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ECONOMÍA POLÍTICA GLOBAL. UNA INTRODUCCIÓN

Antonio Luis Hidalgo Capitán (Coord.)




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CAPÍTULO 11

EL SUBSISTEMA COMERCIAL MUNDIAL

Antonio Luis Hidalgo Capitán

David Flores Ruiz

11.1. Los agentes reguladores de los mercados de bienes y servicios

El régimen comercial mundial, entendido como los principios, normas, reglas y procedimientos de toma de decisión respecto de los aspectos comerciales del sistema económico mundial en torno de los cuales convergen las expectativas de los agentes, tendría su principal exponente en la institución del libre comercio, o lo que es lo mismo en la libertad de movimientos de mercancías y servicios entre sistemas económicos nacionales, que funcionaría como un mecanismo de regulación automática de los aspectos comerciales del sistema económico mundial. Dicha institución aparece formalizada en una serie de acuerdos o tratados internacionales, tales como el Acuerdo General de Aranceles y Comercio (GATT), el Acuerdo General sobre el Comercio de Servicios (GATS), el Acuerdo sobre los Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual Relacionados con el Comercio (ADPIC), los acuerdos internacionales de comercio de determinados productos , los acuerdos internacionales de libre comercio, los acuerdos internacionales referidos a procesos de integración regional y las legislaciones comerciales de los diferentes sistemas económicos nacionales.

Pero, junto con dichos mecanismos automáticos de regulación de los aspectos comerciales del sistema económico mundial, éste dispone también de mecanismos de regulación deliberada, como serían los agentes. Entre los agentes reguladores del comercio de bienes y servicios , junto con los gobiernos de los diferentes sistemas económicos nacionales, destacan la Organización Mundial del Comercio (1994), la Conferencia de las Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo (1964), así como agentes supranacionales surgidos de procesos de integración regional, entre los cuales destaca la Unión Europea (1951).

De todos estos agentes merecen una especial atención la OMC y la UNCTAD.

11.1.1. La OMC

En 1945 se crearon las Naciones Unidas y en diciembre de ese mismo año Estados Unidos realizó la propuesta formal para crear la agencia especializada para el comercio mundial, la Organización Internacional del Comercio (OIC).

En la Conferencia de La Habana, convocada por el Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas, que se celebró entre noviembre de 1947 y marzo de 1948, intervinieron cincuenta y siete gobiernos que elaboraron la “Carta de La Habana”, en la que estaba prevista la creación de la OIC. Sin embargo, esta Carta no llegó a entrar en vigor por no ser ratificada por un número suficiente de gobiernos.

Este vacío se cubrió con la firma del Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y de Comercio (en inglés GATT, General Agreement on Tariffs and Trade), que recogía la idea de reducción de aranceles contenida en la Carta de La Habana. El Acuerdo lo suscribieron inicialmente veintitrés gobiernos en Ginebra el 30 de octubre de 1947 y entró en vigor el 1 de enero de 1948. El GATT se firmó con carácter provisional hasta que se salvaran las diferencias que se planteaban en las discusiones para redactar y ratificar la Carta de La Habana. Sin embargo, su trascendencia fue muy importante, dado que se convirtió en la principal institución reguladora del comercio internacional.

La importancia del GATT radicó en que fue renegociado en siete ocasiones entre 1947 y 1994, propiciando así un largo período de liberalización comercial (reducción de barreras arancelarias, supresión de barreras no arancelarias y transformación de barreras no arancelarias en arancelarias). Sin embargo, en la Ronda de Uruguay (última ronda de negociación del GATT), celebrada entre 1986 y 1994, los gobiernos participantes decidieron ir más allá de la institucionalización del libre comercio y crearon un agente supranacional encargado de la regulación (neoliberal) del comercio mundial, la Organización Mundial del Comercio (OMC).

La OMC es un agente supranacional regulador de los aspectos comerciales del sistema económico mundial, creado en 1994 y con sede en Ginebra; adopta la forma de organismo conexo con el Sistema de las Naciones Unidas, está basado en el principio de cooperación y agrupa a 152 gobiernos como miembros (más 31 como observadores que aspiran a integrarse), los cuales representan más del 97% del comercio mundial. Con un carácter neoliberal, la OMC tiene como principal finalidad el fomento del libre comercio mundial.

Este organismo se rige por los mecanismos de toma de decisiones, procedimientos y prácticas recogidos en el GATT de 1947, pero gestiona todos los acuerdos negociados en la Ronda de Uruguay. Así, las funciones de la OMC son: a) administrar los acuerdos comerciales de la propia OMC; b) servir de foro para las negociaciones comerciales; c) tratar de resolver las diferencias comerciales; d) supervisar las políticas comerciales nacionales; e) ayudar a los sistemas económicos subdesarrollados en cuestiones de política comercial, prestándole asistencia técnica y organizando programas de formación; y f) cooperar con otras organizaciones internacionales.

Los principios que inspiran el funcionamiento de la OMC son:

a) No discriminación, es decir, aplicación de las cláusulas de la nación más desfavorecida (según la cual toda ventaja concedida a una parte contratante será concedida inmediata e incondicionalmente a las demás partes contratantes) y de trato nacional (o lo que es lo mismo, no discriminación entre productos nacionales y extranjeros una vez realizada la importación); aunque hay excepciones similares a las que había en el GATT.

b) Transparencia, es decir, acuerdos públicos.

c) Competitividad, es decir, eliminación de prácticas desleales en el comercio, como el dumping o las subvenciones a la exportación.

d) Equidad, es decir, trato especial a los sistemas económicos subdesarrollados para que pueden aplicar gradualmente los acuerdos, prestación de asistencia técnica, trato preferencial y aplicación de los compromisos por parte de los sistemas económicos nacionales más ricos en materia de acceso a sus mercados de los productos de los sistemas económicos nacionales más pobres.

La estructura orgánica está compuesta por dos entidades fundamentales que constituyen las instancias máximas de decisión y ejecución de la OMC, y que son la Conferencia Ministerial y el Consejo General.

La Conferencia Ministerial es el órgano supremo y está compuesto por representantes de todos sus miembros. Se reúne, como mínimo cada dos años para adoptar decisiones sobre los asuntos comprendidos en el ámbito de cualquiera de los acuerdos multilaterales, examinar los trabajos en curso, establecer orientaciones políticas y aprobar el programa para la continuación de los trabajos.

En los períodos entre conferencias, el órgano de mayor entidad es el Consejo General, normalmente compuesto por embajadores y jefes de delegación en Ginebra de todos los gobiernos miembros (aunque, a veces, también por funcionarios enviados por éstos); a dicho órgano corresponde adoptar las medidas que sean necesarias, además de llevar a cabo las tareas concretas que se le atribuyen en el acuerdo de creación de la OMC. Entre sus funciones más importantes destacan la de ser Órgano de Solución de Diferencias y el Órgano de Examen de Políticas Comerciales. Asume, sobre todo, la coordinación del complejo entramado institucional, la competencia de interpretar los acuerdos y el poder de conceder derogaciones.

En el siguiente nivel se encuentran el Consejo del Comercio de Mercancías, el Consejo del Comercio de Servicios y el Consejo de los Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio, que rinden informe al Consejo General. Además, la OMC cuenta con un importante número de comités y grupos de trabajo especializados que se encargan de los distintos acuerdos y de otras esferas como el medio ambiente, el desarrollo, las solicitudes de adhesión a la organización y los acuerdos comerciales regionales.

La toma de decisiones en la OMC se lleva a cabo a través del consenso, es decir, se adoptan las decisiones si ningún miembro presente en la reunión se opone formalmente a ello. En los casos en los que no se puede pactar el consenso se llega a la votación, para la cual cada miembro dispone de un voto.

La Ronda de Uruguay fue una de las más ambiciosas rondas de negociación del GATT, pues supuso la regulación comercial de nuevos sectores, la mejora institucional y la creación de la propia OMC. A partir de entonces, la OMC, siguiendo lo estipulado en el Acta de Marrakech, ha venido celebrando reuniones ministeriales cada dos años. La primera fue en Singapur (1996) para, posteriormente, continuar en Ginebra (1998), Seattle (1999), Doha (2001), Cancún (2003) y Hong-Kong (2005) ; sin embargo, dichas rondas negociación han terminado en fracaso por diversos motivos, entre los que se encuentran el rechazo manifestado por los movimientos sociales alternativos o la negativa de los gobiernos del G-8 a reducir la protección de sus sectores agrarios.

La OMC publica anualmente su Informe sobre el comercio mundial.

El funcionamiento de la OMC se basa en la gestión de los tres principales acuerdos surgidos en la Ronda Uruguay del GATT, que son el GATT-1994, el GATS y el ADPIC, además de la de cuatro acuerdos comerciales plurilaterales, sobre aeronaves civiles, sobre contratación pública, sobre productos lácteos y sobre carne de bovino.

a) El GATT

El Acuerdo sobre Comercio de Mercancías (GATT-94), que incluye el texto original del Acuerdo de 1947 enmendado a lo largo de su vigencia y especialmente en la Ronda de Uruguay, profundizó en la liberalización del comercio de mercancías incluyendo el comercio de los productos agrícolas y textiles poco liberalizado hasta 1994.

Así, en materia de comercio de productos agrícolas, el GATT recoge, entre otras, las siguientes medidas:

a) Reducción de la protección por contingentes y aranceles ; es decir, transformación de barreras no arancelarias en arancelarias (contingentes en aranceles); reducción progresiva de los aranceles hasta su eliminación; y necesidad de solicitar autorización de la OMC para aplicar medidas de salvaguardia de urgencia para paliar los efectos sobre el sector agropecuario de importantes caídas de los precios o aumentos bruscos de las importaciones.

b) Eliminación de las subvenciones a la exportación de productos agrícolas.

c) Control de las políticas nacionales de protección a al sector agropecuario; es decir, separación de las ayudas con impacto en el comercio mundial de las que no lo tienen y eliminación de las primeras.

En materia de comercio de productos textiles destacó la eliminación del Acuerdo Multifibras , en cuatro fases entre 1994 y 2004, lo que permitió el libre comercio de productos textiles a partir de 2005. También fue importante la aprobación de la necesidad de solicitar autorización de la OMC para aplicar medidas de salvaguardia de transición, en caso de graves perjuicios por el aumento de las importaciones de textiles o por caídas acusadas de precios.

Y, por último, el GATT-94 reguló de manera más exhaustiva las medidas no arancelarias de protección comercial, tales como: las barreras técnicas , las medidas antidumping , las medidas compensatorias , las licencias de importación , las salvaguardias, etc.

b) El AGCS

El Acuerdo General sobre Comercio de Servicios (AGCS, o en inglés, General Agreement on Trade of Services, GATS) recoge un conjunto de reglas que regulan el comercio mundial de servicios. SE basa en los mismos principios que el GATT, aunque el principio de no discriminación tiene excepciones temporales y el de trato nacional sólo se aplica cuando se hayan contraído compromisos al respecto.

El acuerdo regula en comercio de cuatro tipos de servicios: a) el suministro transfronterizo, similar al movimiento transfronterizo de mercancías (por ejemplo, los servicios de telefonía internacional); b) el consumo en el extranjero, cuando se produce el acercamiento del consumidor al productor del servicio (por ejemplo, los servicios turísticos); c) la presencia comercial, cuando empresas extranjeras establecen filiales o sucursales en otro sistema económico nacional (por ejemplo, la creación de puntos de venta de empresas extranjeras; y d) la presencia de personas físicas, cuando se produce el acercamiento del productor al consumidor (por ejemplo, los conciertos de artistas extranjeros).

Además el AGCS contempla cuatro tipos específicos de servicios que requieren de un trato diferenciado y son los referidos al movimiento de personas físicas (por sus implicaciones respecto del empleo), a los servicios financieros (por sus implicaciones respecto de la seguridad financiera), a las telecomunicaciones (por la existencia de redes de telecomunicaciones públicas) y a los servicios de transporte aéreo (por su regulación parcial con acuerdos bilaterales).

c) El ACPIC

El Acuerdo sobre los Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio (ADPIC) establece unas normas mínimas para la protección de cada categoría de derecho de propiedad intelectual, que deben estar amparadas en la normativa nacional de cada sistema económico nacional miembro.

Los principales derechos de propiedad intelectual protegidos por este acuerdo son: los derechos de autor; las marcas de fábricas o de comercio; las indicaciones geográficas; los dibujos y modelos industriales; y las patentes y los nuevos materiales (semiconductores…).

La justificación de este acuerdo se encuentra en el hecho de que la transferencia de ideas y conocimientos tiene cada vez más importancia en el comercio mundial, pues buena parte del mismo lleva incorporada propiedad intelectual (programas de ordenador, películas, bases de datos, grabaciones musicales, productos con marcas, medicinas…).

11.1.2. La UNCTAD

Durante los primeros años de funcionamiento del GATT no se consideraron las necesidades espaciales de los sistemas económicos subdesarrollados. Sin embargo, en 1955 el documento principal fue modificado en la parte de la normativa que afectaba a estos sistemas, introduciendo un reconocimiento más explícito a las excepciones que los sistemas económicos subdesarrollados podrían utilizar en el marco del GATT. No obstante, a pesar de ello, las críticas de los gobiernos de los sistemas económicos subdesarrollados al sistema GATT continuaron aumentando, dado que las empresas de dichos sistemas tenían importantes dificultades para el acceso de sus exportaciones a los mercados de los sistemas económicos desarrollados, por la fuerte protección que mantenían en los sectores agrícola y textil y por el perjuicio que les suponía el sistema de negociación arancelaria.

La insatisfacción de gobiernos de los sistemas económicos subdesarrollados provocó su presión ante las Naciones Unidas, para convocar una conferencia que uniera los problemas del comercio internacional y del desarrollo económico. Así, por primera vez, en 1964, se convocó la Conferencia de Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (en inglés, United Nations Conference on Trade and Development –UNCTAD-), que terminó convirtiéndose en un agente encargado de defender las aspiraciones de los sistemas económicos subdesarrollados en relación con el comercio internacional.

La UNCTAD es un agente supranacional regulador de los aspectos comerciales y de desarrollo del sistema económico mundial, creado en 1964 y con sede en Ginebra; adopta la forma de organismo del Sistema de las Naciones Unidas, agrupa a 193 gobiernos y se encarga de promover la integración de los sistemas económicos subdesarrollados en la economía mundial dentro de un marco propicio para el desarrollo.

Sus funciones son: servir de foro de deliberaciones intergubernamentales e intercambios de experiencias; realizar estudios que sirvan de base para las deliberaciones entre los expertos y los representantes de los gobiernos; y prestar asistencia técnica a los gobiernos de los sistemas económicos subdesarrollados.

Dicho agente ha evolucionado gradualmente hasta llegar a convertirse en una autoridad basada en el conocimiento, cuya labor tiene por objeto orientar los debates actuales sobre las políticas y la reflexión en materia de desarrollo, velando especialmente por que las políticas nacionales y la acción internacional se complementen mutuamente para contribuir al desarrollo. A diferencia de la OMC no tiene una orientación neoliberal, sino todo lo contrario, de manera que los principales acuerdos firmados bajo su influencia (sobre comercio de estaño, trigo, azúcar, aceite de oliva, caucho, yute y productos del yute, y maderas tropicales) tratan de limitar precisamente el libre comercio.

En la II Conferencia de la UNCTAD, en 1968, se alcanzó el logro más importante de esa conferencia, la creación del Sistema Generalizado de Preferencias (SGP), que fue adoptado por el GATT en 1971. El SGP consiste, básicamente, en una forma de cooperación que confiere mayor facilidad de acceso a los mercados de manufacturas de los sistemas económicos desarrollados, a través de la anulación o reducción de los derechos arancelarios sin necesidad de reciprocidad, esto es, sin que los sistemas económicos subdesarrollados se vean obligados a reducir de forma equivalente sus aranceles.

Las características más importantes de este mecanismo son los siguientes:

a) Los sistemas económicos donantes de preferencias son los sistemas económicos desarrollados, los cuales, a pesar de la expresión “preferencias generalizadas”, son los que conceden reducciones arancelarias a una serie de sistemas económicos incluidos en una lista elaborada por los gobiernos de aquéllos.

b) Los sistemas económicos beneficiarios son los sistemas económicos subdesarrollados incluidos en dicha lista.

c) Los productos son fundamentalmente manufacturas (no todos los productos son susceptibles de recibir un trato de favor a través de las preferencias), lo cual perjudica a los sistemas económicos subdesarrollados más pobres que exportan principalmente productos primarios sin elaborar.

No obstante, a pesar de la existencia de este mecanismo, los gobiernos de los sistemas económicos subdesarrollados no han dejado de denunciar su mal funcionamiento, reclamando con insistencia un nuevo sistema de preferencias que sea permanente, absoluto (total supresión de aranceles) y verdaderamente generalizado (que afecte a todos los productos de los sistemas económicos subdesarrollados). Sin embargo, a pesar de las diez conferencias que hasta 2008 han seguido a la Conferencia de 1968, dichas reivindicaciones no han tenido éxito.

La UNCTAD tiene la siguiente estructura institucional:

a) La Conferencia, que es el órgano principal y celebra sus sesiones cada cuatro años para formular directrices sobre las políticas que deben seguirse.

b) La Junta de Comercio y Desarrollo, que es el órgano rector, está formado por 151 miembros, se reúne una vez al año en periodo de sesiones (más dos o tres reuniones ejecutivas), estudia la interdependencia y las tendencias económicas mundiales desde la perspectiva del comercio y el desarrollo, y asegura la coordinación de las actividades de la UNCTAD.

c) Las Comisiones de la Junta, en las que se examinan a fondo cuestiones de interés y se presta asesoramiento técnico en asuntos relacionados con las políticas de que se ocupan las Comisiones (Comisión del Comercio Internacional de Bienes y Servicios y de los Productos Básicos; Comisión de la Inversión, la Tecnología y las Cuestiones Financieras Conexas; y Comisión de la Empresa, la Facilitación de la Actividad Empresarial y el Desarrollo).

Los temas de debate han sido los que afectan al desarrollo económico y pueden ser agrupados bajos los siguientes rubros: el comercio de productos básicos; las relaciones comerciales, monetarias y financieras; el transporte marítimo; las transferencias de tecnología; las relaciones comerciales entre sistemas económicos nacionales; la cooperación económica entre sistemas económicos subdesarrollados; los problemas específicos de los sistemas económicos más pobres, de los sistemas económicos subdesarrollados sin litoral y de los sistemas económicos insulares; los problemas institucionales; y la asistencia a los movimientos de liberación nacional reconocidos por los organismos intergubernamentales regionales.

En definitiva, la UNCTAD se ha convertido en el foro de presión política en el que se plantean las quejas y demandas de los gobiernos de los sistemas económicos subdesarrollados y en el que, poco a poco, han ido perdiendo peso las cuestiones comerciales.

La UNCTAD publica anualmente su Informe sobre comercio y desarrollo y su Informe sobre las inversiones en el mundo.

11.2. Los principales cambios en el comercio mundial

Desde los años ochenta el comercio mundial se ha incrementado de forma significativa como consecuencia del proceso de globalización, y en el mismo han ganado gran protagonismo el comercio de productos básicos sin diferenciación o commodities, que tienen mercados específicos dentro de los mercados bursátiles. Así mismo, el patrón de especialización productiva de los diferentes sistemas económicos nacionales se ha ido transformando en todo este proceso.

11.2.1. El fuerte crecimiento del comercio mundial

El fuerte crecimiento del comercio mundial, tanto de mercancías como de servicios, queda constatado por la evolución que han experimentado tanto las exportaciones como las importaciones de ambos (tabla 11.1).

Respecto de la evolución de las exportaciones mundiales de mercancías, en la década de los ochenta aumentaron, en términos nominales, un 69,5%, en la de los noventa un 87,1%, y entre 2000 y 2007 un 115,4%, siendo su crecimiento durante todo el periodo del 583% y su crecimiento medio anual superior al 20%.

Por su parte, las importaciones de mercancías, siguen el mismo patrón de crecimiento en términos nominales, siendo éste del 71,0% en los ochenta, del 89,5% en los noventa y del 111,3% desde 2000 a 2007, mientras que durante todo el período crecieron un 585%, a un ritmo medio anual superior al 20%.

Sin embargo, ese crecimiento no ha sido homogéneo en todo el sistema económico mundial. Así, mientras regiones como América del Norte, Central y del Sur, Europa o África han perdido peso en el comercio mundial de mercancías o bien se han mantenido, Asia lo ha ganado peso, fundamentalmente por el dinamismo económico de sistemas económicos nacionales como China, India y los Nuevos Países Industrializados de Asia (NPIAs; Taiwán, Corea del Sur, Hong-Kong y Singapur).

No obstante el comercio mundial de mercancías se concentra en los sistemas económicos más desarrollados (por ejemplo, el 55% de las exportaciones mundiales y el 62% de las importaciones se concentran en los sistemas económicos nacionales de Europa y América del Norte.

Respecto de las exportaciones de servicios, que representaban un 17,9% del comercio de mercancías en 1980 y un 22% en 2007, al igual que las de mercancías, también han experimentado un importante crecimiento en términos nominales entre ambas fechas, siendo dicho crecimiento superior al experimentado por las exportaciones de mercancías, con un valor del 792% y un ritmo cercano al 30%.

Por su parte, las importaciones de servicios, siguieron el mismo patrón de crecimiento que las exportaciones, pasando de representar el 19,4% de las de mercancías en 1980 al 21,5% en 2007, con crecimiento total del 660% y un ritmo de crecimiento medio anual cercano al 25%.

Por regiones, desde 1980 hasta 2007, han ganado peso en el comercio internacional de servicios América del Norte y Asia, mientras que la Europa ha experimentado un importante retroceso.

Sin embargo, a pesar del importante crecimiento del comercio de servicios, éste, al igual que el de mercancías, se sigue concentrando en las regiones y sistemas económicos más desarrollados. Así, mientas que en 1980 más del 68% de las exportaciones de servicios procedían de Europa y América del Norte, en 2007 este porcentaje se sitúa en el 63%. Por su parte, las importaciones adquieren valores inferiores, siendo éstas del 56% en 1980 y del 47% en 2007 para Europa y el América del Norte. No obstante, puede apreciarse cómo la tendencia es que estas regiones más prósperas, aunque sea lentamente, pierden peso en el comercio mundial, tanto de mercancías como de servicios, a favor de determinados sistemas económicos asiáticos.

11.2.2. El comercio de productos básicos: las commodities

Una commodity, en su traducción literal, es un artículo o mercancía cualquiera. Sin embargo, en Economía, entendemos por commodities aquellas materias primas brutas, o que han sufrido procesos de transformación muy pequeños o insignificantes, de tal forma que se trata de productos básicos muy homogéneos, es decir, muy similares entre sí.

Una commodity surge cuando se produce un proceso de acomodación, es decir, cuando en un mercado de un bien o servicio se pierde la diferenciación existente en la oferta (no importa ni la marca, ni el origen y no hay diferencias significativas de calidad).

Existen diferentes grupos de commodities comercializadas en los mercados mundiales :

a) Energéticas: petróleo, fuel, gasolina, gas natural, etanol, propano, uranio…

b) No energéticas:

- Bebidas: cacao, café…

- Alimentos: maíz, trigo, arroz, avena, soja, azúcar, aceite de palma, cerdo, vacuno…

- Insumos industriales:

- Materias primas agropecuarias: algodón, lana, caucho…

- Metales: oro, plata, platino, paladio, cobre, plomo, zinc, aluminio, estaño, níquel, acero…

- Sintéticos: polietileno, polipropileno…

Siendo los principales mercados mundiales de commodities el Chicago Board of Trade (CBOT), el Chicago Mercantile Exchange (CME), el New York Board of Trade (NYBOT), el New York Mercantile Exchange (NYMEX), el London Metal Exchange (LME) y el Intercontinental Exchange (ICE).

La importancia de las commodities radica, sobre todo, en la gran dependencia que de ellas tienen muchos sistemas económicos subdesarrollados exportadores y por la fuerte inestabilidad de sus mercados. Así, a pesar de que su participación en el comercio internacional ha ido decreciendo paulatinamente (excluyendo el petróleo), son muchos los sistemas económicos subdesarrollados para los que las exportaciones de commodities suponen una parte sustancial de sus ingresos.

Respecto de la inestabilidad de los mercados, ésta se puede originar por tres grupos de factores:

a) Factores que actúan sobre la demanda: las políticas de autosuficiencia de los sistemas económicos desarrollados; la coyuntura económica de los sistemas económicos desarrollados; la disminución en el consumo de materias primas a medida que se alcanzan mayores niveles de desarrollo; y los procesos de sustitución de productos naturales por sintéticos.

b) Factores que actúan sobre la oferta: la climatología (fundamentalmente en las producciones agrícolas) provocando alteraciones en las cantidades ofertadas; y la falta de coordinación entre productores para ejercer un adecuado control de la oferta.

c) Factores institucionales: la influencia de las empresas transnacionales como consecuencia del control que ejercen algunas de ellas sobre una amplia gama de commodities (en determinadas circunstancias obtienen contratos a largo plazo muy ventajosos); y la dificultad para la instalación de empresas transformadoras en los sistemas económicos exportadores por el control que ejercen las empresas transnacionales sobre los productos transformados.

En las últimas décadas, los mercados de commodities han pasado a estar controlados por unos pocos transformadores, comerciantes y minoristas, que obtienen grandes beneficios a expensas de los proveedores y los consumidores, haciendo que hayan existido bajos precios de exportación y altos precios de venta para el consumo del producto elaborado (o sin elaborar).

No obstante, a pesar de que la disminución permanente y a largo plazo de los precios es una tendencia que ha dominado los mercados de productos básicos agrícolas durante más de cinco décadas, desde principios de la década del 2000 se ha producido una recuperación nominal de los precios (sobre todo de commodities energéticas y metálicas), debido principalmente a un cambio estructural de la demanda. Este cambio obedece fundamentalmente a una mayor demanda de productos básicos por parte de China y la India, como consecuencia de las importantes tasas de crecimiento económico que vienen experimentando en los últimos años.

Pero las commodities, además de ser las materias primas esenciales de la economía mundial, constituyen una alternativa más de inversión para distintos perfiles de inversores. Una forma indirecta de invertir en commodities ha sido a través de la adquisición de acciones y bonos ligados a empresas vinculadas con la producción de las mismas. Sin embargo, en los últimos años, la creación de índices de commodities, en los cuales es factible invertir, y la disponibilidad de activos ligados al desempeño de las commodities, ha ampliado bastante las posibilidades de inversión de cartera. Así, la principal ventaja que presentan las commodities para un inversor radica en su habilidad para proporcionar alternativas de riesgo/retorno que no son fácilmente replicables mediante otras alternativas de inversión.

Ejemplos de tales índices son los creados por Goldman Sachs (GSCI), que cubren los sectores energéticos (petróleo y gas natural, entre otros), metales de uso industrial (aluminio, cobre y zinc, entre otros), metales preciosos (oro y plata), sector agrícola (trigo, maíz, soya y café, entre otros) y sector ganadero (bovinos y porcinos). Otros ejemplos de índices son el Dow Jones, AIG y el S&P Commodity Index.

Así, desde el momento en el que las commodities representan una alternativa de inversión financiera, las características esenciales de los mercados financieros mundiales pasan a ser características de los mercados de commodities, y entre ellas la especulación, que ha tenido en los últimos años una importante influencia en la subida de los precios de los alimentos por la supuesta competencia de la producción agrícola destinada a la producción de biocombustibles.

Pero al margen del funcionamiento, más o menos libre, de los mercados de commodities, existen una serie de instituciones y agentes reguladores de los mismos. Entre las instituciones destacan los convenios o acuerdos internacionales de productos básicos, y entre los agentes las asociaciones de sistemas económicos productores de productos básicos.

a) Convenios o acuerdos internacionales de productos básicos

A partir de los años cincuenta del siglo XX comenzaron a proliferar los acuerdos internacionales sobre productos básicos, que se negocian entre gobiernos y organizaciones que representaban a varios gobiernos de sistemas económicos productores y consumidores; tienen una duración limitada (en torno a los cinco años) y posteriormente se renegocian.

Con dichos acuerdos se pretende conjugar los intereses de ambas partes, aunque suelen ser más beneficiosos para los productores, dado que aportan una mayor estabilidad en la corriente de ingresos por sus ventas. Para los importadores, representan la creación de un marco de seguridad para los suministros, y al mismo tiempo, la estabilidad asegura que los costes de las empresas transformadoras no se vean muy afectados por las fluctuaciones de los precios.

Entre los principales acuerdos alcanzados para productos básicos destacan: el Acuerdo sobre el Café, el Acuerdo del Cacao, el Acuerdo Internacional del Azúcar, el Acuerdo Internacional sobre el Aceite de Oliva, el Convenio Internacional del Caucho Natural, el Acuerdo Internacional sobre el Estaño, Convenio Internacional de las Maderas Tropicales y el Acuerdo sobre el Yute.

b) Asociaciones de sistemas económicos productores de productos básicos

Sin embargo, a partir de los años setenta del siglo XX, las dificultades para llegar a acuerdos entre sistemas económicos nacionales productores y consumidores de productos básicos originaron el despliegue de grandes esfuerzos por crear asociaciones que defendieran los intereses de los productores. A ello se sumó la labor de la UNCTAD, la subida de los precios del petróleo, la subida de los precios de las materias primas y la limitada eficacia de los acuerdos internacionales en vigor después de varios años de funcionamiento.

Estas asociaciones defienden la cartelización de la oferta por parte de los productores, frente al esquema de los acuerdos internacionales en que participaban ambas partes, productores y consumidores. Y entre dichas asociaciones destacan: la Organización de Países Productores de Petróleo (1960), la Organización Internacional del Café (1964), el Consejo Intergubernamental de Países Exportadores de Cobre (1967), la Organización Internacional del Azúcar (1968), el Consejo Oleícola Internacional (1969), la Organización Internacional del Cacao (1973), la Unión de Países Exportadores de Banana (1974), la Asociación Internacional de la Bauxita (1974), la Asociación Mundial de Productores de Mercurio (1974), la Asociación de Países Exportadores de Mineral de Hierro (1975), la Asociación Internacional de Promoción del Té (1976), la Organización Internacional de Caucho (1979), la Asociación internacional de Productores de Algodón (1982), la Asociación de Países Productores de Estaño (1982) y la Organización Internacional de Maderas Tropicales (1987).

11.2.3. Los cambios en la división internacional del trabajo y su incidencia en la especialización productiva

El crecimiento del comercio internacional conduce a la progresiva especialización y división del trabajo que necesita del intercambio para satisfacer las necesidades de una economía.

A mediados del siglo XX, la división internacional del trabajo se basaba en el intercambio de manufacturas por productos sin transformar entre sistemas económicos desarrollados y sistemas económicos subdesarrollados, respectivamente.

Sin embargo, entre las décadas de los cincuenta y los setenta, se modificó la división internacional del trabajo tradicional. Los sistemas económicos desarrollados fortalecieron su papel de exportadores de manufacturas e iniciaron una sustitución progresiva de las manufacturas menos complejas (que fueron deslocalizadas hacia sistemas económicos subdesarrollados) por otras con una intensidad mayor de capital y con mayor contenido tecnológico. Los sistemas económicos subdesarrollados, por su parte, atenuaron su papel de exportadores de productos primarios y aumentaron sus exportaciones manufactureras (tanto de la industria pesada como ligera, pero de escasa complejidad), a partir de la puesta en marcha de procesos de industrialización tardía.

La crisis económica internacional de los años setenta volvió a alterar la división internacional del trabajo. Los sistemas económicos desarrollados comenzaron a proteger sus actividades tradiciones como la agricultura, la ganadería y las ramas más características de las primeras etapas del desarrollo industrial (la siderurgia y la producción textil, fundamentalmente), para evitar que los efectos de la crisis repercutieran, de una forma intensa, sobre determinados estratos de la población y sobre algunas áreas geográficas concretas. Como consecuencia de ello, los sistemas económicos desarrollados han consolidado una posición dominante en el mercado mundial de los productos agrícolas.

La evolución más reciente experimentada por los sistemas económicos desarrollados, en lo que se refiere a la especialización industrial ha venido marcada por el patrón tecnológico difundido desde la década de los ochenta. La incorporación de innovaciones tecnológicas ha generado una considerable reducción de las necesidades de mano de obra de numerosos procesos productivos, provocando que se hayan reducido las ventajas que podían ofrecer los sistemas económicos subdesarrollados, gracias a sus bajos salarios en sectores intensivos en trabajo. Por otro lado, la flexibilidad creciente de los citados procesos posibilita la fabricación de un mayor número de artículos, con lo que se puede satisfacer mejor la demanda de productos diferenciados de los sistemas económicos desarrollados.

Todo ello ha originado (tabla 11.2) que las ramas industriales menos complejas se hayan trasladado hacia sistemas económicos subdesarrollados en el transcurso de los últimos años (por ejemplo, los textiles hacia Asia). De esta forma, las ventajas comparativas de los sistemas económicos desarrollados no se encuentran en las manufacturas de esas ramas industriales tradicionales, sino en actividades de servicios y ramas industriales más avanzadas (como la mecánica o la química) que, además, disponen de una demanda internacional estable y muy elevada. Dentro de esas ramas, cada sistema económico desarrollado busca las actividades concretas que garantizan un mejor aprovechamiento, tanto de sus ventajas tecnológicas, como de las posibilidades que les ofrecen sus grandes escalas de producción, además, de ajustar esas actividades a la configuración concreta de los gustos de sus consumidores y de los de otros sistemas económicos desarrollados de características similares.

Por lo que respecta a los sistemas económicos subdesarrollados, la crisis económica internacional de los años setenta y la crisis de la deuda externa de los años ochenta frenaron las iniciativas de industrialización y especialización productiva que se habían iniciado tras la Segunda Guerra Mundial y, en muchos casos (y en especial en el de los sistemas económicos exportadores de petróleo) reforzaron temporalmente su papel de exportadores de productos primarios.

Sin embargo, la mejora del contexto internacional hacia mediados de los años ochenta y, sobre todo, de los años noventa, permitió que un reducido grupo de sistemas económicos subdesarrollados (del Sudeste Asiático y de América Latina) mejoraran significativamente su inserción exterior aprovechando las características del nuevo escenario mundial. Su principal logro fue (en particular en el caso del Sudeste Asiático) la incorporación a su estructura productiva de algunos productos industriales que han tenido una demanda mundial muy dinámica durante los últimos años (por ejemplo, la industria textil), así como de manufacturas más complejas (por ejemplo, la industria del automóvil y la de equipo de oficina y telecomunicaciones). Pero la inserción exterior de la mayor parte de los sistemas económicos subdesarrollados (tabla 11.2) sigue dependiendo de productos sin transformar y de ramas industriales tradicionales, como la siderurgia y la producción de textiles y de artículos de confección, que tienen una presencia cada vez menor en el comercio mundial.

En definitiva (tabla11.2), los sistemas económicos desarrollados (Europa y América del Norte, fundamentalmente) se encuentran actualmente especializados en las ramas industriales más avanzadas (productos químicos, equipos para oficina y telecomunicaciones y productos de la industria del automóvil), en las cuales la tecnología y el conocimiento adquieren una gran importancia. No obstante, los sistemas económicos desarrollados (América del Norte y Europa) se sitúan ligeramente por encima de la media mundial en lo que respecta a la producción agrícola, como consecuencia de la protección que se le ha venido dando en las últimas décadas a este tipo de producción.

Mientras tanto, los sistemas económicos subdesarrollados (América del Sur y Central, CEI, África, Oriente Medio y Asia) se encuentran especializados en el sector primario (productos agrícolas), así como en aquellas ramas industriales tradicionales (hierro y acero, y textiles, entre otras) que incorporan una menor tecnología y conocimiento (a excepción de Oriente Medio, especializado en la producción de petróleo).

Así pues, la especialización de los sistemas económicos en determinados sectores obedece a su mayor competitividad en los mismos, como consecuencia de la convergencia de determinados factores en los propios sistemas económicos. Por consiguiente, la competitividad (junto con los factores que la determinan) se convierte en el concepto clave para entender el patrón actual del comercio mundial y de la división internacional del trabajo.

11.3. La competitividad y el desarrollo

En un contexto tan competitivo como el actual, como consecuencia de la globalización, puede decirse que el desarrollo de un sistema económico nacional depende de la capacidad que éste tenga para competir en determinados sectores productivos y de que revertir dicho éxito en el propio sistema.

11.3.1. La competitividad y sus factores

Se entiende por competitividad la capacidad que tiene una empresa, sector o sistema económico nacional para vender sus productos en un mercado dado en relación con sus competidores. De está forma, un producto es competitivo cuanto tiene alguna característica que lo hace ser elegido en el mercado de manera preferente respecto de un producto similar de la competencia.

Un producto puede ser competitivo por que tenga un menor precio o una calidad mayor que otro similar (entendiendo por calidad toda aquella característica del producto diferente del precio que lo hace ser elegido de manera preferente).

La competitividad vía precio puede obtenerse, bien con menores costes de producción, bien con una mayor productividad que los competidores. Mientras que la competitividad vía calidad puede obtenerse mediante la diferenciación del producto.

La reducción de costes puede alcanzarse por medio de la utilización de una mano de obra más barata que la de los competidores, unos insumos (recursos naturales) más baratos que los de los competidores, unos costes financieros y fiscales más baratos que los competidores o un tipo de cambio favorable (cuando los productos proceden de sistemas económicos con diferentes monedas). Sin embargo, la competitividad basa en la reducción de costes es una competitividad espuria o falsa, en la medida en que no puede ser mantenida a largo plazo, porque los salarios no pueden seguir bajándose indefinidamente (ya que existe salario de subsistencia, cuando no un salario mínimo), porque los recursos naturales se van haciendo escasos a medida que aumenta su explotación (por lo que se encarecen), porque los tipos de interés demasiado bajos generan inflación, porque los impuestos demasiados bajos perjudican las arcas del Estado y porque los tipos de cambios favorables a las exportaciones perjudican las importaciones.

Por este motivo, la competitividad auténtica es la que se basa en la productividad, como vía para obtener unos menores costes laborales unitarios que permitan abaratar los precios del producto. Y dicho aumento de la productividad sólo puede obtenerse incorporando nuevas tecnologías y nuevos conocimientos en el proceso productivo.

La diferenciación del producto, por su parte, puede obtenerse tanto en el proceso productivo como en el proceso de comercialización. En el primer caso, la diferenciación es el resultado de la aplicación de nuevas tecnologías, nuevas técnicas y nuevos conocimientos que permiten generar un producto físicamente diferente al de la competencia (mayor sofisticación tecnológica, mayor versatilidad, mejor adaptación a las necesidades del comprador…). En el segundo caso, la diferenciación es el resultado de la aplicación de técnicas de marketing y publicidad que permiten generar un producto con una imagen muy diferente al de la competencia (marca, garantías, servicios complementarios…).

No obstante, se considera que el factor clave de la competitividad, tanto de una empresa, como de un sector, como de un sistema económico nacional, es la productividad. De hecho, un sistema económico nacional es competitivo cuando alcanza el objetivo principal de conseguir un alto y creciente nivel de vida para sus ciudadanos; y ello depende de la productividad con la que se emplean la mano de obra y el capital, esto es, del valor de la producción que se obtiene por cada unidad de mano de obra o de capital empleado en la misma. Por tanto, la productividad es el principal factor de la competitividad nacional y el determinante fundamental del nivel de calidad de vida de un sistema económico nacional a largo plazo, esto es de su desarrollo.

11.3.2. Las ventajas competitivas de las naciones

La teoría neoclásica del comercio internacional (la teoría de la ventaja comparativa) se basa en la idea de que los diferentes sistemas económicos nacionales poseen una serie de ventajas comparativas en la producción de bienes y servicios dependientes de la dotación heredada de recursos básicos (mano de obra barata, recursos naturales abundantes, situación geográfica estratégica, etc.). Según dicha teoría, los sistemas económicos nacionales deben especializarse en aquellas producciones en las que tienen ventajas comparativas y abandonar aquellas en las que no las tienen, de tal manera que exportando el exceso de producción de determinados bienes y servicios se puedan importar los déficits de producción de otros; así, dicha especialización daría como resultado la producción global más elevada y eficiente y todos los sistemas económicos nacionales saldrían beneficiados de ellos, con el consiguiente efecto sobre su desarrollo.

Dicha teoría fue muy seriamente cuestionada por la teoría del deterioro de los términos de intercambio, según la cual la especialización productiva genera un intercambio desigual entre los sistemas económicos que se especializan en productos primarios y los que lo hacen en manufacturas; dicho intercambio desigual se basa en la idea de que los precios de los productos primarios crecen más despacio que los precios de las manufacturas, por lo que los productores de aquellos pierden poder adquisitivo a largo plazo respecto de éstos, contribuyendo así el subdesarrollo de los primeros y el desarrollo de los segundos. En virtud de esta teoría muchos sistemas económicos subdesarrollados decidieron crear nuevas ventajas comparativas, en lugar de conformarse con las que tenían.

A modo de integración entre ambas teorías, la teoría de la ventaja competitiva niega que las ventajas comparativas estén dadas y sostiene que dichas ventajas pueden ser modificadas al tiempo que pueden ser creadas nuevas ventajas comparativas , fruto de las actuaciones de los agentes reguladores nacionales; desde esta perspectiva, el éxito competitivo de los sistemas económicos nacionales no depende exclusivamente del coste de los factores productivos, entrando en juego otros factores como la inversión y la innovación.

A partir de aquí, se plantea que el proceso de desarrollo de los sistemas económicos nacionales debe basarse en el aprovechamiento de las ventajas competitivas existentes y en la creación de nuevas y transitar desde unas etapas a otras en función de la creación de dichas ventajas. Suelen identificarse cuatro etapas en el desarrollo competitivo de los sistemas económicos nacionales: la etapa del desarrollo impulsado por los factores; la etapa del desarrollo impulsado por la inversión; la etapa del desarrollo impulsado por la innovación; y la etapa del desarrollo impulsado por la riqueza.

a) La etapa del desarrollo impulsado por los factores

En esta etapa la fuente de la ventaja competitiva que impulsa el desarrollo es el bajo coste de la mano de obra y de los recursos naturales abundantes, que permite obtener una producción barata para la exportación.

La tecnología utilizada en el proceso productivo es extranjera y es asimilada por medio de la importación, los acuerdos de suministros, la inversión extranjera directa y la imitación.

Los sectores clave de esta etapa son aquellos intensivos en mano de obra y en recursos naturales, como la agricultura extensiva, la minería, la maquila, el turismo, etc.

La mejora del nivel de vida de la población se basa en la utilización de los ingresos procedentes de las exportaciones para satisfacer las necesidades y las aspiraciones de la misma, pero debe tenerse en cuenta que, si todo lo que se percibe por las exportaciones se dirige hacia el consumo, el sistema económico nacional nunca abandonará esta etapa del desarrollo; sin embargo, si se acumula suficiente capital, el sistema económico nacional podría pasar a la siguiente etapa.

b) La etapa del desarrollo impulsado por la inversión

En esta etapa la fuente de la ventaja competitiva que impulsa el desarrollo es la eficiencia en generar una producción estandarizada derivada de grandes inversiones en maquinaria e infraestructura productiva, que permiten aprovechar las economías de escala, aumentar la productividad y reducir los costes unitarios de la producción destinada a la exportación.

La tecnología utilizada en el proceso productivo es extranjera y es asimilada por medio de licencias y empresas mixtas, existiendo una cierta capacidad para adaptar la tecnología extranjera a las necesidades nacionales y de desarrollar una incipiente tecnología propia.

Los sectores clave de esta etapa son aquellos basados en productos estandarizados, ligeramente sofisticados, ya sean manufacturas (textiles, metal-mecánicas, electrónicas, etc.) o servicios (call-centers, teleservicios, etc.).

La mejora del nivel de vida de la población se basa en la utilización de los ingresos procedentes de las exportaciones para satisfacer las necesidades y las aspiraciones de la misma, pero debe tenerse en cuenta que, si todo lo que se percibe por las exportaciones se dirige hacia el consumo, el sistema económico nacional nunca abandonará esta etapa del desarrollo; sin embargo, si se acumula suficiente capital y, sobre todo, suficiente conocimiento (por inversión en I+D+I), el sistema económico nacional podría pasar a la siguiente etapa.

c) La etapa del desarrollo impulsado por la innovación

En esta etapa la fuente de la ventaja competitiva que impulsa el desarrollo es la capacidad para producir bienes y servicios innovadores utilizando los métodos de producción más avanzados.

La aplicación de las nuevas tecnologías no sólo permite competir en costes vía productividad, sino sobre todo en calidad vía diferenciación del producto e, incluso, vía productos nuevos. Los sistemas económicos nacionales que se encuentran en esta etapa consiguen que algunos de sus sectores productivos se conviertan en líderes en los mercados mundiales. La tecnología utilizada es autóctona y se encuentra a la vanguardia del conocimiento científico.

Los sectores clave de esta etapa son aquellos intensivos en recursos intelectuales y nuevas tecnologías (industria biotecnológica, industria de la informática y las telecomunicaciones, la industria aeronáutica, la industria de la robótica, los servicios financieros, los servicios personales, etc.).

La mejora del nivel de vida de la población se basa en la utilización de los ingresos procedentes de las exportaciones para satisfacer las necesidades y las aspiraciones de la misma pero debe tenerse en cuenta que, si todo lo que se percibe por las exportaciones se dirige hacia el consumo, el sistema económico nacional nunca abandonará esta etapa del desarrollo; sin embargo, si destinan parate de los recursos para que la innovación se vaya extendiendo a todos los sectores, el sistema económico nacional verá aumentada su riqueza y pasará a la siguiente etapa.

d) La etapa del desarrollo impulsado por la riqueza

En esta etapa la fuente de la ventaja competitiva que impulsa el desarrollo es la propia riqueza del sistema económico nacional. La preocupación por la competitividad decae como consecuencia de la riqueza y deja de innovarse, de invertirse y de acumularse capital, pasando a ser la preocupación principal el mantenimiento de la riqueza y el aumento del bienestar y el consumo.

Los sectores clave de esta etapa son los de producción de bienes y servicios de alta gama (lujo), los de producción de bienes y servicios de bienestar social (arte, cultura, servicios personales, servicios sociales, etc.), los de gran prestigio basado en la imagen de marca consolidada (moda, etc.) y los basados en una riqueza antigua (turismo basado en el patrimonio cultural, etc.).

En esta etapa hay una gran mejora del nivel de vida de la población, pues casi todos los recursos obtenidos de la exportación de bienes y servicios se destinan al consumo y al bienestar, lo que a su vez es la causa del declive de los sistemas económicos nacionales que alcanzan esta etapa.

Bibliografía

Cuenca García, E. (2004): Organización Económica Internacional, Pearson, Madrid.

Díaz Mier, M. A. (2000): “Un siglo de relaciones comerciales internacionales”, Revista de Economía Mundial, 3: 11-45.

Millet, M. (2001): La regulación del comercio internacional: del GATT a la OMC, La Caixa, Barcelona.

Porter, M. E. (1990): La ventaja competitiva de las naciones, Plaza & Janés, Barcelona, 1991.


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