SOBRE EL CONOCIMIENTO DEL COMUNISMO POR PARTE DE LA CLASE OBRERA DE NUESTRO PAÍS.

Enrique Velasco

El objeto global a reproducir es la relación capitalista misma.-

 

Lo que estamos haciendo, es afinar los instrumentos teóricos con los que tratamos los fenómenos tal como se nos presentan, para mejorar nuestro conocimiento sobre su funcionamiento.

La simple apariencia de los fenómenos nos ofrece un conocimiento muy limitado sobre los mismos; la teoría nos alumbra zonas que sin ella permanecen oscuras.

Las apariencias nos dicen que en el capitalismo, los empresarios y  los obreros luchan entre sí. En esta lucha los obreros llevarían las de perder. La meta de su lucha, sería, por lo tanto, acabar con los empresarios. Y, en esta lucha, el socialismo estaría de su lado. El socialismo, el comunismo, el movimiento que lleva estos dos nombres, acompañaría a los obreros en su empeño en acabar con los empresarios y su explotación.

En un primer momento, así lo entiende el movimiento obrero. La lucha contra la explotación del empresariado es a muerte. Así lo entiende el movimiento, y así lo entienden los obreros.

La larga experiencia de un siglo de luchas, acaba imponiendo otra visión. No se trata de eliminar a nadie. No se trata de vencer a nadie. Se trata de ir logrando mejorar la relación de trabajo establecida con el capitalista. Y la relación se mejora, principalmente, haciendo el trabajo más productivo. De esta forma, el capitalista gana más dinero, y el obrero mejora su salario, su seguridad social, su modo de vida.

 

En resumen, el enfrentamiento con el capitalista, no lleva a la eliminación de éste, sino que, por el contrario, refuerza y mejora la relación de éste con el obrero.

El capital consiste, precisamente, en esta relación tirante, entre el trabajador (el obrero) de una parte, y el propietario de los medios con que trabaja éste (al que llamamos empresario).

En esta relación que hemos caracterizado como “tirante”, esa tirantez no es una (anomalía) rareza dentro de la misma; es que es así “siempre”. Eso es el capital: una forma de trabajar, en la que el trabajador, por no disponer de los medios de trabajo, utiliza unos ajenos. El trabajador “tiende” a controlar los medios que él hace funcionar; el propietario de los mismo “tiende” a hacer suyos la mayor parte de los productos que elabora (o su valor); el propietario “tiende” a apropiárselos él, porque suyos son todos los materiales con los que se han fabricado.

Estas dos fuerzas tienen ambas un tope. Si se supera el tope, se rompe la relación.

El obrero puede tirar hacia sí todo lo que pueda (recordemos que de lo que tira es del control del trabajo –el control técnico-, y de la parte que le toca en el reparto del producto obtenido). El empresario, a su vez, puede tirar hacia su banda todo cuanto pueda.

Sin embargo, pronto averiguan, uno y otro, que no se puede tirar más que hasta un tope; ahí hay que pararse. De lo contrario, ahí se rompe la relación.

El tope más importante es el del propietario.

Si no llega a obtener, con los medios invertidos, al menos, la ganancia media de todos los capitales invertidos en la zona (la zona es variable, puede ser el país, o el mundo entero), el capitalista los retira, se los lleva, rompe la relación de trabajo.

Por parte del trabajador individual, el tope estaría en que otro capitalista le ofrezca mejores condiciones. Colectivamente, los obreros dependen, en su salario, fundamentalmente de que la productividad de su trabajo permita que los capitalistas obtengan al menos la ganancia media; si es mayor la ganancia, pueden tirar hacia su banda para obtener más, pero sin seguridad de éxito ninguna.

En consecuencia, el movimiento obrero, acaba aprendiendo, que el verdadero centro de gravedad de su relación con la representación de los patronos, está en el equilibrio entre productividad del trabajo y ganancia. No se trata, por tanto, de “luchar contra” los empresarios. Sino de negociar, teniendo en cuenta los dos elementos que acabamos de decir.

A esta postura se ha llegado con la práctica, con la llamada lucha contra la explotación de los empresarios.

Esta postura es la que hoy mantienen los sindicatos y partidos europeos socialdemócratas, en su gran mayoría.
¿Qué dice la teoría, sobre esta práctica

 

La práctica socialdemócrata se corresponde con la teoría que hemos manejado.

La forma de trabajar por cuenta ajena se reproduce a través de instituciones tan adecuadas y propias como son: las asociaciones patronales y el partido de los empresarios, de una parte, y de los sindicatos y partidos obreros de otra.

El partido obrero, los partidos obreros, en la producción capitalista son una pieza del aparato institucional, a través del cual se reproduce ésta.

La “lucha obrera”, llevada a cabo por partidos y sindicatos, es uno de los mecanismos de reproducción de la relación capitalista,

Esto no quiere decir que se trate de un engaño, de una traición. En la socialdemocracia europea actual, nadie engaña, ni traiciona a los obreros. Sus instituciones no los engañan. Ellos mismos encargan a sus instituciones que mejoren en lo que puedan su situación en la relación capitalista. No que vayan contra esta relación, sino que la mejoren.

Recordemos, otra vez, que técnicamente esta relación es el capital.

Por tanto, hoy, muestro sindicatos y partido obreros, mayoritarios, no son anticapitalistas. Y sin embargo, su función es enfrentarse constantemente a los empresarios y sus instituciones; pero, en el sentido que acabamos de ver; no para intentar acabar con ellos.

Y ahora, hay que preguntarse, ¿el socialismo y el comunismo, no nacieron para acabar con el capitalismo; con la explotación del hombre por el hombre?

¿Qué ha ocurrido entonces?
Ha ocurrido, fundamentalmente, que el camino del socialismo hacia el comunismo hay que construirlo. Hay que construirlo, paso a paso. Como dijo el poeta: “caminante, no hay camino; se hace camino al andar”. Y el caminante es el trabajador. Y con frecuencia, encuentra como compañeros, en el camino, grupos, individuos, que se encuentran en situación de proponer, indicar, una determinada forma de hacer el camino; y los trabajadores, con su cultura, con sus conocimientos, han rechazado, o han hecho suya, la propuesta. Y lo cierto es que, haga quien haga la propuesta, quien la lleva a la práctica, quien prueba el nuevo camino, es siempre el trabajador. Es el trabajador quien construye el camino del comunismo, es él quien lo debe adivinar, tantear, ensayar. Así, los aciertos los sumará a su equipaje, y los errores no harán más que afinar sus instrumentos de avance.

Así, el comunismo ruso fue una atrevida propuesta, que, como hemos visto, los trabajadores no acabaron haciendo suya; no obstante todos los atractivos que tuvo (acabar con los capitalistas, los terratenientes, la nobleza), los trabajadores no reconocieron el camino como propio, sino del partido comunista ruso. Y lo abandonaron.

Así, la socialdemocracia, concreta el deseo más elemental del trabajador: mejorar sus condiciones de trabajo y de vida. Es una propuesta, menos atrevida que el comunismo ruso, pero más sólida, más convincente.

Tiene, en Europa sobre todo, una gran ventaja: los trabajadores se aseguran su participación en el enorme crecimiento de la riqueza, de lo que se llama el nivel de vida. Y tiene un inconveniente: no lleva, ni siquiera apunta, al camino del comunismo.

Son las dos propuestas que los trabajadores han tenido en el último siglo y medio, al menos en Europa.

En ambas propuestas, el control de la organización del trabajo, y del producto del mismo, quedaba alejada del trabajador. Y en ninguna de ellas, aparecía como proyecto u objetivo de futuro, avanzar en esa dirección. En el comunismo ruso, el organizador y dirigente era el partido; y en la socialdemocracia, el organizador y dirigente es el empresario y las instituciones que lo reproducen.

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