SOBRE EL CONOCIMIENTO DEL COMUNISMO POR PARTE DE LA CLASE OBRERA DE NUESTRO PAÍS.

Enrique Velasco

 

El Estado, protagonista en la producción.-

Existen diversas razones para que se de este fenómeno que acabamos de describir. El fenómeno consiste en que el conjunto de procesos productivos en cooperación, no son vistos como propios por el movimiento obrero. Y concretando más, podemos decir que el Partido Comunista no considera como propio el campo del cooperativismo. Y por tanto no le dedica ninguna especial atención. Y nos referimos al Partido Comunista de España.

Y este fenómeno no es de ahora, sino que viene de antiguo. Ya hemos repetido cómo lamentaba Lenin el “olvido” de las cooperativas.

Pues bien, esta dato ya nos da una pista sobre el origen, la causa, de esta posición de los comunistas, de antes y de ahora, sobre el cooperativismo.

El comunismo ruso, el comunismo soviético, el único comunismo que han conocido los obreros españoles, centraba su foco teórico en el Estado, y dónde puso su foco teórico, puso su práctica. La producción, el trabajo era cosa del Estado, y el Estado debía ser el ordenador, el organizador, el planificador, el director de toda la producción de todo el trabajo.

Esta posición, esencial en la teoría y en la práctica del comunismo ruso pasó, así, con esa categoría de esencial, a todo el comunismo mundial, también, naturalmente, al comunismo español.

La producción rusa, cuando los bolcheviques formaron el primer gobierno y pasaron, por lo tanto, a dirigir todas las instituciones, es decir, el Estado, estaba en manos de los capitalistas, los terratenientes (nobles, Iglesia, Generales), y los campesinos (medios y pequeños).

Es decir, lo mismo que en cualquier país europeo de la época (o quizás un poco más atrasado en el reparto entre Iglesia, nobles y burguesía, en el sentido de menor protagonismo de esta última, que en Europa ya tomaba la delantera).

Los propios teóricos comunistas del momento así lo decían. Tanto en Rusia, como en los demás países capitalistas de Europa, la producción estaba en manos de terratenientes, capitalistas y campesinos. Los cuales utilizaban las instituciones, el Estado, para mantener esa posición de dominio y explotación sobre los trabajadores.

Si analizamos esta situación inmediatamente anterior a la toma del Estado por los bolcheviques; y lo hacemos desde un punto de vista marxista, diremos que la producción, en manos de capitalistas, terratenientes y campesinos, ha montado, y mantiene en funcionamiento, el conjunto de instituciones, el Estado, que les asegura su reproducción.

Según los análisis de Marx, estas instituciones no evolucionarán o cambiarán, sino cuando lo ordenen, lo exijan las necesidades de la producción. Por lo tanto, en la medida en que cambie la producción, cambiarán las instituciones. Así ocurrió en el paso de la producción servil a la producción capitalista.

Sin la  intervención del partido bolchevique, en la forma que lo hizo, en Rusia la producción hubiese evolucionado, muy previsiblemente, en la forma en que lo ha hecho en el resto de Europa. Una prueba de ello es que tras un paréntesis de 70 años, vuelve a coger una ruta paralela a las demás producciones europeas. Casi como si no hubiese ocurrido nada.

Los empresarios capitalistas vuelven a dirigir las empresas y los campesinos a cultivar sus parcelas.

El Estado, aquel Estado todopoderoso, aquel Estado que había llegado a llamarse el Estado de los obreros, comienza a soltar peso, empieza a vender empresas a los nuevos empresarios, a repartir parte del importe entre los ciudadanos (porque según suponía, suyas eran las empresas), y con parte de estas ventas se propone modernizar las infraestructuras (carreteras, aeropuertos, ferrocarriles, escuelas, sanidad) y, en general, las llamadas condiciones generales de la producción. Es decir, se vuelve a convertir en el soporte exterior de la producción, ésta ya, como hemos dicho, en manos, nuevamente, de empresarios y campesinos.

El foco que los bolcheviques pusieron en el Estado de los capitalistas, resultó ser un desenfoque. Mirando al Estado quedaron deslumbrados. No se apercibieron en forma cabal de que el Estado era una pantalla que no les permitía percibir con claridad lo que había detrás. Detrás del Estado estaba, y está, la producción. Y detrás del Estado ruso estaba, y está, la realidad concreta de los obreros rusos.

El foco de los comunistas ha de apuntar a los obreros. No a los capitalistas y a sus apoyos institucionales, es decir, al Estado, sino directamente a los obreros. Los bolcheviques, el Partido Comunista Ruso, centró su visión en los capitalistas, los terratenientes, y sus soportes institucionales (Estado, Iglesia), y los obreros, como protagonistas del cambio buscado, quedaron fuera de la dirección del mismo.

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