esa suma de horas será su valor de mercado.

Haremos un breve aparte sobre los precios (decía un poeta famoso que “es de necio confundir valor y precio”). El precio lo señala la oferta y la demanda. Si hay muchos vendedores de tomates en el mercado y pocos compradores, los tomates bajaran de precio, y mientras se dé la misma proporción entre oferta y demanda, seguirán los precios bajos. Si esta situación se mantiene, habrá productores que dejaran de producir tomates, acudirán menos tomates al mercado, y subirán los precios. Si siguen altos los precios, se producirán más tomates... y así. Este juego de oferta y demanda, que no es otra cosa que el mercado mismo (el mercado no es más que el escenario donde juegan oferta y demanda, comprador y vendedor) lo que hace es ajustar los precios a los valores. Es decir, los precios andan siempre alrededor del valor. El precio que se paga por una mercancía se ha de acercar a las horas de trabajo que en ella se han materializado; pueden subir o bajar, pero siempre alrededor de su valor.

El valor, por tanto, es un concepto, es una medida ideal del trabajo. La medida real la van dando los distintos precios sucesivos en el mercado. Los precios no explican más que una relación monetaria (siempre cambiante) entre la oferta y la demanda. El concepto valor, profundiza más, y nos explica por qué los precios no suelen separarse de una media, y esa media es el valor, la cantidad de horas, que en promedio se han dedicado a la elaboración de esa mercancía. Por mucha demanda de tomates que haya, sus precios no se acercarán a los de un coche, por ejemplo, porque las horas de trabajo entre uno y otro producto (su valor) es evidentemente distinto. El concepto valor nos ha ayudado a conocer mejor una realidad: los precios.

Es importante ir distinguiendo entre los hechos concretos, reales, y los conceptos. Los precios y los trabajos concretos, que vemos directamente en la realidad, por un lado, y el concepto valor, que se elabora en el mente, aunque partiendo, naturalmente, de las informaciones que proporcionan a la mente los mismos hechos, por otro.

Las cosas concretas no entran tal como son en la cabeza. Para entrar en nuestra cabeza las cosas reales se convierten en una imagen (mental). Nosotros no tenemos en nuestra cabeza cosas reales, sino la idea que nos fabricamos de las cosas reales. Que no es lo mismo.

Cuando la ciencia nos abre un resquicio entre las realidades (las apariencias), solemos decir: “!quien lo iba a decir, con lo claro que parecía!” (por ejemplo que las cosas pesadas se hundían en el agua, y resulta que los grandes barcos son de hierro y sin embargo flotan, o que el sol era el que giraba alrededor de la tierra –¡así lo parecía!-)

En la materia que ahora contemplamos, el trabajo por cuenta ajena, se nos ofrece también una realidad concreta, con su apariencia, es decir, el conocimiento que nos proporcionan directamente los sentidos. Este conocimiento directo o apariencia, es siempre muy incompleto. Debajo de esa apariencia se esconden unas relaciones que hay que desvelar, y que nos proporcionaran un conocimiento más profundo, lo que a su vez permitirá una actuación más eficaz sobre la realidad. Esta es, en definitiva, la finalidad del conocimiento científico.

En el proceso de trabajo por cuenta ajena, los fenómenos físicos y químicos que se desarrollan durante el mismo son exactamente iguales que los del trabajo por cuenta propia: se elaboran mercancías. Y en el proceso de creación de valor también encontramos los mismos fenómenos: el trabajador con su actividad va incorporando horas de valor al producto, y a este valor se suma el que van cediendo las herramientas y, en general, todos los medios de trabajo a medida que a su vez se van desgastando.

Ahora podemos apreciar con más detalle que, mientras las máquinas, herramientas, y otros medios ceden su valor al producto muy lentamente (a lo largo de toda su vida activa), lo que llamamos materias primas ceden su valor de una vez (la harina del pan, la arcilla en el ladrillo).

Veamos ahora de más cerca el proceso de creación de valor en el trabajo por cuenta ajena.

El empresario comienza adquiriendo los elementos necesarios para iniciar su proceso de producción. Todos se encuentran en el mercado en forma de mercancías, tanto los medios materiales como los personales, los trabajadores. Estos, una vez contratados, comienzan a trabajar. Cada una de las horas de actividad se transforma en valor, que se incorpora a la mercancía que elaboran.

Los medios de trabajo van cediendo su valor en forma proporcional a su uso, en la manera que hemos visto, y comienzan a aparecer las mercancías. Irán al mercado y sus precios girarán alrededor de su valor. El empresario con los importes de su venta las irá reponiendo con la cadencia que hemos visto.

El empresario ha comprado las mercancías en el mercado y con ellas ha elaborado otras que igualmente lleva al mercado.

Todas ellas las ha comprado y vendido por su valor, por lo tanto, ¿dónde está el negocio? Porque la experiencia nos dice que quien se hace rico es el empresario, no el trabajador.

Todas las mercancías, excepto una, ceden al producto su valor , no más de su valor. Con ellas el empresario no obtiene ninguna diferencia de valor. Con lo que obtiene de ellas compra otras para su reposición. En el valor final de un edificio, los hierros aparecen con el mismo valor que entraron, los ladrillos y los demás componentes también. Su valor lo pasan al producto, pero con la misma magnitud.

Hay una mercancía especial, el trabajo. En realidad lo que el empresario adquiere en el mercado no es el trabajo, puesto que el trabajo no se ha desarrollado todavía cuando lo adquiere. Lo que compra es la capacidad de trabajo que el obrero encierra en su persona, y que, una vez adquirida por el empresario, desplegará en su taller.

La persona material del trabajador, sus músculos, su cerebro, sus nervios, etc. es el soporte físico de esa capacidad de trabajar. Hay que reproducir ese soporte físico para seguir extrayendo de él su actividad. El coste de esa reproducción será el coste de la obtención de su trabajo. El trabajo, adquirido como mercancía a través de un contrato, cuesta, como todas las mercancías, lo que cuesta producirlas, es decir, el número de horas de trabajo que se invirtieron en su creación.

¿Cuánto cuesta producir un obrero? Hay que sumar las horas de trabajo que encierran las mercancías que consume para reproducirse (alimento, ropa, vivienda, etc.). El valor de su reproducción es el valor de su fuerza de trabajo.

El valor de la fuerza de trabajo es su coste de producción, como cualquier otra mercancía. Como la simiente que adquiere el campesino, como un animal de tiro para su arado, valen las horas que costó producirlas.

La experiencia, otra vez, nos dice cómo ocurre esto en la realidad. El coste de la fuerza de trabajo de un país se calcula sumando los salarios que han cobrado el año pasado el conjunto de todos los trabajadores. Es su gasto de reproducción.

En la era esclavista el cálculo era más fácil, no interfería el mercado. El esclavo entregaba todo lo que producía, y no recibía más que lo necesario para reproducirse materialmente (incluyendo naturalmente el consumo de su hijo que lo sustituirá cuando él muera).

Al trabajador se le paga en el mercado por su trabajo, como se paga cualquier otra mercancía, por lo que costó su producción. Y ahí se acaba el juego del mercado. El empresario que ha regresado del mercado con todas las mercancías que ha adquirido. Con ellas se encierra en su taller.

Todos los medios materiales de trabajo se comportan, respecto a su valor, como ya hemos visto, trasladando éste a la mercancía.

La mercancía capacidad de trabajo tiene, por su parte, un comportamiento distinto. Su uso, el trabajo vivo, se traduce en valor. Cada hora de trabajo crea valor, añade valor nuevo a la mercancía. Según va elaborando mercancías el trabajador va creando valor. Hasta que llega un momento en que crea tanto valor como su propio coste. El trabajador, después de crear valor suficiente para cubrir su coste, sigue trabajando, sigue creando valor, y este valor suplementario le resulta gratis al empresario, puesto que nada le costó.

Nuevamente podemos observar que el esclavo y el siervo les ocurría igual. Con su trabajo producían más trigo, más ganado, más producto del que consumían, y que se apropiaba el señor (fuese el rey, el noble o la Iglesia).

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