BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

FAMILIA, IDENTIDAD Y TERRITORIO, ACTORES Y AGENTES EN LA CONSTRUCCIÓN DE LA CIUDADANÍA DEMOCRÁTICA

Coordinadoras: Maria Teresa Ayllón Trujillo y Maria Rosa Nuño




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II.-La territorialidad de la familia

Se enunció la teoría de la territorialidad de la familia en 2003 forjándose, mediante tres proyectos de investigación llevados a cabo en Madrid con la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED, 1995), luego en el rural profundo de Yucatán, financiado por la Secretaría de Relaciones Exteriores (Ayllón, 1997 y 1999) y de nuevo un segundo proyecto con la UNED (Ayllón et al.,1998) para culminar en una tesis doctoral (Ayllón, 2003) la cual demuestra que cada familia domina un territorio porque, a través de sus miembros, la familia se asienta, domina un territorio y dispone de medios -recursos materiales e inmateriales- para arraigar o echar raíces, a la vez que el territorio resulta modificado –personalizado- por el uso que la familia hace de él.

Definida la familia o unidad familiar como un sistema: el conjunto de individuos que aportan recursos al común y, que a su vez, toman del grupo recursos materiales y no materiales para integrarse en la sociedad, promocionarse, defender su vida y satisfacer sus necesidades vitales y relativas. La familia, vista en su complejidad, es un factor limitante pero también favorecedor de la movilidad social de los individuos. Las unidades familiares construyen entre ellas redes solidarias mediante relaciones basadas en el parentesco y en la ayuda mutua.

La red familiar se mantiene en los lugares de origen y se mantiene también en el exterior, cuando miembros de la familia se aforan por emigración laboral o promoción política. Cada miembro familiar en el espacio público –en tanto se comporte como tal- aporta nuevas alianzas y también nuevos espacios de dominio territorial familiar, fragmentados en el medio físico pero que suponen una continuidad en el dominio estratégico familiar ya que los recursos (materiales o inmateriales) captados en un espacio promocionan economías familiares en el otro espacio. Todo ello tanto cuando la familia o alguno de sus miembros se ciñen a su legítimo cometido como cuando alguno se excede ilegítimamente.

La familia genera estrategias no en situación de crisis o por supervivencia sino porque esa es su razón de ser. Las estrategias familiares se construyen eligiendo –consensuando o imponiendo- la actividad a desarrollar por cada uno de sus miembros de entre las posibilidades que el entorno y la posición que ocupan en la sociedad les permite. Cuando los recursos del territorio familiar son insuficientes, la familia selecciona miembros familiares que recaben recursos en el exterior de su red y de su territorio, como ocurre con la emigración. En la división del trabajo y las responsabilidades, la selección de los miembros se realiza según criterios de eficacia, culturales y de características individuales, a la vez que se relaciona recursivamente con las posibilidades concretas del medio al que se encamina. La vitalidad de la institución familiar y por tanto su interés para la gobernabilidad y la construcción de ciudadanía, se demuestra por su enorme capacidad de adaptación al medio cambiante, sin dejar de ser trasmisor idóneo de la pervivencia cultural y por la generación de estrategias que acatan o transgreden los lineamientos gubernamentales, según su jerarquía de intereses.

La familia es la estrategia universal que adopta la población (Ayllón, 2003). Así pues, la familia no es algo natural, relicto, portadora de valores eternos o resistente al cambio, sino que conserva las tradiciones en defensa de su identidad cultural pero innovando para conservar, adaptándose al entorno complejo de una manera siempre dinámica y recursiva. Desde esta perspectiva la tradición deja de tener el sentido peyorativo que le dan las corrientes progresistas para resaltar que toda tradición que pervive ha ido adaptándose a un entorno cambiante y la tradición como sinónimo de inmovilismo o bien no existe o se pierde precisamente por la falta de flexibilidad / adaptabilidad.

La familia está formada por el grupo de individuos que se reconocen emparentados, por lazos consanguíneos o no, que organizan su vida y sus medios para mantenerse unidos, satisfacer sus necesidades materiales e inmateriales, garantizar su seguridad, mejorar sus condiciones de vida y promocionarse. Queda decir que, como objeto de estudio, frente al individuo que es un elemento caótico, la familia se propone por ser un elemento complejo y coherente, con objetivos y estrategias predecibles. Especialmente para las ciencias sociales, la familia es un objeto idóneo para el análisis a escala local (Ayllón 2003).

La red familiar en el territorio: puentes, caminos, nodos

Tomando algunos conceptos de la geografía de la percepción, afirmamos que cada familia detenta un territorio que es el territorio familiar y se vincula con otras familias por sus miembros, en una red constituida por elementos de integración: puentes, caminos, nodos (ver Cuadro 4) y funciones: bisagras. Los nodos son los núcleos familiares o familias, da igual si las clasificamos como nucleares, extensas o compuestas ya que cada grupo familiar es una entidad más la red de relaciones familiares que integra. Los miembros de cada familia, se convierten en caminos al emprender su vida independiente lo que hace en realidad es abrir una vía de comunicación hacia relaciones sociales, recursos y territorios diversos que le van poniendo en alianzas con ajenos pero en las que también aparecen fidelidades, lazos identitarios y compadrazgos, a través de la amistad, el trabajo o negocios y cualquier forma de participación en grupos de identidad y camaradería; recursos en suma que podrán ser utilizados por otros miembros de la familia para su promoción o seguridad. Los miembros allegados a la familia, como conyuges o ahijados/as, constituyen puentes ya que conectan nodos distantes o pertenecientes a diferentes redes familiares.

Estos puentes pueden desaparecer desuniendo de nuevo a las familias; esto ocurre tras los divorcios cuando las familias emparentadas por esa alianza matrimonial no han generado nuevos lazos o puentes por falta de tiempo o por débil empatía entre los nodos. En cambio los puentes tienden a volverse caminos cuando la unión duró largo tiempo y/o han aparecido nuevas alianzas a partir de esa primera vinculación: hijos (nietos de los diferentes nodos), compadrazgos, negocios o cualquier otra forma de compartir intereses, seguridad y afectos.

Para oponer el ejemplo contrario, si un divorcio o viudedad se produce tras una larga unión que ha generado afectos, los suegros seguirán relacionándose con el cónyuge ajeno como si siguiera siendo parte de la familia, y es que en realidad lo es: se visitan, se aportan afectos, cuidados y ayudas materiales, por lo que podemos afirmar que ese puente se había convertido en un camino, el enlace sólido de dos redes familiares.

El número de caminos y nodos que tiene una red familiar está en relación con el número de miembros pero también con su sociabilidad; esto explica que las familias numerosas se perciban como un poder y que la sociabilidad sea una virtud pública o ciudadana; las formas de sociabilización aparecen en todas las culturas y épocas aunque las manifestaciones varíen localmente. Por consecuencia, las personas o familias intolerantes y pendencieras disminuyen la intensidad de su red social: se “cierran sus caminos”.

Aquí es muy interesante señalar que todas las diferencias que se dan al interior de una familia aumentan el grado de su potencial de integración social: las personas se relacionan por afinidades con otras ajenas: por edad, sexo, profesión, tendencias personales y de ocio… Es decir la identidad es la vía de encuentro e integración entre redes familiares distintas. Incluso en el espacio se quedan impresas esas diferentes identidades: tradicionalmente los hombres se encuentran en el bar, en las plazas públicas, los lugares de apuestas u otros reservados a la masculinidad mientras las mujeres tienen como lugar de encuentro el mercado, el centro de salud, el lavadero, el parque infantil o espacios similares. Modernamente hay más variedad y mixtura pero el hecho no cambia de la existencia de segregación de los espacios por género, edad u otros rasgos identitarios. Los niños y niñas constituyen grupos de identidad y relaciones de fidelidad en los salones de la escuela, en los campos de fútbol, lugares de juego, en los lugares típicos para los de su edad, en tanto ancianos y ancianas lo hacen en espacios igualmente propios donde coinciden con sus pares.

Cada uno de los elementos de integración social o territorial se comportan según los roles que les son propios: hijos, padres, ancianos, hombres, mujeres, madres, jefes de hogar, comisariados ejidales, maestros, funcionarios,… y desde cada rol cumplen funciones socialmente distintas dentro y fuera del ámbito familiar. La antropóloga Dolores Juliano señaló con gran acierto algo que había observado en Mauritania, que las mujeres fungian socialmente un papel de bisagra: cuando los hombres empañaban las alianzas entre familias a causa de su tradicional mayor competitividad masculina, las mujeres procuraban la reparación de las alianzas desde sus lugares propios acordando entre ellas los términos de la reconciliación, consiguiendo así gran estabilidad entre la red familiar (Juliano, 2003). Esta lúcida idea de función bisagra la hemos probado en campo y efectivamente las mujeres suelen arreglar lo que los hombres hacen peligrar en cuanto a relaciones comunales o de la red familiar pero también cuando los jóvenes de varias familias se enfrentan los viejos se buscan para restaurar la paz y evitar que la sangre llegue al río, o cuando todo un nodo o núcleo familiar se enfrenta a otro, miembros de una y otra parte se reúnen para acordar las condiciones de recuperación de la estabilidad ya que la red entera peligra cuando aparece una vendetta, un conflicto que tiende a crecer como bola de nieve en la pendiente. De manera que diferimos en que sean específicamente las mujeres las que realicen esa labor sino que es una propiedad de la familia: son todos los y las miembros familiares los que potencialmente fungen de bisagra, ayudando al sistema familiar a recuperar el equilibrio perdido tras un impacto.

En la misma lógica de actuación, cuando miembros externos a la red familiar agreden a un componente de la misma, la red salta solidariamente porque esa es la garantía de la propia seguridad y es a la vez la manifestación del poder, del dominio territorial de su familia . Hemos podido comprobarlo durante las largas estancias de observación en localidades campesinas marginales de la Huasteca potosina en los dos años que ha durado este proyecto, mediante entrevistas a familias urbanas muy diversas en la ciudad de San Luís Potosí, capital del estado potosino incluyendo familias monoparentales y no heterosexuales de larga duración todas ellas (de más de 5 años de convivencia) y finalmente debatiendo estos hallazgos en el seminario permanente interdisciplinar creado para este proyecto .

La familia: Su poder territorial en la participación política

Una de las instituciones con poder territorial más estable es la familia la cual construye redes más poderosas y eficaces cuanto menos competente resulte el poder del estado. Establecimos, conforme a esos parámetros la hipótesis siguiente: Aún cuando el gobierno de una sociedad no otorgue derechos de ciudadanía democrática y por tanto no esté construyendo vías de participación para la gobernaza de un país, estado, municipio o comunidad, la población se está construyendo democráticamente dentro de sus organizaciones primarias, en aquellas facetas en que el contexto social las ha logrado democratizar.

Los tres elementos de la construcción de la ciudadanía en sociedades democráticas: la confianza en las instituciones, la existencia de redes sociales y de valores éticos que las cohesionan (Cortina, A., 2004) las tomamos como categorías de análisis que pudieron observarse de manera privilegiada desde la estructura familiar. Los discursos, los hechos y las acciones nos descubrieron las estrategias familiares y las formas en que cada miembro establece relaciones de identidad o confianza con los diferentes grupos sociales e instituciones, haciendo así de bisagra entre el espacio privado –donde se construyen los valores éticos primarios- con el espacio público, donde se compite por el dominio territorial.


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