SOBRE EL CONOCIMIENTO DEL COMUNISMO POR PARTE DE LA CLASE OBRERA DE NUESTRO PAÍS.

Enrique Velasco

El primer escalón es “realizable”.-

Alcanzar el primer escalón, que en los comienzos del capitalismo aparecía como algo ilusorio; con el aumento de la productividad del trabajo, ha llegado a ser una realidad comprobable fácilmente. Es cierto que no es una realidad universal, pero en los países europeos (en los países del llamado primer mundo), existe ya un número considerable de procesos colectivos de trabajo, cuyos medios de trabajo son  propiedad de los mismos trabajadores.

Para que esto haya llegado a ser una realidad tangible (tocable con las manos), ha debido darse, al mismo tiempo que el aumento de la productividad referido, otra condición, asimismo necesaria: un cierto tipo de realidad institucional. Sin unas determinados instituciones, estos procesos cooperativos por cuenta propia no podrían reproducirse.

¿Qué instituciones penetran en la producción, y sirven de apoyo a la existencia y reproducción de estos procesos de trabajo, cuya propiedad (tanto de los medios como de sus productos) controlan los propios trabajadores?

Hemos de admitir que son las mismas que sirven de soporte a la existencia y reproducción de los procesos de trabajo por cuenta ajena.

Todo el aparato institucional (Parlamento, Gobierno, Tribunales, Administración Civil y Militar, etc.) que sirve de apoyo a la existencia de la propiedad de las mercancías y su libre y fluido intercambio, permite, a la vez, el desarrollo de procesos de trabajo, individuales y colectivos, por cuenta ajena y cuenta propia.

En consecuencia, el soporte institucional básico, para la entrada y permanencia del proyecto de los obreros al primer escalón, a la producción, está libre y utilizable; no presenta ningún problema especial.

Hay que añadir que, además de este conjunto básico de instituciones, de utilización conjunta para los proyectos de los empresarios y de los obreros, existen algunas instituciones especializadas en un proyecto o en otro. Entre las que se refieren exclusivamente al proyecto de los obreros, podemos contar, principalmente, con las leyes referidas a las cooperativas y sociedades laborales, así como las instituciones que dan aplicación y desarrollo a estas leyes.

Es de importancia, no obstante, insistir en la idea de que el bloque institucional que de manera principal opera la reproducción de los procesos de trabajo por cuenta ajena, es el mismo que sirve de instrumento para la reproducción de los procesos colectivos por cuenta propia.

Y es importante, por algo ya hemos visto, pero que ahora traeremos otra vez a la vista.

En la producción material española (también en las demás europeas), la voz cantante, el primer lugar lo ocupa la que lo hace por cuenta ajena. De forma que, sus maneras, sus moldes, sus cadencias, sus metas, sus caminos, sus prioridades, sus leyes de funcionamiento, lo son de toda la producción. Las otras formas de trabajar se han de acompasar a sus ritmos, han de marcar el mismo paso, han de obedecer a las mismas consignas y órdenes. Han de hablar el mismo lenguaje.

Esto se traduce en que, los impulsos de esta producción, se convierten en las sugerencias que parten hacia el mundo de las instituciones, en el que sirven a estas de indicadores de la ruta que se prefiere, de los caminos que deben ser explorados, de los elementos de las mismas que deben ser reforzados, y de los que no ofrecen ningún interés.

Hay que recordar que la producción “paga” la creación y el funcionamiento de todas y cada una de las instituciones, y en consecuencia, marca la dirección de las mismas.

Y todo esto último que decimos, nos ha introducido en el segundo escalón. Nos hemos salido de la producción y sus exigencias, y nos hemos metido en el mundo de las instituciones, con sus exigencias y sus ritmos propios.

Si las instituciones (el Estado) sirven a la producción, y alrededor de ella giran, eso no quiere decir que no tengan su vida propia, sus propias reglas, su propia reproducción. Esto sí, siempre pendientes de las  indicaciones que le vengan del mundo de la producción. En ello les va la vida. Una vida, como se puede comprobar, más alegre más vistosa, más aparatosa, más brillante, que la del trabajo productivo.

Esta relativa autonomía de las instituciones, esta forma de autoorganización, y este aspecto creativo y atrevido de sus proposiciones (pueden proponer realmente lo que se les ocurre), tan lejano de las reglas de hierro del trabajo productivo, las hacen especialmente escurridizas para su estudio por parte de lo obreros, por parte de sus organizaciones (que también tienen la forma de instituciones, naturalmente).

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