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HISTORIA NATURAL DEL HOMO SCIENTIPHICUS O CARTA DE UN PRIMATE A LOS ANTROPÓLOGOS

Alfonso Galindo Lucas




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7.5. La Historia

Es curioso que el surgimiento de la cultura escrita y la historia coincidan con la etapa de creación de los estados. Esto es un indicio de que la historia y la cultura, en general, nacieron como instrumentos de propaganda política. Eso significa que, en los contenidos, podrían hallarse falsedades que han perdurado (tal vez hasta hoy) porque formaban parte del negocio de la opresión. La escritura, como todos los inventos, surgieron como herramientas para obtener poder sobre otros seres. Luego se fueron socializando, vulgarizando, naturalizando y fueron surgiendo nuevas tecnologías, que pusieron fin a etapas de crisis. Las escrituras jeroglíficas eran como los jeroglíficos que hoy nos sirven de pasatiempo. A medida que las clases excluidas (por ejemplo, esclavos extranjeros derrotados en guerras) fueron capaces de adivinar los mensajes, se inventaron otros lenguajes con simbología más encriptada, pero se descubrió el uso de la escritura como instrumento de propaganda. Las estelas y columnas sumerias, las enormes inscripciones faraónicas en fachadas, o las sagas nórdicas fueron el verdadero surgimiento de la historia. En sus orígenes, la historia no se escribió para las generaciones futuras, sino para las corrientes y no tanto para contar la verdad como para mentir.

Incluso hoy, el tema de la Segunda Guerra Mundial sigue mostrándose como un caldo de cultivo para la sospecha. Desde un punto de vista materialista, la hipótesis más verosímil acerca de la conclusión de la Guerra es que las autoridades alemanas pactasen con Estados Unidos el desembarco de Normandía, a fin de frenar el avance del ejército rojo, ya vencedor, y a cambio de una salida de los miembros de las SS hacia Lationoamérica y el sur de España. Sin embargo, la historia que se escribió fue otra y no sólo eso, sino que la Unión Europea reunió a sus representantes políticos para promover que fuese considerado nada menos que delito la forma revisionista conocida como “negacionismo”. Los negacionistas, normalmente de tendencia ideológica antisemita, tienden a negar que los nazis llevasen a cabo un exterminio en la raza judía. La hipótesis negacionista es muy poco creíble, pero al mismo tiempo, el giro prohibicionista (al fin y al cabo, un giro hacia el fascismo) de las autoridades occidentales no deja de ser sospechoso. Tal vez lo que ocurrió con los reclusos en los campos de exterminio fue lo siguiente: Los ejércitos aliados se hicieron cargo de los campos de concentración, pero no sólo no tuvieron recursos para prestar asistencia sanitaria y alimenticia, sino que además no procedieron a la liberación. En las zonas aisladas en que se encontraban tales instalaciones, la liberación debía conllevar una necesidad de evacuación y transporte masivo, para la que tampoco tenían recursos los aliados occidentales. El resultado fue, probablemente, que un gran número de las víctimas (cuyo enterramiento común fue registrado en imágenes macabras) se habría producido ya bajo el dominio de los vencedores.

El trasfondo material de la victoria está por encima de la liberación de las víctimas: Si bien los soviéticos obtuvieron los planos de la bomba atómica, los Estados Unidos se llevaron a los científicos y el bombardeo sobre Hiroshima y Nagasaki podría interpretarse hoy como un experimento macabro (un crimen contra la humanidad del que nadie ha respondido) y, al mismo tiempo, una advertencia a los rusos, un mensaje de que EE. UU. ya tenía en su poder el fatídico invento y lo exhibía frente a las aguas jurisdiccionales soviéticas. Los historiadores han descubierto engaños oficiales, por ejemplo, en relación con el ataque a Pearl Harbour (víctimas que no quisieron evitarse para justificar la entrada de EE. UU. en la guerra), pero la propaganda política (película de Hollywood al canto) es más difundida que los trabajos científicos.

Eso debería ser lo que tendrían que estudiar los niños y jóvenes en los libros de Historia, si no fuera porque las versiones oficiales son distintas de lo que se acaba de explicar. Como ha ocurrido a lo largo de la historia de la humanidad, la versión mítica se impone sobre las demás y se nos cuenta una confusa historia de espionaje, imposible de comprobar, según la cual el desembarco de Normandía fue posible gracias a que se hizo creer a los nazis que el desembarco tendría lugar en la playa de Calaïs.

Por eso, Arnold Toynbee advirtió que hay que dejar pasar al menos unos 50 años antes de estar seguros sobre la interpretación de los hechos históricos; cualquier versión oportunista de la historia puede perpetuar mentiras, invenciones propagandísticas aún más graves que las halladas en las estelas egipcias (aquellas que narraban como victoria la derrota ante los hicsos).

Recientemente, la propaganda en relación con Afganistán ha mostrado cómo las autoridades se mofan de la opinión pública; los historiadores a veces han sido más independientes (y no han sido muy leídos por las masas) o más afines al poder (y han formado parte de dicha propaganda, junto con los periodistas). En celo anti-soviéticooo, antes del derrumbe del bloque socialista, nos mostraba a los afganos como gente noble y sacrificada (véase Rambo, película propagandística típica de Hollywood), pero cuando las necesidades materiales aconsejaban invadir el país, la propaganda se centró en las víctimas femeninas, presas del burka y en las pobres estatuas budistas. Se vio, con el tiempo, que la liberación del burka no era el verdadero objetivo y que la situación de la mujer afgana sigue siendo prácticamente la misma después de la guerra (que a fecha de hoy no ha terminado). Idéntica propaganda se hizo en relación con los kurdos, antes de la guerra contra Irak (que dura desde 1990 hasta nuestros días) y con la de Irán (que ya ha empezado en el terreno propagandístico y en el boicot comercial y tecnológico y el espionaje) y el tema de Venezuela (otra guerra no declarada, que consiste en una toma de posiciones en el Caribe y Colombia).

La mayoría de los humanos tenemos una noción de nuestra historia divulgada por el cine de Hollywood. Sin negar que haya películas buenas, como Rojos o Gandhi, hay que andarse con mucha desconfianza, puesto que se introducen deliberadamente elementos propagandísticos y mentiras descaradas, para distorsionar la historia: Los templarios con la cruz de los cruzados o viceversa, los mamut conviviendo con los dinosaurios. También suelen incorporar consignas de la ética protestante, mensajes belicistas, condimentos racistas (ver por ejemplo, Balck Hawk derribado; opinión en la que coincido con Tariq Ali), machismo puro y duro, etc. El daño infligido a los jóvenes de países periféricos, como España, difícilmente tiene remedio.

7.6. Las etapas del desarrollo

Como presupuesto de su situación de dominio, el occidental piensa que todas las tribus o civilizaciones terrestres se encuentran en alguna etapa que Europa ya ha padecido. Se dice "en este país, la mayoría vive aún en el Paleolítico" y con ello le aplican un concepto relativo al desarrollo de Occidente, lo mismo que la revolución industrial o la democracia burguesa. La civilización occidental aniquila a otras culturas (y a sus individuos) como mecanismo para hacer valer esta idea frente a todo y mostrarse a sí misma una imagen de superioridad. Por ese motivo, utilizamos la expresión "paleolítico superior" refiriéndonos al paleolítico más cercano y "alta Edad Media" también para hacer alusión al Medievo más próximo.

Como ya se ha dicho, la cultura occidental se considera la más avanzada de todas y, por ese motivo, obliga a todas las demás a que pasen por las mismas calamidades industrializantes de nuestra terrible historia, lo cual constituye una excusa perfecta para obligar a otras naciones a comprar tecnología obsoleta; de nuevo, un pretexto ideológico que da cobertura a un determinado interés material. Hay que tener en cuenta que esta interpretación determinista de las etapas del desarrollo proviene, en realidad, del marxismo, pero reformulado por otros teóricos, como Rostow. Mediante este tipo de formulaciones, se consigue que el marxismo sea solamente un tabú para lo que no conviene a las clases poderosas. En cambio, en discursos como el del desarrollo, ahí se fomenta este tipo de planteamientos que, en realidad, consta de aquellas partes teóricas no aprovechables de las propuestas marxistas.

De hecho, la mera constatación de que el Primer mundo está exportando su modelo de desarrollo, indica que éste ha quedado obsoleto.


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