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HISTORIA NATURAL DEL HOMO SCIENTIPHICUS O CARTA DE UN PRIMATE A LOS ANTROPÓLOGOS

Alfonso Galindo Lucas




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8.5. Educación y cultura

Este apartado se basa en un estudio publicado en 2011 y surgido de la lectura del último libro de Richard Dawkins, en el que se pregunta si un científico debería perder el tiempo explicando cosas que la Ciencia conoce de sobra desde hace siglos. Llega a la conclusión de que, efectivamente, la labor de divulgación es muy importante, porque la población, en general, no sólo vive al margen de los descubrimientos científicos, sino, lo que es peor, engañada por las grandes campañas religioso-empresariales del conservadurismo ideológico.

En este estudio (y en otros anteriores, 2009), se llega a la conclusión de que el propio mundo científico está asumiendo postulados falsos, absurdos o indemostrables, como si fueran hechos constatados. Sin embargo, los hechos constatados son la selección natural, los movimientos de los planetas, la antigüedad de la Tierra, el origen del ser humano, etc.

Con este inspiración, se ha llevado a cabo, en 2010 un simple estudio exploratorio entre unas decenas de estudiantes. El objetivo principal de este trabajo era indagar acerca de la posibilidad de una especialización excesiva en el sistema universitario, no en el sentido de que se sabe demasiado sobre la materia, sino excesiva en el sentido de que se ha obtenido en detrimento de la formación general, que supuestamente alcanzamos en la educación secundaria. El problema que nos ocupa no es sólo, como dijo Pickover, que se sepa “todo acerca de nada”, sino a costa de no saber nada acerca de todo lo demás. Aunque la idea inicial era estudiar el conocimiento (lo que hoy se denomina el conocimiento del medio), en este experimento surgió una variable interesante, a la que hemos llamado el prejuicio. Lógicamente, este fenómeno se detecta sobre todo en preguntas sobre actualidad política, pero también en materias como la zoología o la astronomía.

El estudio consistió en elaborar un cuestionario, en función de los comentarios recabados a expertos en diversas materias, consideradas imprescindibles para medir la cultura o el conocimiento del medio en que se vive. Se trataba de comprobar la penetración en las mentes juveniles de los grandes logros del conocimiento humano, sin entrar en erudiciones y, omitiendo, por tanto, determinadas materias de humanidades que, sin dejar de ser interesantes, no se consideran tan básicas. Por ejemplo, se ha eludido preguntar sobre arte y literatura, pensamientos filosóficos, hechos históricos puntuales, preguntas de lógica, ortografía y gramática, idiomas, valores morales, religión, etc.

Dichas materias, que se han seleccionado sin tener en cuenta ningún plan de estudios convencional, eran las siguientes: Matemáticas; Astronomía relacionada con el planeta Tierra y la Luna: Estaciones, latitudes, eclipses; Biología: Evolución, botánica, zoología; Antropología: Zoología humana y logros del ingenio humano; Política: Instituciones democráticas y actualidad política.

Los resultados, como cabría esperar, no dicen mucho a favor de la cultura general o conocimiento del medio de nuestros estudiantes universitarios. No obstante, son claramente mejores que si los cuestionarios se hubiesen completado de forma aleatoria. Se detecta un alto grado de respuestas sin contestar, lo cual, si se mira bien, indica una actitud prudente y, por tanto, un cierto talante científico, ante el desconocimiento. También se muestra una clara tendencia a detectar y desechar aquellas opciones que son claramente incorrectas, es decir, es mucho más probable que incurran en un error normal o admisible que en uno de los enunciados considerados como “grave error” (con una clara diferencia con respecto al patrón aleatorio).

A diferencia de los buenos resultados en relación con los fallos graves, el prejuicio ha captado la aceptación de los encuestados de una forma muy notable, superior a la que cabría esperar de unos alumnos ignorantes, desconocedores del medio que le rodea, pasivos y hedonistas, como parece sugerir la propaganda oficial que se publica en los periódicos conservadores de reparto gratuito. Por el contrario, la juventud (ahora como en el pasado) se caracteriza por una búsqueda activa del conocimiento. Ese conocimiento no es fácil de obtener: O bien se encuentra en internet, camuflado tras un exceso de informaciones y desinformaciones, o bien se les anteponen unos planes de estudio contraproducentes.

De los aciertos, se esperaba, en el patrón aleatorio, que se quedasen en una cuarta parte, pero han rondado el 40%. En sentido contrario, de los errores se podría esperar un total del 68'65% y, en concreto, casi un 36% de errores graves; en cambio, el total de fallos sólo ha llegado al 38% y, dentro de este porcentaje, un 24'63% de los considerados graves o disparatados. Todo ello debe interpretarse en términos positivos, a pesar de que no se debe perder de vista que si, en vez de un cuestionario, se tratase de un examen, quedaría evaluado con un suspenso. Esto es alarmante no sólo desde el punto de vista de la nota media, sino del porcentaje de aprobados, que no llega al 20%. Además, se ha comprobado que el porcentaje de aprobados es mucho mayor entre los alumnos de más edad y mucho menor en los más jóvenes.

El porcentaje de preguntas sin contestar puede inducir a preocupación, si se piensa que son en detrimento de aciertos, pero en realidad, hay sólo un 25% de probabilidad de que eso sea realmente así. Antes al contrario, el sector que figura en verde en el diagrama debe interpretarse, en términos generales, como una evitación de errores (leves o graves).

Por otra parte, los altos índices de prejuicios, que en el patrón aleatorio eran sólo un 6'25%, se han colocado casi al mismo nivel que los fallos menos graves (mientras que eran menos de un quinto de éstos, en el patrón aleatorio). Eso resulta sin duda preocupante, en relación con la formación de nuestros jóvenes, pero dice mucho a favor de su capacidad de aprender. No tanto, sin embargo, de su autonomía y su capacidad de crítica profunda.

Por preguntas, cabe destacar los siguientes hallazgos empíricos:

1) Un 37% de los encuestados no domina las matemáticas.

2) Se observa mayor dificultad para resolver la pregunta de nivel escolar (fracciones) que para designar resultados de potencias, tal vez porque en la primera pregunta, la opción correcta es muy distinta de las otras tres.

3) Un 83'95% de los encuestados no sabe por qué existen las estaciones. De ellos, el 92'65%, es decir, la práctica totalidad, ha aprendido bien una opción que resulta equivocada. Esta opción, a la que Dawkins llama “chauvinimo galopante del hemisferio Norte” (2009: 363) no debe considerarse como un desconocimiento propio de la época, sino como un fallo muy grave del sistema educativo, incapaz de transmitir lo que desde hace siglos se considera demostrado.

4) Un 6'17% no comprende la inmensidad de la distancia al sol, pero en general, un 86'42% de los universitarios conoce las razones de que en el ecuador haga calor y en el polo frío.

5) Un 24'69% de los estudiantes no tienen ni idea de qué puede significar la palabra “eclíptica”. Aunque un 75'31% lo relaciona con fenómenos astronómicos, sólo un 17'28% acierta en su definición.

6) Un porcentaje muy elevado cree que la achicoria es un árbol (un 28% de los que respondieron a la pregunta). Además, hay un dos tercios de los encuestados (que representa más del 98% de lo que respondieron) que no relaciona la palabra “achicoria” con la botánica. El porcentaje total de ignorancia con respecto al significado de “achicoria” es el 69'14%, lo que indica una superficialidad del conocimiento, ya que la mayoría de los alumnos sabían que esta planta se usaba como sustitutivo del café, pero no conocían su origen exacto y características.

7) Al menos, un 61% de los alumnos encuestados no distinguen las palabras “arce” y “alce” (el porcentaje, seguramente, es mayor, puesto que puede haber aciertos a cara o cruz). El porcentaje de aciertos no llega al 40%.

8) Un 34'78% de los alumnos sitúa al mamut en una época anterior a la aparición del ser humano. De ellos, más de un tercio (el 13% con respecto al total) cree que los mamut convivieron con los dinosaurios, como se sugiere en una reciente película infantil de animación. Esto viene a confirmar la preocupación de Dawkins acerca del éxito del creacionismo bíblico, en detrimento del hecho científico. En un estudio que el Eurobarómetro publicó en 2005 (Dawkins, 2009; pp. 382-384), se puso de manifiesto que, en España, un 29% de la población cree que los humanos convivieron con los grandes dinosaurios y un 15% no sabe o no contesta.

9) El grado de fracaso en la pregunta 9 es completo. Muchos alumnos no distinguían bien la lógica de dos expresiones muy distintas: “Sólo los mamíferos...” y “Todos los mamíferos...”. Muestran unos conocimientos interesantes en la conversación, pero no logran acertar la opción correcta. De hecho, ninguno acertó a señalar que las orejas son una característica exclusiva de los mamíferos. Todos fallaron.

10) El 26'1% de los encuestados no cree demostrado el origen animal del ser humano. Existen estudios (Dawkins, 2009: 383) que ponen de manifiesto que, en España, un 16% de la población cree que los seres humanos no se desarrollaron a partir de otros animales. Esto situaría a los universitarios en un nivel cultural inferior a la población en general, de modo que hay que preguntarse si hubo algo en la formulación de la pregunta que les atrajo hacia la opción “no se ha demostrado su evolución animal”.

11) El 8'7% no saca la conclusión de que el fuego fue necesario para extraer y trabajar metales. El 17'4% ignora que el encender fuegos es un invento anterior a la rueda.

12) El 87% de los alumnos consideran que el perro es un amigo reciente del ser humano. El concreto, un 4'35% cree que el gato fue domesticado antes que el perro.

13) La respuesta a la pregunta sobre el maíz tiene un porcentaje de acierto bastante elevado, el 78'26%.

14) Un 56'52% de los alumnos reconocen el Egeo como sede de la democracia.

15) Un 43'5 % de los alumnos creen que en Venezuela hay un régimen militar. El porcentaje de respuesta correcta es muy bajo, el 17'4%, inferior al patrón aleatorio, lo cual se debe sin duda al aprendizaje de un prejuicio ideológico (el 65'22%, en total). Un 13% ha hecho bien en no contestar.

16) Un 78'26% de los estudiantes considera a Europa como una organización con gobierno democrático y no como un Tratado entre naciones. Esto se desprende no sólo de los resultados, sino también de las conversaciones mantenidas con el autor. El porcentaje de aciertos es muy bajo, inferior al 9%. Dentro del porcentaje restante, se ha considerado que el 52% asume un prejuicio propagandístico pro-europeísta y un 26% de error muy grave: creer que el pueblo es soberano en Europa, como lo es en los países miembros.

Se aprecia lo que podrían ser signos de especialización, puesto que los resultados en matemáticas son superiores a lo que se ha obtenido en algunas pruebas con alumnos de carreras llamadas “de letras” y, por supuesto, muy por encima del patrón aleatorio. En cuestiones de astronomía, el porcentaje de éxito se reduce considerablemente, hasta bajar del 40%, en lo que parece un primer indicio de especialización.

En cuestiones biológicas (p. ej., en botánica) o de otros ámbitos, los porcentajes de aciertos en algunas de las preguntas (por ejemplo, la 6) se aproximan o incluso bajan del patrón aleatorio. En el ámbito de la botánica, los buenos resultados relativos al origen del maíz han enmascarado el gran fracaso en las otras dos preguntas (6 y 7).

Llama la atención que en aquellos ámbitos, como la astronomía, la zoología y la antropología, en que se contempla la posibilidad de prejuicio, el porcentaje de “no contestado” ha sido sensiblemente inferior a la media general del 10%.

Hay que aclarar que, entre las preguntas políticas, el caso del origen de la democracia (preg. 14) ha compensado enormemente los malos resultados en las dos últimas preguntas, hasta el punto de elevar el porcentaje de aciertos por encima de la mitad de los encuestados. Esto se debe a que dicha pregunta, a diferencia de las otras dos, no contemplaba la “tentación” de señalar una respuesta ideada como prejuicio. No obstante, en esta materia, que indica no sólo conocimientos, sino grado de integración de los jóvenes en la sociedad, se muestra el mayor porcentaje de “abstención” en respuestas.

El desglose por preguntas de todo lo que se ha comentado, se muestra en la siguiente tabla. En ella se muestran los resultados sobre el total de preguntas respondidas, sin incluir en el total las no contestadas (NS/NC):

En esta tabla se destacan los prejuicios (contemplados únicamente para las preguntas 3, 10, 15 y 16) y otros porcentajes de acierto muy altos o muy bajos, así como determinados porcentajes de fallos graves. Por otra parte, hay determinados fallos, como el de la pregunta 9 (con un 96%, “sólo los mamíferos son vivíparos”) que pueden dar una idea de prejuicio. En general, los únicos porcentaje de acierto que se parecen al patrón aleatorio son los de las preguntas 5 y 10 (y tal vez, la pregunta 7). El resto suele estar muy por encima o muy por debajo de dicho patrón. Esto puede indicar que los conocimientos de los encuestados son bastante uniformes; que la variabilidad entre observaciones es escasa (sobre todo, teniendo en cuenta que no se han eliminado outlyiers, en función de un porcentaje de respuesta muy escaso o un alto porcentaje de acierto, de error, de prejuicio, etc.; ya que realmente no existían esos outlyiers).

A pesar de que el nivel académico no parece influir, las pruebas previas realizadas con el cuestionario parecen indicar que la edad sí influye, lo que podría traducirse como un matiz generacional en el problema. Esto vendría a significar que las sucesivas reformas educativas, descaradamente instrumentalistas, han hecho a las generaciones cada vez más ignorantes de los logros de las generaciones anteriores. Si bien, en cuestiones tecnológicas que escapan a este estudio (el manejo de teléfonos móviles e interfaces cibernéticos), los jóvenes han desarrollado un dominio que parece innato, las generaciones más antiguas suelen mostrar dificultad para aprender esas habilidades.

La variable “prejuicio” se perfila como una de las conclusiones más interesantes de este trabajo y parece indicar que nuestros jóvenes poseen realmente una extraordinaria capacidad para aprender aquello que se les enseña, pero que muchas veces lo que se les enseña no es lo más apropiado. Una primera conclusión (aunque tal vez habría que afinar más el análisis) es que los estudiantes son víctimas de un sistema educativo que, pese a todas las reformas propagandísticas, semánticas y “bolónicas”, sigue maltratando a los estudiantes.

Esta variable parece indicar también que la enseñanza tiene un fuerte y peligroso rival en los medios de masas mayoritarios. El joven actual (como los jóvenes de todas las épocas) está ávido de conocimientos y retiene aquello que se le enseña (por ejemplo, que las estaciones se producen debido a la proximidad al sol), pero el sistema (tanto educativo como mediático) los defrauda.

El estudiante es, además, bastante consciente de su grado de (des)conocimiento y se han mostrado muy interesados en el estudio y en la perspectiva de conocer los resultados, una vez que se publiquen. Asimismo, han mostrado una curiosidad generalizada, sana y poderosa, sobre cuáles eran las respuestas correctas del cuestionario. Muchos de ellos, han hecho gala de una gran capacidad crítica acerca del experimento, sobre todo, en lo relativo al diseño de las preguntas. Se ha observado el extremo de defender con rigidez aquello que les habían enseñado, aunque fuera incorrecto, lo cual revela una postura bastante adulta, a la que llamamos “deformación profesional” y que es una especie de negación obcecada (una náusea sartreriana) de la posibilidad de haber perdido el tiempo y haber sido engañados.

No obstante, el parecer general de los alumnos es que las preguntas han sido difícil y temen que el resultado de su cuestionario haya dependido en cierta medida de la suerte. El parecer general de los expertos consultados es que el nivel cultural de los estudiantes universitarios debería ser considerablemente más elevado, con un porcentaje de acierto superior al 50%, un porcentaje de errores graves casi nulos y un porcentaje de prejuicios inferior al patrón aleatorio.

Por lo tanto, en conclusión, se constata.

• La existencia de prejuicios en la formación e información que poseen nuestros estudiantes.

• La gran capacidad de aprendizaje de los jóvenes.

• La gran inquietud intelectual que poseen los que ingresan en la universidad.

• Un nivel aceptable en el reconocimiento de grandes fallos conceptuales

• Un nivel más bien preocupante en el conocimiento general de los logros culturales de la humanidad.

Esta falta de preparación en cultura general podría achacarse a los defectos de la Educación Secundaria. En tal caso, habrá que reflexionar por qué, con la excusa del Espacio Europeo y la Reforma de Bolonia, se está poco menos que obligando al profesorado a adaptar sus contenidos y metodologías al mismo esquema que ha fracasado en los grados inferior y medio y a los que todavía, en confidencia, seguimos criticando desde la Universidad.

Tal vez (sólo tal vez) haya aspectos de nuestra cultura que se deberían perder para siempre, pero no debemos dejar de conocer nuestra situación exacta en el sistema solar, el ecosistema, los alimentos y materiales que utilizamos, la historia de cómo hemos llegado a la situación actual y los plantes que tienen para nosotros los poderosos; hay unos mínimos de conocimiento y no parece que el sistema educativo los esté respetando.


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