SOBRE EL CONOCIMIENTO DEL COMUNISMO POR PARTE DE LA CLASE OBRERA DE NUESTRO PAÍS.

Enrique Velasco

El partido político: su función en el conjunto institucional.-

Habíamos visto, aunque muy brevemente, las funciones principales de un partido político. Ahora las repasaremos con algo más de detenimiento.

Como toda institución, se trata de un aparato cuyas funciones se desarrollan en el campo de la reproducción. Esto no excluye que, en alguna situación especial, como la que acabamos de ver (comunismo soviético), el partido acabó dirigiendo la propia producción. Se trataba, sin embargo, de una auténtica dislocación de las instituciones, que al final acabó corrigiéndose.

Un partido político tiene como objetivo central, conseguir la dirección de las instituciones, y entre ellas, naturalmente, las que forman el Estado.

Si imaginamos un país en que la producción estuviese toda ella formada por procesos de trabajo por cuenta ajena (es decir, empresas capitalistas), la reproducción estaría servida por instituciones todas ellas dedicadas a una tarea muy parecida: la reproducción de procesos de trabajo por cuenta ajena. Todas, por lo tanto, apuntarían en la misma dirección. Los partidos que compitieran en las elecciones para conseguir los puestos de dirección de las mismas, tendrían  muy pocas diferencias, ya que su objetivo principal seria el mismo. Esto es lo que casi ocurre en un país como los E.E.U.U., donde el capital es casi dueño único de la producción. Tanto el Partido Demócrata, como el Republicano, coinciden prácticamente en sus modelos de reproducción del capitalismo existente.

En nuestro país, y en toda Europa, la situación es parecida, aunque la producción no capitalista (campesina, principalmente) tiene aquí mayor peso, y aparecen, por lo tanto, al nivel de los partidos, las exigencias de su reproducción; haciendo un poco más complicada la tarea de la reproducción. Los intereses del proceso capitalista marcarán la marcha de las instituciones, pero dando cabida a los intereses de los campesinos, que no sean claramente opuestos a los anteriores.

En esto consiste esencialmente el juego de las instituciones; y, en conseguir ocupar la dirección de éstas, consiste lo esencial de la tarea de los partidos políticos.

Este juego de las instituciones tiene, asimismo, funciones secundarias que, no obstante, ocupan un gran espacio en sus tareas. La organización interna de  las mismas para hacerlas eficaces, es decir, adaptadas al objetivo que pretenden conseguir; como también, la especialización de cada una, y el posterior engarce entre todas ellas para mejor cumplir su cometido común.

Los partidos también, además de buscar esencialmente ocupar la dirección de las instituciones, tienen múltiples acciones que complementan esta principal. Como son adiestrar a su personal para disputar los puestos en las instituciones, y para luego desempañarlos con la mayor competencia; incorporar a sus tareas, afiliándolos, al mayor número posible de miembros activos; así como, organizarse interiormente en la forma más adecuada para conseguir los fines que se persiguen.

A este conjunto de actividades, que giran alrededor de la pretensión de dirigir los partidos y, a través de ellos, a las instituciones, es lo que llamamos política, y terreno político, al escenario en que se desarrollan.

Bien mirado, en nuestro país, si hay tres clases de producción, la capitalista, la campesina –artesana y la socialista o cooperativa, podría haber tres partidos, que dirigieran las instituciones que reproducen a cada una de ellas. Un partido del capital, un partido campesino (y de los autónomos), y un partido del trabajo en cooperación.

Al menos, para aclararnos teóricamente, así podría ser.

¿Qué ocurre? Pues que, por lo que se refiere al capital, por ejemplo, está el gran capital, el capital medio y el pequeño capital, y los tres pueden estar, en el sector financiero (Bancos, Bolsa), en el sector comercial o en el sector productivo. Entre todos tienen intereses comunes, pero cada uno tiene, al mismo tiempo, intereses particulares; su reproducción, por lo tanto, se monta con instituciones comunes, y al mismo tiempo, con instituciones propias, o, con instituciones que los representan de modo exclusivo a todos. Y en este último caso, se trata de instituciones que ofrecen mil caras, porque tienen que representar a intereses diversos.

Por todas esas razones, el capital puede ser reproducido por diversas instituciones, y éstas pueden estar dirigidas por diversos partidos, todos ellos partidos del capital (en estos momentos, el capital en Francia, está representado por tres partidos).

Los campesinos y artesanos, no tienen instituciones propias, y se reproducen a través de instituciones que corresponden a otras formas de producir.

Estas instituciones, incluyen en sus funciones, la reproducción de la producción campesina, pero subordinada, sometida a la reproducción del capital.

Tratándose de una producción ligada de una manera muy particular a un  medio de trabajo como es el campo, su reproducción viene referida a ese medio y no a la forma con que se trabaja en ese medio. Y así, mientras en el campo se trabaja en  las tres formas que hemos mencionado, la reproducción de los tres modelos se somete, en sus condiciones fundamentales (precios del producto, precios de los suministros, subvenciones, préstamos, impuestos) al mismo tratamiento y desde las mismas instituciones.

Todo esto hace particularmente difícil que aparezca un partido campesino. Cuando ha habido algo que se le podía parecer, ha sido un partido agrario, pero éste incurría en el mismo desajuste de las instituciones, al no distinguir las distintas formas en que se trabaja el campo, predominando en el  mismo los intereses del capital agrario sobre el del campesino cultivador.

Otro tanto podemos decir de la forma de producir en cooperación. No obstante disponer de algunas instituciones propias, éstas aparecen encajonadas entre las poderosas instituciones del capital, sometiéndolas a sus condiciones principales de la reproducción. Ello hace muy difícil la aparición de un partido que se dedique exclusivamente a la dirección de estas instituciones.

En consecuencia, de las tres producciones, la capitalista es la que, por ser la más importante, impone sus condiciones en la organización institucional de la reproducción.

Las instituciones más importantes, el Estado, responden a los intereses esenciales del capital. No obstante, en el seno de las instituciones que reproducen el capital, y sin contradecir esta línea fundamental, aparecen instituciones que instrumentan la reproducción de las otras dos formas de producir.

Los partidos políticos que pretenden dirigir estas grandes instituciones, conocen la composición de intereses que se dan en el seno de las mismas, por lo que ellos mismos, a su vez, las reflejan; de forma que son partidos políticos del capital, pero incluyendo también los intereses de los campesinos y de los trabajadores cooperativos, en la forma que hemos dicho antes, es decir, sin contradecir los intereses esenciales del capital, que siempre prevalecen.

Así van adoptando sus formas concretas  las instituciones, y los partidos políticos que las pretenden dirigir.

Conviene corregir enseguida cualquier tentación que pudiera existir de interpretar lo que acabamos de ver, como si fuese una fotografía (quieta), cuando se trata en realidad de procesos en movimiento, intentando cada uno, en medio del conjunto, de alcanzar en los mejores condiciones sus propios objetivos.

Los individuos y los grupos (lo que se llaman los agentes) que actúan en la producción, buscan y procuran ensanchar y reforzar sus procesos, así como mejorar y perfeccionar sus métodos, para obtener los mejores productos y colocarlos en los mejores condiciones en unos mercados cada vez más extensos. Es decir, un continuo movimiento de acomodo para mejorar sus posiciones en el conjunto.

En lo que toca a las instituciones, son ellas precisamente los instrumentos que permiten  la fluidez y seguridad de los movimientos que precisan los elementos de la producción para volver a funcionar después de un proceso, y repetir éste una y otra vez, en lo que llamamos su reproducción. Las propuestas de mejora en sus métodos, el ensayo de las mismas, la adquisición de los últimos procedimientos o medios de actuación, y el desecho de los ya inadecuados, nos hablan, asimismo, de un movimiento continuo y de unos ajustes constantes.

Los partidos políticos, como aspirantes a conductores de las principales instituciones, han de estar al tanto de las necesidades de la producción, para adelantarse en la propuesta de la modificación o la creación de una nueva institución para hacer frente a las nuevas necesidades de la misma.

Se trata, por lo tanto, de dos mundos, de dos escenarios, el productivo y el institucional, con una organización propia cada uno, perfectamente conectados entre sí. En su movimiento conjunto (en el recorrido de sus procesos) la dirección la señalan los procesos productivos;  no obstante, las instituciones proporcionan los caminos y los vehículos sobre los que se hace la ruta concreta, pudiendo ofrecer y proponer, asimismo, caminos y vehículos alternativos.

La reproducción nunca es la repetición exacta de un proceso, sino que a través de ella, el proceso al reproducirse, resulta modificado. De aquí se desprende la importancia del entramado institucional sobre las modificaciones sucesivas de la producción.

Y en este punto es donde se sitúa el papel de los partidos políticos; estudiando primero, y proponiendo después, desde las instituciones, a la producción, caminos viables, caminos posibles, que puedan, a la larga, cambiar el sentido de la misma, o que lo mantengan invariable.

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