SOBRE EL CONOCIMIENTO DEL COMUNISMO POR PARTE DE LA CLASE OBRERA DE NUESTRO PAÍS.

Enrique Velasco

Condiciones materiales necesarias.-

 

Para que tengan lugar estos cambios en la manera de trabajar ha sido necesario que se cumplan, al menos, dos condiciones.

Una concentración de medios de trabajo en manos particulares. Esta acumulación inicial de medios de trabajo, o de dinero para poder adquirirlos, tiene varios orígenes.

El comercio que se desarrolla en el Mediterráneo y que se amplifica extraordinariamente con los grandes descubrimientos en el siglo XVI, hace que los grandes mercaderes venecianos, genoveses, y más tarde holandeses e ingleses concentren, juntamente con los prestamistas, compañeros fieles en todas las aventuras, grandes fortunas en forma de dinero.

En Inglaterra, junto con los grandes comerciantes de las ciudades, en el campo los nobles terratenientes dedican las rentas que reciben a sus gastos personales y sociales, pero sus arrendatarios y encargados, que son quienes dirigen la explotación de las tierras, acaban convirtiéndose en verdaderos empresarios agrícolas, que emplean a trabajadores asalariados pagándoles por su trabajo, pagan igualmente la renta al propietario y se apropian de la ganancia que les queda de la venta del producto. Esto les permitió acumular una cantidad de dinero disponible que pudieron dedicar a la incipiente industria.

Esta acumulación de medios de trabajo en pocas manos privadas es una de las condiciones necesarias para que se dieran las modificaciones que hemos visto en las condiciones del trabajo. Es cierto que con anterioridad, a lo largo de la historia, ha habido (en concreto en la Edad Media) grandes fortunas, pero estas se gastaban improductivamente (palacios, catedrales, fiestas, servidumbre doméstica, vestidos lujosos, alhajas, gastos de guerras, etc.). Ahora sin embargo, se acumula para invertir en forma productiva, principalmente.

La otra condición necesaria para que se diera lo que llamamos revolución industrial es la existencia de trabajadores “libres”, para poder así contratarlos. Libres quiere decir que no están sujetos con lazos de servidumbre.

Estamos hablando del final de una época en que los campesinos formaban parte de las tierras del señor (un noble o la Iglesia) como si fueran los utensilios de trabajo o como si fuesen ganado, formaban un conjunto productivo todo ello. No podían salir de una finca y buscar trabajo en otra, eran propiedad del señor. Así mismo, libre quiere decir que, además de no estar sujeto por la atadura de los siervos, no dispusieran de medios de trabajo propios con los que poder buscarse la vida (ganado, herramientas, tierra) dado que entonces no buscarían trabajo, pues ya lo tenían. Se trata por tanto, de un tipo de trabajador que, con carácter general, no ha existido en la historia anterior.  Es lo que vino a llamarse un proletario (no tenia como bien propio más que a sus hijos, su prole), y su conjunto, el proletariado.

Estas dos condiciones, la acumulación de medios de trabajo en manos privadas y la existencia del trabajador libre, no se han cumplido de una forma rápida y clara, sino como ocurren las cosas en la historia, lentamente, con altibajos y normalmente de forma imperceptible, es decir, que quien las está viendo y viviendo puede no percibirlas claramente.

Este empujón histórico que estamos considerando, la revolución industrial, es la manifestación de un fenómeno que en términos más amplios y más generales podríamos describir de la siguiente manera: es la separación progresiva entre el trabajador y sus medios de trabajo y de vida. En la sociedad se van formando dos polos, dos extremos, en uno se acumulan los medios de trabajo y de vida (en su propia forma física-fábricas, tierra, oro, medios de transporte-, o en forma de dinero), y en el otro extremo se agrupan los trabajadores, que no tienen sus medios de trabajo para poder ejercer su actividad y que tienen que acudir al otro polo para poder trabajar y obtener así sus medios de vida (alimento, vestido).

Este proceso que tiene sus raíces en el siglo XV-XVI en Europa, toma su forma completa en el siglo XIX, y no cesa de extenderse y profundizarse en la actualidad en el mundo entero, con las variedades y los ritmos propios en la historia de cada país.

Una sociedad cuya producción se monta sobre este modelo la llamamos una sociedad capitalista, y a su producción, una producción capitalista o de libre empresa.

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