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ECONOMÍA POLÍTICA GLOBAL. UNA INTRODUCCIÓN

Antonio Luis Hidalgo Capitán (Coord.)




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CAPÍTULO 9

EL SUBSISTEMA FINANCIERO MUNDIAL

Antonio Luis Hidalgo Capitán

María Teresa Sanz Díaz

9.1. Los agentes reguladores de los mercados de capitales

El régimen monetario-financiero mundial, entendido como los principios, normas, reglas y procedimientos de toma de decisión respecto de los aspectos monetarios y financieros del sistema económico mundial en torno de los cuales convergen las expectativas de los agentes, tendría sus principales exponentes en las instituciones de la libre determinación de los tipos de cambio de las monedas en los mercados de divisas (flotación) y de la libertad de circulación de capitales entre sistemas económicos nacionales (a corto y a largo plazo); ambas instituciones funcionarían como mecanismos de regulación automática de los aspectos monetarios y financieros del sistema económico mundial.

La primera de estas dos instituciones aparece formalizada en las legislaciones de cambios de la mayoría de los sistemas económicos nacionales, y en algunos acuerdos y tratados internacionales (por ejemplo, el Tratado de Maastricht, respecto de la determinación del tipo de cambio del euro con otras monedas de la Unión Europea o de terceras monedas). No obstante, esta flotación puede ser de dos tipos, flotación directa, que es la que mantienen la mayor parte de las monedas de sistemas económicos desarrollados, y flotación indirecta, típica de las monedas de sistemas económicos subdesarrollados y que tiene lugar por medio de una paridad blanda (banda de fluctuación), o incluso dura (tipo de cambio fijo), con una moneda de un sistema económico desarrollado.

La segunda de las instituciones, la libre circulación de capitales entre sistemas económicos nacionales, aparece igualmente formalizada en las legislaciones nacionales en materia financiera y en algunos acuerdos y tratados internacionales sobre dicha materia (por ejemplo, acuerdos de contingencia de algunos gobiernos con el FMI, programas de ajuste estructural de algunos gobiernos con el Banco Mundial o el propio Tratado de Maastricht, que impuso como requisito para la Unión Económica y Monetaria europea el que todos los sistemas económicos nacionales miembros de la misma tuviesen liberalizada la cuenta de capitales de su balanza de pagos).

Pero, junto con dichos mecanismos automáticos de regulación de los aspectos monetarios-financieros del sistema económico mundial, éste dispone también de mecanismos de regulación deliberada, como serían los agentes. Entre los agentes reguladores de los tipos de cambio y de los movimientos de capitales destacan el Fondo Monetario Internacional (1945), el Banco Mundial (1945), los bancos multilaterales de desarrollo y los bancos centrales de los sistemas económicos nacionales, en particular los de los países desarrollados, además del Banco Central Europeo (1998).

De estos agentes merecen una especial atención el FMI, el Banco Central Europeo y los bancos centrales nacionales .

9.1.1. El FMI

El Fondo Monetario Internacional (FMI; en inglés IMF –International Monetary Fund-) se creó, junto con el BIRF, en la Conferencia Monetaria y Financiera de las Naciones Unidas celebrada en Bretton Woods en 1944. Actualmente es un agente supranacional regulador de los aspectos monetario-financieros del sistema económico mundial, con sede en Washington e integrado por 185 países miembros.

Su objetivo fundamental es garantizar la estabilidad cambiaria y sus funciones iniciales fueron la financiación de los desequilibrios temporales en las balanzas de pagos y la autorización de las variaciones de las paridades de tipo de cambio fijo del patrón dólar/oro; sin embargo, tras la crisis del sistema monetario internacional de 1971, en la que se abandonó dicho sistema cambiario, las funciones del FMI pasaron a ser las siguientes:

a) Supervisión y asesoramiento de la economía mundial. Esta actividad está centrada tanto en el diseño de políticas cambiarias, monetarias o fiscales, como en el de políticas de comercio exterior, de mercado de trabajo y del sector energético, así como sobre los riesgos de las crisis económicas y las tendencias de la economía mundial, regional o nacional.

b) Asistencia financiera. Esta ayuda está destinada a la corrección de desequilibrios de la balanza de pagos, así como al respaldo de las políticas de ajuste estructural. La materialización de esta ayuda se realiza a través de distintos instrumentos financieros, como los acuerdos de DEG´s (para desequilibrios de balanza de pagos a corto plazo), los servicios ampliados (para desequilibrios a medio o largo plazo de la citada balanza) o las líneas de crédito contingentes (destinadas a la estabilización macroeconómica). Asimismo, proporciona otras ayudas para el crecimiento económico, la lucha contra la pobreza, situaciones de emergencia o insuficiencia de ingresos.

c) Asistencia técnica. Su objetivo es el desarrollo de los recursos productivos para que las políticas que se adopten sean más eficaces. Suelen ir destinadas al diseño y ejecución de políticas fiscales y monetarias, a la elaboración de normativas económicas o financieras y al fortalecimiento de las capacidades institucionales.

Por lo que respecta a la estructura organizativa del FMI, éste cuenta con: una Junta de Gobernadores (o asamblea de representantes de los gobiernos miembros, que normalmente se reúnen una vez al año); un Directorio Ejecutivo (o Comité Directivo, formado por 24 Directores Ejecutivos, 5 de ellos nombrados por los gobiernos con mayor cuota - Estados Unidos, Reino Unido, Alemania, Francia y Japón- y los 19 restantes elegidos de forma rotatoria); y un Director Gerente (tradicionalmente de nacionalidad europea) .

El FMI cuenta con tres fuentes de financiación: las cuotas de los gobiernos miembros, que se revisan cada cinco años aproximadamente; los Acuerdos Generales para la Obtención de Préstamos, para poder ofrecer créditos nominados en monedas de 11 sistemas económicos nacionales distintos a las tasas de interés vigentes del mercado (la última vez que se usaron fue para un ayuda a Rusia en 1998); y los Nuevos Acuerdos para la Obtención de Préstamos, para poder ofrecer créditos, nominados en monedas de 26 sistemas económicos nacionales distintos, destinados a hacer frente a situaciones excepcionales (la última vez que se emplearon fue para un préstamo a Brasil en 1998).

Las cuotas son la fuente de financiación más importante, se calculan en función del PIB y del volumen de transacciones por cuenta corriente y del volumen de reservas internacionales de los sistemas económicos nacionales, de tal manera que un gobierno no puede decidir aumentar su cuota libremente, sino que dicho aumento debe ser aprobado por el FMI conforme a la aplicación de una formula. Las cuotas se contabilizan en DEG’s (Derechos Especiales de Giro), que son activos de reservas emitidos por el FMI para sus socios. Actualmente, el montante total de las cuotas asciende a 217.300 millones de DEG que equivalen a unos 357.300 millones de dólares .

La cuota de cada gobierno determina en gran medida el número de votos que le corresponde en las decisiones del FMI, ya que cada gobierno miembro cuenta con 250 votos básicos, más un voto adicional por cada 100.000 DEG’s de cuota. Gran parte de las decisiones se toman con una mayoría de 85% de los votos, y si tenemos en cuenta que Estados Unidos cuenta con el 16,79% de los votos, resulta que para dichas decisiones, este gobierno posee la capacidad de bloqueo; esta situación es similar a la que se obtiene si los tres gobiernos más fuertes de la UE, es decir, Alemania, Francia, y Reino Unido, suman sus votos, ya que obtendrían un porcentaje superior al 15% de los votos necesarios para bloquear una decisión (tabla 10.1) .

En cuanto a los préstamos que concede el FMI, éstos poseen cuatro características: están condicionados a la estabilización de la economía; son temporales, siendo el plazo de devolución máximo de 10 años; son de obligatoria devolución con intereses según las condiciones de mercado, salvo para determinados sistemas económicos de renta baja; y son una pequeña parte de la necesidad de financiación de la balanza de pagos.

Las condiciones que el FMI impone a los gobiernos socios para conceder las ayudas han sido muy criticadas por algunos sectores, especialmente por los gobiernos de los sistemas económicos subdesarrollados, dado su carácter neoliberal. La mayoría de las críticas se basan en que las medidas neoliberales de estabilización macroeconómica que impone el FMI provocan deterioros en los niveles de renta de la población del sistema económico nacional implicado y fuerzan la modificación del modelo de desarrollo del mismo. Como consecuencia de dichas críticas, el FMI ha venido flexibilizando la condicionalidad de la ayuda.

El FMI publica anualmente sus Perspectivas de la economía mundial y su Informe sobre la estabilidad financiera mundial.

9.1.2. Los bancos centrales nacionales

Los bancos centrales de las grandes potencias y el Banco Central Europeo (como sustituto de los bancos centrales nacionales de los sistemas económicos nacionales de la zona euro) son otros de los más importantes agentes reguladores nacionales (supranacional en el caso del BCE) de los mercados financieros mundiales.

Las principales funciones de los bancos centrales nacionales y del BCE son: la emisión de monedas y billetes en circulación en cada sistema económico nacional; la inspección y el control de las instituciones financieras privadas nacionales; la ejecución de políticas monetarias nacionales; y la intervención en los mercados financieros mundiales, especialmente en el mercado de divisas, comprando y vendiendo divisas para evitar fuertes oscilaciones de los tipos de cambio.

Entre los principales bancos centrales del mundo destacan por su capacidad de intervención y de coordinación los pertenecientes a los sistemas económicos nacionales representados por sus gobiernos en el G-7 (G-8 sin Rusia); esto es, el Banco Central Europeo (BCE) , la Reserva Federal de Estados Unidos (FED), el Banco Central del Japón, el Banco de Inglaterra y el Banco de Canadá.

Los bancos centrales de las principales potencias son formalmente independientes de los gobiernos y, a pesar de que sus actuaciones responden mayoritariamente a una lógica neoliberal, en ocasiones se han puesto de acuerdo para intervenir en los mercados financieros mundiales, en particular desde la crisis del Sistema Monetario Internacional de 1971. Entre los principales acuerdos podemos destacar los siguientes:

a) Acuerdo del Plaza (Nueva York, 1985). La FED, el Bundesbank alemán, el Banco de Francia, el Banco de Inglaterra y el Banco del Japón decidieron intervenir conjuntamente en el mercado de divisas para provocar la depreciación del dólar, puesto que estaba apreciado y esto influía en el déficit comercial estadounidense y en la posibilidad de que este sistema económico nacional restringiera sus importaciones. Esta intervención puso de manifiesto que los bancos centrales y los gobiernos implicados se empezaban a cuestionar las bondades del sistema de flotación.

b) Acuerdo del Louvre (París, 1987). La FED, el Bundesbank alemán, el Banco de Francia, el Banco de Inglaterra, el Banco del Japón y el Banco de Canadá decidieron intervenir conjuntamente con la intención de frenar la caída del dólar y estabilizar las monedas al nivel que existía entonces. Este acuerdo no tuvo mucho éxito puesto que pocos meses después se desplomaron las bolsas y el dólar cayó por debajo del objetivo fijado.

c) Apoyo al dólar (1995). Con la idea de frenar la caída de la cotización del dólar frente al yen y al marco alemán, varios bancos centrales actuaron en el mercado de divisas comprando dólares y vendiendo marcos alemanes y yenes japoneses; si bien las medidas, a pesar de ser reiteradas, no fueron muy efectivas por la poca cantidad de moneda que se intercambió.

d) Apoyo al yen (1998). Debido a la caída de cotización del yen, el Banco de Japón solicitó y obtuvo el apoyo de los bancos centrales de las grandes potencias para ayudar a frenar la caída de la cotización de la moneda nipona.

e) Apoyo del euro (2000). Después de muchos meses de caída del euro desde su introducción virtual en el mercado, el BCE y el resto de los bancos centrales del G-7 (FED, Banco de Inglaterra, Banco de Canadá y Banco del Japón), a finales del año, decidieron intervenir en el mercado de divisas en varias ocasiones consecutivas con la idea de frenar la caída, algo que se consiguió a principios de 2001 coincidiendo con la introducción física del euro en el mercado.

f) Inyecciones de liquidez (2007-2008). Como consecuencia de la crisis financiera originada por las hipotecas subprime, la FED, el BCE, el Banco de Inglaterra, el Banco de Canadá, el Banco del Japón y el Banco de Suiza, decidieron realizar varias intervenciones conjuntas para inyectar liquidez en los mercados financieros.

9.2. Los principales cambios en las finanzas mundiales

Desde principios de los años setenta del siglo XX, en que se produjo la crisis del patrón cambios-oro, pero, sobre todo, desde el triunfo del neoliberalismo como ideología dominante a principios de los años ochenta de dicho siglo, los flujos financieros mundiales, tanto de naturaleza productiva como de naturaleza especulativa, han experimentado un fuerte aumento.

9.2.1. La transformación del sistema monetario internacional

En la actualidad coexisten en el mundo tantas monedas como sistemas económicos nacionales, con las excepciones de los sistemas económicos nacionales de la zona euro y los sistemas económicos nacionales dolarizados; este hecho conlleva la necesidad de establecer una serie de reglas internacionales que sirvan de marco para poder cambiar unas monedas por otras, con el claro objetivo de agilizar las relaciones económicas transnacionales. A este conjunto de normas que pretenden regular los mecanismos de cambio entre monedas o divisas de diferentes países, se le denomina sistema monetario internacional.

La necesidad de establecer un mecanismo que regule los cambios se debe a que es necesario dar cierta estabilidad tanto al comercio mundial (debido a que se realizan intercambios entre distintos agentes con distintas monedas), como a las inversiones extranjeras (que originan movimientos de capitales entre los distintos sistemas económicos nacionales). Estas reglas lo que determinan es el precio de una moneda en términos de otra, es decir, el tipo de cambio que expresa las unidades de moneda nacional por unidad de moneda extranjera o divisa. Al conjunto de todos los tipos de cambio mundiales se le denomina sistema de paridades internacionales.

Podemos decir que el primer sistema monetario internacional que se estableció fue el patrón oro, que tuvo su origen en Gran Bretaña a principios del siglo XIX; si bien no fue adoptado por otros sistemas económicos nacionales hasta la segunda mitad de dicho siglo. Este patrón consistía en un sistema de tipos de cambio fijos en el que las monedas tenían un valor convertible frente al oro. La principal responsabilidad que tenían las autoridades monetarias era asegurar dicha convertibilidad, para lo que era imprescindible tener un stock de reservas de oro, siendo éstas las que limitaban la oferta monetaria de un sistema económico nacional y le proporcionaban estabilidad.

Tras la Primera Guerra Mundial, con la pérdida de reservas de oro por parte de Gran Bretaña y la crisis de su sistema financiero, se abandonó progresivamente el patrón oro, a pesar de los intentos fallidos de recuperarlo durante el período de entreguerras, dado que fue una época marcada por el proteccionismo y la vuelta al bilateralismo en las relaciones comerciales. Durante dicho período se asumió un sistema de flotación sucia, en el que se aceptaba que la libra era “tan buena como el oro”.

Tras la Segunda Guerra Mundial, en 1944, con la idea de evitar los problemas que habían surgido en el sistema monetario internacional en el período de entreguerras, se adoptó en la Conferencia de Bretton Woods un nuevo sistema denominado patrón cambios-oro, en el que los países que se adherían asumían un tipo de cambio fijo de su moneda con respecto al oro, mientras que el dólar era la única moneda convertible en oro, a razón de 35 dólares por onza de oro. De esta forma la FED se convirtió de hecho en la autoridad monetaria que regulaba el ritmo de crecimiento de la oferta monetaria mundial y el dólar pasó a ser una moneda de reserva, al igual que el oro, lo que implicaba que para el sistema funcionase el dólar debía ser una moneda estable y por tanto, debía existir un equilibrio continuado de la balanza de pagos estadounidense. A diferencia del anterior sistema, se permitía una cierta fluctuación de cada moneda respecto a su paridad central (1%), e incluso si se producían desequilibrios fundamentales en la balanza de pagos se podrían hacer reajustes monetarios con la autorización del FMI, es decir, revaluaciones o devaluaciones de las monedas; sin embargo, las alteraciones de los tipos de cambio como instrumento de política comercial quedaban excluidas.

Este sistema funcionó bastante bien hasta principios de la década de los sesenta, momento en el que empezaron a aparecer algunos problemas técnicos (subida del precio del oro y falta de liquidez para hacer frente a las necesidades del comercio mundial) y políticos (falta de confianza en el dólar americano, provocada por el fuerte déficit exterior estadounidense y por la inundación de dólares del mercado mundial, derivada de los gastos militares y las inversiones de las empresas transnacionales con casa matriz en Estados Unidos). El fin de este sistema tuvo lugar en 1971, cuando el presidente estadounidense, Nixon, adoptó tres medidas que evidenciaban su desaparición: declaró la no convertibilidad temporal del dólar en oro; estableció un arancel adicional del 10% para todas las mercancías importadas; y redujo la ayuda exterior en un 10%.

A partir de este momento, si bien hubo algunos intentos de volver al patrón cambios-oro, comenzó a funcionar un sistema de tipos de cambio flexible, puesto que parecía la mejor vía para permitir a los diferentes sistemas económicos nacionales recuperar su estabilidad, sin tener que preocuparse por los desequilibrios en las balanzas de pagos. No obstante, a pesar de este sistema de tipos de cambio flexibles, las autoridades monetarias intervenían de forma concertada en el mercado de divisas para evitar movimientos bruscos de los tipos de cambio. Además, se acordó una reforma de las bases del FMI, puesto que ya no ejercía como autoridad monetaria, sino que actuaba más bien con un papel financiero, marcado especialmente por la elaboración de Planes de Estabilización. Y por otro lado, en Europa a partir de 1979 se creó el Sistema Monetario Europeo, por el que se establecía un sistema de tipos de cambio fijos, si bien las monedas podían fluctuar dentro de una banda que acabó siendo del 15%, y, posteriormente, ya en 1998, se adoptó el euro como moneda común de los sistemas económicos nacionales que formaron la Unión Económica y Monetaria Europea.

En la actualidad, los sistemas económicos desarrollados han optado por mantener tipos de cambios flexibles (regímenes de flotación libre o sucia), mientras que la mayoría de los sistemas económicos subdesarrollados mantienen un tipo de cambio fijo (paridad dura) o vinculado de manera más o menos estable a alguna divisa fuerte (paridad blanda). No obstante, al fluctuar las monedas de los sistemas económicos desarrollados de manera más o menos libre en los mercados de divisas, arrastran consigo a las monedas de los sistemas económicos subdesarrollados que tienen ancladas por sistemas de paridad; y ello supone que, en la práctica, la estabilidad en el cambio de las monedas de los sistemas económicos subdesarrollados sólo se mantiene respecto de la moneda de referencia (normalmente el dólar, el euro o el yen) y del resto de las monedas ancladas a la misma (habitualmente de la misma región), pero no respecto de otros monedas de sistemas económicos desarrollados ni de las monedas de otros sistemas económicos subdesarrollados ancladas a aquéllas.

En la actualidad existen cuatro sistemas de tipos de cambio (con algunas variantes internas en algunos de ellos):

a) Sistema de tipo de cambio flexible, o régimen de flotación libre. En este sistema el tipo de cambio de cada una de las monedas se establece de forma libre en el mercado de divisas por el cruce de la oferta y la demanda de divisas ; ejemplos de sistemas económicos nacionales que siguen este sistema son los de la zona euro, Estados Unidos, Japón, Reino Unido, Canadá, Suiza, Australia, Nueva Zelanda, México, Brasil, Chile, Perú, Turquía, Corea o Tailandia.

b) Sistema de tipo de cambio intervenido, o régimen de flotación sucia. Se produce cuando hay establecido un sistema de tipos de cambio flexible, pero las autoridades monetarias realizan intervenciones frecuentes y discrecionales para evitar oscilaciones bruscas del precio de la moneda; ejemplos de ello son los regimenes cambiarios de Rusia, Ucrania, Noruega, Túnez o Singapur.

c) Sistema de tipo de cambio ajustable, o régimen de paridad blanda. Es aquel sistema de tipo de cambio fijo en el que se permite a la moneda una cierta variación, respecto de otra o respecto de una cesta de monedas, dentro de unas bandas de fluctuación más o menos estrechas (bien por devaluaciones/revaluaciones, bien por flotación libre hasta llegar a las bandas), o que se ajusta por medio de mini-devaluaciones/mini-revaluaciones sin bandas de referencia; ejemplo de este tipo de régimen lo tenemos en el Sistema Monetario Europeo desde 1979, que comenzó con unas bandas de fluctuación estrechas, para posteriormente ampliarlas, así como en los casos de China (con bandas de fluctuación estrechas), Costa Rica (con mini-devaluaciones) o Hungría (con ajustes dentro de bandas).

d) Sistema de tipo de cambio fijo, o régimen de paridad fija. En este caso las autoridades monetarias se comprometen a mantener un determinado tipo de cambio y, por tanto, deberán intervenir en la oferta y la demanda de divisas para que se mantenga fijo; ejemplos de este sistema son las cajas de conversión como la que aplicó Argentina entre 1995 y 2001 o de la Región Administrativa Especial de Hong-Kong, así como la utilización de la moneda de otro sistema económico nacional como es el caso de la dolarización de Panamá, El Salvador o Ecuador. Las medidas de intervención la autoridad monetaria suelen ser de cuatro tipos:

• Intervención en el mercado de divisas, comprando divisas, para evitar una depreciación, o vendiéndolas, para evitar una apreciación.

• Modificación de la política comercial, aumentando la protección arancelaria, lo que provocaría una reducción de las importaciones, del déficit comercial y, por tanto, evitaría la depreciación de la moneda, o disminuyendo dicha protección, lo cual tendría el efecto opuesto al anterior.

• Modificación de las políticas monetaria o fiscal, adoptando medidas contractivas, que evitarían la depreciación de la moneda; o adoptando medidas expansivas, que evitarían la apreciación de la misma.

• Alteración del tipo de cambio, mediante una devaluación o revaluación de la moneda por parte de la autoridad monetaria.

Por otro lado, uno de los principales cambios que se han producido en el Sistema Monetario Internacional en los últimos años ha sido la desaparición de 16 monedas europeas (las de Alemania, Austria, Bélgica, Chipre, Eslovaquia, Eslovenia, España, Finlandia, Francia, Grecia, Irlanda, Italia, Malta, Luxemburgo, Países Bajos y Portugal) y su sustitución por el euro, una moneda que se ha ido convirtiendo desde su nacimiento en 1999 en una de las principales monedas de reserva compitiendo en ello con el dólar. De hecho la evolución del euro desde su nacimiento ha sido espectacular (gráficos 9.1 y 9.2); comenzó con una cotización de 1,18 dólares por euro en enero de 1999 y tras una caída sostenida durante sus primeros meses de historia virtual hasta los 83 centavos de dólar por euro en octubre de 2000, emprendió una proceso de apreciación, coincidiendo con su puesta en circulación en enero de 2001, hasta alcanzar su record histórico de 1,60 dólares por euro en julio de 2008. Esta fuerte apreciación del euro respecto del dólar también se ha dado, en mayor o menor medida, respecto de otras monedas de reserva como el yen, la libra esterlina o franco suizo.

9.2.2. El fuerte crecimiento de los flujos financieros mundiales

Las transferencias o flujos financieros mundiales pueden ser de dos tipos:

a) Flujos financieros concesionales, es decir, flujos de Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) procedentes de fondos públicos de sistemas económicos desarrollados con destino a sistemas económicos subdesarrollados; aquí se incluirían tanto la AOD bilateral (entre gobiernos de dos sistemas económicos), como la AOD multilateral (entre un organismo internacional y un gobierno), así como la ayuda de emergencia y otras formas de ayuda oficial.

b) Flujos financieros no concesionales, es decir, flujos privados de capitales; aquí se incluirían tanto la inversión extrajera directa (IED), como la inversión extranjera de cartera (IEC) , como los créditos privados internacionales con vencimiento a más de un año.

Si nos centramos en los flujos financieros privados podemos afirmar que éstos han aumentado espectacularmente en las últimas décadas, pasando de los 1,3 billones de dólares que alcanzaban en 1988 hasta los 14,6 billones de dólares de 2005, con una tasa de crecimiento medio anual, en dicho periodo, del 15,3%.

Entre las razones que explican dicho aumento podemos destacar:

a) La liberalización de los movimientos de capitales a corto y largo plazo entre sistemas económicos nacionales, que ha permitido la aparición de un libre mercado financiero mundial, en la mayoría de los casos más libre que los mercados financieros nacionales.

b) La aplicación de políticas de atracción de inversiones por parte de los sistemas económicos subdesarrollados con escasos recursos financieros.

c) Las estrategias de las empresas transnacionales para conseguir una mayor dimensión productiva en el contexto de un mercado global.

d) La desregulación financiera de los sistemas económicos nacionales, que ha permitido la aparición de nuevos activos financieros, la mayoría de los cuales son de alto riesgo y, consecuentemente, de alta rentabilidad.

e) La privatización de muchas de las empresas públicas de los sistemas económicos nacionales, que ha permitido sacar al mercado una serie de activos financieros que antes no existían.

f) El desmantelamiento del Estado de Bienestar de los sistemas económicos desarrollados, junto con el envejecimiento de la población de éstos, que ha permitido el desarrollo de los fondos de pensiones como agentes financieros globales, muchos de los cuales se dedican a la especulación financiera (comprar activos financieros a bajo precio para venderlos cuando éste sube).

g) Las políticas de bajos tipos de interés que durante mucho tiempo se han dado en la mayoría de los sistemas económicos nacionales, que han favorecido el desarrollo de los fondos de inversión como agentes financieros globales, la mayoría de los cuales se dedican a la especulación financiera.

9.2.3. La inversión extranjera directa y las empresas transnacionales

La inversión extranjera directa es aquella inversión que realiza una empresa en un país diferente a aquél en que tiene su domicilio fiscal y que genera un valor añadido, es decir, se trata de inversiones productivas (fábricas, hoteles, bancos, grandes superficies comerciales,…).

Si observamos el stock de inversión extranjera directa en el mundo, tanto por sistemas económicos de destino como de origen (tablas 9.2 y 9.3), vemos como éste ha crecido a un ritmo en torno al 12,5% anual entre 1980 y 2006 (el stock de inversión extranjera directa se multiplicó por 20, aproximadamente), concentrándose además la inversión extranjera directa en los sistemas económicos desarrollados (más del 70%) y procediendo la misma mayoritariamente de dichos sistemas económicos (más del 85%); aún así, se aprecia una ligera tendencia al aumento del stock de la inversión extranjera directa en sistemas económicos subdesarrollados de unos 5 puntos entre 1980 y 2006, así como un ligero aumento del stock de inversión extranjera directa procedente de sistemas económicos subdesarrollados de unos 2 puntos en dicho período.

Los flujos de inversión extranjera directa (tablas 9.4 y 9.5), han crecido a una tasa media anual superior al 12,5% desde 1980, tanto los de entradas, como los de salidas. Los flujos de entrada de inversión extranjera directa se concentran en los sistemas económicos más desarrollados (65,67%), si bien se ha producido un descenso de 20 puntos porcentuales desde 1980, principalmente debido a la disminución de entradas en América del Norte, disminución que se ha compensado en parte por el aumento de flujos hacia la Unión Europea. La tendencia seguida por los flujos de salida de inversión extranjera directa ha sido similar a los de entrada, si bien la disminución de salidas de los sistemas económicos más desarrollados ha sido más moderada que la que se ha producido en los flujos de entrada, puesto que se ha reducido en 10 puntos porcentuales.

Las inversiones extranjeras directas son llevadas a cabo por empresas transnacionales, o por empresas que se transforman en empresas transnacionales tras dicha inversión, siendo una empresa transnacional aquella empresa que tiene plantas de fabricación de sus productos en varios sistemas económicos nacionales y, por lo general, vende sus productos en varios sistemas económicos nacionales; además, aunque suele asignarse a cada empresa transnacional la nacionalidad del sistema económico nacional en el que se encuentra su casa matriz, y a pesar de que el gobierno de dicho sistema económico nacional suele incorporar en su política exterior la defensa de los intereses de “sus” empresas transnacionales, lo cierto es que las políticas de las empresas transnacionales rara vez incluyen la defensa de los intereses de los sistemas económicos nacionales en los que se encuentra su casa matriz, ya que cada vez es más común, en virtud de las fusiones y adquisiciones y de la cotización en bolsa de las empresas transnacionales, que los accionistas de las mismas posean diversas nacionalidades . Por regla general, en una empresa transnacional, ni el origen ni el destino de su producción, ni sus propietarios, ni sus trabajadores pertenecen a un solo sistema económico nacional, y son, por tanto, agentes transnacionales.

Las principales características de las empresas transnacionales son: que tienen unidades de producción en más de un sistema económico nacional, de forma tal que ninguna de las plantas es decisiva en el resultado final; que son empresas multiproducto, lo que les permite insertarse en varios mercados y aprovechar las ventajas de cada uno de ellos; que utilizan las técnicas más novedosas de organización de la producción, gestión empresarial y marketing, adaptadas a las características de cada país; que dedican gran cantidad de recursos financieros a I+D+I; que tienen gran capacidad de influencia en el marco regulatorio de los sistemas económicos nacionales donde operan; y que tienen una política ágil y agresiva de colocación de activos líquidos en los mercados financieros.

Entre las causas que explican la realización de inversiones extranjeras directas y, consecuentemente, la aparición y la expansión de las empresas transnacionales destacan: la explotación de recursos naturales baratos o mano de obra barata; el acceso a mercados domésticos protegidos (nacionales o regionales); el aumento de la eficiencia al poder aprovechar las economías de escala, las ventajas de la especialización, las dimensiones de los mercados regionales, la reducción de los costes de trasporte, los avances en telecomunicaciones o las legislaciones fiscales (zonas francas…), laborales o ambientales poco exigentes; y el aumento de la competitividad en los mercados globales al mejorar las capacidades de innovación, las estructuras organizativas, los canales de distribución o el mejor conocimiento de nuevos consumidores…

Una empresa, sea o no empresa transnacional, puede realizar una inversión extranjera directa mediante tres vías:

a) Mediante una nueva inversión productiva en un sistema económico extranjero (Greenfield): consistente en la creación de una empresa en un sistema económico nacional diferente al de la casa matriz con control completo de su capital, o bien en la creación de una empresa en un sistema económico nacional diferente al de la casa matriz con participación en su accionariado (si la participación accionarial permite el control de la empresa ésta se denomina filial).

b) Mediante la adquisición de una empresa extranjera: consistente en la compra total de una empresa extranjera participada (filial o no) o una empresa extranjera privada o privatizada, la compra mayoritaria de una empresa extranjera privada o privatizada (que pasa a ser filial), o la compra minoritaria de una empresa extranjera privada o privatizada (si la participación accionarial permite el control de la empresa ésta se denomina filial).

c) Mediante la fusión con una empresa extranjera: consistente en la creación de una nueva empresa por la combinación accionarial de dos empresas, con casas matrices en diferentes sistemas económicos nacionales, las cuales desaparecen .

En el contexto del proceso de globalización, la inversión extranjera directa ha sido muy bien acogida por los sistemas económicos receptores, que han realizado importantes cambios legislativos con la intención de atraer a las empresas transnacionales; entre dichos cambios destacan: la igual de trato de la inversión extranjera directa y de la inversión nacional; la eliminación de los controles de repatriación de beneficios y dividendos de la inversión extranjera directa; la eliminación de los sectores que tenían vetada la entrada de inversión extranjera directa (por ejemplo, la banca); el establecimiento de agencias de promoción de inversiones para atraer la inversión extranjera directa; y la firma de acuerdos bilaterales o multilaterales de inversión y de doble imposición fiscal.

No obstante, a pesar de que la mayoría de los países son favorables a recibir inversión extrajera directa, sus ventajas e inconvenientes son objeto de discusión. Entre las primeras se destacan el fomento de la competencia, del progreso técnico, de la eficacia de los sistemas fiscales y comerciales y de la mejora de la formación laboral en el sistema económico receptor; mientras que entre los inconvenientes se señalan la destrucción de las formas de producción autóctonas, la segmentación del mercado de trabajo y de las rentas, la modificación de las pautas de consumo, la dependencia de insumos del exterior y los desequilibrios que generan en la balanza de pagos.

Pero además, desde la perspectiva del desarrollo, también se ha señalado que la inversión extranjera directa que realizan las empresas transnacionales en sistemas económicos subdesarrollados tiene la virtud de aportar la financiación externa para proyectos de inversión productiva que no pueden ser satisfechos con financiación nacional, siendo así la inversión extranjera directa una de las vías para transformar el círculo vicioso de la pobreza en un círculo virtuoso de riqueza. Y también se ha señalado que la inversión extranjera directa de la empresas transnacionales es una forma de explotación financiera de los sistemas económicos subdesarrollados en la medida en que los capitales que entran como inversión extranjera directa son menores que la suma de la repatriación de beneficios que generan a medio y largo plazo, siendo la diferencia entre ambas cantidades una riqueza que se genera en los sistemas económicos subdesarrollados pero que se acumula y beneficia a los desarrollados.

La mayoría de las mayores empresas transnacionales no financieras (cuadro 9.1) tienen su casa matriz en sistemas económicos desarrollados (93%) y de las 100 mayores empresas transnacionales no financieras sólo 7 tienen su casa matriz en sistemas económicos subdesarrollados, tales como México, Malasia, Corea, Singapur y Hong Kong, siendo además su tamaño inferior a las empresas transnacionales con casa matriz en sistemas económicos desarrollados.

9.2.4. La inversión extranjera de cartera, los capitales especulativos y las crisis financieras

La inversión extranjera de cartera consiste en la compra de activos financieros (acciones, obligaciones, derivados, divisas...) por parte de una empresa, de un fondo de inversión, de un fondo de pensiones o de un particular, cuyo domicilio fiscal se encuentra en un sistema económico nacional distinto de aquel en el que se produce la adquisición.

Dicha compra puede tener distintas motivaciones. Puede que se realice con la intención de obtener la rentabilidad derivada del pago de la renta vinculada con dicho activo (dividendos en caso de acciones, intereses en el caso de obligaciones...); o puede que se realice con la intención de obtener la rentabilidad derivada de la diferencia entre el valor de compra y el valor de venta de dicho activo (especulación). En el primer caso estamos ante una auténtica actividad inversora que implica, habitualmente, la posesión de los activos adquiridos por un período superior a un año (inversión extranjera de cartera de largo plazo); mientras que en el segundo caso estamos ante una actividad especulativa que implica, habitualmente, la posesión de los activos adquiridos por un período inferior a un año, e incluso inferior a un día (inversión extranjera de cartera de corto plazo).

En las últimas décadas (hasta la expansión de la crisis global) se ha producido un fuerte aumento tanto de la oferta como de la demanda mundial de activos financieros. El aumento de la oferta se ha debido, principalmente, a la gran cantidad de privatizaciones de empresas públicas de todo el mundo y al nacimiento de los derivados que han reducido el riesgo de otros tipos de activos; mientras que el aumento de la demanda se ha debido a dos factores principalmente, de un lado la aparición de los fondos de inversión, que ofrecen una mayor rentabilidad que los depósitos por los bajos tipos de interés, y de otro, los fondos de pensiones que están aumentando por el envejecimiento de la población de los sistemas económicos desarrollados y el desmantelamiento del Estado de Bienestar.

Los capitales especulativos se mueven por todo el mundo buscando la mayor rentabilidad posible, aunque esto lleve parejo un mayor riesgo; y ésta mayor rentabilidad suele estar en los inestables mercados financieros de los países subdesarrollados, a los que acuden los denominados “capitales golondrinas” . Estas inversiones especulativas han provocado graves crisis financieras, acrecentadas por la debilidad de los sistemas financieros de algunos sistemas económicos nacionales, la fuerte desregulación y las desigualdades de renta.

Podemos definir una crisis financiera como una situación en la que se producen fuertes turbulencias en los mercados de divisas y de activos financieros. Cuando se produce una crisis, las cotizaciones de las monedas caen, al igual que los valores que se intercambian en las bolsas y en los mercados secundarios. Uno de lo orígenes de dichas crisis son importantes desplazamientos de capitales.

Las principales crisis financieras vinculadas con el proceso de globalización y la aparición y desarrollo del sistema económico mundial serían las siguientes : la crisis del Sistema Monetario Europeo (1992-1993); la crisis de los pesos mexicano y argentino (1994-1995); las crisis financieras asiática, rusa y brasileña (1997-1999); las crisis argentina (2001); y la crisis de las hipotecas subprime estadounidenses (2007-2008).

a) La crisis del Sistema Monetario Europeo (1992-1993)

Durante los años 1992 y 1993 determinadas monedas del SME sufrieron el ataque de los especuladores de divisas; dicho ataque que provocó la intervención de los bancos centrales europeos para evitar que dichas monedas se salieran de las bandas de fluctuación y, cuando dicha intervención se hizo insostenible, se produjo la salida de dos de las monedas que lo formaban parte del SME (la libra esterlina y la lira italiana) y la devaluación de otras dos (la peseta española y el escudo portugués). Se trató de una crisis por especulación contra monedas con tipos de cambio ajustables.

b) La crisis de los pesos mexicano y argentino (1994-1995)

En 1994, una serie de acontecimientos de violencia política en México, unidos a una serie de malos datos macroeconómicos, hicieron que inversores mexicanos y extranjeros comenzaron a cuestionar las posibilidades del gobierno mexicano de hacer frente al pago de unos bonos expresados en dólares y procedieron a su venta masiva, lo que mermó las de por sí escasas reservas de divisas del banco central; ante dicha situación el gobierno anunció una devaluación del peso antes de ejecutarla, lo que provocó una caída de la bolsa y una salida masiva de capitales del país, que a su vez obligó a que la devaluación del peso mexicano fuese aún mayor de la prevista. A esta crisis y a sus impactos sobre la economía mundial se le conoce como el “efecto tequila”.

Dicho efecto provocó turbulencias en otras partes del mundo; así afectó a otras bolsas latinoamericanas, al dólar (puesto que Estados Unidos tiene fuertes vínculos económicos con México) y al SME (en el que se apreciaron las monedas fuertes y se depreciaron las débiles). Pero de todas las turbulencias las más significativas fueron las que afectaron a Argentina, pues muchos inversores creyeron ver grandes similitudes entre la situación macroeconómica argentina y mexicana y ante el temor de que se hundieran tanto la bolsa como el peso argentino, decidieron vender sus activos financieros y sacar sus capitales, lo que efectivamente provocó la caída de la bolsa y la devaluación del peso argentino. A esta segunda crisis y a sus impactos sobre la economía mundial se les conoce como el “efecto tango”.

En ambos casos se trató de crisis basadas en malas expectativas sobre la evolución de la economía, unidas a la existencia de regímenes de paridad más o menos dura.

c) Las crisis financieras asiática, rusa y brasileña (1997-1999)

Entre 1997 y 1999 una nueva oleada de crisis financieras azotó la economía mundial, siguiendo el mismo patrón que en los “efectos tequila y tango”; a saber, aparecen unas malas expectativas (fundadas o no en problemas reales) sobre la evolución general de una bolsa o de una moneda, que provocan la venta de activos financieros y de la moneda nacional, ocasionando con ello la caída de la bolsa y la depreciación o devaluación de la moneda; ello genera serios problemas reales de balanza de pagos y de inflación que obligan al gobierno a pedir el apoyo del FMI (el cual le fuerza a aplicar políticas neoliberales de estabilización y ajuste estructural), al tiempo que se produce un efecto contagio por la vía del empeoramiento de las expectativas de los inversores sobre la marcha de economías similares a la afectada por la crisis financiera.

Esto fue lo que sucedió en el sudeste asiático en 1997, aunque unido a la crisis bancaria japonesa que provocó la depreciación del yen ese mismo año. La desconfianza en el modelo de crecimiento asiático, salpicado por la corrupción en algunos casos, provocaron, directamente o por contagio, la caída de las bolsas y la salida de capitales de la región con la devaluación de las monedas de Tailandia, Corea, Indonesia y Malasia (todas con paridad más o menos dura con el dólar) y se produjeron desplomes de otras bolsas asiáticas, llegando las turbulencias incluso a afectar a las bolsas de los sistemas económicos desarrollados. A esta crisis y a sus impactos sobre la economía mundial se les conoce como el “efecto dragón”, y la crisis japonesa y sus impactos como el “efecto sake”.

Pero, tal vez, el mayor contagio de dicha crisis fuera de Asia, fue el que se produjo en Rusia 1998, donde las sospechas de corrupción y las dudas sobre la capacidad del gobierno para hacer frente a sus compromisos internacionales (pago de la deuda externa), provocaron una crisis financiera similar que desembocó en la devaluación del rublo y un fuerte proceso inflacionista. Los efectos de dicha crisis se sintieron igualmente en las bolsas de Estados Unidos y Europa. A esta crisis y a sus impactos sobre la economía mundial se les conoce como el “efecto vodka”.

De Rusia la crisis se trasladó en 1998, por contagio de las expectativas, a Brasil, donde los motivos principales de desconfianza eran las políticas heterodoxas aplicadas por el gobierno, así como las dudas sobre la solidez de sus cuentas públicas. La crisis terminó por provocar en 1999 el abandono del real brasileño de un sistema cambiario de paridad más o menos dura basado en bandas de fluctuación. Igualmente los efectos de dicha crisis se hicieron sentir en otras economías. A esta crisis y a sus impactos sobre la economía mundial se les conoce como el “efecto samba” o el “efecto caipiriña”.

d) La crisis del “corralito” argentino (2001)

La crisis argentina, aunque vinculada con la devaluación del real brasileño, no fue fruto de un efecto contagio, como en los casos anteriores. Esta crisis fue el resultado de la combinación de tres factores incompatibles: un fuerte endeudamiento externo en dólares, un acuerdo de integración regional (que implicaba libre comercio) con un Brasil que había devaluado su moneda en 1998 y el mantenimiento del tipo de cambio fijo con el dólar basado en una caja de conversión. De esta forma, la devaluación brasileña provocó una gran pérdida de competitividad de los productos argentinos, que dejaron de venderse en Brasil y que fueron sustituidos en el propio mercado argentino por productos brasileños (y de otros sistemas económicos con producciones más baratas que la argentina); ante esta situación, la devaluación del peso hubiese sido una medida muy conveniente si no hubiese sido porque de haberse producido se hubiese disparado el valor de la deuda externa. Así, descartada la opción de la devaluación, el gobierno argentino infravaloró la dimensión de la crisis de competitividad, hasta que en el año 2001 no tuvo más opción que aceptar una fortísima devaluación del peso, que, para evitar una mayor salida de capitales de la que se venía produciendo, vino acompañada de otras dos medidas, la denominación en pesos de todos los depósitos bancarios expresados en dólares al nuevo tipo de cambio (con la consiguiente pérdida de valor) y otra medida igualmente impopular (aunque a la larga muy eficaz) como fue el “corralito”; dicha medida consistía en una restricción a la extracción de dinero en efectivo de plazos fijos, cuentas corrientes y cajas de ahorro, para evitar que dicho capital pudiera salir de Argentina acentuando aún más la depreciación del peso.

A diferencia de las anteriores crisis financieras, la argentina tuvo escasos contagios.

e) La crisis de las hipotecas “subprime” estadounidenses (2007-2008).

La crisis de las hipotecas subprime estadounidenses estalló en 2007 cuando muchos ciudadanos estadounidenses no pudieron hacer frente al pago de sus hipotecas. Las hipotecas subprime son créditos hipotecarios con tipos interés superiores al nivel medio del mercado, debido a que llevan incorporadas una prima de riesgo por ser concedidos a clientes con bajos o nulos ingresos, sin empleos estables y sin propiedades que sirvieran de garantía, y que, además, se concedían por un valor superior al valor de mercado de la propiedad inmobiliaria hipotecada en la creencia de que, debido al boom inmobiliario estadounidense, en pocos meses, dicha propiedad tendría un valor superior al del crédito concedido.

Los bancos que concedieron dichas hipotecas, ante su falta de liquidez, con el objeto de trasladar el riesgo asumido, decidieron “titulizar” los créditos hipotecarios, es decir, convertir sus derechos de acreedores de los créditos hipotecarios en activos financieros negociables, tales como “obligaciones garantizadas por hipotecas”, que eran paquetes que incluían hipotecas prime y subprime. Posteriormente, vendieron dichos títulos a bancos extranjeros y a fondos de inversión y de pensiones, los cuales desconocían el riesgo que estaban asumiendo.

Cuando en 2007 en Estados Unidos la economía comenzó a ralentizarse y se desinfló la burbuja inmobiliaria, muchos deudores con hipotecas subprime comenzaron a dejar de pagarlas y, como los precios de los inmuebles comenzaron a caer, la ejecución de estas hipotecas tampoco garantizaba el cobro de la deuda; y ello provocó la depreciación de títulos que poseían bancos extranjeros y fondos de pensiones, por lo que el problema trascendió de la banca estadounidense y se extendió por las entidades financieras de todo el mundo.

La posesión generalizada de activos financieros derivados directa o indirectamente de las hipotecas subprime por parte de las entidades financieras de todo el mundo, y en particular de sistemas económicos desarrollados, generó un clima de desconfianza mutua entre las mismas, que terminó provocando un aumento del tipo de interés interbancario (por ejemplo, el Euribor), que es el tipo de interés al que las entidades financieras se prestan dinero entre ellas; y como dicho tipo es el que se aplica a la mayoría las hipotecas en los diferentes sistemas económicos nacionales, el resultado fue un encarecimiento de las mismas, una brusca contracción del mercado inmobiliario y una caída de la construcción, además de un encarecimiento generalizado del crédito en Estados Unidos y otros sistemas económicos nacionales, especialmente en los europeos. Todo ello provocó que tanto la FED como el BCE intervinieran en los mercados financieros inyectando liquidez para tratar de paliar la situación.

La crisis de las subprime es, por tanto, una crisis diferente de las anteriores, es una crisis de liquidez, pero sobre todo es una crisis de confianza derivada de la escasa supervisión financiera de la FED y la excesiva desregulación de los mercados financieros. No obstante, los impactos de esta crisis no se han limitado a un simple contagio financiero, sino que han derivado en una crisis económica global, la primera crisis estructural del sistema económico mundial.

9.3. Los mercados financieros

Un mercado financiero es un mecanismo electrónico o lugar físico en el que se realizan transacciones con activos financieros, siendo el mercado mundial de capitales, no un mercado único en sí, sino el conjunto de mercados interconectados en los que se intercambian todo tipo de activos financieros.

Los principales cambios que se han producido en los mercados financieros en las últimas décadas son los siguientes:

a) Globalización. Los mercados financieros han sufrido un proceso de globalización, fundamentalmente a raíz del desarrollo de los euromercados, y muy relacionada con el auge de las tecnologías de la información; dicho proceso se manifiesta en la interconexión de las distintas bolsas de valores mundiales y una mayor presencia de las entidades financieras fuera de sus sistemas económicos de origen. Además, el aumento de la economía financiera ha sido muy superior al de la economía real; de hecho se estima que el sólo 5% de las transacciones que se llevan a cabo a nivel mundial tienen el respaldo de una actividad real.

b) Liberalización. El proceso de globalización ha venido acompañado de una importante desregulación financiera, que tiene su principal exponente en la desaparición de barreras legislativas a los movimientos de capitales, lo que ha provocado la orientación de los flujos de inversiones a los sistemas económicos emergentes; inversiones reales, pero también especulativas, es decir, inversiones volátiles que hacen muy vulnerables financieramente a estos sistemas económicos nacionales. Además también se ha producido la liberalización de los establecimientos bancarios, lo que ha provocado la expansión de la banca transnacional, las fusiones que han dado origen a grandes bancos transnacionales, etc.

c) Desintermediación. Los ahorradores cada vez acuden más de forma directa a los mercados financieros (por medio de la compra-venta directa de activos financieros o por medio de fondos de inversión o de pensiones), en detrimento de la actividad bancaria tradicional. Dicha desintermediación ha estado provocada por una mayor cultura financiera de los distintos agentes económicos, por una necesidad de ahorro de los costes de intermediación, por la aparición de nuevos agentes financieros como los fondos de inversión y los de pensiones, y por la garantía que parecían ofrecen las acciones de las grandes empresas y los bonos de las administraciones públicas.

d) Innovación. La existencia de una mayor competencia en estos mercados ha hecho que se innove no sólo por medio de la aplicación de nuevas tecnologías, sino también por medio del desarrollo de nuevos productos tales como futuros, opciones o swaps.

e) Preferencia por la liquidez. Debido al temor por las presiones inflacionistas, a la incertidumbre que rodea a los mercados financieros con un alto componente especulativo y al riesgo de crisis bursátiles, los agentes cada vez demandan más productos de alta liquidez, como letras del tesoro, europagarés, etc.

Todos estos cambios han dado como resultado un subsistema financiero mundial sobredimensionado, cuyas disfuncionalidades han estado detrás de la expansión de la crisis global.

9.3.1. Los tipos de mercados financieros

Dado que existen muchas formas de clasificar los mercados financieros, aquí hemos optado por presentar una de tipo sintético que combina los criterios del tipo de activo y del tipo de regulación .

Así podemos clasificar los mercados financieros en mercados financieros extra-bursátiles y mercados financieros bursátiles.

a) Mercados financieros extra-bursátiles

Se trata de mercados reales en los que las transacciones de activos financieros se realizan al margen de la regulación de las bolsas, y van desde mercados extra-bursátiles de divisas hasta de derivados.

b) Mercados financieros bursátiles

Son las tradicionales bolsas de los diferentes sistemas económicos nacionales cuyo funcionamiento se encuentra controlado por una autoridad reguladora que es la que decide qué activos cotizan en los mismos y cuándo dejan de hacerlo. Por su parte los mercados financieros bursátiles se dividen en mercados de valores y mercados de derivados.

b.1) Mercados de valores

Son mercados financieros en los que se intercambian activos basados en una operación de crédito (divisas, créditos interbancarios y capitales) y que están regulados por las normativas nacionales del sistema económico nacional sede y sin que exista ninguna regulación global; sin embargo, la mayoría de ellos se consideran mercados financieros mundiales debido a que en los mismos se negocian títulos extranjeros, los inversores son, en muchas ocasiones, no residentes (bancos, fondos de pensiones, fondos de inversión, sociedades de inversión colectiva o compañías de seguros). El solapamiento en tiempo de apertura de las bolsas más importantes del mundo genera lo que se conoce como “mercado continuo” (24 horas), de forma que las tendencias que se originan en una de dichas bolsas se propagan con más rapidez al resto, pudiendo los inversores seguir operando en otra bolsa cuando cierra aquella en la que iniciaron sus actividades. Entre los principales mercados bursátiles podemos destacar: Tokio, Hong-Kong, Singapur, Francfort, Paris, Londres y Nueva York. Los mercados de valores a su vez pueden clasificarse en mercados de divisas, mercados monetarios y mercados de capitales.

b.1.1) Mercados de divisas

Son mercados en los que se negociación las monedas de diferentes sistemas económicos nacionales, existiendo uno por sistema, aunque funcionan con un perfil regional más que mundial, puesto que en cada mercado de divisa cotizan frente a la moneda nacional las principales monedas del mundo (dólar, euro, yen, libra y franco suizo) y las de los principales socios comerciales del sistema económicos nacional (habitualmente sistemas económicos vecinos). Dichos mercados existen en función de la proliferación de los regímenes cambiarios de flotación y en ellos operan tanto bancos centrales, como instituciones financieras privadas y grandes empresas transnacionales, cuya interacción determina el tipo de cambio de las distintas monedas. En las últimas décadas se han producido una serie de fenómenos que afectan a estos mercados como son la dolarización de algunas sistemas económicos americanos y asiáticos, la desaparición de las 16 monedas europeas sustituidas por el euro y la pérdida de importancia del yen japonés, lo que ha provocado que nos movamos en un contexto bi-monetario dólar- euro.

b.1.2.) Mercados monetarios

Son mercados en los que se negocian activos de elevada liquidez, es decir, de corto plazo (meses) y muy corto plazo (días o semanas), tales como son letras, bonos, certificados de depósitos… Los más destacados por su volumen son los mercados interbancarios, que son aquellos en los que las entidades bancarias realizan sus transacciones, que suelen ser depósitos a muy corto plazo o certificados de depósitos. El mercado interbancario más importante es el de Londres cuyo índice es el LIBOR, que sirve como referente para muchas operaciones transnacionales de crédito.

b.1.3.) Mercados de capitales

Son mercados en los que se negocian activos de largo plazo, tales como acciones y obligaciones de empresas o bonos de los distintos Estados. No obstante, el producto más típico de intercambio en estos mercados son las acciones, que son un porcentaje de la propiedad o capital de una empresa. Los principales motivos por lo que se demandan acciones son la propiedad (adquirir un cierto grado de control de la empresa), la rentabilidad (recibir dividendos como retribución por el dinero prestado en la emisión de las acciones) o la especulación (ganar dinero por la diferencia entre el precio de compra y el de venta); mientras que los motivos para vender acciones pasan por la especulación, el abandono de la propiedad o la preferencia por la liquidez frente a la rentabilidad. Todas las acciones tienen un valor nominal que representa la parte alícuota del capital y es por el que han sido emitidas, sin embargo, el precio de mercado varía del valor nominal porque incluye un plus por la expectativa de los beneficios o pérdidas futuras. Mientras los mercados de acciones son mercados de renta variable, los de bonos y obligaciones se denominan mercados de renta fija, porque la retribución de la operación de crédito implícita y su vencimiento vienen determinadas en el propio título del activo.

b.2) Mercados de derivados

Son mercados financieros en los que se intercambian activos cuya función es reducir el riesgo que tienen otros activos. Los principales activos derivados son los swaps (contratos de intercambio de activos), los futuros (contratos de compraventa de activos con precio y fecha fijados anticipadamente) y las opciones (contratos por el que el poseedor del título tiene la opción preferente de adquisición de ciertos activos). De todos ellos, los activos más importantes son los futuros, entre los que destacan los futuros financieros (en el que el activo a intercambiar en el futuro es un activo financiero) y las commodities (en las que el activo a intercambiar en el futuro es una mercancía). Los mercados de futuro son mercados extremadamente volátiles debido al papel que juegan las expectativas sobre la marcha de la economía, que alteran continuamente el valor de estos activos.

9.3.2. Los mercados financieros globales

En la actualidad podemos distinguir tres tipos de mercados financieros a los que podemos denominar globales por el perfil de los agentes que ellos participan y el tipo de regulación existente. Estos serían los mercados off-shore, los mercados entrepôt y los euromercados.

a) Mercados off-shore

Son aquellos mercados financieros en los que las transacciones tienen lugar entre agentes no residentes en el sistema económico nacional donde se encuentra el mercado, para lo cual se valen de la existencia de legislaciones fiscales y de cambio muy laxas. Los principales centros financieros off-shore, la mayoría de los cuales coinciden con paraísos fiscales, son Zurich, Ginebra, Gibraltar y Mónaco en Europa; las Islas Caimán, Bahamas y Antillas Holandesas en El Caribe; Bahrain, en Oriente Medio; y Singapur y Hong-Kong en Asia.

b) Mercados entrepôt

Son aquellos mercados financieros en los que las transacciones tienen lugar entre agentes residentes y no residentes en el sistema económico nacional donde se encuentra el mercado, para lo cual se valen de la existencia de legislaciones fiscales y de cambio muy laxas. Sus principales sedes son Nueva York, Londres, Tokio, París y Frankfurt.

c) Euromercados

Son mercados monetarios globales en los que la mayor parte de las operaciones son a corto plazo y en los que se negocian créditos y deudas sin necesidad de que éstos estén titulizados. Están muy desreglados, puesto que son los propios participantes los que quieren evitar las regulaciones (no existe coeficiente de caja, ni seguro de depósitos y los intereses son libres), los activos que se negocian se expresan en monedas distintas a las del sistema económico nacional sede y en ellos intervienen agentes financieros muy importantes y de diferentes sistemas económicos nacionales (grandes bancos, grandes empresas transnacionales…) dado que la mayoría de las operaciones son de gran envergadura.

9.3.3. Los paraísos fiscales y los regímenes fiscales perniciosos

Los paraísos fiscales son territorios que establecen ventajas fiscales con la intención de atraer capitales extranjeros y estimular con ello la economía nacional.

La OCDE diferencia entre paraísos fiscales y regímenes fiscales perniciosos. Los primeros suelen ser territorios de reducidas dimensiones que carecen de sistema fiscal; sin embargo, los segundos surgen en territorios y/o Estados que tienen un sistema fiscal general, pero que ofrecen beneficios fiscales diseñados fundamentalmente para atraer a los no residentes.

Según la OCDE los criterios que permiten identificar a un paraíso fiscal son: la ausencia de tributación, como condición necesaria pero no suficiente; la carencia de intercambio efectivo de información con autoridades de terceros sistemas económicos nacionales, puesto que la legislación se basa en la confidencialidad; la falta de transparencia en la aplicación de las normas legislativas; y la no exigencia de una actividad económica real a las personas domiciliadas en su territorio.

El auge de estos territorios se produjo en la segunda mitad del siglo XX, a medida que la economía se iba internacionalizando y aumentaba la desregulación de determinadas actividades financieras, proceso que se ha acelerado en las últimas décadas con la globalización.

La importancia de los paraísos fiscales se desprende de hechos tales como: que la mitad de los flujos transnacionales de capital transitan por estos territorios; que entre 0,6 y 1,5 billones de dólares de dinero negro circula anualmente por ellos; que sus organizaciones financieras gestionan alrededor del 20% de la riqueza privada mundial; y que los beneficios acumulados en 10 años (5 billones de dólares) equivalen al monto total mundial de las deudas públicas acumuladas.

Entre los principales efectos perniciosos que generan estos regímenes, podemos destacar tres: facilitan el fraude y la evasión fiscal de grandes fortunas, muchas de las cuales se han generado mediante negocios ilícitos; posibilitan el blanqueo de capitales de origen ilícito; y se utilizan como medio para financiar el terrorismo.

Es también muy significativa la coincidencia entre los mercados financieros off-shore y los paraísos fiscales y regímenes fiscales perniciosos (tabla 9.8), lo que pone de manifiesto que muchos de los capitales que se mueven en dichos mercados están vinculados actividades de origen ilícito.

No obstante, tras la Cumbre de Londres del G-20, en 2009, los principales gobiernos del mundo se comprometieron a aplicar medidas que pongan fin al secreto bancario y a los paraísos fiscales, al considerar a éstos como responsables parciales de la crisis financiera global. En este sentido, cabe esperar que el listado de paraísos fiscales y regímenes fiscales perniciosos se vaya reduciendo paulatinamente.

Bibliografía

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Cuenca García, E. (2004): Organización económica internacional, Pearson Educación, Madrid.

García Mora, A. (2001): “Inversión extranjera directa: análisis comparativo de los determinantes en América Latina y el Sudeste Asiático”, Revista de Economía Mundial, 4: 145-74.

Varela Parache, M. (1999): “La crisis y el sistema financiero internacional”, Revista de Economía Mundial, 1: 159-78.


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