SOBRE EL CONOCIMIENTO DEL COMUNISMO POR PARTE DE LA CLASE OBRERA DE NUESTRO PAÍS.

Enrique Velasco

El enmascaramiento del trabajador en el propio concepto de “producción”.-

 

Desde el siervo y señor, no se pasó al capitalismo, no se podía pasar al capitalismo.

            Para salir de la servidumbre hicieron falta otros sujetos y otras relaciones entre ellos.

            El empresario (capitalista) es un sujeto nuevo en la historia; antes no había existido.

            Su actividad en la producción material tiene como efecto principal la creación de otro sujeto nuevo, su compañero necesario: el obrero colectivo.

            Estos dos sujetos nuevos en la producción, inician una nueva forma de trabajar que, con sus procesos de  reproducción acaban creando una sociedad nueva: la sociedad capitalista.

            Una sociedad capitalista, como la de nuestro país en la actualidad, obedece en su funcionamiento, se regula, por un sistema, pero no se confunde con él. Una cosa es la sociedad, y otra el sistema de reglas que sigue en su funcionamiento.

            Eso quiere decir, que la forma de trabajar que domina en esa sociedad es la capitalista, pero hay otras; que las instituciones regulan principalmente la reproducción de esa forma de trabajar, pero también de otras; y que el conjunto de ideas, valores, formas de ver la vida, que dominan, corresponden igualmente a esa forma de trabajo, pero hay , también, otras.

            De ello se desprende que no hay nada que impida que se den al mismo tiempo y sean válidas estas dos afirmaciones:

Una.    De un Sistema no puede nacer otro. Del sistema capitalista no puede nacer el sistema socialista; sus reglas lo impiden.

Dos.    En una sociedad donde domina un sistema pueden nacer y desarrollarse nuevos sujetos y nuevas relaciones en la producción, que acaben llevando al conjunto de la sociedad a que sea otro el sistema dominante en la misma

            Eso es lo que quería decir que ninguna institución (partidos, sindicatos, universidades, etc.) actual, será el motor de la construcción del socialismo. Son instituciones de un sistema, y a sus reglas han de obedecer en primer lugar.

            Sin embargo, la tentación es fuerte. En cuanto se habla de socialismo, hay la tendencia a pensar que un líder con visión y decisión, apoyado en un partido poderoso de masas, pueden ser el motor del socialismo (Lenin, Mao, Castro, Hugo Chavez, y los que vendrán).

            Sin embargo, para ser lógicos y coherentes con lo dicho más arriba, se debería admitir, que, no solamente las instituciones actuales no serán el motor del socialismo, sino que las futuras tampoco.

            Veamos. Las instituciones actuales, no lo pueden ser, porque son fruto (han sido creadas) para mantener otro sistema.

            Las instituciones futuras (si son socialistas, supongamos) tampoco serán el motor del socialismo, y la razón es, precisamente, que son instituciones, y éstas no son sino instrumentos del motor que es (¡siempre!) la producción.

            Esta forma tan arraigada de considerar a las instituciones (al Estado), como el motor del sistema, puede ser una maniobra más de ocultación, de enmascaramiento, del propio capitalismo, y que ha acabado contaminando al pensamiento socialista.

            La base real, material, de este enmascaramiento, no seria otra que la intención de desviar la atención de la producción hacia otro escenario menos comprometido.

            El propio término “producción” ya implica un primer enmascaramiento. La producción capitalista es un escenario donde se desarrolla un drama durísimo.

            A los trabajadores, encuadrados en forma de obrero colectivo combinado a voluntad de los intereses exclusivos del empresario se les priva, no solo del fruto de su trabajo, sino, lo que es más importante, del “sentido”, de la ordenación, del control, del conocimiento del conjunto de su actividad. La absoluta dirección y mando por parte del empresario en este escenario, convierte a la función del obrero colectivo en mera ejecución, y la de cada pieza del obrero colectivo, cada obrero individual, en una caricatura del trabajador.

            El efecto de esta “castración” colectiva en el conjunto del sistema productivo de un país, da idea del correlativo potencial del conjunto de los empresarios.

            Importante, importantísimo, es el empobrecimiento material del obrero, correlativo al evidente y ostentoso enriquecimiento empresarial. Pero mucho más importante resulta a la larga el empobrecimiento espiritual, cultural, intelectual del obrero, privado de toda iniciativa, de toda creatividad, de toda responsabilidad.

            Desviar la atención de este drama es el objetivo de la acción de enmascaramiento consistente en pretender que en el Estado está la solución, que el Estado es quien ordena la producción, y, naturalmente, quien la puede ordenar de otra forma.

            Esta visión inspira en gran medida al socialismo político existente: los comunistas antiguos conquistando al Estado por la fuerza, los socialistas y comunistas modernos, conquistándolo a través de las elecciones.

            El primer enmascaramiento (el concepto mismo de producción) se desvanece en cuanto lo sustituyamos por ordenación del trabajo, o simplemente por el trabajo. La producción capitalista es la ordenación del trabajo por cuenta ajena. Y la producción socialista es la ordenación del trabajo por cuenta propia.

            Es importante advertir lo unidos que van estos dos enmascaramientos porque se aprecia con mayor claridad su función de  ocultación.

            La producción, dicho así, nos incita a pensar en un sector con características muy propias, muy autónomo, y dónde el dato, la noticia, más esperada de él es el aumento o disminución de su volumen (referido siempre al producto obtenido) o el aumento o disminución de la productividad (referido normalmente a la tecnología aplicada).

            Esta visión, habitual en la literatura especializada (económica), y en los medios de comunicación, oscurece, oculta el hecho de que estamos hablando de los trabajadores; y desde luego, prescinde de informarnos de si éstos desarrollan su actividad por cuenta propia o ajena.

            Tampoco es tan importante, se dirá. Para un socialista, sí; para una organización socialista, sí. Es saber cómo va nuestra causa.

            Por ejemplo. Los medios de comunicación nos dan información, con frecuencia, de países como Egipto, Siria, Irán, Irak, Argelia. ¿Sabemos si en esos países los trabajadores, en su mayoría, lo son por cuenta propia o por cuenta ajena? Incluso llegamos a pensar, ¿hay trabajadores en Irak?

            Por ejemplo. Eroski, Fagor, Caja Rural; ¿nos ha dicho alguien que son cooperativas?

            Para seguir el paso del socialismo existente, sí es importante que “la producción” no oculte a los trabajadores, al trabajo. La “producción” es la que nos alimenta y saca adelante a los países, a nuestro país; son los trabajadores. Y lo hacen, trabajando bajo la dirección y el interés del empresario, o en interés del propio trabajador.

            Sí es importante.

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