BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

DESARROLLO SOSTENIBLE EN ESPAÑA EN EL FINAL DEL SIGLO XX

Alfredo Cadenas Marín y otros




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CAPÍTULO 6

6 LAS EMPRESAS, LOS CONSUMIDORES Y LA SOCIEDAD CIVIL ANTE LA PERSPECTIVA DE LA SOSTENIBILIDAD AMBIENTAL

La sociedad española, aun manteniendo los rasgos esenciales de la cultura occidental europea presenta rasgos característicos derivados del pasado, los cuales se van borrando de forma paulatina. La sociedad se encuentra hoy vertebrada, alrededor de las ideas del consumo masivo, economía social de mercado y uso del procedimiento democrático para la resolución de conflictos.

Los ciudadanos españoles, a diferencia de lo que ocurría en el pasado, están hoy imbuidos de unos valores que van alejándose de convencionalismos religiosos, encontrándose más cerca de posturas liberales en las que priman actitudes individualistas y hedonistas, actitudes algo alejadas de la ética inherente al desarrollo sostenible en lo que lo colectivo juega un papel importante .

En relación con el desarrollo sostenible, en sus distintas facetas, la cultura española participa de un cuadro de valores (los occidentales) que están conduciendo a la insostenibilidad. Los líderes políticos usan su cálculo racional de búsqueda del poder, incurriendo en planteamientos cortoplacistas en los que se relega a un plano subsidiario al desarrollo sostenible. Los ciudadanos en sus distintos roles sociales como productores, consumidores, votantes, etc., actúan conforme a los incentivos y desincentivos que se superponen a su cuadro de valores como ciudadanos.

En los párrafos siguientes se analiza un conjunto de factores que resultan determinantes para el mantenimiento del rumbo adecuado en la senda hacia el desarrollo sostenible.

6.1 LA EMPRESA Y EL MEDIO AMBIENTE EN ESPAÑA

El comportamiento ambiental de las empresas españolas y las razones que se encuentran tras su forma de actuar son dos asuntos de vital importancia en cualquier análisis sobre la situación actual y las perspectivas futuras del desarrollo sostenible. En el caso español y como corresponde a su nivel de desarrollo, las empresas deben considerar las cuestiones ambientales dentro de sus estrategias corporativas. De los estudios realizados sobre la relación entre medio ambiente y empresa en España pueden extraerse las siguientes conclusiones:

1).- Con respecto al comportamiento ambiental de las empresas españolas predominan los enfoques incrementales y reactivos, es decir, aquellos que buscan realizar pequeños cambios en los procesos productivos, incluyendo la adopción de tecnologías de final de tubería. Lo que si hace con más frecuencia la empresa son buenas prácticas domésticas (good housekeeping measures), medidas que no cuestan mucho y logran reducciones relativamente elevadas bien en el consumo de materias primas o energía o en la emisión de contaminantes o residuos. Es decir, los cambios realizados siguen, en general, un proceso progresivo, empezando por aquellas actividades con beneficios más claros e inmediatos y con consecuencias ambientales más evidentes y significativas, como la gestión de la energía o del agua. El proceso acaba con aquellas actividades con beneficios a más largo plazo. En todo caso las medidas tomadas se orientan más a reducir el impacto sobre el medio ambiente en su función de suministrador de recursos (optimización del consumo de materias primas y energía) que en su función de asimilador de residuos (reducción de vertidos y emisiones). Concretamente, el gasto empresarial en protección ambiental se incrementó en 2002 en un 28% con respecto al año 2001, con una inversión de 1.891, 2 millones de euros, de los cuales un 27,4% se dirigió a reducir las emisiones a la atmósfera y un 24% a la prevención y tratamiento de las aguas residuales.

2) No se aprecia que las empresas españolas reorganicen sus procesos productivos ni su estructura empresarial en función de los objetivos de protección ambiental. La propia estrategia empresarial tampoco se ve hasta ahora muy condicionada por las cuestiones ambientales, aunque la adopción de un sistema de gestión ambiental (SGA) tiene un efecto positivo en la incorporación de los aspectos ambientales en la estructura empresarial. Así, mientras que un 60% de las empresas madrileñas habían implantado en 2001 un SGA, mientras que tan sólo un 27% lo había hecho en Castilla La Mancha y Murcia, un 30% en Asturias y Cantabria, un 43% en las islas Baleares y Canarias .

3) Si es posible apreciar que los comportamientos proactivos son más frecuentes cuanto mayor es el tamaño empresarial (debido a la falta de información y de recursos financieros de las PYMES) y cuando la empresa española es filial o forma parte de un grupo empresarial europeo (especialmente del Norte de Europa). En efecto, en este último caso, es la propia matriz la que suele exigir comportamientos ambientales estrictos. Con relación a la influencia del tamaño en el comportamiento ambiental, la mayoría de los pequeños y medianos empresarios entrevistados no ve la gestión ambiental como una oportunidad de negocio. Hoy por hoy, salvo en ciertos casos, la gestión ambiental "no ayuda a vender más". En muchas ocasiones la adopción de una práctica ambiental hace que el precio de venta del producto aumente y los consumidores no reaccionan favorablemente. Destaca especialmente el caso de las empresas madrileñas con comportamiento proactivo y de liderazgo frente a materias ambientales, cuyo porcentaje ronda el 81%.

4) Frecuentemente, la variable ambiental es percibida, en la mayoría de los casos, como una restricción que hay que cumplir pero de la que la empresa no se puede aprovechar para hacer negocio y acceder a nuevos mercados. La mayoría percibe las respuestas a los retos ambientales en términos de sobrecoste y, por lo tanto, como una dificultad sobreañadida para su competitividad y una amenaza. Hay quien señala que puede haber ahorros económicos en una primera fase, pero que se convierten en costes netos a medida que se va "ambientalizando la empresa". Las empresas que actúan no lo hacen para ganar dinero (incremento de ingresos) explotando, por ejemplo, una imagen más verde, sino más bien para reducir costes (para no incurrir en sanciones, pagos por multas, canon de vertidos o de saneamiento etc...). La ambientalización, en una palabra, no reporta un aumento en los beneficios de la empresa. Esto está relacionado con el siguiente punto.

5) El factor fundamental de cambio es la regulación ambiental. La amenaza de sanciones o incluso de cierre de la actividad contaminante da lugar a la toma de medidas que, normalmente, no van mucho más allá de lo exigido por la legislación. Los empresarios perciben el marco regulador como un elemento de incertidumbre en su actividad, pues cambia con frecuencia. Además se considera que mucha de la legislación no se ejecuta, lo cual perjudica a las empresas que sí toman medidas e incentiva el incumplimiento. En realidad, podríamos clasificar los comentarios sobre la normativa ambiental y el papel de la administración en dos grandes grupos, uno relacionado con la legislación en sí, el otro con su ejecución. Con respecto al primer aspecto, se considera crucial aclarar el marco regulatorio, actualizando y clarificando la legislación más que promulgando nueva legislación. Además, y muy en la línea de lo apuntado por Susana Aguilar (1997) , se percibe una falta de definición de las respectivas áreas de competencia de las administraciones públicas, un excesivo número de organismos públicos y una falta de coordinación entre ellos con respecto a la ejecución de la legislación. Se considera que "es difícil hacer cumplir la legislación. Se observa una gran permisividad en algunas administraciones". Este comentario confirma las conclusiones de otros estudios y entrevistas realizadas a empresarios en los que se critica la falta de rigor en el cumplimiento de la legislación mostrada por las administraciones públicas y la falta de sanción de los incumplimientos.

Los empresarios consideran que la escasa concienciación de la clase empresarial, la confusión legislativa, la indeterminación de competencias y las dificultades para el cumplimiento explican la peor situación medioambiental de la empresa española frente a las empresas del resto de la U.E., EE.UU. y Japón.

6) Cuanto mayores son los costes ambientales para la empresa (derivados de gestionar los residuos, tratar aguas residuales, consumir agua o productos químicos o pagar un canon de saneamiento), más probable es que la empresa adopte iniciativas ambientales. Cuanto más radical es la tecnología, mayores son las inversiones iniciales necesarias para implantarlas pero también mayor la posibilidad de obtener ahorros de costes a corto, medio y largo plazo y mayores dichos ahorros.

7) Se observa que los consumidores no parecen todavía interesarse por los aspectos ambientales de los productos y, los que lo hacen, no tienen fácil informarse acerca de los mismos. El medio ambiente no es una variable relevante en las decisiones de compra por parte de los consumidores y, por lo tanto, no constituye un factor que pueda ser interesante incluir en el márketing que la empresa hace de sus productos. En todo caso, las variables precio y calidad (sin incluir los aspectos ambientales) son los factores de compra fundamentales y los productos ecológicos tienen todavía una cuota de mercado muy pequeña, aunque de tendencia creciente. De esta forma, el estímulo de mercado que le podría venir a la empresa para cambiar es reducido. Una excepción a esto son las empresas exportadoras, especialmente aquéllas que venden una parte significativa de su producción en mercados noreuropeos. En este caso haber tomado medidas puede ser una condición sine qua non para vender sus productos.

8) Tratar de lograr una certificación ambiental (ISO o EMAS) no parece ser un factor de cambio importante a la hora de realizar cambios que reduzcan la presión sobre el medio ambiente. Es más bien al revés: las empresas que han tomado medidas (inducidas por la legislación, los consumidores etc...) buscan rentabilizar su inversión solicitando un certificado ambiental.

Como resumen del diagnóstico de la actuación de las empresas no podemos dejar de señalar que el comportamiento de las mismas es indicativo de las motivaciones e intereses de los españoles. Además, las empresas españolas, aun no siendo proclives a consideraciones de preservación del entorno natural, van poco a poco percibiendo señales del mercado que las incitan a incluir estrategias ambientales tanto en su gestión operativa actual como en sus objetivos y metas futuras. A este fin se dirigía precisamente la orientación del V Programa de Acción relativo al Medio Ambiente de la UE en el que, primordialmente, se propugna la integración de los instrumentos de mercado y de protección ambiental. Sin duda, a Directiva de comercio de derechos de emisión y la Directiva de electricidad procedente de fuentes de energía renovables apuntan en esta dirección.


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