BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

CONTABILIDAD AMBIENTAL. CRÍTICA A LA CONTABILIDAD FINANCIERA AMBIENTAL

Eutimio Mejía Soto




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6. Conceptos de capital y mantenimiento de capital orientados bajo criterios ambientales

El reconocimiento de la existencia de un capital natural está supeditado a criterios de valoración extrínsecos de la capacidad de la naturaleza de solventar necesidades del ser humano. Ha primado el supuesto de entender “el hombre como medida de todas las cosas”, incluyendo el aceptar el valor de la naturaleza. Los recursos ambientales y la vida en todas sus formas tienen un valor intrínseco y no requieren reconocimiento externo para su existencia. Se requiere por parte de los hombres conciencia para su protección, cuidado y conservación.

Nepomuceno (2003, 154) indica que existen bases de mantenimiento de capital sustentadas en bases ético-culturales, señalando que por lo menos tres países desarrollados pueden ser citados como ejemplo de la adopción de dichas bases. “Japón, donde la relevancia de las actividades de la empresa está en la producción, no en el resultado para los accionistas; Francia, ha dado mucha importancia a los factores sociales en sus demostraciones contables (balance social); y Alemania, que también adopta una postura de empresa socialmente responsable”.

Talero (2007, 159) conceptúa que el capital natural corresponde a los “activos naturales desde el punto de vista de su condición de proveedores de insumos de recursos naturales y de servicios ambientales para la producción económica y el bienestar humano… el capital natural (cuenta con) tres elementos: stock de recursos naturales, tierra y ecosistemas”.

Franco (2009, 48) menciona que “en Estados Unidos se determinó que el patrimonio natural es lo silvestre que tiene vida, eliminando del concepto de patrimonio los patrimonios minerales. En Europa la definición se construyó en función de los recursos, especialmente el agua y el aire. Latinoamérica, especialmente por los posiciones cepalinas, ha optado por una concepción integral que vincula recursos renovables y no renovables y las características de los suelos”.

Pérez (2008, 27) afirma que “surge en estos tiempos un creciente interés por la conservación y aprovechamiento sostenible del capital natural, expresado como naturaleza, recursos naturales, recursos biológicos, diversidad biológica o la biosfera sistemática”.

Barraza y Gómez (2005, 140) expresan que “la contabilidad que se necesita debe ser una contabilidad de la preservación, puesto que este principio permitirá la prolongación de la capacidad de acogida de la biosfera, así como de sus servicios ambientales y, por ende, la calidad de vida del hombre”. Pérez (2008, 111) afirma que “el valor de los recursos y ecosistemas naturales, incluyendo sus funciones ambientales, es de suma importancia por cuanto todo agente productivo debe pagar al Estado por el uso consuntivo y no consuntivo de estos patrimonios de la Nación”. A partir del criterio anterior, el capital natural debe amortizarse, de forma que el cálculo del Producto Interno Bruto PIB y el Producto Interno Neto PIN consulte e incluya las variables ambientales.

La contabilidad del ingreso nacional tiene contemplado los deterioros del capital natural. El cálculo del Producto Interno Neto debe considerar el consumo de los recursos naturales que son el capital natural. “La contabilidad ambiental puede utilizar unidades monetarias o físicas para cuantificar el consumo de recursos naturales de la nación, renovables o no… la contabilidad ambiental también se denomina “contabilidad de recursos naturales” y está íntimamente relacionada con la economía ambiental y con la economía de los recursos naturales” (Bischhoffshausen, 1996, 145).

Mantilla Pinilla (2006, 145) afirma: “si lo que se pretende es evaluar la sostenibilidad ambiental, es importante entender que ésta sólo es posible en la medida en que los recursos se mantengan en volumen y condiciones, pues toda reducción del inventario natural o la alteración de características en los diferentes elementos que los constituyen, es sinónimo de contaminación, con las consecuencias lógicas en el bienestar social y equilibrio natural”.

Mantilla Pinilla (2006, 156) reitera que “lo verdaderamente importante no es contar con cifras que expresen el valor real del patrimonio natural de una sociedad, sino disponer de cifras que permitan evaluar el comportamiento histórico de la calidad e inventario de recursos con relación a la evolución de la economía y el bienestar social, para así conceptuar sobre las perspectivas generacionales”.

Geba, Fernández y Sebastián (2007, 8) aducen que “el patrimonio socio-ambiental es el conjunto de recursos –bienes y derechos- de los que puede disponer un ente a fin de llevar a cabo su objeto… incluye un denominado patrimonio natural y otro cultural o artificial, y sus relaciones. Entendiendo por patrimonio cultural a aquella parte del ambiente artificial que es comprendido por la sociedad como inherente a su cultura en sentido amplio”.

El Sistema de Contabilidad Económica y Ambiental Integrada SCAEI establece como propuesta “la ampliación del concepto de capital, haciéndolo extensivo a los recursos naturales; el capital representado en los activos de una organización es susceptible de ser depreciado con el paso del tiempo, en razón al deterioro de su capacidad productiva, al aplicar el concepto de capital a variables ambientales se reconoce la finitud de su utilidad como recurso y el concepto de depreciación también es ampliado al agotamiento y la degradación de los recursos naturales”. (Barraza y Gómez, 2005, 130).

Gray (1999, citado por Gómez Villegas, 2004, 114) señala que “el enfoque de inventario se orienta a la identificación, registro, control y comunicación, probablemente mediante cantidades no financieras, de las diferentes categorías del capital natural y su agotamiento o mejora… en esta perspectiva, se pueden identificar tres tipos de capital disponible a mantener: el capital natural crítico, recursos no renovables y exóticos o únicos; el capital natural, recursos renovables, y el capital hecho por el hombre”.

Carrizosa (2006, 32) afirma que “el capital natural se define por el conjunto de características ambientales. Las características del capital natural se agrupan en cuatro conjuntos: aire, agua, tierra y hábitat, las cuales, a su turno, determinan la capacidad de cada ecosistema para suministrar bienes y servicios”.

Avellaneda (2007, 22) propone que “las capacidades de regeneración y asimilación deben ser consideradas capital natural. El no mantenimiento de estas capacidades debe ser considerado como consumo de capital, y por tanto no sostenible. El capital, tanto el natural como el que es obra del hombre, puede ser mantenido a niveles diferentes. Nuestra intensión no es mantener intacto el capital a cualquier nivel, sino al óptimo. En el caso de los recursos como los bancos de pesca sujetos a captura, ganado, árboles, se sabe desde hace mucho tiempo que existe un tamaño de stock que permite obtener un rendimiento máximo por periodo de tiempo”.

Boada, Rocchi y Kuhndt (2005, 75) expresan que el capital natural corresponde a “la masa de recursos naturales, como la tierra, el agua, la atmósfera y los minerales utilizados en la producción. Esta masa de recursos naturales se divide en renovables y no renovables. Algunos pensadores llaman la atención sobre incluir en el capital natural recursos que pueden ser usados por generaciones futuras, pero que hoy sólo se puede establecer un uso potencial de ellos dependiendo del desarrollo de la ciencia y la tecnología, como es el caso de la biodiversidad”.

Pérez (2008, 34) señala las nociones biofísicas fundamentales sobre las cuales se articula la economía ecológica, los aspectos señalados deben considerarse en los conceptos de capital y mantenimiento de capital; estos puntos son:

* La primera ley de la termodinámica, según la cual la materia y la energía no se crean ni se destruye, sólo se transforma; descartando así la noción de las externalidades ambientales como algo ocasional y haciendo evidente que la generación de residuos es algo inherente a los procesos de producción y consumo;

* La segunda ley de la termodinámica o ley de la entropía, según la cual la materia y la energía se degradan contínua e irrevocablemente desde una forma disponible a una forma no disponible, o de una forma ordenada a una forma desordenada, independientemente de que la usemos o no;

* La imposibilidad de generar más residuos de lo que puede tolerar la capacidad de asimilación de los ecosistemas, so pena de destrucción de los mismos y de la vida humana; así como la imposibilidad de extraer de los sistemas biológicos más de los que se puede considerar como su rendimiento sostenible o renovable.

La determinación del capital natural deberá analizar la capacidad de carga de un hábitat que se define como “el nivel máximo de individuos de una determinada especie que puede sobrevivir con los recursos disponibles en una determinada área” (Ehrlich, 1992-citado por Labandeira, León y Vázquez, 2007, 37). El mismo autor relaciona éste concepto, capacidad de carga, con el de huella ecológica, el cual define como “una medida de la carga impuesta por una determinada población sobre los recursos naturales y el medio ambiente. Representa el área biológicamente productiva, de tierra o mar, necesaria para sustentar los actuales niveles de consumo de recursos y generación de residuos de esa población”.


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