SOBRE EL CONOCIMIENTO DEL COMUNISMO POR PARTE DE LA CLASE OBRERA DE NUESTRO PAÍS.

Enrique Velasco

El acompañante.-

 

Hablábamos del acompañante y del acompañado en el caminar del movimiento obrero socialista.

El acompañado debe estar bien señalado, bien identificado, porque, como hemos visto, es quien define el camino.

Ahora nos detendremos en el acompañante. Tiene importancia pararse a considerarlo, porque visto a la ligera, podría pensarse que los obreros necesitan que se les eche una mano desde el exterior, porque ellos solos no serán capaces de llevar a cabo su transformación comunista.

Hemos dicho, echar una mano “desde el exterior”. ¿Es que hay un “exterior” y un “interior”?

Efectivamente, podemos decirlo con esas palabras. Recordemos, nuevamente, que la existencia y funcionamiento del capital, y la existencia y funcionamiento del obrero, se apoyan en una misma relación. Cada elemento de esa relación se sitúa, por así decirlo, en un extremo de la misma, en uno del capital, en otro, el obrero. No se puede entender ni el uno ni el otro, si no se estudia su relación.

Pues bien, vimos cómo el capital, para poder existir, mantenerse y reproducirse, precisaba de una serie de instituciones. Eran, estas instituciones, como su soporte, su apoyo, el instrumento (los instrumentos) a través de los cuales realmente se hacia paso en la sociedad y caminaba.

Recordemos que esas instituciones (muchas), en realidad, y para simplificar, las reducíamos a dos tipos. Las de la fuerza,  la coacción o la violencia (cuerpos de seguridad, cuerpo judicial, sistema carcelario). Y las del consentimiento (iglesias, prensa, tele, radio, sistema de enseñanza).

Todas estas, a su vez, precisan de otras, que las sirven, facilitando su función y mantenimiento (Parlamento, partidos políticos, sindicatos).

Todas estas instituciones conforman, elaboran, mantienen y defienden el “sitio” del capital. Y, por lo tanto, el “sitio” del obrero, del trabajo obrero.

Ese lugar, ese “sitio”, no puede ser otro que el trabajo, es decir, la producción. Y eso, la producción, es a lo que hemos llamado el “interior”. El “exterior”son las instituciones.

El obrero es obrero, en la producción, en el trabajo. En el cine es un espectador, en su casa un padre, en la plaza un paseante. Y en el partido, un afiliado, un militante. En el Parlamento, un diputado. En el Ayuntamiento, un concejal.

De forma paralela, el empresario manda, dirige y decide sobre los obreros, en el trabajo, en la producción. En el paseo, es un paseante, etc.

Las instituciones, volvemos a recordar, se ocupan (es su función y para eso las mantienen) de que al día siguiente, después de pasear, ir al cine, cenar y dormir, el obrero, al entrar al trabajo siga siendo un obrero, y el empresario, un empresario. Es decir, que las condiciones del trabajo, sigan dibujando un “sitio” para el obrero (obediencia, diligencia, salario), y otro “sitio” (decisión, mando, ganancia) para el empresario.
En las instituciones no hay empresarios, ni obreros. Eso es solo en la producción, en el trabajo.

Las instituciones no tienen funciones productivas, sino funciones de apoyo y soporte a un tipo de producción.

Sí el tipo de producción al que prestan su apoyo se basa en una relación de trabajo, del tipo capitalista-obrero, en todas las instituciones se reflejará este tipo de relación. Es decir, en todas encontraremos un reflejo-correspondencia de esa relación de dominio entre los elementos de la relación.

Como es una relación entre dos elementos, en todas las instituciones se podrán reconocer estos dos elementos. Pero como es una relación con un elemento dominante, en todas ellas se notará ese dominio.

En este esqueleto que hemos dibujado, habría que colocar las principales instituciones que vemos funcionar en nuestra vida diaria (aunque solo las veamos funcionar por televisión, o de oídas).

El Rey, o la Corona como la llaman, no es una institución de los capitalistas, ni de los obreros. Es una institución que defiende la continuidad y pervivencia de la relación capital-trabajo tal como existe, o con los cambios que requiera su propia reproducción.

No lo repetiremos de todas y cada una de las instituciones, porque su función es idéntica a la de monarquía. Si hubiese una república, como en Francia, Italia o Alemania, sería igual. E igual es en Inglaterra (Reino Unido) o en Holanda y Bélgica, donde existen monarquías.

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