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HISTORIA NATURAL DEL HOMO SCIENTIPHICUS O CARTA DE UN PRIMATE A LOS ANTROPÓLOGOS

Alfonso Galindo Lucas




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CAPÍTULO INTRODUCTORIO

Introducción general - Defensa de la razón.

Hay trabajos científicos cuyo mérito principal es el de describir situaciones y, todo lo más, contrastar determinadas conjeturas. Suelen ir acompañados de estadística inferencial, pero no por eso dejan de ser meras descripciones; no se formulan teorías nuevas, ni se hacen propuestas realmente interesantes. La mayoría de esos trabajos se caracterizan por asunciones ideológicas no declaradas y no detectables a simple vista. Muchos de ellos, además, se permiten hacer proclamas morales que suenan bien y aparentan ser progresistas. Esta obra es todo lo contrario.

Aunque existe un apartado empírico en el tema sobre educación y se hace referencia a ciertos trabajos, tanto de divulgación, como con gran carga de investigación, esto es un ensayo eminentemente teórico. En él se formulan hipótesis, que no llegan a ser consideradas teorías, se utilizan paradigmas filosóficos ya existentes y se detectan errores graves en obras ajenas, todo con la finalidad de hacer una defensa de la razón, por encima del adoctrinamiento; de la explicación, más allá de la justificación.

Para dicha defensa, se precisa el uso del materialismo histórico y prehistórico, aplicado a la evolución humana y a la evolución de la obra humana. Se usa en un doble sentido; primero, explicar de un modo más razonable aquellos procesos que se han interpretado en clave mística o idealista; segundo, para tratar de encontrar las razones por las que esos procesos se explicaron mal.

El progreso reciente de la paleo-antropología y otras disciplinas, como la genética, el surgimiento de teorías como la del mono acuático, la consolidación de la deriva continental, como parte integrante de la tectónica de placas, el hallazgo de restos culturales, como los de Altamira o biológicos, como los de Atapuerca... todo ello ha supuesto un progreso científico relativamente reciente que, en una época mayormente ajena o contraria a la tesis materialista, puede interpretarse como algo inspirado por motivaciones sublimes o, lo que es más común, simplemente ignorarse y quedar al margen del acervo cultural, la formación y la tradición.

Por otra parte, cuando se formula el materialismo (siglo XIX), consolidándose, sobre todo en La ideología Alemana, de Marx y Engels, no se habían producido todos estos hallazgos y aportaciones científicas. Por lo tanto, es un ejercicio relativamente novedoso aplicar el materialismo a la prehistoria, especialmente, cuando se han observado, en los nuevos investigadores y divulgadores de la evolución humana, un vicio místico y anti-marxista, producto de la época en que se escribe.

Los trabajos de Darwin y Wallace o de Marx y Engels, también son fruto de su época y, teniendo siempre su disculpa por este motivo, hacen grandes contribuciones al pensamiento y el conocimiento. Pero es preciso que, a cada cierto tiempo, alguien haga acopio de información y establezca relaciones entre el pensamiento decimonónico y el mundo post-comunista y post-globalista en que hoy publicamos, siendo también víctimas de nuestra época y de la ignorancia que ésta conlleva. Si no se llevase a cabo esta labor divulgativa, de vez en cuando, se podría llegar a la pérdida total o parcial de significado de obras importantes, como ocurre, en general, con los textos sagrados antiguos. Esta necesidad de vulgarizar o difundir la ciencia es lo que hace que para Dawkins (2009) merezca la pena un esfuerzo que, en la visión más curricular de otros investigadores, sería una pérdida de tiempo.

Por eso, debe quedar claro desde un primer momento, que se están comentando conocimientos ajenos, que ya forman parte del estado de la ciencia y que son conocidos (aunque expresados de otras formas y nunca antes compendiados de esta forma) por la gente con cultura. Como afirma Dawkins, la evolución de las especies es un hecho y la selección natural la mejor teoría para explicarla. Además, desde hace tiempo, se sospecha que la supervivencia de las ideas y creencias, en las culturas humanas, también están sujetas a un proceso similar a la selección natural. De hecho, cuando Marx inventa el concepto de superestructura, se está refiriendo a aquellos valores, creencias y normas que, por ser más favorables a los intereses de la clases dominante, se imponen en una sociedad determinada y en una época concreta. Estas son las claves fundamentales, a las que se dará soporte en esta obra.

Se ejerce una crítica general de los conocimientos publicados en materia de la evolución humana. Se critica la interpretación mística que se ha dado a la historia y la prehistoria del ser humano y se aplica, en su lugar, una interpretación materialista, tal vez menos lucida, pero en cambio más lúcida. A los matemáticos, por ejemplo, les gusta creer que los sólidos platónicos y arquimedianos son eternos y han existido siempre en el mundo de las ideas. Este enfoque arrastra el misticismo de los pitagóricos y, por eso, se habla de “descubrimientos”, en vez de “inventos”, pero es evidente que no existía el “cuboctaedro romboidal”, hasta que a Luca Paccioli le dio por inventarlo. De la misma forma, aunque eso nos pueda parecer triste, hasta el siglo XIX no existía la Inmaculada Concepción y la Ascención no existía antes de la muerte del profeta Mohamed. El Dios que hoy adoran cristianos, judíos y musulmanes, considerado por éstos como nuestro creador, no existía en el segundo milenio antes de nuestra era y fue bien entrado el milenio siguiente, que Yaveh surge, según Freud, como sincretismo entre el monoteísmo egipcio y un dios volcánico de los pastores nómadas de Moisés y la Creación, recogida en el Genesis, no existía hasta esa fecha. Hubo otros dioses precursores, como Baal, pero no aspiraban a ser creadores, ni dios único y, por lo tanto, sus adoradores no aspiraban a considerarse pueblo elegido. Lo mismo que murieron los antiguos dioses del olimpo, también tienen los días contados los dioses actuales: La globalización, el espacio europeo universitario, el mercado, el voluntriado, los productos ecológicos, el comercio justo, la banca solidaria, el crecimiento sostenible, el P.I.B., los índices bursátiles, etc.

Es en este planteamiento filosófico, al que podemos denominar sentido común, se basa la metodología utilizada para tratar de explicar por qué motivo los divulgadores de la evolución humana se empeñan en equivocar al público e incluso en engañarse ellos mismos.

La historia de la humanidad se proyecta, en esta obra, no tanto en razón de la cronología, sino de la complejidad. A la historia biológica le sucede la historia demográfica, la historia económica, la historia social y la historia intelectual, entrando a partir de esta idea en el estudio del ser humano que se estudia a sí mismo. De ahí el título. El homo scientiphicus estudia la evolución de mis ancestros y el que escribe responde, en justa represalia, mentándole los ancestros intelectuales al homo scientiphicus.

Este ejercicio, más que meramente ocurrente, es muy útil, puesto que permite rastrear los equívocos de los científicos y expertos en evolución humana, con base en las circunstancias materiales que llevan a éstos a equivocarse. El arqueólogo coloca un cráneo para que sea fotografiado y un dibujante lleva a cabo la reconstrucción de un neandertal. La cara del fósil redivivo se representa, a partir de entonces, en la misma posición en que se encontraba en la vitrina, hasta que vuelven a hacerse nuevas reconstrucciones.

El estudio de las especies humanas y pre-humanas es algo muy interesante aunque sólo sea por el simple motivo de que se trata de una ciencia joven. El libro de Darwin, fundador de este tipo de estudios, no tiene todavía un siglo y medio y los hallazgos fósiles más reveladores son realmente recientes. Las personas que más han contribuido, después de Darwin, están en su mayor parte vivas todavía o fallecieron en los últimos años. El fósil Toumai espera a ser colocado en el árbol genealógico de los antropoides. Todo esto significa que es un buen momento para informarse y emitir hipótesis. Seguramente, una buena parte de las ideas que aquí se muestran serán desmentidas (provisionalmente, como ocurre con todo desmentido científico); otras, en cambio, deberían servir como punto de partida para debates profundos o inspirar trabajos de investigación, porque el propio objeto de estudio (el ser humano) así lo reclama.


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