BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

FUNDAMENTOS DE LA PLANIFICACIÓN URBANO-REGIONAL

Andrés E. Miguel Velasco, Pedro Maldonado Cruz y Julio Cesar Torres Valdez




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CAPÍTULO II

EL PROCESO DE URBANIZACIÓN Y LA PLANIFICACIÓN

2.1 INTRODUCCIÓN

El urbanismo ha existido desde que el hombre empieza a vivir en las ciudades y a organizar conscientemente sus espacios, pero la palabra urbanismo surgió a principios del Siglo XX y poco a poco ha pasado a ser de uso común. Etimológicamente, el término urbanismo proviene de urbe = lo que es de una ciudad (derivado del latín: urbanus). Por tanto, refiere a todo lo relacionado con la ciudad. En la actualidad esta concepción del urbanismo ha sido superada ampliada, de modo que su sentido actual puede sintetizarse en el estudio y planeación de las ciudades y las regiones donde éstas se asientan.

Esta ampliación del concepto urbanismo, más allá de su significado etimológico, se debe a que se ha visto que en la actualidad no es posible entender lo que ocurre en las ciudades, sino se le relaciona con lo que ocurre en el campo. Así como en el Medievo había un límite claro (el muro) que separaba a la ciudad del campo, hoy en día no lo hay, y existen tantas relaciones entre la ciudad y su región, que es imposible entender el funcionamiento de una sin entender el de la otra.

El urbanismo es una disciplina en formación que puede analizarse como un sistema, es decir, un conjunto de infraestructura, servicios, reglas y principios sobre una materia (la ciudad y la región) relacionados entre sí. El urbanismo tiene como fin la modelación y remodelación de las ciudades y regiones para el bienestar de la gente, por lo cual es el estudio de las ciudades enfocado a lograr el diseño del ámbito espacial donde se desenvuelven las actividades sociales del hombre.

El urbanismo se proyecta para la sociedad, de manera que se da prioridad al bienestar colectivo por encima de los intereses particulares. Si el arquitecto identifica una casa por la forma, el urbanista la identificará por el número de miembros que la habitan. En este sentido, puede decirse que el urbanismo es colectivista.

Para hacer urbanismo no es suficiente aprender ciertas reglas y recetas que se puedan aplicar. El urbanismo está por hacerse y todos debemos participar en la organización consciente del espacio común.

¿Qué se quiere decir con lo anterior? Que la ciudad, el espacio común, es cambiante y se adapta a las necesidades de intereses comunes, los cuales también son cambiantes. Así, en la medida en que sea posible, todo mundo debería participar en su organización. Si todo el mundo participa en la organización del espacio común, éste podría cumplir mejor con lo que de él se necesita. Aunque no puede ser igual la participación de una ama de casa que protesta por la falta de agua, la del obrero que pavimenta las calles de la ciudad, o la del economista que trabaja para el gobierno de la ciudad, cada uno de estos papeles es importante y puede influir en la calidad de vida de sus habitantes.

El urbanismo está constituido por una serie de disciplinas diferentes que se reúnen en torno al estudio de la ciudad.

Las principales disciplinas que conforman el urbanismo se pueden agrupar como sigue:

1) Ciencias de la tierra: Geografía, Geología, Edafología, Topología, Biología y Zoología, Agronomía.

2) Ciencias sociales: Economía, Sociología, Demografía, Antropología, Sicología, Ciencias Políticas.

3) Disciplinas instrumentales: Derecho, Ingeniería, Arquitectura, Administración, Estadística y Matemáticas.

El proceso de urbanización es uno de los conceptos que más se ha prestado ha confusiones y comúnmente se utiliza con distintos significados. El problema reside en que en español la palabra urbanización se usa indistintamente de dos formas. La acepción más común para el público es la de transformar en terreno urbano un terreno utilizado con fines no urbanos (un terreno agrícola o baldío) de modo que se incluyan en él los diversos servicios (agua, drenaje, luz, y pavimento) y se fraccione para su venta y edificación. Así se habla de urbanización cuando los promotores de bienes raíces ponen a la venta nuevos lotes con servicios.

La otra acepción la emplean los urbanistas, sociólogos, etc., y se refiere al proceso iniciado en el mundo de la revolución industrial, que adquirió gran rapidez en el Siglo XX e hizo que la población del mundo se concentre cada vez más en las ciudades. A esta última acepción hacen referencia los planificadores.

Desde el punto de vista ecológico-demográfico, el proceso de urbanización es el proceso de concentración de la población y de las actividades humanas en determinados puntos del espacio (las ciudades). Un enfoque sociológico considera insuficiente la definición anterior y sostiene que es un proceso tanto de concentración de la población y actividades, como de forma de vida urbana.

Para que exista un proceso de urbanización, es necesario que la población urbana crezca a una velocidad mayor que la población total. Esto empieza a ocurrir ininterrumpidamente en el mundo como una de las consecuencias de la revolución industrial y se transformó en una de las características más importantes del siglo XX. La urbanización es un producto de la Revolución Industrial, en la cual no sólo se alcanzan tamaños de ciudades sin precedentes, sino que se aumenta sistemáticamente el porcentaje de población urbana respecto a la población total de los países. Dicho fenómeno, difundido por todo el mundo, se caracteriza tanto por cambios importantes en la forma de vida de grandes sectores de la población que adquieren un estilo de vida urbano, como por transformaciones continuas y a veces aceleradas en la estructura rural-urbana de los países.

En otras palabras, al iniciarse el proceso de industrialización en un país o territorio, la mayoría de la población vive en el campo y se dedica a labores agrícolas, la cual en los países en desarrollo la mayoría de las veces cuenta con escasos y rudimentarios servicios. A medida que se urbaniza, mayor cantidad de su población pasa a vivir en ciudades, a trabajar en labores no agrícolas y atener acceso a servicios y productos de la economía urbana.

Hasta la fecha, la urbanización se considera un proceso irreversible, o sea, lo que se urbaniza no vuelve a su carácter rural primario.

2.2 IMPORTANCIA DEL PROCESO DE URBANIZACIÓN PARA LOS PLANIFICADORES URBANOS

La Ciencia Regional estudia la realidad circundante con una visión totalizadora; esto quiere decir que los aspectos referidos a la naturaleza y al hombre no se estudian en forma aislada, sino de una manera integral. Los conocimientos adquiridos se pueden aplicar desde una situación sencilla hasta a la planeación de las grandes urbes de áreas industriales, cuidando los recursos naturales sin que lleguen a la sobreexplotación ni que causen impacto ambiental, logrando así el desarrollo sustentable. La importancia del conocimiento del proceso de urbanización de las regiones y ciudades radica en que los planificadores deben conocer cual es el nivel o etapa del mismo en su área de estudio para poder pronosticar y realizar sus propuestas de planificación, pues de lo contrario, las mismas pueden verse rebasadas por la realidad.

La Ciencia Regional analiza y valora los recursos con que cuentan las ciudades y regiones y postula su conservación mediante su explotación racional. Actualmente el hombre enfrenta el cambio climático, la escasez de recursos naturales como los hidrocarburos, y sobre todo el agua. El ser humano puede emplear no sólo los recursos que están a su alcance inmediato, sino que es capaz de descubrir algunos, como el petróleo y otros minerales, situados a veces a grandes profundidades. El crecimiento de la población mundial y el progreso material hacen necesario un mejor conocimiento y un óptimo aprovechamiento de los recursos naturales, sin dañar el ambiente, tratando de beneficiar con ello a la mayor parte de la población. Esta es la razón de la creciente importancia que ha alcanzado la Ciencia Regional, y en particular, el conocimiento del proceso de urbanización, el cual es uno de los que demanda un mayor consumo de los recursos naturales.

Como ejemplo de las aplicaciones aludidas puede mencionarse la realización de propuestas para el aprovechamiento racional de los recursos naturales; también contribuye a localizar actividades como la agricultura, el comercio y los servicios; y a proponer políticas para eliminar la inequidad social en el contexto urbano-regional. Otra posible aplicación es el análisis de las repercusiones de los fenómenos naturales, como por ejemplo, para amortiguar los efectos de los temblores o los huracanes. Éstas son sólo unas de las múltiples aplicaciones de la Ciencia Regional para el mejoramiento de las condiciones de la vida humana a partir del conocimiento del proceso de urbanización.

2.3 EL CONCEPTO DE URBANISMO

El concepto de urbanismo ha variado en la historia, de modo que se puede distinguir varias etapas en su evolución.

El urbanismo surgió cuando el hombre empezó a vivir en las ciudades; entonces se dice que hay un urbanismo natural o instintivo. Desde que el hombre empezó a formar las ciudades y a construir los espacios para acoger las actividades del grupo, lo hizo en forma consciente: localizó las edificaciones y espacios más importantes (templos y plazas) en lugares centrales y alrededor de ellos distribuyó, más o menos ordenadamente, los elementos restantes. Así, en muchas de las primeras ciudades, el elemento ordenador básico fue la fuente de agua: si era un pozo, la ciudad se distribuía en forma concéntrica a su alrededor; pero si fuera un río, se extendía paralela a su orilla.

Con el paso del tiempo, el hombre acumuló experiencias en la construcción de las ciudades, por lo cual se puede hablar de un urbanismo empírico, resultado de esa suma de experiencias. A lo largo de siglos de habitar en ciudades y crear espacios para distintos fines, el hombre aprendió cuáles son las características que necesita determinado espacio para cumplir con un cierto fin.

Las características de las sociedades cambian y el hombre ha aplicado sus conocimientos empíricos para adaptar la ciudad a sus necesidades. A fines del siglo XVIII y principios del siglo XIX surgió la Revolución Industrial, también revolucionó la agricultura, los medios de transporte y comunicación y hasta las ideas económicas y sociales. Entonces se produjo una transformación total del fenómeno urbano: surgió la ciudad industrial con un nuevo espíritu, estrictamente utilitario. Aquí se desarrolló un nuevo concepto del urbanismo: el funcionalista. Para la creación y mejoramiento de las ciudades ya no se aplicaron aisladamente conocimientos empíricos, sino que empezó a desarrollarse un sistema de planificación urbana que visualizó a la ciudad como un conjunto integrado que debía funcionar eficazmente.

La concentración industrial conllevó al crecimiento acelerado de las ciudades, el cual es posible, ante todo, por el surgimiento de una preocupación higienista que pasa a ser característica de las ciudades (recolección de basura, de aguas negras, etc., para evitar la propagación de enfermedades contagiosas).

Unidos a la concentración industrial y de población aparecieron en la ciudad graves problemas, señalados por escritores y pensadores sociales, por ejemplo Dickens (1812-1870) retrató en sus novelas muchos aspectos negativos de la época y Engels (1820-1895) mostró detalladamente, en las condiciones de la clase obrera en Inglaterra en 1844, la terrible situación en que habitaba gran parte de la población de las ciudades en los inicios de la era industrial.

Una de las consecuencias de dicha problemática aparecida en la ciudad industrial es el origen de un movimiento que buscaba la reincorporación del hombre con la naturaleza: dicho movimiento dio lugar a los suburbios o fraccionamientos habitacionales en las afueras de las ciudades, donde supuestamente se tiene un contacto más directo con la naturaleza.

Posteriormente se pasó a un urbanismo moderno, que correspondió a una etapa diferente del urbanismo funcionalista y persiguió entender y disminuir los problemas que presentó la ciudad del Siglo XX, resultado de un continuo proceso de cambio ininterrumpido desde la Revolución Industrial. Una de las características más importantes de ese siglo fue el gigantesco crecimiento de los grandes centros urbanos, los más destacados las megalópolis con sus edificios de decenas de pisos, desconocido antes en la historia, tanto por el crecimiento de la población era más lento, como porque este aumento de la población no era absorbido desproporcionadamente por las ciudades. Hoy día, las ciudades crecen por sí mismas y por absorción de la población rural y el resultado de esto que se ha llamado explosión demográfica. Más que una explosión, es una aceleración impresionante en ritmo de crecimiento de la población urbana que ha traído aparejado el aumento de vehículos de motor, la concentración de empresas de todo tipo, y la desigualdad social.

A principios del Siglo XXI las regiones y ciudades están demandando un urbanismo ecológico o sustentable, que sea capaz de resolver los problemas heredados de la modernidad (tráfico, contaminación, desempleo, pobreza, emigración, desigual social, escasez creciente de recursos naturales como la tierra, los hidrocarburos, y sobre todo el agua); cuya finalidad es recuperar las regiones y ciudades como espacios en equilibrio entre lo económico, el medio ambiente y el bienestar social; es decir, que sean espacios técnicamente posibles, económicamente viables, socialmente aceptables, y ambientalmente adaptables.

En síntesis, se puede decir que el concepto de urbanismo ha pasado de un urbanismo natural a uno empírico, luego a uno funcionalista-industrial y moderno; y finalmente a un urbanismo sustentable, que corresponde a la planificación urbana y regional y a los resultados directamente con la ciudad actual en armonía con su medio natural.

Desde la fundación de las primeras ciudades apareció otro elemento como una necesidad inherente al hombre: el arte urbano, que es el arreglo artístico de las ciudades, de sus edificios, circulaciones y espacios comunes, cuya finalidad constituye un resultado estético y busca que el conjunto sea agradable para sus habitantes.

2.4 EL GRADO DE URBANIZACIÓN

Es una forma de medir el fenómeno de la urbanización, pues indica el porcentaje de población urbana sobre la población total de un país o región, según se indica a continuación:

G u = P urbana X 100

P total

Una forma gráfica de mostrar cómo ocurre el proceso de urbanización en determinado territorio la da la curva de urbanización (figura 2.1), en la cual se indica el porcentaje de población urbana en la abscisa, mientras que el tiempo se indica en la ordenada.

En el proceso de urbanización se observan una serie de diferencias entre los países industrializados y los países en desarrollo. Los países industrializados empezaron a urbanizarse antes y al estar más urbanizados, se urbanizan más lentamente (figura 2.2). A su vez, los países en desarrollo tienen una urbanización más rápida en la actualidad, y se encuentran en la etapa de aceleración de la curva.

Al comparar a ambos tipos de países en relación con la rapidez con que ha ocurrido en ellos el proceso de urbanización, se observa que en los países industrializados este proceso empieza antes (porque comienzan antes a industrializarse), pero sucede con más lentitud, o sea, la etapa de aceleración en más lenta.

En los países en “vías de desarrollo” la urbanización empieza más tarde, pero ocurre con una velocidad mayor. A su vez, los países industrializados se encuentran en una etapa casi final, con una pequeña parte de población rural que tiende a mantenerse y con una gran cantidad de población urbana que crece lentamente.

Los países que se industrializan y tercerizan todavía tiene una gran proporción de población rural (40%-80%), pero su población urbana aumenta aún más rápidamente no sólo por una alta tasa de crecimiento natural de la población, sino también porque los campesinos aún emigran en gran cantidad hacia las ciudades, especialmente hacia las ciudades más grandes.

Lo anterior se refiere sólo al volumen de población que habita en ciudades o en el campo; pero el proceso de urbanización es también un cambio hacia un modo de vida urbano. En este sentido, también hay diferencias entre países industrializados y en vías de industrialización: En los primeros, parte de la población de la ciudades va ha vivir a pequeños grupos fuera de la ciudad, pero no por ello se debe pensar que estas personas se ruralizan. En estos países, los avances técnicos en las comunicaciones y el transporte hacen que aún las personas que viven lejos de la ciudad tengan una forma de vida urbana, es decir, servicios semejantes, acceso a los mismos productos y posibilidades de trasladarse diariamente a trabajar a la ciudad. Así, se puede decir que en este tipo de países el tamaño no tiene importancia para determinar una forma de vida urbana, porque la población vive en el campo y tiene un comportamiento urbano.

En los países en “vías de desarrollo”, el tamaño del asentamiento tiene gran importancia para definir una forma de vida: las ciudades más grandes son las que tienen mejores servicios, escuelas, comercios, transporte, mientras que conforme disminuye el tamaño, los niveles de servicio y consumo también disminuyen. En este caso, las zonas rurales presentan un gran retraso con relación a la ciudad. En ambos casos, la medición del proceso de urbanización es completamente distinto.

El proceso de urbanización tiene ciertas características o manifestaciones generales, como las siguientes:

• Aumento de la población urbana con respecto a la población total.

• Extensión física de la ciudades.

• Migración rural - urbana.

• Cambio de forma de vida (más y mejores servicios, mayor número y variedad de productos para consumo, etc.)

El proceso de urbanización produce también efectos o consecuencias de dos tipos:

a) Intraurbanos, o sea, en el interior de la ciudades: corresponden a la concentración de actividades industriales, financieras, comerciales, culturales, políticas, administrativas y a un gigantesco aumento de las necesidades de vivienda y servicios.

b) Interurbanos, es decir, entre ciudades: la urbanización produce mayor dependencia entra las ciudades y entre cada ciudad y región inmediata (si hay más gentes y más industrias concentradas en la ciudad, está necesita más alimentos y materia prima para su industria).

El proceso de urbanización produce ciertas ventajas indiscutibles, por ejemplo:

• Permite el avance científico, tecnológico y cultural.

• Facilita la industrialización y la concentración de actividades generando economías de escala.

• Reduce la presión demográfica sobre la tierra de labor (recurso limitado) por medio de la migración campo-ciudad.

• Permite dar servicios de mejor calidad a mayor número de personas.

• Crea expectativas y eleva el nivel de aspiraciones de las personas (aún cuando muchas de estas aspiraciones son exageradas por los sistemas masivos o de comunicación, y generan frustración).

Paralelamente también hay ciertas desventajas producidas por el mismo proceso, como las siguientes:

• Escasez de empleo, debido a una existencia de una alta oferta de mano de obra, superior a la que necesita la ciudad.

• Costos de urbanización superiores a las posibilidades financieras de los países en desarrollo. Los gobiernos de los países que se urbanizan no tienen la capacidad económica para dotar de la vivienda, servicios y equipamiento que necesita su población en rápido crecimiento, que se concentra cada vez más en las ciudades. La escasez de vivienda, servicios, etc., aumenta, a pesar de los esfuerzos de los gobiernos por disminuirla.

• Problemas ecológicos (contaminación del aire, del agua y demasiado ruido), problemas sociales (marginalidad y delincuencia) y político-administrativos (dificultad creciente para controlar a la población que crece aceleradamente y que no puede ser incorporada rápidamente al proceso económico).

• Mala distribución de los beneficios que brinda la ciudad y del pago de los costos que supone el funcionamiento de ésta.

La mala distribución de los beneficios y costos urbanos ocurre en dos niveles diferentes:

a) Existe una situación de desventaja del campo en relación con la ciudad, ya que por otra parte, el campo da a la ciudad productos sin elaborar que tiene menor valor que los productos elaborados que la ciudad le vende; y por otra, en todos los países en desarrollo, una parte importante de las divisas se obtiene de la exportación de materias de primas de agropecuarias o mineras, pero estas divisas se ocupan generalmente para comprar equipos industriales que aprovecha la industria urbana; o sea, la riqueza que se obtiene del campo se aplica a la ciudad. Además, con la maquinaría y la técnica que importan absorben en general poca mano de obra, esto agrava el problema del desempleo.

b) Entre los habitantes de la ciudad también se distribuyen desigualmente los beneficios y los costos, los cual origina grandes injusticias. Un ejemplo de esto es que mientras un pequeño grupo se enriquece mediante la especulación del suelo y el desarrollo urbano, la gran mayoría de la población no tiene ingresos suficientes para obtener un terreno, casa, o servicios públicos.

En cuanto a los efectos reales de la urbanización, sólo hay acuerdos aparentes: algunos moralistas dicen que la ciudad es la “madre de todos los vicios”, pero aún cuando se habla de marginalidad, hambre, carencia de vivienda, subempleo, terciarización de la economía, etc., hasta ahora no han aparecido alternativas mejores.

¿No hay pobreza y hambre en el campo?, ¿por qué emigra la población a la ciudad? Hasta la fecha la población sigue emigrando, lo cual indica que, por muy malas que sean las condiciones de la vida para una gran proporción de la masa urbana, éstas no son peores que las ofrecidas en el campo.

A pesar de la existencias de grandes desventajas, se debe aceptar que los grandes problemas urbanos no eliminan las ventajas que ofrece la ciudad. Así, para afrontar el estudio y la búsqueda de soluciones a los problemas, se debe considerar a la ciudad como un elemento básico para el avance social, económico y político de toda sociedad.

Otro problema sin solución hasta ahora, planteado con respecto al proceso de urbanización, es: ¿hasta cuánto deben crecer las ciudades?, ¿hay un tamaño óptimo de ciudad? Mientras se tratan de responder estas preguntas, las ciudades siguen creciendo a un ritmo cada vez más acelerado, y cada día se hace más difícil detener o controlar su crecimiento.

Más que seguir planteando interrogantes acerca de las ventajas o inconvenientes del proceso de urbanización, parece importante considerarlo como una de las características más destacadas de la época actual, como una situación de hecho que podrá mejorarse en la medida en que se entiendan mejor las causas de los grandes problemas. Por tanto, es importante el estudio de investigación de los problemas urbanos.

2.5 EL PROCESO DE URBANIZACIÓN EN MÉXICO

Históricamente, México ha tenido una larga trayectoria y tradición urbanas. Esto se inicia en la época prehispánica, con el florecimiento de centros urbanos de la importancia de Teotihuacán y Tenochtitlán. Ambas destacan por su gran tamaño: se estima que Teotihuacán alcanzó una población de 100 000 habitantes y Tenochtitlán cerca de 300 000 habitantes, y esta última llegó a ser, indiscutiblemente, una de las máximas expresiones urbanas en el mundo en el tiempo de la conquista española.

Durante los tres siglos que duró la colonia en México, el país experimentó una urbanización intensa para su tiempo. Los españoles establecieron un número importante de ciudades y aplicaron en su diseño y construcción la rica experiencia urbanística que habían desarrollado en España.

Los españoles fundaron en la Nueva España tres tipos de ciudades:

a) Centros administrativos, comerciales y militares, como la ciudad de México y en menor escala Guadalajara y Mérida.

b) Ciudades portuarias, como Veracruz y Acapulco.

c) Ciudades mineras, como Guanajuato, Zacatecas, Pachuca y San Luis Potosí.

Tal estructura urbana, establecida durante la colonia ha desarrollado el sistema urbano ulterior, pues no sólo permanece, sino que también se ha fortalecido, con excepción de las ciudades mineras, las cuales, al agotarse sus recursos, perdieron su base económica y, con ello, parte importante de su población.

México ha tenido tres grandes etapas en su proceso de urbanización:

a) De 1900 a 1940: etapa lenta.

b) De 1940 a 1970: etapa rápida.

c) De 1970 a 1985: inicio de la desaceleración demográfica e inicio del neoliberalismo.

d) De 1990 a la fecha: la urbanización entre la globalización y la sustentabilidad.

En la primera etapa , el único centro urbano que creció en forma considerable fue la ciudad de México. Hasta la época de la Revolución (1900 a 1910) , la característica general fue el aislamiento de la población rural, debido a la nula o escasa comunicación existente en los centros urbanos.

En el periodo revolucionario (1910 a 1921) , de gran agitación social, se rompieron los lazos semifeudales que atacan a la población campesina con la tierra. Como consecuencia, las ciudades crecieron en población, especialmente la de México.

Entre 1921 y 1930 decreció la migración campo-ciudad, debido en gran parte a la reforma agraria, lo cual produjo una estabilización de la población de las ciudades; sin embargo, a fines de la década de 1930 se reanudaron e intensificaron las corrientes migratorias hacia la ciudad, como resultado de la expropiación petrolera, la construcción del sistema troncal de carreteras, la Segunda Guerra Mundial, etc., entre otras causas.

La segunda etapa, de 1940 a 1970, se caracterizó por un rápido ritmo de urbanización, por un aumento continuo y acelerado de las tasas de crecimiento de la población (2.7% anual en la década de 1940, a 3% anual entre 1950 y 1960 y a un 3.4% anual en la década de 1960) y por el surgimiento entre 1950 y 1960 de otras ciudades que crecieron rápidamente, con lo cual disminuyó el predominio poblacional de la ciudad de México.

La formación de estos centros regionales de desarrollo ha hecho que se difunda el proceso de urbanización en casi todo el territorio nacional y ha permitido la creciente industrialización del país, la formación de una clase media, el mejoramiento y la ampliación de la red de comunicaciones y transportes y, por otra parte, ha producido un deterioro de las condiciones de vida campesinas.

El crecimiento total de la población urbana de México entre 1900 y 1970 ha sido mayor que el crecimiento natural de la población de la ciudades, lo cual señala que ha habido una migración rural-urbana constante en todo el periodo.

Durante la década de 1940, la migración directa fue el elemento más significativo para el crecimiento de las ciudades; pero si se consideran como inmigrantes que nacen en la ciudad, en todo el periodo el crecimiento social (la migración) mantuvo su predominio como factor de crecimiento urbano; por ejemplo, se estima que entre 1960 y 1970, el 69.4% el crecimiento poblacional de la ciudad de México se debió a los inmigrantes directos y a sus hijos nacidos en la ciudad.

La tercera etapa comprende de 1970 a 1985. Entre 1970 y 1976, la tasa de crecimiento de la población se mantuvo en 3.4% anual, pero de ahí en adelante empezó a disminuir y se estimó en 2.4% anual para 1980. En estos últimos años se observó un descenso en la natalidad, principalmente en la zonas urbanas y en los estratos sociales medio y alto. Se piensa que los programas de planificación familiar organizados por el gobierno empezaron a mostrar resultados y, unidos a un mejoramiento de los niveles de bienestar, determinan un crecimiento más lento de la población, a pesar de que aún disminuyen las tasas de mortalidad. Durante el periodo 85-90 se aceleró la emigración del campo a la ciudad, así como la emigración internacional, como contraparte a la movilidad de capitales internacionales hacia las regiones y ciudades más productivas, acelerando las desigualdades sociales y regionales.

La cuarta etapa de la urbanización inició en los 90’s. De acuerdo con las políticas del gobierno, para fines de siglo se esperaba que la tasa de crecimiento de la población fuera de aproximadamente el 1% anual, con tasas bajas tanto de natalidad como de mortandad. La importancia de la década de los 90’s del Siglo XX reside en que en ella se produjo el cambio hacia una disminución de las tasas de natalidad, el cual llevará eventualmente a una estabilización del crecimiento poblacional, como el producido en los países industrializados. En México se registró una población de 100,451,679 personas en el año 2000; de 106,451,679 personas en el año 2005; y de 109,507,255 en el año 2008. Según proyecciones de CONAPO, para el año 2010 la población en México será de 111,613,906 habitantes; de 120,639,160 personas para el 2020; y de 127,205,585 personas para el año 2030. Pero aunados a la problemática del crecimiento demográfico y la emigración, gradualmente se han acentuado los problemas derivados de la contaminación del medio ambiente (manejo de desechos sólidos, tráfico, contaminación del aire, etc.), y la escasez de recursos naturales básicos como el suelo, el agua y los hidrocarburos, lo cual exige nuevas soluciones a la planificación urbano-regional.

2.6 EL URBANISMO Y LA PLANIFICACIÓN

El urbanismo, como una disciplina en formación y al mismo tiempo resultante de la unión de varias disciplinas diferentes, utiliza muchos conceptos que se puede entender de más de una forma. Por ello, parece importante establecer qué se entiende por algunos de los conceptos básicos más utilizados en la disciplina.

En lo general, la "política urbano-regional" no está desligada de las medidas económicas tradicionales y del resto del paquete de “políticas públicas” que requiere una región o una ciudad, aspecto crucial a tomar en cuenta por su importancia como instrumento capaz de aportar soluciones a la problemática económica, social y de la ecología de nuestros días. Las “políticas públicas” estudian directamente lo que los gobiernos hacen (o dejan de hacer), en conjunción con las instancias sociales (privadas o sociales), para mejorar su actuación. Se enfocan a la descripción, formulación, e instrumentación de acciones gubernamentales para su mejor actuación. Constituyen los reglamentos y programas públicos válidos para los individuos o el conjunto social, esto es, los productos de las decisiones de autoridad de un sistema político. Existen diversos tipos de políticas públicas (económicas, sociales, culturales, etcétera). Una de éstas lo son las “políticas urbano-regionales”. En términos generales, una "política urbano-regional" puede definirse como el proceso de transformación de las expectativas públicas y privadas de uso de los recursos regionales (capital, tierra y trabajo), en decisiones públicas que influyen en el desarrollo y la estructuración del espacio geográfico de las ciudades y regiones.

Esto exige combinar permanentemente las políticas monetarias, fiscales y cambiarias con la "política urbano-regional", el antídoto contra las desigualdades. La función básica de ésta es promover el "equilibrio espacial", adecuando la "centralidad" a las condiciones de desarrollo de la región y las localidades, combatiendo problemas como el deterioro ecológico, la migración regional, y sobre todo, proporcionando el bienestar y una calidad de vida alta a la población.

Lo bosquejado no significa que en un momento determinado la "política urbano-regional" puede sustituir la política tradicional, pues ha quedado señalado que la "política urbano-regional" es en cierta forma la manifestación espacial de las "políticas públicas", es decir, que entre ambas existe una mutua relación. Más que sustituir, la "política urbano-regional" es paralela, y por lo tanto complementaria, a las otras políticas públicas.

En las regiones en vías de desarrollo la política urbano-regional debe combinar al mismo tiempo criterios de equidad, eficiencia y sostenibilidad, los cuales pueden ser englobados por la planificación. No necesariamente el proceso que permite su realización debe ser centralizado ni impositivo, sino que también puede llevarse a cabo a través de un proceso descentralizado y participativo, involucrando a todas las instancias de la sociedad.

El paso de una “política pública” a un proceso de “planificación no es inmediato, sino que pasa por diversa etapas, tal como lo indica la figura 2.3 La “planificación urbano-regional” tiende a ubicarse en la etapa de la “toma de decisiones de la política pública”, pero no se descarta que la “gestación y formulación” de una política pública sea precisamente resultado de la necesidad de un plan. El plan pasa posteriormente por las etapas de implantación, evaluación y retroalimentación de las políticas públicas.


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