BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

CONTABILIDAD INTERNACIONAL Y RESPONSABILIDAD SOCIAL DE LAS ORGANIZACIONES

Gustavo Mora Roa y otros




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4.3. Aspectos de responsabilidad social

Vaca, Moreno y Riquel (2009, 3135) hablan de la importancia del capital intelectual en la organización para llegar a ser socialmente responsable; su definición se basa en la de Leif Edvinsson (1997), quien utiliza una metáfora que permite asimilar el concepto de capital intelectual, así: “Una corporación es como un árbol. Hay una parte que es visible (las frutas) y una parte que es oculta (las raíces). Si solamente te preocupas por las frutas, el árbol puede morir. Para que el árbol crezca y continúe dando frutos, será necesario que las raíces estén sanas y nutridas. Esto es válido para las empresas: si sólo nos concentramos en los frutos –los resultados financieros- e ignoramos los valores escondidos – el Capital Intelectual (activos invisibles o intangibles)-, la compañía no subsistirá en el largo plazo”.

De igual manera señalan los componentes del capital intelectual, siendo estos: (Vaca, Moreno y Riquel 2009, 3135):

• Capital humano (CH): conjunto de habilidades y conocimientos que el trabajador posee y que se lleva consigo al término de la jornada laboral. Incluye lo que saben las personas de la empresa, sus conocimientos y habilidades.

• Capital estructural (CE): conocimiento que permanece en la empresa al término de la jornada laboral cuando las personas se van a su casa o abandonan el trabajo. Es la parte más estable del capital intelectual, ya que no depende de la movilidad de las personas; por ello, es fundamental que la empresa trate de identificarlo, apoyarlo y desarrollarlo. Incluye: tecnología, cultura, propiedad intelectual, estructura, rutinas organizativas, patentes, marcas, metodologías, contratos, bases de datos, secretos comerciales, diseños, nuevas ideas sobre productos, etc. La diversidad de los elementos que pueden integrar este componente hace que sea donde existe menor uniformidad a la hora de darle un nombre, encontrándose denominaciones variadas tales como activos de propiedad intelectual, activos de infraestructura, capital organizacional, capital tecnológico, etc.

• Capital relacional (CR): conjunto de relaciones externas de la empresa, tanto con clientes y proveedores, como con otros agentes como universidades, administraciones, etc. Incluye elementos tales como: reputación, imagen de marca, cartera de clientes, contratos comerciales, alianzas, etc. También podemos encontrarlo con las denominaciones Capital de Clientes o Activos de Mercado.

• Concepto de capital social:

Ayerbe, Ayerbe y otros, (2009, 26) plantean la evolución del concepto de capital social de la siguiente forma:

“Según Portocarrero y Loveday (2003) el primero que utilizó el concepto de capital social fue Henry James en su obra The Golden Bowl (la copa dorada), de 1906, para referirse a los recursos sociales que poseía un personaje femenino, y en el ámbito más aplicado a las políticas públicas, en 1916 Lyda Judson Hanifan utilizó el concepto de capital social para remarcar la importancia de la implicación comunitaria en la mejora del nivel educativo de los colegios de las zonas rurales.

En 1961 Jane Jacobs utiliza este mismo concepto al hablar de la crisis en la capacidad de auto-organización de los habitantes de los barrios de las grandes ciudades norteamericanas que fueron edificadas sin tener en cuenta los efectos de la acción económica.

Según apunta Portes (1999) Glen Loury en la década de los 70 utiliza el concepto de capital social al analizar el problema de la desigualdad racial. Para Loury la desigualdad racial podría persistir aún cuando se aplican políticas públicas de igualdad debido a la debilidad y a la precariedad de las conexiones sociales de los pobres.

En palabras de Portocarrero Loveday (2003) a inicios del siglo XX, el fordismo y el keynesianismo prescinden de la variable relaciones sociales; el fordismo, centrado en los condicionantes internos de la producción, le lleva a no tener en cuenta la variable entorno social y condicionamientos ambientales. Algo parecido pasa con el keynesianismo al centrar su atención en las medidas de políticas públicas para estabilizar el mercado. En la medida en que el keynesianismo va perdiendo terreno a favor de la ortodoxia liberal fuertemente influenciada por el neoclasicismo se mantiene la separación del estudio de la economía y del ámbito de las relaciones sociales”.

Igualmente añaden que “En los años 70-80, uno de los pioneros del análisis del capital social Pierre Bordieu (1985) define el capital social como el conjunto de recursos existentes o potenciales relacionados con la posesión de una red estable de relaciones más o menos institucionalizadas de mutua familiaridad y reconocimiento. Para Bordieu las redes de relaciones son producto de estrategias de inversión, individuales o colectivas, conscientes o inconscientes que buscan establecer o reproducir relaciones aprovechables en el corto o largo plazo (Molina, 2001). Desde esta perspectiva el capital social es poder y su distribución configura la estructura social.

Portes (1998) subraya dos elementos esenciales en la definición de Bordieu. De un lado las relaciones sociales que permiten al individuo la obtención de recursos; de otro lado la cantidad y la calidad de esos recursos. Según Portocarrero y Loveday (2003) con el análisis de la definición queda claro que para Bordieu capital social no es equivalente a redes sociales: capital social son recursos a los que un individuo puede acceder a través de las redes sociales que mantiene y, aunque dichas redes influyen en el capital social al convertirse en las rutas de acceso a éste, no son sinónimos.

James Coleman (1990) al hablar del capital social subraya los recursos socio- estructurales que constituyen un activo de capital para los individuos. Este autor distingue el capital social del individuo del capital social comunitario” (Ayerbe, Ayerbe y otros, 2009,28).

“Robert Putnam (1993) identifica el capital social con los elementos intangibles existentes en una determinada comunidad (actitudes, valores, normas, etc.) que facilitan la coordinación y la cooperación de sus miembros. Desde su visión del capital social profundiza en la importancia del asociacionismo como un elemento que protege y lanza al individuo” (Ayerbe, Ayerbe y otros, 2009, 29).

“La primera referencia conocida al concepto actual de capital social se encuentra en los escritos de Lyda J. Hanifan (1916) quien lo describe como aquellos componentes intangibles de gran importancia en la vida de las personas: «la buena voluntad, el compañerismo, la empatía y las relaciones sociales entre individuos y familias que conforman una unidad social… Si una persona establece contacto con sus vecinos y éstos con otros vecinos, se producirá una acumulación de capital social que, posiblemente, satisfaga sus necesidades sociales y conlleve, a la vez, un poder social suficiente como para generar una mejora importante de las condiciones de vida de toda la comunidad».(Rodríguez Modroño y Román del Rio, 2009, 216).

Para Ayerbe, Ayerbe y otros (2009, 25) el capital social es la capacidad de un colectivo de personas (organización, empresa) de crear relaciones e interacciones que favorezcan el desarrollo de la red económica, política o cultural en la que interactúan.

“El Banco Mundial define el capital social como las instituciones, relaciones y normas que conforman la calidad y cantidad de las interacciones sociales de una sociedad” (Ayerbe, Ayerbe y otros, 2009, 30).

“El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) incorpora el concepto de capital social en su discurso porque considera que junto con la cultura puede contribuir al desarrollo económico y social de América Latina” (Ayerbe, Ayerbe y otros, 2009, 30).

“Kliksberg (2000) afirma que no hay una única definición de capital social pero para él las personas, las familias, los grupos son capital social y cultura por esencia” (Ayerbe, Ayerbe y otros, 2009, 31).

“En el programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), Lachner (1999) entiende el capital social como una trama de confianza y cooperación desarrollada para el logro de bienes públicos” (Ayerbe, Ayerbe y otros, 2009, 31).

Woolcock y Narayan (2000), citados por Ayerbe, Ayerbe y otros (2009, 32) sostienen “que uno no es lo que sabe, sino a quien conoce o con quien se relaciona. El capital social se refiere a las normas y redes que hacen posible que la gente actúe colectivamente”.

“Para Durston (2000) el capital social hace referencia a las normas, instituciones y organizaciones que promueven la confianza, la ayuda recíproca y la cooperación” (Ayerbe, Ayerbe y otros, 2009, 32). Igualmente “destaca dos formas principales de capital social: la individual (que reside principalmente en redes interpersonales que varían de persona a persona) y la comunitaria (relacionada con instituciones sociales más amplias y complejas”.

North (1990), citado por Ayerbe, Ayerbe y otros (2009, 33) desde el neo-institucionalismo, aporta que “las instituciones son conjuntos de normas y valores que facilitan la confianza y la interacción entre los actores; a la vez son un medio para disminuir la incertidumbre y posibilitar la obtención de beneficios en los intercambios comerciales. Existen dos tipos de instituciones: las formales (leyes, reglas) y las informales (normas de comportamiento, códigos de conducta...)”.

“Rojas (2002) introduce el concepto de capital social en el contexto de la búsqueda de un desarrollo integral y ha realizado un importante esfuerzo en el análisis de los factores que refuerzan el capital social; se refiere al capital social como a los recursos disponibles (confianza, normas de reciprocidad, asistencia mutua y movilización comunitaria) en las estructuras sociales que pueden ser utilizados por los individuos para lograr acciones colectivas”. (Ayerbe, Ayerbe y otros, 2009, 33).

“Según Francisco Herreros Vázquez (2002), otro de los estudiosos del capital social, el capital social es una forma de capital equiparable al capital humano y al capital físico, en el que se puede invertir y se puede emplear para conseguir determinados fines” (Ayerbe, Ayerbe y otros, 2009, 34).

4.4. Conclusiones

• Los conceptos clásicos de capital son Capital Financiero y Capital Operativo, en ambos casos la preocupación gira en torno a intereses empresariales, que en el caso del Capital Financiero se centra en la protección del valor monetario invertido y, en el Capital Operativo, la intención es referirse a la capacidad de producción de una unidad empresarial.

• La Normativa Internacional IASB contempla teóricamente estos dos conceptos de capital, sin embargo, en su desarrollo práctico ha privilegiado el mantenimiento del Capital Financiero. La orientación a la protección del usuario bursátil ha llevado a desarrollar unos procedimientos que garanticen el buen manejo de los recursos, de forma que los inversionistas tengan confianza con respecto a los depósitos efectuados en el ente económico.

• El valor razonable ha logrado imponerse como criterio de valoración gracias a su capacidad de reflejar la posibilidad de recuperación monetaria de la unidad empresarial. Los métodos de medición tienen impacto en la determinación de la determinación de las ganancias y el capital.

• El concepto de activo alcanza su reconocimiento a partir de la generación confiable de flujos de efectivo, y la valoración de la entidad está dada por las corrientes monetarias que genera más que por la posesión de los activos que presente. Lo anterior, nos indica claramente que en la Normativa Internacional, el criterio de valoración es estrictamente financiero y mercantil.

• Los criterios de la Normativa Internacional no son suficientes ni válidos para incorporar conceptos de capital social. Estos requieren incluir como parte de capital el factor humano y su relación con el ambiente externo, tales como clientes y proveedores.


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