BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

DESARROLLO SOSTENIBLE EN ESPAÑA EN EL FINAL DEL SIGLO XX

Alfredo Cadenas Marín y otros




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2.2.3.2 La energía en el fenómeno del cambio climático

Los residuos generados por el sistema energético constituyen uno de los asuntos más relevantes en la búsqueda de un desarrollo sostenible integrado tanto a escala local como nacional e, incluso, global. Estos residuos, que en su mayoría consisten en partículas o gases emitidos a la atmósfera, afectan directamente a la calidad del aire y al sistema climático e, indirectamente, a la biodiversidad de los ecosistemas.

Estos residuos se distinguen, habitualmente, por su diferente impacto geográfico y por sus fuentes o sectores emisores principales. En referencia al impacto geográfico cabe destacar la importancia de los llamados “gases de efecto invernadero (GEI)” responsables de los problemas ligados al cambio del clima. Otro grupo de gases ligados a problemas de índole más regional son aquellos responsables de las deposiciones ácidas que, durante los años 80, afectaron a buena parte de los bosques del hemisferio norte. El más importante de estos gases es el dióxido de azufre (SO2). Por último, es importante apuntar a las emisiones con repercusiones en el ambiente local como puedan ser ciertas partículas orgánicas que, de manera creciente, afectan a la mayor parte de las grandes urbes a escala mundial y, en mayor medida, a las ubicadas en países en vías de desarrollo.

Los sectores relacionados con la generación y el consumo de energía son los mayores emisores de gases a la atmósfera. El sector eléctrico es el que registra una mayor incidencia sobre el total de emisiones, alrededor de un tercio de las emisiones totales, porcentaje parecido al europeo, aunque mayor como consecuencia de una mayor participación de las fuentes energéticas fósiles más contaminantes (carbón y petróleo), parcialmente compensada por un mayor peso de las renovables (Tabla 2.5 y Figura 2.4).

Otros sectores tienen también un significativo peso. En este sentido, el sector transportes tiene una enorme importancia (cerca del 27% de las emisiones de CO2 europeas), el doméstico residencial aglutina cerca del 20% a escala europea, mientras que el sector industrial ha incrementado sus emisiones un 18% respecto a 1990 . La Figura 2.4 muestra el peso de cada sector en las emisiones totales de gases de efecto invernadero (GEI) en España y la UE en el año 2001.

*Este sector incluye el consumo de energía por parte de los hogares, pequeños comercios y servicios.

La estructura de las emisiones es muy similar en ambos ámbitos territoriales, aunque puede observarse un mayor peso del sector transporte en España y del consumo de energía en la industria, mientras que el peso del consumo de energía en hogares, pequeños comercios y servicias es sustancialmente menor en España.

En general, las emisiones aumentan en todos los sectores en el periodo considerado en España (excepto las emisiones fugitivas), mientras que se reducen en la UE-15 (excepto las relacionadas con el sector del transporte y las vinculadas al consumo energético de hogares, pequeños comercios y servicios).

En España, la evolución de las emisiones en todos los sectores, pero particularmente en el sector del transporte y las asociadas al consumo energético de hogares, pequeños comercios y servicios resulta muy preocupante. Será necesario un gran esfuerzo para controlar estas emisiones de manera que España esté en disposición de cumplir sus compromisos del Protocolo de Kyoto, lo cual, a la luz de los datos, parece una tarea difícil (Tabla 2.6).

*Los indicadores de impacto ligados al concepto de ecoeficiencia facilitarían la valoración de los efectos ambientales

Mientras que el análisis del ciclo energético desvela las principales causas de los problemas en los patrones de desarrollo actual (en términos energéticos), el estudio de los indicadores facilitados por la comunidad científica, la propia industria, y los organismos nacionales e internacionales dedicados a esta tarea, podría poner de manifiesto las consecuencias o efectos de dichos patrones de desarrollo.

En términos de eficiencia energética (la cual constituye solo una parte de la ecoeficiencia, pues no considera la valoración del impacto ambiental derivado de las emisiones), cabe señalar que ésta viene determinada por el tipo de tecnología utilizada para la transformación energética de los recursos disponibles. En la actualidad existen importantes diferencias en la eficiencia energética de distintas tecnologías, aunque también en los costes de su utilización. Por ejemplo, la eficiencia de una planta eléctrica convencional (carbón, petróleo) se encuentra alrededor del 40%; lo que significa que alrededor del 60% del recurso utilizado se “pierde” como calor residual durante el proceso de producción. Por supuesto, existen otras tecnologías mucho más eficientes desde este punto de vista, aunque con marcadas diferencias en sus repercusiones a medio y largo plazo (Nuclear / Renovables). Las tecnologías renovables (solar, eólica, minihidráulica, biomasa, geotérmica) se encuentran en una posición inmejorable en términos de eficiencia, aunque su coste de generación (a los precios actuales de mercado ) es algo superior al de mercado. En 2004 el precio medio de la electricidad fue del orden de los 0,09 €/ kWh (frente a la media de 0,10€/kWh de la UE), mientras que, por ejemplo; el coste de generación de una planta eólica media estaba en 1998 entorno a los 0,05 €/kWh , y de una fotovoltaica alrededor de los 0,18 €/kWh ; de cualquier forma, los indicadores de eficiencia energética muestran, en todo caso, atisbos de esperanza frente a las predicciones más catastrofistas de impacto energético sobre la biosfera. Así, en España se superaba en 2004 los 6.000 MW de potencia eólica instalada, por lo que es el tercer país del mundo, por detrás de Alemania y EE.UU. (IDAE 2004).

**Existen en España algunos indicadores sobre magnitudes energéticas, con una orientación muy parcial hacia el desarrollo sostenible y la ecoeficiencia.

Otro orden de indicadores, utilizados comúnmente en la mayoría de los estudios de sistemas energéticos, vienen resumidos en la Tabla 2.7.

*Previsiones realizadas en el “Shared Analysis Project”

Estos indicadores son los comúnmente utilizados en los estudios de desarrollo energético realizados para la toma de decisión pública. Las relaciones entre las cifras “macro” de población, PIB y consumo interior bruto (CIB) de energía resultan en indicadores de gran poder descriptivo. En el caso concreto de España se aprecia como el consumo energético sobre el PIB creció en más de 10 puntos (TEP/MECU) entre 1990 y 1997, y el CIB por habitante pasó de 2.293 Kgep/ habitante en 1990 a 2.693 Kgep/ habitante en 1997. Las predicciones realizadas para los años 2000, 2010 y 2020 están basadas en una serie de supuestos sobre la eficiencia energética de las tecnologías, la intensidad energética en generación y consumo y el incremento de la demanda, entre otros . Con respecto a las emisiones antropogénicas se aprecia, en los últimos años, un aumento en el indicador de emisiones de CO2 / per capita, que pasó de 5,2 Ton/ hab en 1990 a 6,1 Ton/ Hab. en 1997. Las medidas que se espera se tomen a raíz de los acuerdos internacionales en el contexto el Protocolo de Kyoto y de las Conferencias de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas contra el Cambio Climático, deberían permitir una cierta estabilización de las emisiones en los próximos 20 años (esto es lo que refleja la predicción realizada por el equipo del “Shared Analysis Project”).

Las consecuencias y efectos del actual sistema energético se traducen fundamentalmente, a escala local, en la emisión, cada vez más controlada, de partículas orgánicas responsables, en parte, de la contaminación en las grandes urbes. En el ámbito internacional, las emisiones de los GEI, causantes del calentamiento global, y las emisiones de dióxido de azufre, responsable de la lluvia ácida, son dos de los mayores problemas del sector energético.

Aunque estos y otros indicadores utilizados permiten obtener una visión bastante agregada sobre las necesidades energéticas de una región, carecen de la suficiente profundidad y especificidad que necesaria para hacer una evaluación completa de las necesidades, causas y consecuencias del sistema energético vigente. En este sentido parece necesario plantear y estructurar los planes de desarrollo energético introduciendo indicadores actualizados de manera que se incluyan las relaciones específicas, tanto sociales como ambientales y económicas, que permitan definir estrategias de sostenibilidad más acertadas que las actuales.


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