SOBRE EL CONOCIMIENTO DEL COMUNISMO POR PARTE DE LA CLASE OBRERA DE NUESTRO PAÍS.

Enrique Velasco

El nuevo paraíso: el “bienestar general”.-

 

La novedad del nuevo paraíso consiste en que tiene una relación directa con el trabajo. Los antiguos paraísos no guardaban ninguna relación con el trabajo.

Todos los paraísos consisten, esencialmente, en que se recibe un premio.

En todos los paraísos medievales, el premio consistía en la salvación eterna, en la vida eterna, en la felicidad eterna. Sin que se aclarara mucho en que consistía eso, exactamente. Además, este premio no era producto del trabajo, ni tenía mucho que ver con éste. Y, por otra parte, se recibía después de la muerte.

En los tiempos actuales, el paraíso que ofrecen en sus programas electorales los partidos del capital, es decir, el liberalismo político, consiste también en un premio.

Ya lo hemos dicho: si los obreros trabajan bien, el premio será el bienestar general.

Esta es la oferta, el proyecto, que los empresarios y sus organizaciones proponen a los obreros y sus organizaciones.

¿Qué piensan de éstos los obreros y sus organizaciones? A lo largo y ancho de Europa, los sindicatos y partidos de los obreros, encuentran este proyecto aceptable en sus grandes líneas. Haciendo hincapié, eso sí, en que en el “bienestar general” hay que atender, sin olvidos ni descuidos, al interés de los trabajadores.

Este proyecto, aceptado generalmente por los obreros y sus organizaciones, no es otra cosa que una forma de organización de la producción (del trabajo) y de las instituciones que permiten y facilitan su reproducción.

¿Por qué decir, sin embargo, que esto es un paraíso?

¿Qué es lo que convierte a esta forma de organizar el trabajo en un “paraíso”?

Un paraíso es un jardín de delicias, el jardín del Rey, el jardín del Emperador, el jardín donde el Dios colocó a Adán y Eva, según las Escrituras, y de dónde los echó porque se portaron mal.

Las religiones suelen poner como meta de la vida, conseguir, al final de ésta, entrar en un paraíso.

Como al paraíso se entra al salir de la vida, nadie nos ha dado datos sobre el mismo. Sin embargo, suponemos que es algo parecido al jardín del Emperador. Es decir, un lugar delicioso y cerrado, donde no se puede entrar. Solo los dioses nos lo permitirán, como un premio.

El hecho de ser un premio que se nos “da”, el hecho de no ser conocida, y el hecho de ser muy lejana, convierte a una meta en un paraíso.

Lo cercano, conocido, y ganado con nuestro trabajo, es lo contrario de un paraíso. Lo que no está cerrado, y se conoce su manera de acceder, no es un paraíso. Lo que, por muy lejano que esté, se conoce sus formas y su contenido, y el camino a través del cual lo alcanzaremos, no es un paraíso.

El paraíso tiene algo, de mágico, tiene algo de fetiche. Recordaremos que lo mágico es algo que se salta las leyes, los procesos naturales; así como el fetiche es el objeto que tiene poderes que le permiten, igualmente, prescindir de las leyes físicas para conseguir lo que se propone.

Cualquier meta, individual o colectiva, que en cualquier momento de su construcción mental, de su creación, o de la construcción o creación del camino para conseguirla, prescinde o se separa de las leyes que presiden los procesos naturales (físicos o químicos), o mentales (lógicos o matemáticos), se acerca a las metas, a los proyectos y métodos, que fundamentan su consecución en una creencia fetichista, y apuntan al final  hacia un paraíso.

Marx emprendió un camino (al que luego se llamó marxismo), en el que buscó siempre la compañía del método científico, imitando, en lo que supo y pudo, a los estudiosos de las ciencias naturales, al camino seguido por estos, en la búsqueda de un mejor conocimiento del entorno material; él lo buscó para el entorno social.

Los avances en las ciencias naturales, hicieron retroceder los “inventos” que se utilizaban para tratar a la naturaleza, a falta de un mejor conocimiento de la misma. Se trataba de erradicar la magia y los fetiches, sustituyéndolos por conocimientos científicos que permitían actuar sobre los procesos naturales, guiándolos hacia los objetivos perseguidos.

Este fue el camino seguido por Marx. Utilizar un mejor conocimiento, apoyado en los métodos de la ciencia, de los fenómenos y movimientos sociales, para ir poniendo al descubierto los fetiches y fórmulas mágicas utilizadas por los amos para dar cobertura a su situación de dominio. Y buscando los caminos prácticos que vayan debilitando y suprimiendo esa posición de dominio de los amos.

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