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HISTORIA NATURAL DEL HOMO SCIENTIPHICUS O CARTA DE UN PRIMATE A LOS ANTROPÓLOGOS

Alfonso Galindo Lucas




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9.2. La especie única

Uno de los principales rasgos evolutivos de los seres humanos es su propia forma de pensar, especialmente, en lo relativo a su propio lugar que ocupa en la naturaleza. Ésta ha seleccionado, según parece, a los humanos más vanidosos, a los que desprecian su entorno natural, creyendo estar por encima de las demás especies, e incluso creyendo estar al margen de la evolución.

Por eso, uno de los principales afanes del científico es encontrar el rasgo que caracteriza al ser humano con exclusión de todos los demás seres. Uno de esos rasgos podría ser ese precisamente: La vanidad.

Así pues, los rasgos característicos de la especie humana parecen ser: El tipo de lenguaje, el concepto que tiene sobre sí mismo y el potencial destructivo, aparte de un considerable potencial para modificar el entorno. Son méritos bastantes tristes, para estar continuamente proclamándose especie superior.

9.3. La revolución neolítica

Como se ha visto en 7.1., la agricultura y la ganadería no deben entenderse como inventos milagrosos, sino como consecuencias de situaciones materiales que, inevitablemente, seleccionaban esos modos de vida como más adaptativos que la caza y la recolección. En la clásica y general expresión de "revolución neolítica" se esconden, en realidad, al menos dos vías evolutivas distintas: El invento de la agricultura y el invento de la ganadería (ambas con sus correspondientes consecuencias sociológicas), que vinieron a sustituir al modo de vida tradicional (entonces línea evolutiva principal) basado en la caza y la recolección.

Del mismo modo en que en Rousseau (1762) ya está presente el medio físico como determinante del carácter humano, Marx y Engels hablaban del modelo de producción material como causante de las estructuras sociales y, en último término, de las creencias, normas y valores predominantes (superestructura). En aquellos mismos años, se estaba dando a conocer la obra de Darwin y los primeros hallazgos paleo-antropológicos, por tanto es lógico que el marxismo original no tratara este asunto: El modo de producción de los medios de subsistencia ha condicionado también la evolución humana. Como ya se ha expuesto, el hombre de neandertal, netamente cazador, había desarrollado unas características fisiológicas de robustez y una dentición orientada a la dieta carnívora. En cambio el hombre moderno, pre-agrícola, presentaba formas más 'gráciles' y la organización de los huesos de su cráneo se explica por una masticación paciente (dieta basada en granos). Este hombre terminó imponiendo sus rasgos, gracias a que la biomasa disponible en legumbres y ciertas gramíneas fue, en un determinado estadio climático, oportunamente mucho más abundante que el pasto y tundra (los herbívoros eran la dieta del hombre cazador). Esto permitió que se reprodujera más aprisa el hombre recolector (luego agricultor) y que éste propagase sus genes y sus inventos por toda Europa. Roberts (2009: 31) hace referencia al Neandertal afirmando que "Aquellos seres vivían de la caza y la recolección y para alimentar a una familia era necesaria una gran extensión... (p. 37)... mientras que en la sociedad agrícola primitiva es suficiente con unas 10 hectáreas". Prosiguiendo con este razonamiento, cuando hubo alguna sequía o el mal tiempo dañó las cosechas, la población humana se volvió excesiva (hubo un desequilibrio demográfico) y los pueblos recolectores (vegetarianos) buscaron nuevas tierras, allí donde antes cazaban tribus minoritarias. Esto explica la sustitución del hombre de neandertal por el hombre moderno.

La ganadería, normalmente, se incluye en la vida del hombre moderno como algo propio de nuestra especie y aparejado a la vida agrícola. Sin embargo, se tratan de conatos de líneas evolutivas distintas y esto representa una característica poco frecuente en la evolución animal. Las opciones del hombre agrícola y el hombre ganadero han sido ambas exitosas y, a diferencia a lo que ocurre normalmente, no ha impedido intercambio genético entre los dos diferentes modos de vida. Los ganaderos solían vivir en terrenos más elevados y los agricultores en los valles; los primeros eran nómadas o trashumantes y los otros claramente sedentarios. La conservación de una única línea genética en dos formas de producción tan distintas sólo fue posible porque la capacidad intelectual de ambos grupos humanos les llevó a percibir esas actividades como inventos humanos; no como barrera ecológica entre especies distintas. Hoy en día, no se aprecian caracteres muy diferentes (por ejemplo, en los dientes) en grupos étnicos de origen ganadero (como los judíos o los mongoles) y los de tradición agrícola (indos y chinos), ni parece que haya llegado a existir esa diferenciación, pues el intercambio (el exceso de producción) ha perpetuado la dieta omnívora. ¿Significa eso que esta “conciencia de especie” existió ya en los antepasados menos inteligentes y, sobre todo, es realmente debida a la mayor inteligencia? Yo creo que la noción de especie no es una causa, sino una consecuencia. Nuevamente no es la idea la que mueve el mundo, sino los balanceos del mundo los que seleccionan las ideas. Una especie con tanto éxito como la humana sólo puede vivir en guerra constante o inventar los mecanismos (sociales, mentales) para la tolerancia y el intercambio. Éste, tanto a nivel genético (relaciones sexuales), como en el terreno cultural y comercial, es casi inevitable a medida que incrementa la densidad de población; a pesar de que unos hombres se echaron a la mar, otros a la huerta y otros al monte, al final, el aislamiento genético nunca terminaba de producirse y ese es el motivo de que hoy seamos una única especie, que no es lo mismo que una especie única.

El lenguaje fue una ventaja competitiva dentro de los grupos, pero esa ventaja mutua era más lógico lograrla con otros grupos de proximidad (los ganaderos con los agricultores) que dentro de la actividad de agricultores del mundo o ganaderos del mundo. Al agricultor le interesaba llevarse bien con los ganaderos y pescadores de su comarca (y los artesanos), pero no tenía ningún interés (antes al contrario) en llevarse bien con los agricultores de otras comarcas rivales. Debido a la falta de especialización biológica, se mantuvo la rivalidad entre territorios y no entre modos de vida. El ser humano no podía vivir sólo de vegetales o de carne o de peces; los pescadores no podían digerir el pescado tan bien como las nutrias, ni los cazadores la carne como el lobo, ni los agricultores eran capaces de digerir celulosa; los humanos necesitaban el intercambio y la colaboración. Por eso, de forma casi inmediata a la invención de la agricultura, surgieron los estados. Con el tiempo, surgió también la especialización de la artesanía y el pescador dejó de fabricarse las artes, el agricultor los arados y hoces y el cabrero las navajas de esquilar y otros utensilios.

Bryan Sykes, uno de los genetistas más reputados y conocedor y defensor de la evolución por selección natural, se ve tentado de interpretar el surgimiento de la agricultura en una clave heroica. Se considera un don, una idea feliz aunque reconoce que surgió de forma independiente en distintas partes del mundo: arroz en China y en el Indo, sorgo en África, taro en Nueva Guinea, maíz en Centroamérica y calabaza en Norteamérica (2003: 233). También reconoce que la sustitución de la dieta depredadora por la agrícola debió ocurrir de forma gradual. Sin embargo, se equivoca al imaginar el origen de la ganadería, pues observando la tendencia actual de los niños a adoptar cachorros y animalitos, sugiere que fue por ternura que se empezaron a adoptar las primeras cabras. Sin embargo es al contrario: El instinto de adopción de animales, propio de los niños actuales, deriva de un comportamiento seleccionado durante mil siglos; como la ganadería constituyó una ventaja competitiva, sobrevivieron los humanos propensos a domesticar animales. Esa propensión ya había tenido lugar milenios antes, cuando el hombre se asoció con el lobo. La adopción de las cabras, sin embargo, no revistió originalmente el carácter de alianza, ya que los herbívoros, a diferencia de los lobos, constituyen un alimento. Por lo tanto, su apresamiento no necesitó de relaciones afectivas y mediación de niños y cachorros. Las cabras o gacelas eran raptadas del medio salvaje para sustraerlas a los clanes rivales, de modo que a veces nacían crías en cautividad. No se debió, por tanto de un invento; nadie pensó “¿Qué tal si criamos cabras?”; fue simplemente que la mejor manera de conservar los alimentos es no matarlos. Cuando el ser humano se permite este alarde de previsión es en el momento en que se ha convertido en super-depredador; ya no teme que los leones y las hienas vengan a robar la cabra amarrada, puesto que los grandes carnívoros tienen miedo del fuego y de las armas que portan los humanos. La ganadería es consecuencia de la caza; el sedentarismo es consecuencia de la rivalidad entre carnívoros y la agricultura es una consecuencia del sedentarismo y de la recolección.

Esta misma capacidad de abstracción y "cosificación" del modo de vida la tuvo probablemente el hombre cazador cuando se dividía en las razas neandertal y moderna y por eso no tuvieron inconveniente en cruzarse, aunque, como se ha explicado, el genotipo del neandertal llegó a ser comparativamente tan escaso que, como afirma Arsuaga (1999, 2001), apenas nos llega a los humanos actuales (en cierto modo, es una limpieza étnica). Así pues, una de las especificidades más claras del ser humano, con respecto a otros animales, ha sido su intelectualidad (que no siempre va aparejada a mayor inteligencia), es decir su capacidad para conceptualizar el carácter humano más allá de los modos de vida. Por eso, la extraordinaria exogamia de los grupos de homínidos, en vez de derivar en especies distintas (como ocurre en los felinos, por ejemplo), tiende a la absorción de grupos raciales mediante el mestizaje. Esto permite conservar rasgos adaptativos que se vuelven inútiles en determinados contextos o coyunturas (como las adaptaciones acuáticas) y que hacen al ser humano más versátil en su competencia con el resto de especies (como ya se ha explicado, unos tipos de humanos son más adpatables y otros más invasores). Pero esa conciencia de especie tampoco es un mérito intelectual del ser humano; simplemente, la naturaleza extinguió a los clanes más endogámicos y favoreció a los que accedían a intercambiar y compartir sus modos de vida. Puesto que el hombre agricultor, el pescador y el ganadero se relacionaron sin solución de continuidad, en vez de tomar vías evolutivas divergentes, es posible que en un pasado remoto, el mono acuático intercambiase genes y bienes con otros monos más terrestres, que herbívoros masticadores como el parantropo fuese considerado como un igual por los inteligentes habilis o que el homo erectus nos legara sus genes, ya sea directamente desde África, por la vía asiática, o bien, a través del hombre de neanderthal.

La agricultura supuso, en muchos aspectos, un retroceso en la calidad de vida de la humanidad, según Sykes, quien cita a “muchos antropólogos”, el destete humano dejó de producirse a los tres o cuatro años (edad del despertar sexual frustrado, según Freud) y se hizo patente antes del primer año de vida; el trabajo se volvió mucho menos especializado y el aprendizaje más sumario que en la actividad cinegética. La “universidad de Altamira” cerró sus puertas definitivamente; la revolución agrícola fue como un parangón de la reforma actual de Bolonia. La gente ya no requería formación, sino haber demostrado obediencia y resistencia física y moral. El terrateniente fundaba el fenómeno de las clases sociales y el patriarcado. No hay que descartar que las primeras propiedades agrícolas fuesen comunales, puesto que el origen de la agricultura, como se ha explicado, debió situarse en el reparto de los territorios de caza, en sociedades matriarcales.

No obstante, con la revolución patriarcal y terrateniente (la más antigua revolución de los ricos contra los pobres), la propiedad fue entendiéndose como una cualidad individual. La idea se consolidó y los que no creían en esta idea (la propiedad), pronto eran ejecutados y seleccionados de forma artificial: El hombre empezó a exterminar a otros para imponer sus ideas; así es como surge la propiedad privada de los medios de producción; por selección artificial. Aquí hablamos del hombre, porque, según lo que sabemos de la etapa histórica (coetánea del surgimiento de la escritura) es el hombre quien toma el poder y desplaza a la mujer sometiéndola (Graves). Este sistema ha perdurado hasta ahora; si el enemigo tiene una forma de pensar distinta, se le mata (o se le impide reproducirse, como a Abelardo) y así podemos asegurar que la mayoría piensa igual que el ejecutor. Por eso, a lo largo de esta obra, afirmamos que las ideas no se imponen necesariamente porque sean buenas, sino porque están asociadas con el poder (véase el ejemplo de los chimpancés de Call y Tomasello (5.1).

Así pues, la revolución neolítica no consistió en inventos, como la agricultura y la ganadería, sino en la formación de clases dominantes de carácter patriarcal, ejercicio del terror y reducción general de la calidad de vida, con el incremento masivo de la población humana. Se inventaron técnicas de propaganda, como la escritura y surgieron también elementos de resistencia, como los poetas y trovadores, los profetas y los héroes.


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