SOBRE EL CONOCIMIENTO DEL COMUNISMO POR PARTE DE LA CLASE OBRERA DE NUESTRO PAÍS.

Enrique Velasco

Depuración teórica del comunismo existente.-

 

Encajado en estos moldes teóricos el objeto de nuestro estudio, la producción comunista, podemos depurarla así de una buena cantidad de impurezas que se han ido enganchando a lo largo de la práctica, y que no hacen más que desdibujar su perfil y hacerlo irreconocible.

Un desvío teórico importante, por ejemplo, es el que acabamos de ver. En ningún caso, un partido político, una institución, abre el camino hacia el logro del control de la producción. Eso no lo hace, ni el partido liberal (conservador) respecto a los capitalistas, ni el partido comunista respecto a los trabajadores.

El control de la producción no lo adquirieron los capitalistas a través de las indicaciones y los apoyos del partido liberal. Eso no ocurrió así.

Los capitalistas, dueños ya de los medios de trabajo, y controlando ya los procesos de trabajo, se inventan y financian la creación de cuantos medios instrumentales puedan facilitar su mantenimiento y desarrollo. Y uno de los mejores medios que escogen, es el partido político. El partido político no crea nada, no decide nada, que no sea indicado por el “amo” de la producción. El partido político no está en el origen de la propiedad de los medios de trabajo por parte de los capitalistas; cuando nace el partido, ellos ya son los amos; el partido reproducirá este dominio.

El partido del capital va moldeando a su alrededor toda una serie de instrumentos, de instituciones, que permitan el funcionamiento pacífico de la reproducción del capital. Estas instituciones no han de ser creadas necesariamente por el capital, algunas de ellas ya existían con otro tipo de trabajo (la servidumbre), y solo se las ha adaptado para que sirvan a la nueva relación laboral. Por ejemplo la monarquía. Por ejemplo la Iglesia.

Estas dos instituciones son un buen ejemplo de cómo el papel de todas ellas, todas sin excepción, es el de prestar su apoyo a los que mandan en la producción. La institución (en este caso estas dos que citamos) no ha de tomar ninguna iniciativa, que no sea indicada por la producción; lo que los amos de la producción digan, ha de prevalecer sobre todo. Esto da como consecuencia que ambas se quedan huecas,  O no dicen nada, como la monarquía (los reyes no hacen política), o lo que dicen está tan descafeinado, tan desalado, tan vacío, que es como si no dijesen nada (nada que pueda molestar al amo de la producción), que es el caso de la Iglesia. Se limitan a actuar como un peso muerto, como un tapón, que llena el espacio de las iniciativas, de los proyectos, con sus viejos recuerdos de glorias pasadas, pasadas y  muertas.

Creer, pensar, que la Monarquía o la Iglesia, puedan indicar, señalar a la producción, caminos fértiles en su desarrollo, es un error teórico y práctico, tan grave como creer que eso lo puede hacer el partido político que representa a sus amos. Todos ellos, todos juntos, han de arropar, desarrollar, defender, apoyar, ensalzar los mandatos que les lleguen de la producción.

La producción no saca la potencia y la fuerza, de las instituciones. Es exactamente al revés.

Tener esto presente, obliga a volver a examinar cuestiones que, seguramente, han quedado oxidadas.

Los movimientos comunistas (sindicales, políticos, culturales) apuntaron inicialmente a la sustitución de la sociedad capitalista por una sociedad socialista, comunista.

Y esto, sin tener en ese momento, muy claro cómo funcionaba la sociedad capitalista; mucho menos claro tenían, naturalmente, cómo funcionaria la sociedad comunista.

Este cambio, esta sustitución, tenía como finalidad fundamental, acabar con las miserables condiciones de vida de obreros y campesinos.

En el siglo y medio, aproximadamente, de recorrido, en esta marcha de los trabajadores; la práctica, la acción, y la teoría, la reflexión sobre esa práctica, han permitido que hoy, esos trabajadores, puedan considerar con un mayor grado de conocimiento, la relación que se puede establecer entre el cambio buscado (la sustitución de una sociedad por otra, la capitalista por la comunista) y la finalidad perseguida (acabar con los miserables condiciones de vida de obreros y campesinos).

 

Si los empresarios han creado el partido liberal para servirse de él y seguir así siendo empresarios capitalistas, los obreros han creado el partido comunista para servirse de él en sus relaciones con los capitalistas.

Unas y otras, las instituciones patronales (organizaciones empresariales y partidos empresariales), y las instituciones obreras (sindicatos y partidos), nacen en forma paralela a las relaciones de empresarios y obreros en la producción. Nacen para dar continuidad y facilidad a esas relaciones.

Para mejor relacionarse, para mejorar las relaciones de empresarios y obreros en los talleres; para ir ajustando la jornada, el rendimiento (la productividad), el salario, a la ganancia del empresario, y que esto ocurra de forma pareja en los distintos talleres, ya que la competencia entre los empresarios exige que soporten costes parecidos; para ir armonizando este conjunto de relaciones, nacen estas instituciones.

Como el conjunto de relaciones que acabamos de describir, hemos dicho que constituyen el capital (el capital, hemos repetido, no es una cosa, sino una relación), estas relaciones se refuerzan, se facilitan, se mejoran, con unos apoyos, unos instrumentos, a los que hemos llamado instituciones, y que en este caso  las hemos concretado en las organizaciones patronales, los partidos de los patronos, los sindicatos y los partidos obreros.

Se trata, en todo caso, de instituciones del capital, de instituciones de la relación a la que llamamos capital.

Como el capital es una relación (entre el obrero y el dueño de los medios con que trabaja), la institución que necesita para mejor desarrollarse, reproducirse, ha de ser también una relación. Y esa relación es la que establecen entre sí las organizaciones patronales y obreras.

De igual manera que, como agentes de la producción, no se entiende un empresario sin obreros, ni unos obreros sin empresario; no se puede entender tampoco una institución empresarial, que no tenga como interlocutora (con quien se habla, se trata), una institución obrera. Es la mejor forma, en todo caso, de reproducir la relación de producción en que consiste el capital.

Quiere esto decir, que un partido obrero, un sindicato obrero, no es una institución completa. No es una institución que tenga sentido por sí misma. No es una institución que tenga un objetivo por si misma; que tenga un objetivo propio. Es como una de las partes, de las cuchillas, de unas tijeras, que adquiere su sentido juntándose a la otra parte.

Juntas ambas partes, sindicato y patronal, partido conservador y partido comunista, componen la verdadera institución, reproductora del capital. Y así, juntos, es como adquiere sentido su existencia y su función. Y buscarle otros objetivos, otras funciones, sería desconocer, su nacimiento y su encaje en la estructura productiva e institucional.

Es, seguramente, oportuno, recordar aquí la discordancia (no dar el mismo tono) entre la función real de una institución, y la que nos quiere hacer creer que desempeña. Pusimos el ejemplo de la Escuela Naval y la Conferencia Episcopal, solo como casos chuscos y llamativos.

En realidad, nos interesa mucho más el caso del Partido Comunista. Nos interesa ver, estudiar, el papel real que desempeña, en los distintos países donde actúa (China, Rusia, Cuba, los países europeos, algunos países iberoamericanos, etc), y comparar lo que hace, con los objetivos que dice perseguir.

Emancipar (liberar de cualquier subordinación o dependencia) a la clase obrera, a la humanidad sometida, a los pueblos empobrecidos, acabar con las injusticias, con el imperialismo, con el capitalismo...; estos suelen ser sus modestos objetivos.

En los casos de China, Vietnam, parece claro el objetivo real, de mejorar las condiciones de vida, admitiendo la colaboración activa del capital nacional, y buscando con ahínco la participación del capital, antes llamado imperialista. El objetivo real, hace oscurecerse al hecho de que se logre a la americana o la China.

Cuba tiene un partido dirigente, absorbido, como la U.R.S.S en sus primeros años, en mil problemas gravísimos, que hacen que lo urgente acabe tapando lo que un día aparecerá, quizá, como lo esencial. Es un tipo de partido comunista que, en Europa, por ejemplo, no es fácil de asumir por los obreros, porque no se aprecian claramente sus objetivos reales.

En los países europeos, en nuestro país, el Partido Comunista tiene, manifiesta, unos objetivos, unos proyectos, unos programas, cada vez más de acuerdo con el papel real que desempeña, es decir, una pieza más de las instituciones de la socialdemocracia.

Esta realidad de la práctica comunista, particularmente de la europea, deja, en parte de los trabajadores de todo tipo, obreros, campesinos, artesanos, trabajadores de las instituciones, una especie de vacío, sobre el que haremos algunas consideraciones.

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