DE AQUÍ Y DE ALLÁ
MIGRACIÓN Y DESARROLLO LOCAL

Eduardo Meza Ramos
Lourdes C Pacheco Ladrón de Guevara

LA RECONVERSIÓN DEL TEJIDO PRODUCTIVO DE LA MINERÍA A LA PESCA Y EL TURISMO EN MAZATLÁN, 1950-1968

Ulises Suarez Estavillo

Introducción

El propósito central de este trabajo consiste en explicar el desarrollo y la crisis de la actividad pesquera en el puerto de Mazatlán, Sinaloa, así como el desarrollo de la actividad turística en un período de 20 años. Se pretende analizar a través de los registros públicos de propiedad los momentos más importantes de inversión para estas industrias, así como la transición de capitales que se dio entre ambas.

El desarrollo que sufrió la actividad pesquera (en especial la del camarón) dentro del puerto de Mazatlán, modificó de manera importante la dinámica económica de la ciudad. A través de la aportación de grandes capitales por empresarios de la región; la actividad pesquera se convirtió en la actividad nodal sobre la cual giraría la dinámica económica mazatleca. Sin embargo, la falta de regulaciones estatales sobre la explotación, así como la poca cohesión entre los actores de la industria pesquera, llevaron a la actividad a una crisis profunda a solo 25 años de haber comenzado su desarrollo. Ante la crisis de la pesca se da una reconversión en el tejido productivo que origina por un lado una traslación de capitales de la pesca de camarón a la pesca y comercialización del atún; y por otro lado se presenta una transición de capitales de la actividad pesquera a la turística; ocasionando con esto el despegue de una actividad turística que durante años había intentado posicionarse como la actividad motriz de la dinámica económica del puerto.

Para el análisis de esta problemática se recurrirá de manera principal a conceptos rescatados de las teorías de desarrollo endógeno, siendo el principal, Tejido productivo local. Este concepto según Mario Cerruti se trata de «una noción derivada parcialmente de las discusiones sobre Sistemas Productivos Locales (SPL) y Distritos Industriales (DI) desarrolladas en la Europa del Sur desde el decenio de 1980», e identifica cuatro importantes diferencias en relación con dichos conceptos: 1) el tejido productivo y su tejido empresarial comprende también las áreas agrícolas, es decir, no sólo se circunscribe a las economías locales basadas en la aglomeración de empresas industriales en zonas urbanas; 2) incluye a empresas pequeñas, medianas y grandes; 3) tampoco se requiere de un caso extremo de especialización en el espacio estudiado, como suponen los conceptos de SPLy DI; y 4) por último, permite analizar las relaciones empresariales, que pueden ser puramente económicas, las parentales y aquellas sustentadas en la confianza.1 Es decir, se trata de un concepto más flexible que permite analizar y explicar procesos de desarrollo de economías regionales cuya organización productiva puede ser industrial, agrícola o pesquera y turística.

Antecedentes de la Pesca del Camarón en Mazatlán.

La década de 1950 significó para el puerto de Mazatlán un cambio en su dinámica económica y social. La crisis que sufrió el sistema minero

– mercantil sobre el cual había basado su desarrollo económico, desde su aparición en 1823; obligó a los inversionistas locales a buscar nuevas alternativas sobre las cuales sustentar el desarrollo del puerto. La pesca del camarón y el turismo fueron las actividades a través de las cuales se impulsó el resto de la economía local regional.

Enfocados de manera principal en la pesca, encontramos que esta actividad se había realizado de manera constante en el puerto a través de los años, si bien, es verdad que se hace de manera extensiva a partir de la década de 1940, sus antecedentes datan desde la época prehispánica cuando los indígenas de la región, a través de un sistema de tapos2 aprovechaban las entradas al mar y el movimiento de las mareas para atrapar crustáceos y peces. Durante la época colonial y hasta principios del siglo XX la actividad pesquera desarrollada en el puerto de Mazatlán se caracterizó por ser una actividad de autoconsumo o en su defecto destinada a cubrir la demanda local de productos marinos en determinadas épocas del año. Los cambios realmente significativos se comienzan a dar a principios del siglo XX cuando parte de esta producción se comercializa en mercados diferentes al local. El arribo de las rutas ferroviarias así como la inserción de Mazatlán dentro de los circuitos comerciales marinos, permitió esta comercialización demostrando la potencialidad y la calidad del producto a mercados externos. Esta situación se vio favorecida años más tarde por la aparición de leyes que fomentaban la explotación de los recursos marinos, así como por la participación de pesqueros japoneses que dotaron a la industria de nuevas tecnologías.

Sin embargo, como se mencionó anteriormente, no es hasta la década de 1940, cuando la pesca comienza a tener un papel fundamental dentro de la dinámica económica de Mazatlán. La pesca del tiburón, fue la primera actividad que se desarrolló de manera importante dentro del puerto y de cierta forma se convirtió en el punto de partida para el crecimiento de la pesca del camarón. A mediados de los años treinta la pesca del tiburón comenzó a ser de importancia, esto debido al aumento en la demanda de Vitamina «A» utilizada como complemento alimenticio y para el saneamiento de heridas; esta vitamina se encontraba en el aceite de hígado de estos escualos. Así pues, durante la década de los treinta, la fuerte demanda de esta sustancia por los Estados Unidos, hizo posible el surgimiento de la pesca de los escualos en el Noroeste de México, de la cual el puerto de Mazatlán tuvo una participación relevante.3

Como antecedentes del surgimiento de la pesca del camarón en alta mar tenemos el año de 1921. Fue la primera vez que un norteamericano capturó camarón en el Golfo de California mediante el sistema «trawl» -chinchorro arrastrado por una embarcación de motor-, empresa que fracasó como actividad lucrativa; y no sería hasta principios de la década de 1930 cuando pescadores de esa nacionalidad volverían a intentarlo, para luego retirarse a fines de los años cuarenta ante la competencia japonesa.

Intensa fue esta lucha entre pescadores japoneses y americanos, quienes ante la falta de inversionistas de la región, aprovechaban la hasta entonces no explotada riqueza del Golfo de California. En un primer momento, a través de la Cía. Pescadora Pan Americana, S.A. constituida en Guay- mas, Sonora, en el año de 1931; los inversionistas americanos pudieron explotar el Ostión en el estero de los Algodones y las Cruces, a través de una concesión otorgada por el presidente Abelardo L. Rodríguez, a favor del señor E. L. Terrazas. Esta misma compañía en 1934 tuvo un contrato para la captura del camarón con un par de cooperativas sonorenses. En este pacto entre la empresa norteamericana y las cooperativas de Guaymas, consistió en que la compañía proveería las embarcaciones, redes y dinero; a cambio, los pescadores venderían a un precio estipulado previamente toda la producción capturada.5

Hacia el año de 1936, las compañías pesqueras japonesas incursionaban no solamente en la región de Sonora, sino al igual que la Cia. Pan Americana a partir de 1938, lo hacen en Sinaloa. Bajo el pretexto de realizar investigaciones acerca de la riqueza del noroeste del pacifi co mexicano, los japoneses comenzaron a participar de manera activa dentro de la pesca de camarón. Con una clara ventaja tecnológica sobre la compañía ame ricana, las compañías japonesas presentaban además, un plan integral a través del cual se daría capacitación y empleo a los pescadores mexicanos con el fin de que pudieran desarrollar una industria propia.

Como una promesa cumplida a medias, ya que no todos fueron contratados y capacitados, muchos pescadores pertenecientes al movimiento cooperativista firmaron contrato con compañías niponas. Puertos como Guaymas y Topolobampo aventajaban de manera significativa a Mazatlán en cuanto al desarrollo de la industria, sin embargo, la cooperativa Mazatlán6 comenzó actividades en la industria del camarón a través de un contrato celebrado con la Cía. Nipón Suissan en la temporada 1937-1938; a través del cual la compañía le proporcionaba a la cooperativa dos naves a cambio de la compra de todo el producto. Esta misma cooperativa lograría la compra de su primera nave, construida localmente en el año de 1939.7

Otra cooperativa pesquera de Mazatlán que intentó capturar en alta mar, fue la cooperativa Ignacio Allende (constituida en 1937), que en sus inicios solicitó sin éxito un crédito al Banco Nacional de Obras y Fomento Industrial para la compra de embarcaciones y artes de pesca; así como también una concesión para pescar camarón en el estero del Infiernillo, petición que fue negada por el gobierno federal, ya que dicho estero había sido declarado parque nacional. Posteriormente le fue concesionado el estero de El Sábalo para esos propósitos.8

De esta manera se iniciaban las actividades de pesca de camarón en Mazatlán, en conjunto con la pesca de otras especies como langosta, tiburón y ostión. Sin embargo, el mercado a nivel internacional que el camarón había conseguido y el avance tecnológico que los japoneses habían impulsado en los años treinta, habían terminado por defi nir el camino económico que Mazatlán seguiría. La década de 1940 se debe entender como un período de transición, en el cual la industria camaronera daba sus primeros pasos. Se concentraba en torno a esta, una serie de empresas que permitían un desarrollo más integral y la posibilidad de competir con los grandes centros pesqueros. La aparición de astilleros, congeladoras, ferreterías y una flota más desarrollada fueron las características de la industria durante la década de 1940.

Como se mencionó al principio, la década de 1950, recibió a Mazatlán con un cambio radical en su dinámica económica. La pesca del camarón había terminado por madurar al final de la década de 1940, dejando de lado a la actividad minera y comercial, había capturado la atención de inversionistas locales que se volcaron de manera literal en la constitución de empresas pesqueras y conexas, generando así una industria fuerte y con alto grado de cohesión, que sin embargo, presentó problemas de organización entre sus actores desde un principio.

Reconversión del Tejido Productivo Local: La pesca del camarón durante la década de 1950

A través de la revisión del registro público de la propiedad de Mazatlán, se pueden observar los ciclos en la natalidad de las empresas dedicadas a la pesca del camarón y conexas, relaciones entre los empresarios, montos de inversión, traspaso de capitales entre diversas industrias. Mediante el análisis de esta información podremos determinar el rumbo que la actividad pesquera como una actividad empresarial siguió a partir de sus dos principales periodos de desarrollo: 1950 y 1962.

Para el año de 1950 encontramos que la inyección de capitales dentro de la industria pesquera se da de manera estratosférica. En el período de 1940 a 1949 encontramos que se constituyen 14 empresas que tienen por objeto la pesca, de las cuales 12, están destinadas a la explotación del tiburón o escama y solamente 2 se encontraban dirigidas a la explotación del camarón.

En este sentido observamos que si bien, las cooperativas pesqueras estaban encaminadas a la explotación del camarón habiendo una flota de poco menos de 50 naves; los capitales privados se encontraban concentrados en la pesca del tiburón o en su defecto seguían aferrados a un posible repunte de la actividad minera y comercial. Entre los inversionistas que en la década de 1950 hicieron el traspaso de la pesca de tiburón a la de camarón, encontramos entre los más importantes: Mauro Cárdenas, Martín Gavica, Tomás de Rueda, Mariano Farriols y la familia Coppel.

Por otro lado encontramos que en el año de 1950, se da un viraje hacia la pesca del camarón, constituyendo empresas no sólo encaminadas a las actividades de extracción, sino al avituallamiento de las embarcaciones pesqueras, generando de esta forma un conjunto de empresas interconectadas que basaban su crecimiento en el desarrollo de una industria central. Entre enero de 1950 y diciembre de 1951, se constituyeron un total de 68 empresas relacionadas con la actividad pesquera, las cuales se dividían de la siguiente manera: 7 congela- doras, 2 ferreteras especializadas, 1 remolcadora, 1 astillero, 57 de extracción; en este sentido cabe destacar que según el acta constitutiva de las sociedad de extracción las facultaba para actividades de industrialización (congeladora) comercialización, construcción (astillero), sin embargo, la mayoría de estas tenían muy bien definidas sus actividades dadas las fuertes inversiones que requería la puesta en marcha de una embarcación.9

Como podemos observar, este crecimiento en las inversiones pesqueras, si bien fue extraordinario en el año de 1950, se mantuvo constante a través de toda la década, siendo 1954 y 1958 los años con un menor número de inversión. Sin embargo, esto no debe tomarse como una depresión de la actividad, sino como un proceso de organización. La pesca del camarón era próspera, si bien existían problemas en torno a su organización, estos eran normales en una industria que se antojaba de reciente creación. Existen síntomas muy claros de que el desarrollo que el crecimiento generó la actividad camaronera sufrió durante el primer año de la década de 1950, se sustentó en factores como desarrollo institucional, participación de capitales privados, políticas públicas tanto locales como federales.

En primer lugar y atendiendo a los datos del registro público de la propiedad, podemos encontrar un flujo constante de nuevos capitales. Con un total de 142 empresas constituidas en un período de diez años la industria alcanzó una inversión de más 54,000,000.00 de pesos.11 A esto debemos sumar que la diversificación que la actividad tuvo fue considerable, logrando aglomerar en torno a sí, un número importante de empresas conexas que podríamos llamar refaccionarias. Como mencionábamos para los años del boom camaronero, existieron empresas que desarrollaban actividades como avituallamiento, industrialización, comercialización; este número de empresas aumentó de manera significativa en los años siguientes, para el mismo período de diez años alcanzaron las siguientes cifras: 14 congeladoras, 1 industrializadora, 1 remolcadora, 9 ferreteras especializadas, 2 astilleros, 115 de extracción.

La diversificación del tejido productivo de la pesca presentaba una doble importancia. Por un lado permitía a la actividad pesquera concebirse como una industria autosustentable. Actividades como la construcción de barcos hasta la comercialización del producto, se encontraban en manos de empresarios locales, que a través de relaciones comerciales, familiares

o de confianza formaban pequeños grupos o redes empresariales capaces de disminuir los costos de producción, haciendo más productiva la pesca. Por otro, lado debemos agregar, que al formar relaciones formales o informales, desarrollaban la capacidad de implementar de manera general innovaciones tecnológicas y gestionar políticas a favor de la industria, generando no sólo las condiciones materiales adecuadas para el desarrollo de la industria, sino las condiciones institucionales y sociales. Sobre la aparición de un marco institucional que permitiera el desarrollo integral de la actividad existen un número importante de ejemplos, sin embargo, uno de los más representativos es el ocurrido el año de 1951 con la aparición de la delegación local de la Cámara Pesquera Nacional. El aumento en la productividad del camarón dentro de las costas mexicanas, especialmente en las costas del pacífico, provocó que la presencia del crustáceo en el país del norte aumentara de manera importante en un período de poco más de 10 años. Así, mientras que en el año de 1939 las exportaciones de camarón hacia el vecino país eran de aproximadamente 3, 018,000 mil kilos; en el año de 1950 alcanzaron un total 36, 524,000 kilos de producto (un aumento de poco más de 1,200%) Ante esta situación, pescadores de los estados americanos de Mississippi, Texas, Louisiana, Alabama, Florida pidieron al congreso, proteger su industria local a través de la aplicación de un impuesto de importación del 15% sobre el crustáceo. Para el año de 1951, la industria camaronera de Mazatlán se presentaba como una de las más grandes en todo el país, y sus armadores se encontraban a la vanguardia en cuestiones de organización.

Comandados por Pedro L. Pinzón (funcionario federal de la Cámara Pesquera Nacional) se crea el 15 de Febrero de 1951 la cámara pesquera en Mazatlán, quedando como directivos principales: Carlos Novoa, Martín Gavica, Tomás de Rueda Jr., José Collard. Ante la inefi ciencia de las autoridades federales por solucionar de manera satisfactoria la problemática del aumento de impuestos por parte del gobierno norteamericano; representantes de esta cámara iniciaron una serie de negociaciones que terminaron por echar atrás la imposición de nuevos impuestos; lograron contactar con mercados europeos y asiáticos; queda integrado el Comité de Control de Calidad e Investigaciones Científicas (este comité estaba formado por investigadores pesqueros de las universidades de Texas, Louisiana y el Instituto Pesquero de Guaymas); fundaron la Asociación Camaronera Interamericana (a través de esta asociación se logró promocionar el producto mexicano en un mercado mayor dentro del territorio norteamericano, la promoción estaba a cargo de J. Walter y Thompson & Co.); por último queda instituida en la ciudad de Chicago la Comodity Exchange (organismo encargado de velar en las instituciones de valores por un precio competitivo del camarón mexicano y estadounidense).13

La fuerte inyección de capitales privados a la industria pesquera no venía sola. Si bien, es verdad que no podemos asegurar que existía un plan de desarrollo integral para la actividad por parte de los empresarios, ejemplos como el anterior nos permiten suponer un importante grado de desarrollo organizacional hacia el interior de uno de los principales actores de la actividad, los armadores.

La Pesca del Camarón a partir de la década de 1960

El desarrollo de la pesca del camarón en Mazatlán sentó sus bases en la década de 1950, la inyección de capitales locales, la aparición de programas federales como «La Marcha al Mar» que impulsaban el desarrollo de los puertos así como sus actividades comerciales y pesqueras, la aparición de escuelas técnicas que alentaban la especialización de los pescadores, la aparición de una cámara de empresarios pesqueros a nivel local, el fomento a las cooperativas; fueron fenómenos que fortalecieron el desarrollo de la actividad, fomentando la confianza de nuevos inversionistas que a partir de la década de 1960 fortalecieron este cambio dentro del tejido productivo y empresarial.

Los primeros años de la década de 1960 fueron un aire nuevo para la pesca del camarón, el fuerte desarrollo que había tenido la actividad, hacía pensar que sería lucrativa de manera constante, nada más alejado de la realidad. Dentro de los primeros 5 años de la década de 1960 se constituyeron un total de 85 empresas con una inversión aproximada de 64.875.000,00 de pesos. Con una inyección de capitales mayor a la que propició su desarrollo, la industria pesquera, en especial la de camarón afianzaba su lugar como la actividad a través de la cual se articulaba la dinámica económica del puerto de Mazatlán. De igual manera estas 85 empresas se encontraban distribuidas de manera estratégica entre las diferentes necesidades que la actividad tenía: 6 comercializadoras, 7 ferreteras especializadas, 4 congeladoras, 1 industrializadora, 2 remolcadoras, 1 astillero, 64 de extracción.

Para el año de 1965 las inversiones dentro de la pesca del camarón habían presentado una notable disminución. No se puede decir que la actividad no siguió recibiendo inyecciones de capital por parte de los empresarios, sin embargo, a partir del año de 1967 se presenta un aumento en las inversiones relacionadas al turismo y los bienes inmuebles, desplazando este tipo de inversión a la que se encontraba destinada a la pesca. Así pues, tenemos que para el período que se extendió de 1965 a 1971, se constituyeron 51 empresas relacionadas a actividades pesqueras, sin embargo, dadas las fuentes hemerográficas podemos suponer que muchas de estas empresas se encontraban destinadas a la pesca de escama, específicamente la pesca del atún.

De cualquier manera, el monto de inversión alcanzado por la actividad pesquera era de aproximadamente 31,770,000.00 pesos; la inversión en comparación con los 5 años anteriores había disminuido en más del 100%. El caso se aprecia mejor si comparamos con las inversiones de turismo/inmobiliarias que alcanzaron en el mismo período un total de 133, 000,000.00 de pesos. De las empresas pesqueras constituidas en este período encontramos que sus giros se encontraban distribuidos de esta forma: 37 empresas de extracción, 5 congeladoras, 3 ferreteras especializadas, 2 empresas de construcción de embarcaciones, 2 empresas transportadoras, 1 planta de industrialización, 1 remolcadora y 1 exportadora.15 Como observamos, la actividad pesquera no vio del todo frenadas sus inversiones, la tendencia era menor que en periodos anteriores, sin embargo, podemos observar que la captura del camarón seguía siendo una actividad con un sistema complejo de empresas periféricas, que le permitían seguir cumpliendo la función de polo de atracción de capitales.

Pese a estas inversiones dentro de la captura de camarón, la actividad comenzaba a presentar un serio deterioro. La explotación inmoderada del producto, así como la falta de comunicación entre diversos actores de la actividad tanto regional como local, fueron haciendo cada vez más incosteable el avituallamiento de las embarcaciones provocando una profunda crisis de la cual en la actualidad no ha podido librarse. Distintos son los factores que contribuyeron a la crisis de la pesca y al paulatino abandono de los grandes capitalistas de las actividades camaroneras. La flotabilidad del mercado internacional, los constantes problemas con las cooperativas de pescadores, el coyotaje; son sólo algunos de los problemas con los que tenían que lidiar los capitalistas de la captura del camarón.

Así como la captura de camarón se convirtió a principios de la década de 1950 en el motor principal de la dinámica económica en Mazatlán provocando una reconversión de su tejido productivo, otras dos actividades tomarían su lugar de manera muy similar: la pesca de atún y el turismo. Con respecto a la pesca, la industrialización del atún, podemos observar que ésta comienza en la década de 1970, con la incursión de empresarios como la familia Carranza, que hacia el año de 1971 presentan inversiones por más de 3.000.000.00 de pesos; y se afianza en el año de 1982, cuando las cooperativas camaroneras toman el control de las embarcaciones, y los inversionistas del camarón emigran hacia la pesca de atún. Para el caso del turismo encontramos que es en el año de 1968 cuando esta industria logra dar el salto importante dentro de la dinámica económica porteña, este despegue se da en gran medida por la incursión de actores de la pesca como las familias Gavica y Coppel.

Por lo anterior expuesto podemos concluir que a partir de la década de 1940 comienza a gestarse un cambio en el tejido productivo en el puerto de Mazatlán, que lo llevó de ser una economía de carácter minero-comercial a ser una economía de tipo pesquero. De esta manera, la captura del camarón se convirtió en el eje central no sólo de la economía local sino a nivel regional, integrando de manera horizontal y vertical un grupo de empresas accesorias a la misma actividad como lo fueron: astilleros, congeladoras, talleres, ferreterías, comercializadoras. Por otro lado, encontramos que su mismo desarrollo propició la aparición de un marco institucional favorable, a través del cual los empresarios pesqueros pudieron hacer más productiva la actividad en cuestión de políticas públicas e innovación tecnológica. Por último podemos observar que la acumulación de capital que se dio durante los años de bonanza de la pesca del camarón provocó una diversificación de la economía hacia el turismo, provocando de esta manera un nuevo movimiento dentro del tejido productivo.

Tejido empresarial en Mazatlán de 1950-1959.

Como se mencionó en un principio, la pesca del camarón dentro del puerto de Mazatlán se presenta con los tratos que cooperativas pesqueras hacen con pesquerías japonesas a mediados de la década de 1930, pero su verdadero despegue se da hacia el año de 1950 cuando de manera masiva empresarios locales hacen fuertes inversiones en la fl ota camaronera. Muchos de los empresarios más activos en este proceso de cambio en el tejido productivo, provenían de familias que desde finales del siglo XIX se encontraban de manera constante dentro de las actividades clave en el desarrollo del puerto; apellidos como Gavica, Cevallos, Haas y Patrón participaron en la actividad pesquera y reafirmaron su posición como empresarios importantes de Mazatlán.

Hemos visto que empresarios como Martín Gavica, Tomas de Rueda Jr., José Collard, Pedro L. Pinzón, Tomás Valderrama e Isaac Coppel, fueron armadores muy activos en cuanto al desarrollo de instituciones locales capaces de regular y organizar la actividad, sin embargo, existieron empresarios que si bien, manejaban un perfil bajo en cuanto a su participación dentro de cuestiones administrativas, lograron un grado importante de poder dado el nivel de sus inversiones dentro de la industria. Del grupo mencionado solamente Pedro Pinzón y José Collard, no entrarían dentro de este grupo de fuertes inversionistas, a los restantes se les unen dos camadas de empresarios: una en el período de 1950 a 1959 y la otra en el período de 1960 a 1963.

La siguiente tabla ilustra de manera puntual a los diez inversionistas camaroneros más importantes del período, el número de empresas en las que participaron y su inversión.

Tomás de Rueda Jr. se presentaba como un empresario innovador dentro de este entorno pesquero. Con una visión de negocios que le permitía abarcar no solamente los aspectos esenciales de la industria, logró construir una serie de empresas complementarias entre sí que le permitieron sustentar el desarrollo en sus propios esfuerzos. Dos son los puntos importantes a través de los cuales podríamos definir a este armador. Por un lado tenemos su visión estratégica para la inversión de los capitales dentro de la pesca del camarón. Como observamos en el cuadro tres, Tomás de Rueda Jr. aportaba para el período de 1950 a 1959 una inversión aproximada de 2, 296,800.00 pesos, equivalentes a 4.42% del total de la inversión para la industria dentro de ese período.16

Sin embargo, la visión estratégica a la cual se hace referencia es la diversificación de sus inversiones en actividades referentes a la pesca. Tomando como punto de partida el año de 195017, encontramos que la primera inversión realizada por el armador es en una empresa destinada a los salvamentos y remolques de otras naves; posteriormente sus inversiones serian en cinco empresas de extracción; una empresa de venta de maquinarias y accesorios especializados a la pesca; una reinversión en el astillero que para el año de 1951 era uno de los principales no sólo del puerto de Mazatlán sino del pacifico mexicano. Algo que cabe notar, es que Tomás de Rueda Jr. durante el período no participaría nunca como socio de alguna empresa dedicada a la comercialización o congelamiento del producto, sin embargo, esta no era una situación que le generara un problema mayor, ya que debido a sus tratos comerciales con otros importantes armadores del puerto, tenía acceso a comercializadoras y congeladoras; como era el caso de las empresas, Congelado, S.A. y Mariscos Tropicales, S.A. propiedad de Tomás Balderrama y Juan Gavica, respectivamente.

Como se puede apreciar en el caso de Tomás de Rueda Jr. contaba con inversiones en empresas que le permitían controlar todas las necesidades de la pesca del camarón. Estas necesidades iban desde la construcción de las embarcaciones hasta las refacciones mecánicas de las mismas. De igual forma este empresario, no solamente tenía inversiones relacionadas con la pesca de camarón, sino que había diversificado sus capitales participando de la pesca deportiva y de actividades comerciales.18 De esta manera, encontramos en la figura de Tomás de Rueda Jr. un empresario que logró sustentar de manera integral la actividad de la pesca del camarón.

El segundo punto característico que este empresario tuvo y que ejemplifica el tipo de empresarios que dieron sustento al desarrollo de la actividad camaronera a principios de la década de 1950, es aquel que tiene que ver con las relaciones económicas, políticas y sociales que desarrolló hacia diversos actores de la sociedad. Como lo muestra el cuadro tres, Tomás de Rueda Jr. se encontraba comercialmente relacionado con los empresarios más pujantes de la industria camaronera. Tomás Balderrama, Ernesto Coppel, Juan Gavica, eran tres de los empresarios pesqueros más importantes del puerto, en total los cuatro armadores manejaban una inversión de 5, 530,900.00 pesos que equivalían a un 10.66% de la inversión total en la pesca durante el período. A esto debemos sumar sus relaciones con la familia Kelly que a finales de la década de 1950, se habían convertido en algunos de los más importantes empresarios turísticos del puerto.

Sin embargo, la capacidad que Tomás Rueda Jr. tenía para relacionarse de manera positiva hacia sus empresas no se limitaba solamente a empresarios afines sino que logró desarrollar relaciones con políticos y actores de la industria que no estaban directamente relacionados. Un ejemplo de esto son las ceremonias religiosas que se hacían previo inicio de las actividades pesqueras. En el año de 1951 durante la ceremonia de apertura de temporada, de la cual fue uno de los organizadores, Tomás de Rueda Jr. contaba en su barco, El Mocho (barco insignia y el más grande de la flota) con las más altas personalidades civiles del estado y el municipio: Enrique Pérez Arce, gobernador del estado; Clemente Vizcarra, Secretario General de Gobierno del estado; Juan B. Ruiz, Director de Turismo del estado; Amado S. Guzmán, presidente municipal; así como Lino Aguirre, obispo del estado de Sinaloa.19

Tejido Empresarial en Mazatlán de 1960-1971.

Los grandes niveles de inversión que la captura del camarón tuvo durante la década de 1950 necesitaban una renovación. El cambio tecnológico y organizacional que toda industria nodal debe de presentar después de cierto período de desarrollo se antojaba como un hecho natural más que como una situación negativa. Las relaciones que se habían establecido una década atrás seguían vigentes, sin embargo, una nueva camada de empresarios vino a fortalecer por un lado la industria del camarón, y por otro lado plantearon una nueva reconversión del tejido productivo encaminando los capitales hacia la pesca y el procesamiento del atún, así como a la industria turística e inmobiliaria.

Empresarios como Juan Gavica, Rafael Domínguez, los hermanos Cevallos, Fernando Fuentevilla siguieron siendo parte fundamental de la actividad y mantuvieron su estatus como grandes inversionistas, sin embargo, empiezan a figurar diferentes apellidos dentro de las ramas principales de la industria. Como se mencionó anteriormente, es en este período de tiempo, cuando aparecen en escena las inversiones de la familia Carranza, principales industriales del atún en Mazatlán; de la misma manera actores que jugaron de manera fundamental tanto en la pesca como en el turismo como Julio Berdegue Aznar o Jorge Coppel. De la misma forma, industriales como la familia Medrano y Héctor Escutia que habían comenzado sus labores en la década de 1950, se afianzaban una década más adelante como parte fundamental de la industria explotadora del camarón.

Como podemos apreciar en los cuadros tres y cuatro, Juan E. Gavica logró mantenerse como un capitalista activo durante más de 20 años, al igual que el caso de Tomás de Rueda Jr. este armador logró diversificar su capital dentro de la misma industria pesquera, controlando actividades tan variadas como la construcción de naves o el avituallamiento de las mismas para las temporadas de pesca. Además, incursionó como miembro activo de los diferentes organismos reguladores que rigieron a la pesca durante todo el período. Sin embargo, como lo hemos venido mencionando pese a los síntomas de agotamiento de la industria camaronera, la década de 1960 trajo consigo una nueva ola de capitales que si bien, no estaban destinados en su totalidad a este tipo de pesca, sirvió como combustible para animarla de nuevo.

Dos aspectos interesan para el análisis acerca de la manera en que se desarrollaban las relaciones empresariales y que podrían dar luz acerca de la desarticulación de los empresarios pesqueros como uno de los factores que provocaron el decaimiento de la actividad. En primer lugar, como se puede observar, los empresarios hermanos Cevallos, Juan Gavica y Rafael Domínguez; comenzaron sus actividades a la par del desarrollo de la industria, pertenecían a sociedades complejas en las que participaban un número importante de empresarios. De esta manera, al existir un número importante de relaciones comerciales entre los empresarios, se presentan condiciones que propician el trabajo en equipo, la búsqueda de políticas públicas que fortalezcan a la industria, la creación de un marco institucional que permita desarrollar programas integrales a través de los cuales se planee de manera estratégica el camino a seguir para la industria. Entendemos de esta manera que los esfuerzos realizados por los armadores de inicios de la década de 1950, si bien, estaban determinados por la idea de un beneficio personal, este sistema intrincado de relaciones personales y familiares, pero sobre todo empresariales; permitía que cualquier beneficio conseguido de manera personal, afectara de manera positiva al resto de la industria.

De manera contraria a esto encontramos que los inversionistas más importantes del período se encontraban prácticamente como entes aislados de su entorno empresarial. Los hermanos Medrano que durante la década de 1950 se habían enfocado de manera principal al mercado ferretero para pesca, se convirtieron en los inversionistas más fuertes de la década de 1950. Con una inversión aproximada de 8,589,000.00 pesos, no contaban con socios comerciales que les permitieran afrontar problemas de carácter institucional y tecnológico de una manera adecuada. La familia Haas, aparecen como socios comerciales, sin embargo, la participación de ésta dentro de las empresas de los hermanos Medrano era muy limitada. El mismo caso sucede con las inversiones de los hermanos Carranza, quienes tenían en la figura de Julio Berdegue, un nuevo inversionista, a su principal socio comercial.

Conclusiones.

El desarrollo de la captura de camarón en el puerto de Mazatlán debe de entenderse no como un proceso que se dio de manera lineal, sino como la intervención masiva de capitales privados que tuvieron la capacidad de modificar en un período corto, todo el tejido productivo local a través del cual se regía la dinámica económica del puerto. Sin embargo, pese a no presentarse como un plan de desarrollo económico, ciertas características que presentó este fenómeno permiten que se le analice a través de las teorías de desarrollo local, específicamente la relacionada con los sistemas productivos locales.

Las principales características a las que se hace referencia son: en primera instancia se presenta un cambio radical en la actividad nodal del puerto, pasando de ser un sistema minero-mercantil a uno pesquero. En segunda instancia, se da la aparición de un sistema empresarial local capaz, a través de numerosas inversiones, de desarrollar las condiciones necesarias para la reproducción de la actividad. La constitución de sociedades anónimas no se dan solamente enfocadas a empresas de extracción, por el contrario, estos empresarios logran abarcar un número importante de actividades conjuntas a la pesca permitiendo de esta forma disminuir los costos de producción y hacer una industria mas competitiva. La aparición de astilleros, congeladoras, ferreteras especializadas, remolcadoras, exportadoras, comercializadoras, transportadoras; dotaron al puerto de toda la infraestructura necesaria para la explotación del producto marino a gran escala.

El trabajo de los empresarios no solamente impactó dentro de la estructura material del puerto, sino que además, dadas las redes sociales, familiares y empresariales que formaron, pudieron desarrollar un marco institucional adecuado que les permitiera el desarrollo integral de la industria camaronera. Sin embargo, observamos como en la década de 1960 esta comunicación entre empresarios se va haciendo más débil. Si a esto sumamos la explotación inmoderada del producto, la restricción de mercados internacionales, y al problema de las cooperativas pesqueras, el desarrollo de la actividad camaronera pronto se vio truncado provocando con esto un nuevo cambio en el tejido productivo local, haciendo un viraje de la captura del camarón al turismo de altura.

Fuentes:

Calvo Mendoza, Manuel (1962) Contribución al estudio fisicoquímico de los aceites de hígados de pescado, México, Secretaría de Industria y Comercio.

Cerutti, Mario (2008) «Crisis y reconversión del tejido productivo en un espacio regional del norte de México: La Laguna (1875-1975)». Investigaciones de Historia Económica, Revista de la Asociación Española de Historia Económica, (10): 97-128.

Liera, Guillermo B. (1943) Sinaloa. Estudio económico-social. México: Evolución de México.

Olivieri, Aldo (1953) La industria de la pesca y congeladoras del camarón en el Noroeste de México, México, Instituto Tecnológico de México.

Román Alarcón, Rigoberto (2008) El surgimiento de la pesca comercial en Mazatlán. Empresas y empresarios 1940-1960., México, Revista Sociales, Universidad Autónoma de Tamaulipas.

Archivo:

Archivo del Registro Público de la Propiedad.

Archivo del Periódico Sol Pacífico de Mazatlán.

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