DE AQUÍ Y DE ALLÁ
MIGRACIÓN Y DESARROLLO LOCAL

Eduardo Meza Ramos
Lourdes C Pacheco Ladrón de Guevara

EL DESARROLLO ECONÓMICO REGIONAL Y LOS MOVIMIENTOS DE POBLACIÓN EN NAYARIT Y SUR DE SINALOA DURANTE EL SIGLO XX, PROCESOS TRANSFORMACIONALES QUE PROPICIARON EL FORTALECIMIENTO DEL CULTO DE NUESTRA SEÑORA DE HUAJICORI

Efraín Rangel Guzmán

Introducción

La vida social del ser humano está constituida por distintas esferas, cada una de ellas es interdependiente de otras. Así, lo psicológico depende de lo político, lo cultural, lo económico, el medio ambiente, la herencia, y lo religioso, etc. De igual manera, la religión, entonces, dependerá de su relación con las demás. Tal es el caso del desarrollo del culto de Nuestra Señora de Huajicori, figura muy importante en la identidad de toda una región que se ha ido construyendo a lo largo del tiempo gracias no sólo al ámbito de lo sagrado sino también a otros como lo económico, político y cultural. De esta forma, el comercio durante varios siglos mediante el establecimiento de rutas para el trasporte de mercancías; pero de manera muy especial algunos procesos que experimentó la entidad nayarita en el siglo XX como la guerra cristera, el auge de la minería en Huajicori y el repunte de la agricultura en la costa norte de Nayarit, fueron claves para dinamizar la región y multiplicar los lazos de comunicación entre la sierra y la llanura costera, lo que llevó a que, en este período mencionado, el culto de Nuestra Señora de Huajicori tuviera un gran crecimiento y lograra consolidarse en la región que comprende municipios del norte de Nayarit, sur de Sinaloa y sur de Durango. Todos estos procesos provocaron una mayor migración de personas de Huajicori y de la zona hacia nuevos lugares de trabajo; de ese modo se ampliaron las redes de parentesco, sociales, comerciales, etc., por las que la imagen y sus historias llegaron hasta lugares no tocados anteriormente, de la misma forma surgieron peregrinaciones de esos nuevos asentamientos que condujeron a los devotos hacia el recinto de Nuestra Señora de Huajicori. Gracias a ello el culto se desplaza hacia donde los actores sociales se trasladan. Florece así, por ejemplo, en los centros mineros del municipio de Huajicori y El Rosario, Sinaloa, en las fábricas establecidas en el puerto de Mazatlán, en los campos agrícolas de la zona costera del norte de Nayarit y en otros importantes centros de producción agrícola importantes de Sinaloa.

Metodología:

Tomando en cuenta que la región cultual de Nuestra Señora de Huajicori se construye con base en las complejas relaciones e interdependencias inherentes a la vida social de los actores con su medio, las herramientas metodológicas principales utilizadas para este trabajo han sido la investigación cualitativa, la investigación bibliográfica y la investigación hemerográfica. Destacando entre ellas la tercera, pues siendo mi objeto de estudio una realidad dinámica donde los elementos que participan son seres humanos modeladores de su medio, llenos de emociones, inquietudes, intereses, subjetividades, necesidades, experiencias, etc.; una imagen religiosa que trasciende la mera materia de la que está hecha y que funge como la cohesionadora de los individuos que viven y hacen vivir la devoción; un medio físico y social donde se desarrollan todo tipo de relaciones que se crean y recrean a través del tiempo y en el tiempo; culturas que se encuentran, se fusionan, y expresan lo que el mundo es en distintas formas; me ha parecido la idónea pues con ella se puede rescatar la naturaleza profunda de las realidades sociales, no rescatables de otro modo, o al menos no con la misma profundidad.

Debo confesar que la información recabada en archivos fue poca porque muchos de ellos fueron destruidos en la región durante los movimientos armados de principios de siglo. Sólo conservan en el mayor de los casos documentación de la segunda mitad del siglo XX. La gran mayoría de los datos aquí utilizados fueron localizados en obras de cronistas de la época colonial como Fray Diego Muñoz2, Fr. Antonio Tello3, Fr. Antonio Arias y Saavedra4; contemporáneos como Fr. Atanasio López5, Alberto Santoscoy6, Thomas Calvo7, Jean Meyer8, Peter Gerhard9, Chantal Cramaussel10, entre otros.

Dentro de la investigación cualitativa se destaca el trabajo etnográfico del cual se echa mano de las siguientes herramientas: entrevista enfocada o centrada, observación participante12, historia de vida13, etnografía multisituada. La investigación de la cual es producto este texto se encuentra enmarcada dentro del espacio temporal del siglo XX, principalmente, dado que los acontecimientos de este período por sus vertiginosos hechos multiplican en gran medida la difusión del culto de Nuestra Señora de Huajicori. En cuanto al espacio geográfico, se hablará aquí, especialmente, de un territorio comprendido entre el norte de Nayarit, el sur de Durango y el sur de Sinaloa.

El culto de Nuestra Señora de Huajicori se remonta a la primera mitad del siglo XVII. El sitio que ocupa actualmente Huajicori no es el primer lugar en la zona donde se intentó erigir un espacio de culto cristiano a la llegada de los españoles. En 1580 se fundó el convento de Acaponeta con advocación a la Asunción y en 1600 el de Quiviquinta con advocación a San Antonio, tras la destrucción del último durante la rebelión tepehuana que duró de 1617 a 1619, se decidió refundar el convento en el pueblo de Huajicori. Se erigió la doctrina y se tuvo como patrono a San Sebastián, razón por la cual adquirió el nombre de pueblo indígena de «San Sebastián de Guaxicori».15 La virgen llegó al parecer en 1623 según lo demuestra Fr. Antonio de Ornelas y Valdivia en su Crónica de la Provincia de Santiago de Jalisco, (1719-1722). La virgen, aunque no era la patrona del pueblo, poco a poco suplantó por mérito de sus dones milagrosos al santo y subió al trono que había sido destinado para él. El impulso que le dieron los misioneros para enraizar la veneración de la imagen fue significativo porque a principios del siglo XVIII ya se había extendido el culto en tierras de lo que hoy son el norte de Nayarit y sur de Sinaloa.16 La virgen desde hace tres siglos se abrió paso hacia otras geografías fuera de lo local, atrajo fieles a su recinto y estos fueron divulgando sus bondades y milagros, logrando así el ensanchamiento de las fronteras del culto, hasta llegar a la configuración regional en el siglo XX.

Durante el siglo XX las transformaciones económicas, políticas y culturales que se estaban registrando en el país y en Huajicori propiciaron con más fuerza la ampliación de la geografía devocional fuera de lo local. La guerra cristera, el auge agrícola en la costa norte de Nayarit y la explotación minera en Huajicori y en otros lugares de la zona produjeron una fuerte movilización poblacional desde el interior del mismo estado, así como de distintas partes de Zacatecas, Jalisco y Durango, principalmente.

El contenido se desarrollará en dos grandes apartados, además de las conclusiones. En el primero, El revoltijo en las montañas y en la costa, se abordará la rebelión cristera y su repercusión en la distribución demográfica de la región mediante la migración de la sierra a las llanuras costeras y sus efectos en la expansión del culto a la imagen de Huajicori. En el segundo, El auge agrícola en La Costa de Oro, se narra la forma en que se fue transformando la costa norte de Nayarit mediante el desarrollo de la agricultura tanto por las políticas gubernamentales como por una creciente demanda de productos tales como los granos básicos y el tabaco, los movimientos migratorios de la sierra a los campos agrícolas de la costa en busca de trabajo (y como zonas de refugio como ya narra en el primer apartado) y la dotación de tierras ejidales para quienes las solicitaran. Asimismo, la manera en que todo esto dio paso al ensanchamiento de las fronteras del culto de Nuestra Señora de Huajicori. El tercero, tratará del fenómeno de la minería, que para Huajicori fue todo un fenómeno social, político, económico, cultural y, por supuesto, religioso. Aquí, se resaltará el papel de la minería en el movimiento poblacional de la región y por lo tanto la consolidación de la región de culto, para ello se echará mano de lo que se cuenta que acontecía en los momentos dorados de la minería en aquellos lugares tan apartados de dios y tan cercanos a la Virgen.

a) El revoltijo en las montañas y en la costa

El movimiento cristero estalló en Nayarit a mediados de 1926 cuando se registraron violentos motines en pueblos y rancherías. Así como en tiempo del maderismo hubo tres focos revolucionarios: la región de Acaponeta-Escuinapa, ligada al sur de Sinaloa, así como a Zacatecas y a Durango; la zona de Compostela-Ahuacatlán-Ixtlán, vinculada a Jalisco, y la sierra en la cual coras y huicholes cristeros ajustan cuentas con sus enemigos opresores. Los principales jefes cristeros fueron Porfirio Mayorquín, el Pillaco, en el norte, Jesús Rodríguez por Compostela, Chano Flores en el sur, José Zavala en Tepic, y otra vez, los hermanos Rentería, hijos y nietos de lozadeños.17

Los levantamientos iban en aumento en muchos estados del país. En la primera radiografía general que se hace respecto a la rebelión, se dice que:

El 10 de noviembre (1926), un joven peón antiguo villista, José Velasco, atacó a Calvillo (Aguascalientes), y Filomeno Osorio tomó a Santa Catarina (Guanajuato) En el estado de Veracruz, un pelotón del 45º regimiento fue sorprendido y aniquilado cerca de la estación de Banderilla; el 17 se levantó Villa del Refugio (Jalisco), el 19 atacaron los cristeros el Mezquital (Durango), y el 28 Herminio Sánchez y su primo Felipe Sánchez se sublevaron en Totaltique (Jalisco), después de haberse puesto de acuerdo con Pedro Quintanar, el jefe de Zacatecas.18

Pedro Quintanar poseía aceptable autoridad entre muchos importantes jefes cristeros de una amplia zona que comprendían los estados de Zacatecas, Durango, Colima, Guerrero y Oaxaca.19 Se menciona que la brigada de Quintanar tenía cinco regimientos y se unieron a él tres más que comandaban Chema Gutiérrez, Felipe Sánchez y Pedro Sandoval. El total de elementos de los ocho regimientos que controlaban Zacatecas y confines alcanza 5 400 hombres. Pero su influencia se extendía a los estados de Nayarit y Sinaloa en los cuales se estima que había, 2 500 elementos más, en los Volcanes de Colima/Jalisco, 2 000, en Durango de 1 500 a 3 000, en Guerrero, 2 000 a 4 000 y en Oaxaca, 1 500.20

En Durango el epicentro de la cristiada fue Santiago Bayacora, antiguo pueblo tepehuano cercano a la capital estatal. Los novatos guerrilleros cristeros como en casi todos los demás lugares del país carecían de armamento e instrucción militar, la ignorancia en el ramo era grande, pero pronto la práctica en el «pica y huye» hizo de ellos unos expertos.

En el norte de Nayarit, la rebelión fue influenciada por los grupos que se organizaron en Durango, los cuales eran liderados por los cabecillas Dámaso Barraza, Valente Acevedo, Trinidad Mora, Federico Vázquez y el acaponetense Porfirio Mayorquín alias el «Pillaco». Porfi rio Mayorquín operaba de Huejuquilla (Zacatecas) hasta la costa (Norte de Nayarit y sur escapaban al ejército pero que no lograban darse una organización civil o militar («Bled Siba» de Durango, Nayarit, Guerrero, Oaxaca) […]. P. 107. 20 Meyer, Tomo III, 1979: 108. Cifras muy aproximadas, de lo simple a lo doble. de Sinaloa) y aseguraba el enlace entre Quintanar y la sierra de Durango; Juan Carransio se mantenía en la costa de Sinaloa y en Durango; Marcos Díaz, Juan Beltrán, Tiburcio González y Fidel Liébana subieron hasta el norte de Culiacán y bajaron hasta San Luis de Lozada, Acaponeta y Mezcala. Tomaban, atacaban y hacían razzias en Concordia, El Verde, Escuinapa, La Noria, Villa Unión, Cosalá, San Dimas, Palmarejo, en Sinaloa, Nayarit y Durango.21

El movimiento cristero en el norte de Nayarit, sur de Sinaloa y sur de Durango fue llamado la «Pillaquiada», en honor del principal líder cristero, Porfirio Mayorquín. Este alzamiento comenzó a tomar fuerza cuando los grupos rebeldes de la zona establecieron contacto con Mayorquín y formaron un frente común. La primera prueba que dieron al ejército federal, fue cuando los «pillacos» tomaron la ciudad de Acaponeta el 27 de julio de 1927. Porfirio Mayorquín bajó con su gente de la sierra de Durango, pasó por Huajicori y posteriormente se dirigió a Acaponeta, su ciudad natal. Luego se registró otro enfrentamiento en el punto denominado El Huizache por el camino que va de Acaponeta a Huajicori, ahí fue aniquilada la tropa federal que intentó darle alcance a los pillacos.

El gobierno había perdido el control en las montañas o más bien nunca lo tuvo. Sin embargo, para sofocar el levantamiento tomó la decisión de implementar una campaña de reconcentración de población en los lugares bajo el dominio cristero en 1928, lo cual produjo un crecimiento demográfico visible en ciertas regiones del país. Por ejemplo, las personas que habitaban el sur de Durango fueron transferidas a la capital, otras fueron dirigidas a las cabeceras de los vecinos municipios de Nayarit y Sinaloa. En Nayarit ubicaron a los desplazados en las planicies de los municipios de Huajicori, Acaponeta, Tecuala, Rosamorada y Ruiz; en Sinaloa los distribuyeron en los municipios de Escuinapa, El Rosario y Concordia. La estrategia de reconcentración, buscaba evitar que las personas de las rancherías abastecieran de alimento y de efectivos al ejército rebelde. Se pensaba que al cortarles la fuente alimenticia, comenzaría a debilitarse la ofensiva cristera. Como en todo levantamiento armado, las personas de las poblaciones rurales en su mayoría fueron las que tuvieron que «pagar el pato». Porque aparte de ser los proveedores de alimentos y efectivos por un tiempo de cristeros y del gobierno, en el momento en el que se decidió trasladarlas a otros lugares, perdieron todos sus bienes.

Finalmente, una vez que se establecieron los arreglos entre la iglesia y el estado en julio de 1929, la situación del país comenzó a estabilizarse. Las personas que habían logrado resistir los embates del hambre y las epidemias, iniciaron entonces una nueva vida. Muchos pudieron adaptarse a las condiciones climáticas de las zonas de refugio, encontraron pareja, empleo en los campos agrícolas, luego obtuvieron tierras en ejidos de nueva creación y decidieron ya no regresar a su antigua morada. Otros volvieron a la serranía a probar suerte una vez más, levantaron de los escombros sus viviendas y continuaron su lucha por la vida. Pero las cosas ya no eran igual que antes, las heridas que dejó la guerra tardaron mucho para sanar. O más bien, no sanaron.

Cabe aquí señalar, que Huajicori por su posición geográfi ca, desde la época prehispánica ha sido una ruta tradicional que une las dos zonas descritas. A esto, habrá que aunar la búsqueda de refugio en una imagen con poder sobrehumano que pudiera brindar la esperanza de una mejoría en las condiciones vividas. Las historias de la Virgen de Huajicori, recorrieron así los caminos, de la sierra a la costa y de la costa a la sierra

b) El auge agrícola en La Costa de Oro

Por otro lado, la agricultura en Nayarit en la primera mitad del siglo XX estaba registrando cambios significativos, pasaba el proceso de producción de autoconsumo a proveedor de productos agrícolas de otras entidades.

Se sabe que en 1930, todavía la mayoría de los nayaritas trabajaba en el campo, el estado no había pasado de lo rural a lo urbano. Pero el monopolio de la tierra era cosa seria. Desde que se inició la reforma agraria en 1917 hasta el año de 1926 la superficie afectada por dotaciones y restituciones de tierras para los ejidos representó tan sólo el 1.66% de la extensión total de Nayarit, 1 300 000 de hectáreas estaban en manos de 31 latifundistas y representaba poco más del 50% de las tierras cultivables en el estado.

Los verdaderos cambios en el campo se dieron una vez que resultó electo diputado en 1932 por el Partido Nacional Revolucionario el líder agrario Guillermo Flores Muñoz. En compañía de Abelardo Rodríguez dieron un golpe fuerte al latifundio en Nayarit. Para esto, organizaron una movilización masiva de campesinos por medio de los viejos líderes agrarios locales. Meyer en una cita que retoma del artículo de Pérez Cisneros, «Discurso acerca la historia agraria en Nayarit», menciona que «Flores Muñoz un día se tomó la facultad de disponer de los dineros destinados al pago federal de un subsidio al municipio de Huajicori por la producción minera. Con este dinero se pagaron los salarios de 20 ingenieros jóvenes que vinieron en cruzada violenta al reparto masivo de tierras».

El fruto de ese movimiento se reflejó en el fraccionamiento de las haciendas que abarcó el 70% de la superficie laborable, por lo cual a Nayarit se le reconoció como el «estado ejido»en 1939.24 Poco después de 1933 se pudieron formar 78 ejidos y en 1939 la cifra ascendía a 233 con una población dotada de 40 000 campesinos que ocupaban una superficie total de 730 000 hectáreas de las cuales 135 000 eran propicias para el cultivo.

En ese tiempo no había muchas diferencias entre los que habitaban en el campo que eran la mayoría, y los que moraban en los pueblos con tintes urbanos. Para tumbar al monopolio terrateniente tuvieron que jalar parejo campesinos, albañiles, músicos, comerciantes, mineros, etc. Los ejidos se integraron con gente de distinta condición económica, social y cultural. Lo importante en esos momentos era despojar de las tierras a los ricos hacendados a como diera lugar. Había tierras para todo el que las solicitara, por eso a los grupos que habían sido desplazados de otras entidades vecinas por causa de la apenas pasada rebelión cristera, también les tocó su «tajada», por lo que lo perdido en sus lugares de origen de una o de otra forma se les recompensó con un pedazo de tierra.

Es muy probable que esa bonanza de tierras para quien las quisiera se tradujera en un gran flujo poblacional hacia las zonas costeras. Señala Pacheco, que entre 1930 y 1940 la región norte de Nayarit integrada por los municipios de Acaponeta, Tecuala, Rosamorada, Tuxpan, Ruiz, Santiago Ixcuintla y San Blas, registró un incremento considerable de su población derivado de la política de «marcha hacia la costa» por el auge agrícola que estaban experimentando.26 El desarrollo agrícola en la región explica el crecimiento poblacional que se registró arriba de la media estatal durante la década de los treinta. Los ejidos nacientes integraron a todos estos recién llegados y gracias a ellos «La Ley de Fraccionamientos de Latifundios de Nayarit» se amplió cabalmente. Al respecto menciona Meyer, que el estado contaba con muy poca población en 1930, no pasaba de 168 000 habitantes. Mientras que en 1940 la cifra se fue a la alza, alcanzando un registro de 216 000.27 A este movimiento de población se debe la fundación de rancherías-ejidos en las planicies.

Dicho «auge de la costa norte de Nayarit la ha configurado como la Costa de Oro que jugó un papel central durante el proceso histórico de diferenciación regional en torno al establecimiento de actividades económicas y asentamientos».28 La región norte de Nayarit está vinculada con los procesos transformacionales del sur de Sinaloa, y es parte de la región geoeconómica del Noroeste de México. Históricamente forma parte de un mismo bloque intercultural que pervive hasta nuestros días.

Por su parte, la región serrana que comprende los municipios de Huajicori, El Nayar y La Yesca jugó un importante papel en el desarrollo agrícola de Nayarit. Geográficamente son los municipios más grandes de el tabaco en Nayarit, Nayarit, México, 1999, p. 37. la entidad y económicamente los más marginados. Por su geografía tan accidentada, las escasas vías de comunicación desde la época colonial hasta nuestros días ha mantenido aisladas a estas poblaciones del resto del estado de Nayarit. Los grupos étnicos que la habitan son los coras, huicholes, mexicaneros y tepehuanos. Por las condiciones en las que se encuentran los indígenas serranos pasaron a constituir el grueso de la mano de obra de las regiones agrícolas con más crecimiento; los centros cañeros de Tepic y su periferia, además del norte de la entidad.

El auge agrícola en la zona costera de Nayarit, no se debió sólo al aumento productivo de granos y hortalizas, sino también al cultivo del tabaco. Menciona Pacheco, que a fines del siglo XIX y principios del XX fue elegida la costa nayarita para experimentar el cultivo del tabaco debido a la competencia de las compañías tabacaleras que se disputaban el territorio del golfo veracruzano para aumentar el rendimiento en la cosecha. La industria del tabaco estaba ganando terreno en mercados internacionales, de modo que se buscaban nuevas tierras para aumentar la producción y satisfacer las demandas. Pedro Maus fundó en Nayarit la compañía tabacalera en Santiago Ixcuintla con el mismo nombre en 1927, en su carácter de vicepresidente de la compañía cigarrera «El Águila, S. A.», cargo que ocupó desde su fundación hasta 1936, fecha en que se transformó en «Tabaco en Rama, S. A.» En un principio el cultivo del tabaco se intercaló con la siembra de maíz, a fin de que le protegiera de los fuertes rayos del sol. Pero al poco tiempo, hubo un desplazamiento casi total de la producción de granos básicos una vez que se obtuvieron resultados óptimos.29

Una vez que se consolidó el proceso de industrialización del país, comenzaron a introducirse las empresas de capital extranjero como la Compañía Comercial Nayarita, S. A., la cual financiaba y compraba la cosecha a los productores costeños. Así también llega la Cigarrera La Moderna. Las políticas del país dieron facilidades a las empresas extranjeras para su instalación y en la entidad se les concedió exenciones de impuestos por veinte años.

Afirma Pacheco, que con el fin de nacionalizar la producción del tabaco el 4 de noviembre de 1972 se formó Tabacos Mexicanos, Sociedad Anónima de Capital Variable (TABAMEX), en la cual el 52% de las acciones correspondieron al gobierno federal, el 24% a la CNC y el restante 24% a las tabacaleras privadas.30

La consolidación del cultivo del tabaco se logró a raíz de que el gobierno federal modificó el modelo económico del país y dejó de otorgar garantías al cultivo de los granos básicos. Al no haber una regulación en el precio del maíz y el fríjol los productores registraron perdidas y se vieron obligados a cultivar tabaco. Es entonces cuando se masifica dicho cultivo, y en la década de los sesenta a los ochenta Nayarit es considerado el principal productor, al lograr generar el 80% de todo el tabaco producido en el país.

En los setentas hasta mediados de los ochentas todos los municipios del norte del estado plantaron tabaco, por lo que la migración de personas indígenas y no indígenas del interior de la entidad como de los estados vecinos principalmente de Durango, Zacatecas y Jalisco se incrementó considerablemente.

En los meses de febrero a abril era el período en que había mayor demanda de mano de obra y las personas llegaban al arranque del frijol, corte de chile y ensarte de tabaco. La investigación realizada por Pacheco, con base en la contabilidad de las empresas habilitadoras y la de los productores, muestra que se medía el trabajo requerido para cada hectárea en número de jornales. Cada hectárea necesitaba 30 Pacheco, 1999: 43. En el decreto emitido en el mismo año de creación de la empresa se le asignan las siguientes facultades: Fomentar la producción del tabaco desde el cultivo y cosecha hasta la industrialización, proporcionar asistencia técnica a los productores, adquirir acciones de empresas dedicadas a la comercialización e industrialización, otorgar créditos para la producción, la industrialización y la comercialización, obtener financiamientos para el cumplimiento de sus funciones, fomentar y financiar estudios e investigaciones sobre el cultivo, la industrialización y la comercialización, capacitar a los productores campesinos en diversas áreas, formular un padrón de productores y formular estadísticas sistemáticas. En los 18 años de existencia de Tabamex se establecieron dos gerencias: la de Veracruz, que regulaba la producción de Veracruz, Oaxaca y Chiapas, y la de Nayarit. La de Nayarit se dividía en siete zonas agronómicas: Tuxpan, Acaponeta, Villa Hidalgo, Las Varas, Santiago Ixcuintla, Valle Lerma y San Juan de Abajo. Pp. 43-45. alrededor de 180 jornales en total desde la preparación de la tierra hasta la cosecha.31

Jornaleros indígenas en la región norte de Nayarit

Los tepehuanos del sur de Durango de las localidades de Santa María de Ocotán, San Francisco de Ocotán, Guajolota, Taxicaringa, Charcos, San Francisco de Lajas, Milpillas Chico, Sihuacora y Santiago Teneraca; los de San Andrés Milpillas (Huajicori) y anexos; los mexicaneros de San Pedro Jícora, San Buenaventura (Durango) y Santa Cruz de Acaponeta, participaron como jornaleros en todo el proceso de transformación de la agricultura en la Costa de Oro.

La incorporación de los indígenas en los trabajos agrícolas de la costa está íntimamente relacionada con la obtención de satisfactores alimenticios y materiales que difícilmente pueden conseguir en sus comunidades de origen. El cumplimiento del costumbre resulta muy costoso, por eso tienen que salir de sus comunidades para abastecerse de productos básicos que se requieren para la celebración de las fiestas religiosas y las que tienen que ver con el xiotalh o el mitote32. A los dioses también tienen que ofrecerles alimentos en varias ocasiones durante el año para mantenerlos contentos. Al dar cumplimiento a los mandamientos de las deidades, esperan ser favorecidos con buenas cosechas, salud, etc. Si hablamos de aportaciones individuales, a los mayordomos o cargueros les corresponde financiar todos los gastos de una fiesta. Por ejemplo, ofrecer una vaca para el caldo; harina, azúcar y piloncillo para elaborar el atole; varias gruesas de a docenas de cohetes; flores y velas para adornar la iglesia; maíz para elaborar las tortillas, entre otras cosas. De tal manera que las necesidades que tienen los indígenas de conseguir recursos para solventar los gastos de la alimentación cotidiana y para el

que no haya transgresiones en las normas morales, que venga la lluvia, que haya buena cosecha. Estas ceremonias se rigen con los cambios de estaciones de lluvias y secas, ya que una de las principales preocupaciones es la obtención de los alimentos. cumplimiento del costumbre es muy grande. En fin, la migración indígena hacia los centros agrícolas ha estado muy relacionada con el proceso agrícola-ritual, ya que son eventos que pertenecían al mismo ciclo anual. Al dar cumplimiento a los mandamientos de las deidades, esperan ser favorecidos con buenas cosechas, salud, etc.

El contacto de los serranos con poblaciones costeñas se ha venido dando desde antes de la conquista española, al trocar productos alimenticios del altiplano con los de la planicie. Los indígenas de la sierra cambiaban pieles, carnes secas, frutas o vegetales de la zona, por sal y productos del mar. Este ir y venir de los indígenas tepehuanos principalmente, permitió el avance de la devoción de Nuestra Señora de Huajicori hacia la vecina sierra del sur de Durango. El pueblo de Huajicori era un paso obligado de los caminantes indios, las fechas de la celebración de la imagen coincidían con las fechas del levantamiento de la cosecha en los campos de la costa, donde además se abastecían de productos que no estaban disponibles en la sierra

c) La minería en Huajicori

El sector minero, para muchos investigadores no figura dentro de las principales actividades que generaron derramas económicas importantes para el estado de Nayarit en el siglo XX. Sin embargo, sabemos que la zona minera de Huajicori, una de las más importantes del estado aportó sumas considerables al PIB (Producto Ínterno Bruto). Este ramo económico, al igual que el sector agrícola, generó miles de empleos y atrajo a muchos migrantes del interior de la entidad como de los estados vecinos

En el período que va de 1888 a 1903 se verifica en la minería un desarrollo sorprendente nunca antes visto en el país. En 1901 México es considerado como el primer productor de plata y segundo productor de cobre en el mundo. Por esas fechas se extraen también oro, plomo, antimonio y zinc para la exportación. Las puertas se abren a la inversión extranjera y se tecnifica considerablemente la explotación minera. En 1900, 107 mil obreros trabajan en la minería en lo ancho del territorio de México.34 Menciona Raúl Rea, que «al finalizar el porfiriato y empezar la insurrección armada, la cual contribuyó a aumentar la incertidumbre entre los inversionistas, algunos centros mineros en Nayarit continuaron sus trabajos hasta fines de los veinte»34 hasta que decidieron abandonarlos por la inseguridad que se estaba viviendo. Posteriormente la minería tuvo periodos productivos intermitentes con una recuperación en la década de los treintas cuando el oro fue revaluado de 20.6 a 35.0 dólares la onza Troy.35

A principios del siglo XX Nayarit contaba con 27 minas distribuidas en «La Yesca, Jala, Compostela, Santiago Ixcuintla, Acaponeta, Huajicori, Santa María del Oro y San Pedro Lagunillas, donde se empleaban miles de hombres en los campos mineros»

La zona minera de Huajicori se localiza a 160 km, al noroeste de la ciudad de Tepic en la porción norte del estado de Nayarit. Los minerales que se producen son oro y plata, pero también se obtiene plomo, zinc y cobre. En esta zona se ubican los distritos de Cucharas, El Tigre, El Indio-Providencia y la zona mineralizada El Colomo.36 En el municipio de Huajicori gambusinos locales y externos, así como inversionistas extranjeros, comenzaron a realizar exploraciones en el subsuelo y encontraron ricas vetas de oro, plata, cobre, plomo y zinc desde principios del siglo XX. El mineral de Cucharas37 fue trabajado en un principio en la primera década de la centuria por la Compañía Exploradora de Minerales y Metales S.A., que realizó una exploración ordenada y eficiente, contando con un molino de mazos y fundición para obtener matas cobrizas que transportaban hasta Novillero para su embarque marítimo. También en dicho distrito minero la Cucharas Mining Co., obtenía oro, plata, y matas cobrizas a través de molinos de mazos y un horno de reverbero.38

La explotación minera en Huajicori en la década de los treinta y los cuarenta

El conflicto cristero trajo muchos problemas al desarrollo de la actividad minera del estado y del país en general. Pero los problemas no eran causados únicamente por la rebelión, también porque en esos años se había registrado una baja internacional en los precios de la plata, la que de valer 66.6 centavos de dólar la onza troy en 1925, cayó a 52.99 centavos en 1929.39 Aunque las cosas después de la guerra se modifica- ron con la introducción del ferrocarril Sud-Pacífico, ya que en 1927 se pudo conectar Nayarit con Jalisco y con el resto del norte de México. La movilidad de mercancías y el traslado de productos mineros se agilizó entonces notablemente.

En Huajicori la explotación se concentró básicamente en Cucharas, El Tigre, El Limón, La Concha, La Providencia, El Indio y Mamalín. El distrito de Cucharas del municipio de Huajicori, a principios del siglo se consideró uno de los más importantes del noroeste, siendo esta zona esencialmente argentífera.40

Poco tiempo después de la cristiada, el centro minero de «El Tigre fue reactivado en pequeña escala por el Sr. Emil Grebe. Se asegura que sólo en el centro minero El Tigre trabajaban entre 2500 y 5000 gambusinos41 en esa época. El mismo dato lo reafirman los nativos y dicen, que de haber dos o tres casas antes de la guerra, cuando sobrevino la bonanza del oro el mineral se convirtió en un pueblo de más de 400 viviendas.42 La llegada de personas de otros estados como Jalisco, Sinaloa, Durango, Zacatecas, Chihuahua y del mismo Nayarit hacia El Tigre registró un fuerte incremento. Entre las personas que fueron atraídas por el boom minero se encontraban también aquellas que fueron reconcentradas en las partes bajas cuando la cristiada y que habían decidido ya no regresarse a sus lugares de origen. Respecto a los oficios que desempeñaban los migrantes destacaban los siguientes: gambusinos, comerciantes, arrieros, barreteros, albañiles, carpinteros, tauneros, constructores de casas, madereros, peones, herreros, panaderos, cocineras, etc. La bonanza de metal era bastante, mencionan los viejos mineros y nativos de la región había tanto mineral que el que se encontraba una veta era suya y se realizaba la explotación en asociación con otras personas. Al respecto señala el Sr. Baldomero Pineda, que «en un principio nadie hacía denuncio de las vetas, el que quería agarraba lo que podía, las personas se organizaban. Por ejemplo, decían aquí este pedazo es mío, fueran cuatro metros para allá otros cuatro metros para acá, ocho pues son míos. Y así en toda la veta que estaba produciendo oro».43También había personas que financiaban a los trabajadores con la herramienta y los gastos necesarios para que realizaran la explotación, con la condición de que del producto obtenido le entregaran un tanto por ciento. No había una organización regulada en la actividad minera en general.

Se sabe que se asociaron para explotar la mina La Corie, una de las vetas más ricas del distrito El Tigre, Alfonso Reyes (de Tequila, Jalisco) y los rusos Alejandro y Nicolás. También Guadalupe Rosales alias «El Ingrato» (de Sinaloa) y Juan Ramírez alias «el Satanás» (de Huajicori), trabajaron en la otra mina rica llamada La Concha. Estas dieron muchas cantidades de oro, al grado que duraban hasta dos meses tumbando un clavo. Por otro lado, Hilario Gómez (Huajicori) y los hermanos Juan Garay y Miguel Garay (Sinaloa) trabajaron la mina La Pirizanga; los hermanos Julio Coronado y Alfonso Coronado (Durango) aprovecharon la mina El Cacalote; Chuy Ojeda (Chihuahua) explotaba la mina Las Juntas. Después de que murió uno de los rusos se asociaron otras dos personas con Alfonso Reyes, Ángel Olvera y Alberto Cantabrana (Huajicori), para continuar con la explotación de La Corie.

En el mismo recinto de La Corie descubrió José Bañuelos otra veta de oro importante, a la cual le dieron el nombre de «La Bonanza de Bañuelos».44 También Tomás Marrufo, Felipe Marrufo y Bibiano Ávila fueron otras personas que se beneficiaron de las minas. Todas las personas antes mencionadas trabajaron en el centro El Tigre. Menciona la señora María de Jesús Cortés que:

Fue por ahi como el treinta y tres, yo ya crecí allá y todavía estaba fuerte la fiebre del oro en las minas, duraron mucho, todavía para el cuarenta estaban jalando. Había tiendas grandes, la tienda de don Ramón Mayorquín, la tienda de Alfonso Reyes, de Chuy Ojeda. Ese Alfonso Reyes ahí en La Corie, ¡sacó oro, como no te imaginas! Mira, tenía una casa grande de esas redondas, así como la cocina que tenemos nosotros, mira alrededor eran de esos costales ¡sacos de veinticinco medidas! A propósito mandaban hacer sacos de lonas y los metían, y alrededor de la cocina, era como tener sacos de maíz parados, puro metal bueno o concentrado. Y luego tenía una hermana que se llamaba Ignacia, cayó un ruso allí, se llamaba Nicolás y se hizo socio de Alfonso, pos cuando el ruso murió tenía la casa igual que Alfonso de llena de costalera, como eran socios, y pues en cada tumbada se repartían. Hacían unas fiestonas, ahí en El Tigre había una cancha grande, era como una plazuela, casi lo más hacían fiestas, como había tanto oro. Con decirte que también había defensa rural, el jefe era «el Ingrato». También había ocasiones que iba el padre a decir misas, casaba, hacían primeras comuniones, bautizos y toda la cosa. A las fiestas iban a tocar mariachis, iban bandas, iban acordeones, iba la Banda del Recodo de don Ramón López Alvarado, la Costeña, la Quimicheña, La Banda Orante, El Calandrio, todas esas músicas ¡nombre! Estaba la música en El Tigre y se oía el estruendo de las tamboras en los cerros. Y cualquiera arrastraba la música, tenían con que, había mucho dinero. Había tiendas de todas, de ropa, de calzado, de herramientas para trabajar en las minas, cantinas, billares y hasta los circos iban a divertir a las gentes, cantidades de gentes pepenando piedritas de oro cuando las tumbas, todos ganaban aunque sea poquito. Mucha gente de Zacatecas, Jalisco, Durango, Sinaloa, Sonora y de Nayarit había, se hizo un pueblo grande El Tigre, con panteón y todo.

En el tiempo de la fiebre del oro en Huajicori, el ayuntamiento estableció un impuesto a las compañías, dueños de minas y comerciantes establecidos por uso de suelo. Cada mes el presidente municipal acompañado de elementos del gabinete acudía a los minerales a recolectar dicho impuesto. De esta manera fue como amasaron riqueza unos funcionarios públicos, mientras que otros derrocharon el dinero. A falta de bancos y conciencia de ahorro, la mayor parte del recurso obtenido por los gambusinos se gastó en música, alcohol, mujeres y en todo aquello que olía a diversión. Recuerda doña María de Jesús Cortés que el Sr. Alfonso Reyes, dueño de la mina La Corie, extrajo muchas cantidades de oro y que en una ocasión decidió ir a venderlo a Hermosillo, Sonora, le entregaron a cambio buen dinero. Pero que duró un mes para regresar a El Tigre, porque se vino gastando el recurso de cantina en cantina, con prostitutas y en la banda. Al mes regresó con su esposa y sus hijos sin dinero. Y cuando ya pasaron las bonanzas muchos ricos como Alfonso quedaron pobres y los enterraron sus familiares casi de limosna.

El comercio en Acaponeta creció considerablemente a causa del descubrimiento de las ricas vetas de oro, plata y cobre en los centros mineros antes mencionados. Los comerciantes acaponetenses y los del sur de Sinaloa obtuvieron jugosas ganancias en esa época. El puerto de Mazatlán por muchos años había sido el centro económico más importante de la región sur de Sinaloa y norte de Nayarit como lo afi rma Bassols Batalla, en su obra El Noroeste de México. A la ciudad de Acaponeta llegaban los productos de Mazatlán o de los otros municipios del sur y los comerciantes locales los distribuían en la zona costera y serrana en Huajicori, Rosamorada y Tecuala. Pero Acaponeta no sólo funcionaba como centro receptor de productos que venían de Sinaloa, sino también enviaba a otras entidades federativas los productos que se cosechaban en la zona, principalmente agrícolas como maíz, fríjol y tabaco.

Entre 1930 y 1951 en el distrito del Indio-Providencia fueron explotados los yacimientos por la compañía llamada The Golden Girl, Co. (los mineros la llamaban la «muchacha de oro»), la cual instaló una planta de beneficio con capacidad de 50 toneladas diarias. La planta estaba situada en el rancho Providencia, a donde llegaba el metal extraído de las minas de Guixixilapa, Soyatita y del mismo recinto de Providencia. Por canastillas con capacidad de una tonelada se trasladaba el mineral del Indio. Hasta 1930 la empresa había estado funcionando en Jalisco, estado que abandonó para establecerse en Huajicori. Dicha empresa trajo consigo a un grupo de personas especializadas en el ramo de la minería. Por ejemplo, entre ellos venía el Sr. Julio Silva Villa46 que desempeñaba el oficio barretero y Marcelino Morán47 ejercía el oficio de la albañilería. Había llegado también un ingeniero que se encargaba de hacer las exploraciones y un médico para brindar atención a los trabajadores. El distrito minero se equipó con oficinas, clínica, una pista aérea, se construyeron viviendas para los administradores, se introdujo línea telefónica, había servicio de transporte diario y correo a Huajicori. También se instaló una panadería grande, una fábrica de sodas y de dulces. El pueblo de Providencia se convirtió en un centro comercial, a donde acudían los moradores de las rancherías cercanas a abastecerse de maíz, frijol, harina, medicinas y otros tipos de productos. En ese mismo lugar había una agrupación de mineros que funcionaba como cooperativa. Las minas que se explotaron fueron: El Indio, Buena Vista, Monte Redondo, Carboneras, La Fortuna, La Minita, Hermosa, Providencia, Dos Estrellas, El Ciruelito, La Negra, La Doncella, Soyatita, La Huajicori y El Infiernillo.48 «Se estima que dicha compañía tuvo una producción de 50,000 toneladas aproximadamente y según información proporcionada por la sucursal de la Comisión de Fomento Minero, las leyes que se obtuvieron hasta de 13 g/ton de oro y 1,000 g/ton de plata»

El concentrado de mineral obtenido del molino lo enviaban a la ciudad de México para su procesamiento. También se sabe que de 1930 a 1942 las compañías United Eastern Co. y Golden Girl, Co, explotaron 150,000 toneladas de mineral, del cual obtuvieron alrededor de 3,000 kilogramos de oro y 30,000 kilogramos de plata, tan sólo en el distrito El Tigre y El Indio-Providencia.

Por su parte en el distrito de Cucharas, en 1939 fueron adquiridas las concesiones de la Compañía Exploradora de Minerales y Metales S.A. que había trabajado a principios del siglo XX, por la Compañía Minera Río Acaponeta, S. A., la cual instaló una planta de flotación que enviaba sus concentrados a la fundición de Cananea, establecida en el estado de Sonora.50

En 1962 el Sr. Julio Silva Villa denunció la mina El Indio-Providencia, que posteriormente tituló para explotarla, de la que extraía oro, plata, cobre, plomo y zinc.51 Por su parte menciona Esteban Silva Medina, que en asociación con su papá Julio Silva trabajaban Marcelino Morán, Melchor López y Heliodoro Torres. Ellos enviaban el mineral a la fundidora de Torreón, Coahuila. Lo mismo que el Sr. Miguel Garay Villalvazo. También dice que en 1963 se organizó una cooperativa en Cucharas con unos 25 elementos, de la cual Esteban era integrante, se llamaba Cooperativa de Producción Minera.52 Las vetas que explotaban eran principalmente de cobre, pero del metal extraído también se recuperaba oro, plata y cobre. Utilizaban el sistema de concentración por flotación y beneficiaban 25 tons/d. Posteriormente enviaban dos vagones del tren (265 tons) de metal hacia la fundidora de Cananea. A ese ritmo estuvo trabajando la organización hasta 1980, pero al final sólo quedaron unos 15 integrantes. Al poco tiempo (1988) la cooperativa vendió las concesiones a la empresa53 «Victoria Guadalupe,54 la cual benefi ciaba 100 tons/d de mineral con valores de oro, plata, plomo; usando el método de flotación».55 Las minas que se explotaron en todo el distrito minero de Cucharas en diferentes periodos, fueron: Mamalín, La Italia, J. del Carmen, P. de Lajeños, La Unión, La Viguita, La Montaña, La Planta, Nueva Cucharas, La Perdida, La Azurita, La Tlacuacha, El Cardón, El Boyadero.

Por el otro lado, la Compañía Minera Nayoro, S. A de C. V, reabrió los trabajos de explotación de mineral en el distrito El Tigre en 1987. El representante legal de la compañía era el Sr. Roberto Tamayo Muller y los señores Fuente Villa, Pedro Matías López Núñez y Baldomero Pineda Díaz eran respectivamente Administradores, el Superintendente General y el Encargado de la Mina. Los mayores accionistas eran los señores Antonio Toledo Corro (gobernador del estado de Sinaloa 1981-1986), Roberto Tamayo Muller y Eduardo Ritz Iturríos, junto con un grupo de más de 20 socios. El capital empleado para la instalación del molino de metal en su mayoría procedía del estado de Sinaloa y una mínima parte de Nayarit. El 15 de junio de 1987 fue inaugurada la planta por el gobernador de Nayarit, Emilio M. González Parra.56 El Sr. Baldomero Pineda Díaz, era la persona de confianza de Antonio Toledo, un experto conocedor de la minería por haber sido hijo de minero y por haber nacido en la zona. Pineda era el administrador del campo o de las minas, él aconsejaba a Toledo sobre la pertinencia de explotar tal o cual yacimiento según el resultado de las leyes de mineral obtenidas por tonelada que él mismo evaluaba; indicaba a los conductores de la maquinaria pesada por dónde había que trazar las brechas para cavar y conducir el metal

Zepeda. Además que la planta se instaló en el pueblo de Cucharas y que funcionó con un apoyo crediticio de la Comisión de Fomento Minero, Oficina de Promoción Tepic, 1986. pp. al molino, etc. Según la información proporcionada por este minero, el molino que se estableció en el Gejito tuvo un valor de 1,500 millones de pesos y molía en un principio unas 150 tons/d, luego aumentó a 250 tons/d, y posteriormente una vez que se trabajó a su máxima capacidad se molían 300 tons/d. Al poco tiempo adquirió la compañía otro molino que costó cuatro mil millones de pesos.57 Rea Becerra entrevistó al Ing. Luís Gerardo Togo Cano, jefe de la Comisión de Fomento Minero y le comentó que el valor total de la planta se estimaba en ese entonces en 6,000 millones de pesos.58 El centro minero empleaba a más de cien personas al decir del Sr. Baldomero y los trabajadores ganaban 100 pesos por semana. «La planta utilizaba el sistema de tratamiento por flotación, beneficiaba oro, plata y cobre, siendo sus leyes de 5 grs/ton, 10-20 gr/ton y 1-1.5 gr/ton respectivamente».59 El concentrado de mineral obtenido lo enviaban a la fundidora de San Luís Potosí.

A mediados de los setenta se apreció un marcado incremento en la producción de oro, plata, cobre y plomo en el estado. En esta década, la producción en la entidad de oro fue de 119 kilogramos; de plata 8, 653 kilogramos; de cobre 286 toneladas y de plomo 143 toneladas. Y los municipios que ocuparon los primeros lugares en la producción de estos minerales fueron Huajicori, Acaponeta, Ruiz y Rosamorada.

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Consejo Nacional de Recursos Naturales no Renovables, CRM. Banco de Comercio, S. A., 1976, po. 72.

 

Alrededor de la minería, así como ya mencionamos respecto al cultivo del tabaco en la Costa de Oro, se estructuró una economía que beneficiaba a la sociedad de la zona de diferente manera. Desde el simple comerciante ambulante, comerciantes establecidos, arrieros, cocineras, músicos, prostitutas, cortadores de madera, etc., y los gambusinos dueños de las minas y empresas mineras obtuvieron beneficio de la explotación minera. La generación de empleos formales e informales formaba parte del mismo sistema económico. El culto a Nuestra Señora de Huajicori en los centros mineros

La cercanía que tiene el pueblo de Huajicori de los centros mineros permitió que los moradores de estos tuvieran mayor contacto con el poblado. El domingo de cada semana se suspendían las labores en las minas y se les daba el día libre a los trabajadores. Muy temprano tomaban el camino para asistir a la misa dominical que se celebraba en el santuario, regularmente escuchaban la misa de 10:00, Porque en la tarde de ese mismo día obligatoriamente tenían que retornar a sus poblaciones para estar listos al día siguiente y continuar con sus actividades. Las compañías mineras autorizaban el uso de sus propios vehículos para que se trasladara a las personas a Huajicori y se regresaran por la tarde. Con ello procuraban que los trabajadores no faltaran a sus labores a causa de la borrachera, falta de vehículos para desplazarse, etc.

En esos días comentan los informantes que Huajicori se transformaba, parecía fiesta, se montaba mucho comercio, había diversión en cantinas y en la plaza. De ese modo creció la devoción a la virgen en las poblaciones mineras, ya que la única atracción que tenía el pueblo era la virgen y su iglesia barroca del siglo XVII. Y también Huajicori se benefició de ese movimiento porque las condiciones en los centros mineros eran mejores que en la misma cabecera municipal.

Durante la celebración de la fiesta de la Candelaria se suspendían los trabajos en las minas, el día primero y el dos de febrero. Todas las personas bajaban en la víspera a pie acompañando la peregrinación que salía de los minerales y de rancherías aledañas. Al respecto menciona el Sr. Esteban Silva, que de Providencia salía una peregrinación grande, porque se agrupaban las personas de otros lugares como de La Quebrada, El Guayabo, El Pantano, El Infiernillo, El Indio, Viscuaxtla y Comapa. Emprendían el camino el día primero muy temprano, pasaban por El Agua Caliente, Zapotillos, El Tepehuaje, y El Terrero, que también se les unían. Una vez que arribaban a Huajicori realizaban el mismo ritual que todos los peregrinos, en primer lugar cumplían con los deberes católicos, veneraban a la imagen, pagaban mandas y la danza de matachines de Comapa y Vizcuaxtla bailaba un rato en el atrio. Posteriormente le daban «rienda suelta» a las emociones, se divertían en el baile, en las cantinas, en el volantín y hacían compras.

Por el otro lado, en el mineral El Tigre también se organizaba una peregrinación nutrida. La peregrinación partía de Santa María de Picachos con la imagen de Nuestra Señora de la Concepción, patrona del lugar. En Picachos se concentraba el pueblo del Riyito y comunidades anexas y en el camino se integraban El Guayabo, El Colorado, El Tigre, El Limón,

Las Juntas y Caramota. Esta peregrinación también era acompañada por la danza de matachines de Picachos.

Por su parte, las personas del Distrito Minero de Cucharas también participaban en la peregrinación. La peregrinación salía de Cucharas y en ese lugar se concentraban las personas de Barbacoa, La Manga, El Toro y Tachichilpa. Ya en el camino se unían los peregrinos de Guamuchilar, Quiviquinta, El Zonteco, El Palo Blanco y el Ojo de Agua.

Muchos mineros importantes regalaban a la iglesia bancas grabadas con su nombre (aun existen dichas bancas en la iglesia). El Sr. Baldomero Pineda, dice que Guadalupe Rosales «El Ingrato», dueño de la mina La Concha, una de las que produjo más oro en El Tigre, como agradecimiento decidió regalarle una corona a la Virgen de Huajicori. También menciona don Ramón Dueñas que una de las compañías mineras que trabajó en Cucharas regaló a la iglesia una copa de plata y candelabros del mismo metal..62 En la actualidad muchos de esos regalos que hicieron los mineros a la imagen ya desaparecieron, los pobladores aseguran que los sacerdotes se apropiaron de esas piezas.

Conclusión

En el territorio de la región cultual de la Virgen de Huajicori, ya desde hace varios siglos se habían trazado rutas que unían a las comunidades unas con otras para el comercio y el paso de personas, esos caminos contribuyeron a la expansión del culto, a lo largo de los años. En lo que respecta a la zona alta de la sierra del sur de Durango parece percibirse una reducida existencia de vínculos con la tierra caliente de Nayarit en la actualidad, pero basta con asomarnos más allá de lo que a simple vista se visualiza desde abajo para descubrir las relaciones que las unen. Han existido por siglos lazos de comunicación entre estas dos partes geográficas sociales. Aún se pueden encontrar las rutas que tradicionalmente han utilizado los indígenas para proveerse de pescado, sal, maíz y frijol de la costa nayarita, antes de que se abrieran las brechas y carreteras. Sin embargo, es especialmente en el siglo XX cuando se observa que hay una fuerte expansión de la devoción a la Virgen de Huajicori y se da la consolidación de la región cultual.

A través de la guerra cristera, el auge de la minería en Huajicori y el repunte de la agricultura en la costa norte de Nayarit, la región se dinamiza y se multiplican los lazos de comunicación entre la sierra y la llanura costera. Los procesos que experimentó la entidad nayarita en el siglo XX fueron clave, ya que propiciaron ajustes importantes en materia económica, política y social. Hoy sabemos que es en el período mencionado en que el culto tiene un gran crecimiento y logra consolidarse en la región que comprende municipios del norte de Nayarit, Sur de Sinaloa y Sur de Durango. El culto se desplaza hacia donde los actores sociales se trasladan, florece así por ejemplo en los centros mineros del municipio de Huajicori y El Rosario, Sinaloa, en las fábricas establecidas en el puerto de Mazatlán, en los campos agrícolas de la zona costera del norte de Nayarit y en otros centros de producción agrícola importantes de Sinaloa. Estos sucesivos auges económicos provocaron una mayor migración de personas de Huajicori y de la zona hacia esos nuevos lugares de trabajo. De ese modo se ampliaron las redes de parentesco, sociales, comerciales, etc., por las que la imagen y sus historias llegaron hasta sitios no tocados anteriormente, de la misma forma surgieron peregrinaciones de esos nuevos asentamientos que condujeron a los devotos hacia el recinto de Nuestra Señora de Huajicori.

El área de influencia del culto ha modificado sus límites. Por ejemplo, todavía en 1990 se puede afirmar que la devoción a la Virgen de Talpa en los municipios situados más al centro de Nayarit, tales como Santiago Ixcuintla, San Blas y Tepic eran creyentes exclusivos de esta imagen. Sin embargo, por la decadencia de la agricultura en la costa norte, y el abandono de los trabajos en los centros mineros de Huajicori se ha ido desplazando un gran número de población a los lugares que ofrecen mejores alternativas de trabajo, educativas, etc. y ellos trasladaron el culto a sus nuevos lugares de residencia, hacia las ciudades principalmente. Hoy podemos observar que el culto de Nuestra Señora de Huajicori, se encuentra extendido en todo el norte de Nayarit, sur de Sinaloa y sur de Durango principalmente. En su fiesta principal del 2 de febrero, que es el día de la Candelaria se concentran miles de peregrinos de distintos lugares de la región. Y otros tantos que son originarios de allí pero radican en ciudades como Tijuana, Hermosillo, Los Mochis, Guaymas, Mexicali y en Estados Unidos, Los Ángeles y Pomona, California.

Así, las delimitaciones espaciales establecidas por una devoción no tienen necesariamente por qué apegarse a los límites convencionales impuestos por la división política de estados y municipios, se puede decir que la Virgen de Huajicori rompe límites espaciales formando sus propias colectividades. De la misma forma opina Collin, que un santo puede identificar a un barrio, una localidad, un municipio o una región, sin que corresponda necesariamente su extensión con las delimitaciones políticas impuestas. Porque los santos sirven como base para la identificación de grupos más o menos extensos y, al mismo tiempo, de sistemas relacionales y, ¿por qué no?, de regiones culturales.63 En todo caso los santos son personajes cotidianos, simbolizan las relaciones a nivel regional y local, pero también a nivel personal.64

Por último, la región que abarca el culto a Nuestra Señora de Huajicori se explica por el sistema de relaciones que establecen los actores en el espacio físico, en la medida que son ellos los que lo modelan de acuerdo a sus costumbres, tradiciones; determinan los modos muy particulares de apropiación del símbolo religioso; y delimitan la espacialidad y temporalidad de dicho fenómeno. En definitiva, una región no sólo puede ser entendida en términos económicos, políticos, culturales sino también en términos de culto. Porque la práctica del culto propicia también las relaciones sociales y la movilidad espacial por medio de las peregrinaciones y las fi estas religiosas.

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Informantes:

María de Jesús Cortés, 77 años, originaria de La Hacienda de Mariquitas, municipio de Acaponeta, entrevista realizada en el pueblo de Huajicori, en 1998.

Esteban Silva Medina, 67 años, originario del mineral de Providencia, entrevista realizada en la ciudad de Acaponeta, 2006.

 Ramón Dueñas, 75 años, originario de Huajicori, entrevista realizada en Huajicori, 2002.

Baldomero Pineda Díaz,75 años, originario del Mineral El Tigre, municipio de Huajicori, entrevista realizada en la ciudad de Acaponeta y en el centro minero El Tigre, 2006.

Nicolás Cortés Meza, 74 años, originario de la ciudad de Acaponeta, Nayarit, entrevista realizada en el pueblo de Huajicori en el año 2000.

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