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ESQUEMAS PARA LA RECONSTRUCCIÓN DE LOS GRUPOS SUBALTERNOS DE INGLATERRA, 1790–1840

Edgardo Adrián López




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CAPÍTULO I 

1- Reseña de las apuestas elementales del intelectual de la vieja Albión

Aunque la síntesis que sigue la hemos concretado en otros espacios, por lo que indican el “‘método’ de exposición” y el modo de publicación es ineludible decir que el isleño “amasará” su opción bajo la sugerencia en torno a que como las clases históricas no son “cosas”, es impostergable reconstruirlas en su proceso “vivo”, específico, etc., sin darlas simplemente por supuestas . La cuestión, tal cual lo hemos subrayado en otros topoi , es que elucubra de manera innecesaria y discutible, que una clase está constituida cuando llegó a elaborar no sólo su universo cultural, sino cuando hilvanó su ideología, su proyecto societal alternativo y en suma, su conciencia política contestataria . Con eso, hace depender la clase real , de otras dimensiones de la clase, como su cultura, que insumen décadas para aflorar. Pero la relativa o escasa inexistencia de tales hojaldres, no puede de ninguna manera, ocluir la clase real, que es lo que hace o bien Thompson, o bien es a lo que conducen sus reflexiones en su negativa ante un marxismo de “sentido común”, escolástico, mecanicista, lineal, torpemente materialista, economicista, determinista, vulgar, causalista, poco o nada complejo, que es contra el que también bregamos (últimamente, nos percatamos que el sovietismo y el leninismo son uno de los rasgos de este marxismo toscamente marxista, pero no el único, aunque se difumine en esos otros marxismos).

El británico gubia que los individuos pre “modernos” no actuaban en tanto clase oprimida sino, en lo que se refiere a los sectores populares, en cuanto “muchedumbres” . A la par, los agentes pre industriales en situación cómoda, no operaban en calidad de clase propietaria , sino en tanto “patricios” . Arribamos a la insólita situación de que no se aplican los conceptos de clases en las comunas preburguesas, aunque en ellas haya refriegas. Existen así, luchas como si fuesen de clases, pero sin clases .

Por lo demás, la economía que regía la vida de la mayoría de las personas, no únicamente la de las fracciones populares, era un ámbito económico “moralizado” pre industrial, en el que había cierto sentido de la reciprocidad; del precio “justo” ; de la paga de ingresos “idónea”. De la calidad “adecuada” de los alimentos; de la función “protectora” o directamente, paternalista de las autoridades, de los mal llamados “patricios” y del Estado; de la resolución de los conflictos en acuerdos logrados en “unidad”, entre otras características.

Finalmente, sostiene que los segmentos populares que son rebeldes desde los Tudor hasta 1840, gestaron estrategias específicas de pelea, métodos de organización al estilo de los gremios y posteriormente, las “sociedades de correspondencia”, formas de alzamiento como los “motines del hambre”, el radicalismo religioso, el jacobinismo, la disidencia política, el ludismo, que desembocaron, de la mano de artesanos, individuos de oficio y atareados manuales no cualificados, en el reformismo. Tendencia reformista que decantará, por un lado, en el laborismo del siglo XX, y, por el otro, en el socialismo primigenio y en el cartismo, que son maneras de conciencia que pueden evaluarse en cuanto propias de una clase obrera “adulta” .

El hecho incontestable para el fenecido en 1993, es que la clase obrera no es la primera en la escena histórica, sino que es “hija” de tradiciones anteriores y de aquellas “multitudes” que la precedieron, interviniendo en su nacimiento, sea porque artesanos, sujetos con oficio y laborantes manuales no calificados se convirtieron en valorizadores de capital, llevando consigo sus antiguas “armas” de resistencia, sea en virtud de que fue suscitado un “piso” de conciencia política que no había que tallar, sino que estaba disponible y del cual sólo había que partir hacia el futuro.

En el Post scriptum al tomo II de su extensa disertación, el inglés contesta a algunas de las objeciones que se le espetaron luego de la publicación de sus respuestas . Nosotros no repetiremos tales observaciones, que el historiador elogiado por Hobsbawm , supo argumentar con soltura. Tampoco principiaremos una deconstrucción general, a raíz de que la “concluimos” en otro topoi . Por un “rodeo” que desbroza quiénes integran las clases dominadas y por ello, las clases opresoras, discutiremos que englobe como “muchedumbres” a fracciones que pueden clasificarse con ayuda de la hipótesis de los grupos y reinterpretaremos lo que el autor se fijó como horizonte.

2- Los niveles de ingreso en tanto factores que permiten diferenciar conjuntos sociales

Antes, cabe discutir cómo obtuvimos los “umbrales” que en el campo y en la ciudad, nos tornarán plausible diferenciar entre los que compaginen a los hegemónicos y los que integren a los conglomerados subalternos. Sin esa “frontera” más o menos oscilante, plus ou moins, “cuantificable”, no detentaríamos una base para separar a ambos conjuntos, que fue una de las objeciones que se nos hizo en otra ponencia . Verdad es que ese “límite” es prescindible para diferenciar las clases, las que pueden percibirse con claridad, toda vez que no haya motivos de ofuscación ideológica, con los parámetros “clásicos” de posesión o control de los medios esenciales para suscitar valores de uso. Sin embargo, estableceremos la “frontera”, en la medida en que las clases, cuando existen, integran los grupos.

Para el estudio de caso que articulamos, avanzamos por los “surcos” que horadamos en las fuentes de la época y partimos de lo que el socialdemócrata weberiano confundido con marxista, ofrece en sus textos, a los que así tratamos como fuente y con el rasgo de objeto para la deconstrucción.

El historiador sostiene que en ciertas localidades rurales, los ingresos de los aradores o carreteros podían ser de alrededor de 12 chelines y que ésta era a pesar de todo, una buena paga . En otros lugares, da a entender empero, que el ingreso mínimo por semana era de 10s . Si suponemos que el “límite” que buscamos se halla en torno a los 14 chelines, muchos de los atareados que percibían ingresos más o menos, holgados, se acercaban a la “frontera”. Por eso, imaginamos que el “umbral” que los tornaría una especie de “aristocracia”, estaba entre 15 y 17s., aunque para confirmar la cifra estimada habría que disponer de la documentación respectiva.

No obstante, existe una manera indirecta para apoyar la cantidad en tanto cifra probable y es que los tundidores o “desemborradores” a domicilio (casi siempre, camperos), que se ocupaban de una fase del procesamiento de la lana, cobraban un monto que era ponderado de “élite”: de 20 a 30 chelines .

Suponiendo que el límite fuera el estipulado, lo anterior implica que a un abultado porcentaje de los laborantes rurales se les abonaba 10s. y monedas. Luego de ellos, venía un “pelotón” más reducido que rondaba los 12 chelines; después, otro más “selecto” que arribaba a los 14. Eran la “aristocracia” de los que estaban por debajo de los 15 a 17s.

Los ubicados por encima de ellos, eran privilegiados. Pero los que estaban inmediatamente luego de esa “frontera”, que era muy oscilante e inestable, en cualquier momento podían “caer” al conglomerado de los no favorecidos .

Con frecuencia, se detectan algunas divergencias entre lo que se puede bautizar “costo de vida” (uno de cuyos parámetros “objetivos” es el dinero que puede destinarse al consumo), de la ciudad y el campo . En estas zonas, el “nivel de vida”, categoría muy problemática pero que guarda la utilidad de servirnos de orientación aproximada, a los fines de deslindar a los miembros de los dirigentes de los elementos de los conjuntos dirigidos, es más bajo que el “costo de vida” de las urbes.

El historiador hace variar lo que sopesa “buena paga” , frente a un “nivel de vida” o tipo de consumo determinado, en un “arco” que va desde los 25 ó 30 chelines a los 35s. e incluso, los 40 . Por los casos observados en sus dos gruesos tomos, intuimos que el número que “representa” el “costo de vida” para al menos, las más grandes ciudades con un ajetreo cercano al de Londres, era de 35 chelines. En consecuencia, ése era el “umbral” que distanciaba a los subalternados , de los elementos de los conglomerados hegemónicos .

Al igual que antes, en los conjuntos citadinos y no acomodados, acontecía que los que cobraban 25s. se “despegaban” del resto de los no privilegiados. Después, continuaban los “aristócratas” de los subalternos, que se bamboleaban con un ingreso de 30 a 34 chelines.

Los acomodados que “rondaban” la “frontera” de los 35 (f. i., con 40s. ó 2 libras), podían ser candidatos a “descender” a los no distinguidos, por cualquier brusco cambio de suerte.

Pero tanto en lo urbano cuanto en lo rural, lo que sacamos en limpio es que los que obtienen pagas que cubren el “costo de vida” no son subalternos, sino que son uno de los primeros “escalones” de los privilegiados . A su vez, el “nivel de vida” que permite separar entre los acomodados y los que no lo son, en realidad, sugiere que pulsa un “límite” a partir del cual, los que se encuadran allende ese “umbral” no padecen las conocidas vicisitudes de la existencia, angustias e incertidumbres que ocurrieron prácticamente, desde las sociedades organizadas en “bandas”, hasta hoy.

3- Los cuadros de la “buena memoria”

Por una cuestión de claridad expositiva, realizaremos los siguientes esquemas, cuyas fuentes son los dos tomos de los corpus escritos por el isleño, bocetos que nos facilita un pensador confundido con marxista, cuando en realidad, parece ser socialdemócrata:

El “sencillo” racconto de las ocupaciones y de los agentes, que “colonizan” apenas la letra “A”, nos debiera desalentar ya de intentar describir estas innumerables actividades e individuos, apelando a la teoría de las clases, complementada o no con los aportes de Gramsci. Los empleados en un asilo dependiente del Estado y con el sostenimiento de la caridad y de las parroquias zonales, ¿son obreros? ¿Cómo “clasificamos” a los refugiados en los asilos? ¿Qué son los hombres de oficio que laboran por cuenta propia o que de cuando en cuando, se emplean en algún trabajo ocasional, pero en el que su eventual “patrón” no es un capitalista? En realidad, no únicamente es poco feliz alucinar encajar por la fuerza estos y otros segmentos sociales en las nociones de “fracciones” y de “capas” de clases, sean concebidas gramscianamente o no, sino que el intento nos conduce a inexactitudes históricas que, entre otras consecuencias, nos impiden comprender el accionar de esos segmentos sociales que no son frecuentemente, clases, ni capas ni fracciones de clases.

Thompson, para procurar eludir ese problema, del que fue vagamente consciente, trajo a colación la idea de “multitud”: habló de las “muchedumbres” pre modernas (evita usar el lexema “precapitalista”...), cuyas tradiciones de pelea, fueron el “plafón” y los “antecedentes” de las maneras de resistencia, lucha, organización, concepción cultural, etc., que se apropiarán y que moldearán las futuras clases obreras del naciente capitalismo inglés. El primer inconveniente del procedimiento, es que el historiador que era desconocido en el seno de las academias de entonces, engloba en el “concepto” de “multitud”, segmentos sociales que no únicamente no son clases dominadas, sino que son sectores pre burgueses entrejuntados, sin diferenciación, con segmentos ya procapitalistas o decididamente burgueses. Id est, en las “muchedumbres” coloca sectores que provienen de métodos de producción y de formas de economía y sociedad, agudamente disímiles y acaso, radicalmente distintas.

Lo segundo y que se deriva de lo anterior, es que toma como precedentes de las refriegas típicamente obreras posteriores a 1830 ó 1840, los reclamos de segmentos que son integrados en su mayoría, por artesanos, hombres de oficio y toda una “nube” de ocupados manuales (que nos resistimos a bautizar de “trabajadores”...), que no son clases. No suscitan riqueza para las clases dominantes pre capitalistas de la época, que todavía respiraban en las escasas “fisuras” que quedaban, ni son obreros explotados por ningún capital. Pertenecen, acorde sea la situación, a sectores independientes, obreros improductivos , población económica “inactiva” y hasta a los excluidos , todos ellos remisibles a los grupos subalternos o a los segmentos populares deconstructivistas, pero sin que sean clase dominada, ni pre “moderna” ni capitalista.

Según lo que hemos gubiado en otros palimpsestos , es un tamaño asunto conocer por qué sectores que no son clases oprimidas, pueden ser la “vanguardia” en los reclamos sociales. Parte de la respuesta, elucubramos que se halla en que los disímiles segmentos que integran los conglomerados dirigidos, cuentan con su propia ideología y con su propia conciencia política. Ha sido un lamentable prejuicio, creer que sólo existen ideologías de clases y que únicamente hay conciencias que son de clases: los trabajadores no productivos, los sectores independientes, la población económicamente “no activa” (sean o no acomodados), y hasta los “vulnerables”, detentan sus ideologías y sus modos de conciencia, luchando, articulando estrategias, tanteando “programas”, haciendo alianzas, etc., con otros sectores para disputar recursos, en especial, uno que es muy estimado y que no es patrimonio exclusivo de las clases: el Estado. Verdaderamente, es un botín de guerra entre los privilegiados, que no incluyen sólo a las clases dominantes, y entre los subalternos, que no son únicamente las clases dominadas.

Por eso mismo, las refriegas sociales no son sólo peleas entre clases, sino que son luchas al interior de las diferentes clases, entre sus capas y fracciones, pero también son asperezas entre los distintos elementos de los conjuntos sociales: luchas entre los improductivos destacados contra la población “sobrante” de los grupos dirigidos; peleas de los sectores independientes no acomodados, contra las clases propietarias; refriegas entre los obreros improductivos no privilegiados contra los trabajadores improductivos acomodados; etc., etc. Las posibilidades son múltiples y vastas. Sólo un marxismo torpemente materialista y marxista, pudo jibarizar o constreñir la enorme diversidad de los enconos a ser siempre y en todo momento, lucha de clases.

Of course, eso no significa caer en el “revisionismo” de negar el papel del antagonismo entre las clases y en su interior, sino el saber cuándo hay que explicar las luchas, acodándose en el factor útil de las peleas entre las clases y cuándo se debe aludir a otro tipo de conflictos. En parte, la teoría de los conjuntos intenta ofrecer esos otros recursos para abordar la complejidad de la Historia y de los enconos sociales, con más elementos que los que ofreció hasta ahora, una tradición fuertemente condicionada por el sovietismo y el leninismo.


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