BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

FAMILIA, IDENTIDAD Y TERRITORIO, ACTORES Y AGENTES EN LA CONSTRUCCIÓN DE LA CIUDADANÍA DEMOCRÁTICA

Coordinadoras: Maria Teresa Ayllón Trujillo y Maria Rosa Nuño




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IV. La lucha electoral en Yucatán en el 2004

Pasaré ahora al análisis del contexto estructural y político de Yucatán dentro del cual se encuadra la praxis política en el nivel rural. En el transcurso de las tres últimas décadas Yucatán recorrió un trecho de cambios hacia la concentración urbana y hacia una reconfiguaración de su estructura social. De una parte, la crisis agrícola del maíz y de la agroindustria henequenera, aceleró la emigración del campo a la ciudad y de otra, el rápido crecimiento urbano sin industrialización modificó la distribución entre los tipos de ocupaciones recargándose hacia los servicios y el comercio, con lo cual se restringió la incorporación al mercado formal laboral de los y las jóvenes.

Un escenario crudo y de crisis económica y social, difícil de imaginar, hubiera enfrentado Yucatán de no ser por el rápido y amplio crecimiento de la industria turística que se inició en el vecino estado de Quintana Roo, en el año de 1970, el cual se encontraba prácticamente despoblado, con una población que no rebasaba los 100 mil habitantes. En el periodo de estos últimos treinta años (1975-2005), la Península de Yucatán toda (Campeche, Quintana Roo y Yucatán), ha sido una de las pocas regiones “ganadoras” del país, junto con la región de la Frontera Norte. Es ganadera porque experimentó un ritmo de crecimiento económico por encima de la media nacional.

El último dato del censo de población y vivienda del año 2005, indica que en Quintana Roo viven más de 250 mil personas nativas de Yucatán. Pero a pesar de esta enorme emigración registrada en las últimas décadas, en Yucatán los espacios disponibles para la inserción laboral siguen siendo escasos, especialmente para los y las jóvenes egresados de las escuelas de profesionales y técnicas. Las tendencias de cambio estructural yucateco se explican a partir de la sustitución de la agroindustria henequenera por la industria del turismo y la industria maquiladora (Bañ0s 2003; Ramírez Carrillo 2006). En el sector agropecuario ocurrieron dos cosas dignas de destacar: de un lado las agroindustrias porcícola, avícola y ganadera crecieron y ampliaron su mercado hacia toda la Península de Yucatán; de otro, las agriculturas tradicionales de la milpa y del henequén lentamente son sustituidas por una agricultura comercial tipo plantaciones e invernaderos, cuya planificación y control recae en las compañías transnacionales que rentan la tierra y compran la producción. Con lo cual el sector ejidal quedó muy menguado y la fuerza campesina totalmente disminuida. Observándose un muy alto nivel de proletarización de la fuerza de trabajo campesina o rural.

Junto con dichos cambios socio-económicos, Yucatán ha experimentado cambios importantes en la esfera político-electoral y esto es lo más importante para el tema de este capítulo. Por ejemplo, las pasadas elecciones del 16 de mayo de 2004 arrojaron los siguientes resultados: 51 alcaldías en manos del PAN; 50 en las del PRI; 4 en las del PRD; y 1 en las del PRI-PVEM. Mientras que el Congreso Local quedó compuesto por 13 diputados del PAN; 10 del PRI y 2 del PRD. El gran ganador de dichas elecciones fue el PAN, no hay dudas, puesto que arrebató un poco más de 40 alcaldías al PRI y pasó de 12 a 13 (de 25) escaños, siendo así el partido político con mayoría en el Congreso Local. Este nuevo escenario político que se presenta en Yucatán, surgido de las pasadas elecciones del 2004, coloreado por el bipartidismo, puede ser interpretado como un avance de la modernidad social en todos los ámbitos geográficos, económicos y políticos de dicha entidad.

Indicadores del avance de la modernidad social en la esfera política son: la certidumbre política que imperaba en el ámbito municipal tiende a ser sustituida por la incertidumbre, por la competencia entre candidatos de los partidos políticos. Los miedos seculares a la diversidad y las prebendas políticas junto con la compra de votos, son expedientes que tienden a quedar superados. Ahora la gente que habita en las comunidades rurales está más informada y con más facilidad da rienda suelta a su inconformidad mediante el voto en las urnas electorales. Gracias al proceso de avance de la modernidad social y no solamente al desgaste del partido político dominante durante más de setenta años, cobraron fuerza los pequeños grupos políticos locales rebasando los antiguos controles corporativos e ideológicos del PRI.

El presente escenario político bipartidista y la alternancia del poder resultan del proceso de cambio social más amplio que recorre el país estrechamente articulado a los mercados internacionales, a la globalización dicen. La comunidad tradicional controlada políticamente por unos cuantos tiende a ser un dato del pasado y es reemplazada por una localidad heterogénea. La cuestión política entre los yucatecos ha dejado de regirse por las lealtades y los miedos, de modo que la masa clientelar tiende a ser sustituida por grupos locales de intereses. ¿Cuáles? Los intereses particulares de los actores sociales (relacionados con la tierra pues los ejidos se convirtieron en propiedad privada, el comercio, la agroindustria) así como la creciente participación de las mujeres y los migrantes. Se observa que el poder político se ha recompuesto aún en los municipios más pequeños, incluso en los municipios más apartados.

Algunos analistas consideran que dicha reconfiguración del poder político en los municipios obedece a una estrategia de expansión de los partidos políticos (Ramírez Carrillo, 2005). Yo creo que no, salvo excepciones, como es el caso del triunfo del Partido de la Revolución Democrática (PRD) en Valladolid, la gente de las comunidades rurales más bien acudió al partido de oposición que más convenía a sus intereses.

En suma, el escenario político del presente es la expresión de un proceso y no el resultado de una sola jornada electoral. Ha sido un proceso difícil porque, como diría Lechner (1990:13), toda política (lo confiese o no) instituye, ratifica o modifica determinadas orientaciones del quehacer social. Por supuesto que la herencia cultural histórica maya no ha sido hecha tabla rasa, pero esa es otra historia, que prefiero no tocar por ahora. Sin embargo, conviene destacar que para la población yucateca, tanto rural como urbana, la modernidad social es el horizonte del futuro. La modernidad social entendida como la adopción de valores derivados del predominio de las corrientes económicas, políticas y culturales gobernadas por el pensamiento racional, científico, analítico y crítico.

Tanto el gobierno como los medios masivos de comunicación, de formas diversas, exaltan el paradigma de la modernidad social y muy frecuentemente invitan o inducen a la población una conducta política coherente con sus valores. En el ámbito rural se visualiza esta cultura de la modernidad de muchas formas, entre las cuales destaco los anhelos de la gente por: un más elevado nivel de educación, consumir productos industrializados, tener un empleo fijo y formal, habitar una vivienda de dos plantas, tener una televisión y un radio, acudir a las urnas electorales, etcétera.

-La experiencia electoral de Chocholá

El poblado de Chocholá está ubicado a unos 40 kilómetros al suroeste de Mérida y en el año 2000 contaba con una población de 4,057 habitantes, de los cuales 67.43% es alfabeto. Ese mismo año, 34% de la Población Económicamente Activa (PEA) se ubicaba en el sector primario; 7% en el sector secundario y 61% en el sector terciario. En Chocholá, como en otros municipios de Yucatán y del resto del país, el Partido Revolucionario Institucional (PRI) estableció su hegemonía y durante varias décadas sus candidatos eran seguros ganadores de la alcaldía. Hasta bien entrada la década de los ochenta los partidos políticos de oposición jamás alcanzaron a superar una votación cuyo porcentaje no pudiera contarse con los dedos de las manos.

El cambio importante en las tendencias de los resultados electorales en los municipios comenzó a observarse en el año de 1988 cuando el PAN conquistó una diputación federal en el distrito de Mérida, la capital. Para el año de 1995, aunque el PRI continuó ganando en 98 de los 106 municipios, el blanquiazul ya tenía en Chocholá una célula bastante estructurada obteniendo resultados competitivos, pues con todo y la fuerza del candidato a gobernador, Víctor Manuel Cervera Pacheco, figura política indiscutible que triunfó, el PAN consiguió 30% de los votos para la alcaldía de Chocholá. Era una señal inequívoca de la presencia significativa de ese partido en dicha población. En las siguientes elecciones de 1998, gracias a una estrategia publicitaria agresiva bajo la supervisión directa del gobernador, Víctor M. Cervera Pacheco, y al recurso de entrega de regalos, conocido como compra de sufragios, la votación a favor del PAN bajó a 27%.

En las siguientes elecciones del 2001, el PAN remontó a 42% la votación obtenida para la Alcaldía. Probablemente por el efecto Vicente Fox, que había ganado la Presidencia de la República en las elecciones del año 2000. La candidata priista triunfadora era la esposa de un ex alcalde en cuya administración había fungido como presidenta del DIF municipal y se había distinguido por su popularidad entre las mujeres amas de casa o jefas de familia. Además, supo conquistar el voto femenino mediante un discurso feminista de moda, con lo cual, al fin de la jornada, inclinó la balanza en su favor. De suyo, la llegada de una mujer a la Presidencia Municipal de Chocholá es, sin lugar a duda, una señal de la modernidad social, a la que hice referencia anteriormente.

En las siguientes elecciones, las del año 2004, el PAN en Chocholá, con un candidato salido de sus cuadros juveniles, alcanzó la Alcaldía con una diferencia de solamente 8 votos adelante del PRI (PAN 1118 votos y PRI 1110 votos). En vista de este resultado tan cerrado hubo una disputa postelectoral muy reñida. El conteo rápido (del entonces Instituto Electoral del Estado de Yucatán) había dado la victoria al PRI con una delantera de 6 votos, pero el conteo oficial modificó ese resultado. La diferencia de cifras, naturalmente, dio pie a un conflicto postelectoral de grandes proporciones y duró más de un mes . La disputa de esos pocos votos que inclinaban los resultados, confrontó a los grupos de la población, incluso a los miembros de las familias, Yareli: “mi familia es definitivamente priista [ ], pero yo me di cuenta que el candidato del PRI era un fanfarrón que decía ya gané y no necesito ayuda de nadie”, y es en medio de este conflicto donde los jóvenes se hicieron visibles frente a su comunidad, como ciudadanos defendiendo su voto y como actores políticos, Juan Pablo: “cuando se da la sorpresa que gana el PAN, los jóvenes tuvieron mucho que ver. La gente joven se da cuenta de que es lo que necesita y no se va por la tradicionalidad”.

-Las limitaciones de la praxis ciudadana de los jóvenes de Chocholá

En este apartado quiero mostrar la relación juventud-política desde el ángulo de la política en tanto relación y no sólo desde los indicadores tradicionales que son la confianza en las instituciones públicas, en los líderes políticos, etcétera. Señalo algunas acciones juveniles en el contexto de la comunidad y en un coyuntura electoral, pues me interesa entender la política como aquella actividad relacionada con la pluralidad y complejidad de la vida cotidiana.

En la década de los treinta Redfield observaba: "las comunidades mayas difícilmente pueden distinguirse de las que no lo son, excepto por lo que se refiere al modo de vida", que giraba en torno de la milpa. De ese modo para él, "la importancia capital de la agricultura maicera en la vida de los mayas resulta evidente para cualquier estudioso de los indios" (Redfield, 1977:8).

En Yucatán como se sabe, en el año de 1937 se llevó a cabo una reforma agraria que entregó tierras cultivadas de henequén a los trabajadores mayas de las haciendas henequeneras todas ellas situadas en 52 municipios alrededor de Mérida, la capital. Con ello, el ejido, tanto henequenero como milpero, se transformó no sólo en una figura jurídica de tenencia de la tierra sino que el ejido propició nuevas formas de organización social y política desconocidas en el seno de la comunidad de los campesinos mayas. En nuestra comunidad de estudio, en Chocholá, jamás hubo espacios ni físicos ni institucionales que fomentaran una cultura política independiente y crítica, por lo que el aprendizaje de los jóvenes en esa materia provenía de la experiencia vivida de cerca con sus padres. Esto debido a que la actividad principal de los pobladores era la agricultura, por lo que el acceso a la tierra era el mecanismo que regulaba también el acceso al poder. Los ejidatarios enseñaban a sus hijos el arte de la milpa o la siembra del henequén y de esa manera los jóvenes quedaban casi siempre subordinados a su autoridad.

Ese mismo esquema autoritario era aprovechado por el partido en el gobierno. La organización del ejido colectivo henequenero controlada por el PRI desde su nacimiento en 1937, sirvió de instrumento para instaurar una relación clientelar de los ejidatarios con el gobierno. El ejido era un recipiente de votos al servicio de los líderes y poderosos. Los ejidatarios confundían al “gran propietario de la tierra”, al Estado, con el gobierno y así mismo no veían diferencia alguna entre el gobierno y el partido en el poder, el PRI. En consecuencia, los ejidatarios yucatecos no veían alguna razón para dejar de votar por el partido que les aseguraba un mínimo para sobrevivir. Por fortuna, tal esquema se deslegitimó y ha venido cayendo en desuso bajo la fuerza de la crítica. La sociedad mexicana en su conjunto fue cambiando y modificando el régimen político.

En la actualidad, aunque las manipulaciones relacionadas con la tenencia de la tierra y la organización ejidal no han desaparecido, han sufrido modificaciones, de tal forma que la tenencia de la tierra es un tema que ha pasado a un segundo plano y ha quedado reducido en sus alcances. Gracias a la Nueva Ley Agraria de 1982, el ejido ha dejado de ser un aparato corporativo para transformarse en una arena política más, entre otras. El viejo aparato administrativo ejidal perdió casi por completo capacidad para controlar la praxis política de los ejidatarios y su lugar ha sido tomado otros aparatos, como el religioso, ligado a diversos escenarios de la vida cotidiana dentro de la comunidad. De otra parte y al mismo tiempo, tiende a surgir la figura del ciudadano, me refiero más específicamente a que los jóvenes ya no permanecen anclados a los aparatos tradicionales derivados del ejido. De tal suerte, que los ejidatarios fueron desplazados a un lugar secundario no sólo dentro de los cuadros políticos del PRI, sino también como actores sociales de la comunidad. Como ya señalé, la mayor parte de población económicamente activa dejó el sector primario y en la actualidad es el sector terciario que les brinda un empleo, los asalariados conocidos como empleados, son la mayoría. De modo que, desligados casi por completo de la agricultura, hombres y mujeres de esta población tienden a inclinar sus preferencias electorales en base a nuevas variables y factores. Es así que, desde por lo menos dos décadas atrás, los jóvenes ya no se ven sometidos a la autoridad paterna, muchas veces ni siquiera dependen económicamente de él. Los y las jóvenes de Chocholá prefieren trabajar fuera de la comunidad o en otra actividad cualquiera pero menos en la agricultura. Manejan diferentes fuentes de información que alimentan sus intenciones políticas.

Unos por estar de salida y otros por estar recién entrando al escenario, como los ejidatarios, los jóvenes no tienen un espacio, en tanto tales jóvenes, en los partidos políticos. La praxis política de los jóvenes ya no es la copia de sus padres como fue en el pasado, pero todavía no tienen una cultura política independiente y crítica. De hecho, el perfil ciudadano de los jóvenes alcanza un nivel cívico aceptable pero manejan una idea de la política muy pobre y superficial. Los jóvenes yucatecos de hoy están más informados y por lo general más inconformes que en el pasado, pero son presa fácil de la manipulación política de los partidos y del gobierno, por la vía de los medios electrónicos de comunicación, la radio y la televisión.

La praxis ciudadana de los y las jóvenes de Chocholá en una alta proporción se ve muy influida por la mercadotecnia política y se reduce a la participación en los procesos electorales (Baños 2006). Los y las jóvenes entrevistados raras veces se ven interesados y mucho menos involucrados en los grupos organizados o en las instituciones políticas. Sin embargo, son capaces de asumir posturas políticas firmes cuando se les convence con una idea, que en el caso estudiado fue la de dar una oportunidad de gobernar a otro partido político. En el año 2004 los jóvenes votaron por el PAN y lucharon por su voto, jugaron un papel muy importante en el triunfo de este partido. Todos los entrevistados, sin embargo, dijeron no ser panistas.

El discurso que los atrapó y comprometió fue muy simple, ligada al deporte que es la actividad recorre todo el tejido social de la comunidad. Por la sencilla razón que es la actividad más saludable y prácticamente la única oferta cultural al alcance de todas las personas. En la esfera del deporte es donde los jóvenes rurales se reencuentran después de la escuela o del trabajo. Se organizan ellos mismos y se identifican entre sí, aquí no se obedecen jerarquías familiares. Es en la “cascarita” de fút, de básquet o de béisbol donde por las tardes y los fines de semana –en calidad de espectadores o de jugadores- se reúnen jóvenes estudiantes y trabajadores, mujeres y hombres, casadas y solteras, muy jóvenes y casi adultos.

Mario: “…yo tengo la idea que se promueva el deporte. Aquí el PRI había ganado tantos años que dejó el básquet como unos diez años, hasta que se volvió hacer un campeonato bastante mal. A mi que soy capitán, el PRI me apoyaba para salir a jugar pero dejó de hacerlo. Luego dije aquí no hay nada yo tengo que salir a jugar y a mi les dije me van a apoyar o salgo a buscar patrocinador. Nosotros así hemos estado jugando en Umán con patrocinador…”

Poco se habla de política en las canchas pero los jugadores suelen valorar de manera positiva al líder de su equipo o a los organizadores de torneos municipales. Este liderazgo es altamente valorado ya que para los padres de familia el deporte es la mejor opción para contrarrestar los efectos nefastos del alcoholismo y la drogadicción entre los jóvenes, los cuales, por cierto, ya se observan en la comunidad de manera muy notoria.

Parece simple, demasiado simple, pero así ocurrió. En las competidas elecciones del 2004, un joven deportista, arquitecto de profesión, candidato del PAN aprovechó la fuerza electoral juvenil que estaba inconforme con los ex alcaldes priistas que no apoyaban las actividades deportivas mediante el mejoramiento de las canchas, ni ayudaban con fondos para los uniformes de los equipos. Pedro Coob sabía que era difícil pedirle a los adultos, viejos clientes priistas, que lo apoyaran para dar cabida a una nueva forma de hacer política, en cambio los jóvenes por lo general ligados al deporte parece que contagiaron a las mujeres igualmente jugadoras de softbol, béisbol, básquet y hasta fútbol.

Como siempre ocurre, no todos(as) los(as) jóvenes participaron, pero fue una vía inédita para constituir una fuerza ciudadana electoral que no se guió por el prestigio o la plataforma de un partido político sino de unas propuestas concretas relacionadas con las inquietudes concretas y las promesas de un gobierno municipal moderno y plural, preocupado por el porvenir de sus iguales, los jóvenes. El PAN en Chocholá, sencillamente recibió una oportunidad de gobernar, no ganó en base a unos principios políticos o una plataforma ideológica, sino porque supo convertir a los jóvenes en ciudadanos participativos. De hecho, sin saberlo la juventud del poblado se convirtió en un actor político protagónico.


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