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HISTORIA NATURAL DEL HOMO SCIENTIPHICUS O CARTA DE UN PRIMATE A LOS ANTROPÓLOGOS

Alfonso Galindo Lucas




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Capítulo 5: CUESTIONES RELATIVAS A LA REPRODUCCIÓN HUMANA

5.1. Acerca de la sexualidad

El célebre Bryan Sykes, con sus habituales capacidades divulgativas, aborda (2003) el tema del origen de la sexualidad, es decir ¿por qué hay más especies que se reproducen de forma sexual que las que se multiplican por clonación? La respuesta es inmediata: Si hay más especies de tipo sexual es porque la sexualidad permite una mayor diversificación de especies. Esa es la respuesta al por qué y esta respuesta siempre es la selección natural formulada por Darwin: Habiendo mayor diversidad genética en una especie, género, orden, etc., habrá más oportunidades de sobrevivir, especialmente (como apunta Sykes) de sobrevivir a los organismos patógenos.

Acerca del cómo, es evidente que el surgimiento de la sexualidad no es un caso de evolución gradual, sino un acontecimiento “histórico”, como el que originó la célula eucarionte. A nivel de organismos unicelulares, es muy difícil determinar si la interacción entre dos organismos y el intercambio de moléculas de ADN es una situación comparable a la depredación, el parasitismo o la sexualidad. Dos bacterias se unen y ninguna de las dos muere, sino que se forma una nueva forma de vida, que puede ser temporal o definitiva. Ese puede ser el origen del sexo. Sykes lo explica como una lucha ancestral entre organismos de distinta naturaleza. Cada cual intenta aprovecharse de otro y posiblemente, uno obtiene mayor ventaja que el otro, en relación con la perpetuación de sus genes. El caso es que la asociación tiene éxito en términos evolutivos y la especie permanece dividida en dos sexos.

Existen especies hermafroditas, como el caracol; especies cuyo sexo no viene determinado por un cromosoma, como las tortugas marinas o los caimanes, e incluso especies de peces que pueden cambiar de sexo, a lo largo de su vida, como el labro de cabeza azul. Pero todo eso es el cómo, el azar; la necesidad, lo que indica es que el intercambio genético, a través de la existencia de dos sexos, facilita la diversidad dentro de una especie y la aparición de nuevas especies (la evolución).

Posiblemente, el sexo surgió de encuentros casuales y afortunados entre especies unicelulares parientes, cuyo ADN era bastante compatible (por ejemplo, mismo número de cromosomas). Por selección natural, previa, ocurrida durante cientos o miles de millones de años, los organismos más hábiles en la depredación (descomposición de materia orgánica ajena para la fabricación de los materiales propios) habían sobrevivido y habían mutado hacia ciertas especies o subespecies distintas. Cuando se dieron estos encuentros, no hubo un claro predominio de un predador sobre otro y (a falta de mecanismos disuasorios, que se dan entre otros depredadores más complejos), los genes se recombinaron, de forma que la propia práctica del intercambio de información se perpetuó. Eso nada menos es la reproducción sexual.

Ahora bien ¿Por qué dos sexos y no más? Esto tampoco es tan difícil de explicar. Lo más fácil es decir que el ADN se forma como una molécula extraordinariamente larga que se enrolla en forma de doble hélice (no triple ni cuádruple hélice). Habría que estudiar mucha bioquímica para saber si una molécula de triple hélice sería posible en la práctica. Pero, de todas formas, si la compatibilidad genética entre dos individuos, para procrear es algo improbable, mucho más lo será entre tres individuos para cruzarse al mismo tiempo. Baste decir que en el ser humano, especie de dos sexos, el factor RH y el grupo sanguíneo representan un problema importante para la reproducción sexual, debido a incompatibilidad genética.

Si de un taxón determinado de organismos unicelulares existían, pongamos por caso, tres variedades, surgidas de mutaciones, la variedad A y la variedad B podían tener un encuentro afortunado de donde surgiera una recombinación de carácter sexual y esta práctica podría originar una nueva especie AB cuya reproducción sería sexual a partir de entonces (lo cual no extingue a las variedades iniciales A, B y C). Entonces ¿Por qué C no participa en estos juegos? Pues sí lo hace, pero en la generación de las nuevas especies AC y BC. Lo que ya sería excesivamente afortunado es que tres o más células, compatibles genéticamente entre sí hubiesen intercambiado información a tres bandas, originando una especie de tres sexos; aquí lo que fallaría sería el azar (sería demasiada coincidencia). Si esto hubiera sucedido alguna vez, no habría tanta compatibilidad entre organismos de tres progenitores y mucho menos entre éstos y los organismos de dos progenitores.

Una vez establecido el apareamiento en estas especies, se ha observado (ver Sykes, 2003: pp. 116 y ss.) que se forman divisiones celulares y que éstas, durante la estación seca, se mantienen bajo una cápsula o espora que forma paquetes de cuatro nuevas bacterias. Esta unión es temporal, pues luego se liberarán los nuevos organismos unicelulares, pero en determinadas situaciones y especies, las uniones son de carácter permanentes (colonias) o acaban originando tejidos especializados, lo que equivale a decir, organismos pluricelulares. De ahí venimos todos los animales observables a simple vista y otros que son microscópicos. Con respecto a las plantas, se cree que nuestro antepasado común con ella era la célula eucarionte, es decir, que el surgimiento de individuos pluricelulares se produjo de forma simultánea en distintos reinos.


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