BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

UNA MIRADA PLURIDIMENSIONAL AL PROCESO DE COMUNICACIÓN

Luis Pérez González




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Capítulo III: Comunicación y semipresencialidad

El problema de la semipresencialidad y el del acceso a la Educación Superior han estado siempre muy entrelazados, y a su vez, ambos conducen a estudiar las características de la comunicación pedagógica en tales condiciones.

No se trata, en efecto, de una problemática nueva, sino de una necesidad reconocida desde hace varias décadas y que hoy, a la luz de todos los cambios que han tenido lugar en el mundo como consecuencia de la globalización y del acelerado desarrollo de la ciencia y la tecnología, se convierte en imperativo impostergable.

Desde el pasado siglo, este tema ha estado en el centro de los debates académicos como un aspecto recurrente. Entre los documentos y declaraciones de importantes Foros regionales y mundiales que han abordado este asunto, y que ilustran esa afirmación se encuentran:

 La Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948).

 La Convención contra la Discriminación en la Enseñanza (1960).

 La Conferencia Mundial “Educación para Todos” (Jomtien, 1990).

 El Documento Cambio y Desarrollo en la E.S. (UNESCO, 1995).

 Las Conferencias Regionales sobre Educación Superior (UNESCO, 1996-1998).

 La Conferencia Mundial sobre la Educación Superior (UNESCO, París, 1998).

 El Foro Mundial sobre la Educación ( Senegal, 2000).

Hoy constituye un elemento de primer orden en el ámbito de la Educación Superior en el mundo, donde lamentablemente todavía predominan los enfoques elitistas, que limitan a determinados sectores sociales las reales posibilidades de cursar estudios superiores. Esta realidad se hace más aguda con la tendencia que actualmente se manifiesta en numerosos países, en los cuales las Universidades se han convertido, por la vía de la privatización en un creciente y lucrativo negocio.

En Cuba, los primeros antecedentes de estudios semipresenciales se remontan a la década del 70, con el surgimiento de los Cursos para Trabajadores, modalidad de estudio que responde a un justo reclamo del movimiento obrero, de poder tener un mayor acceso a las aulas universitarias sin necesidad de abandonar sus compromisos laborales. Algunos años después, a finales de esa propia década, surge la Educación a Distancia, en el mismo camino de ampliar la respuesta para los diversos sectores sociales.

Hoy, los Programas de la Revolución que se desarrollan en el país abren nuevas oportunidades de acceso, al asegurar de forma masiva, la continuidad de estudios, con lo cual la idea de la semipresencialidad se refuerza. A nueve años de aquel inicio, con decenas de miles de personas estudiando en modalidades semipresenciales, en alrededor de mil Sedes Universitarias en todo el país, y con un claustro de profesores a tiempo parcial de unos 80 000 profesionales, el perfeccionamiento de esos estudios deviene reclamo de primera instancia.

Si algo está hoy totalmente claro, como resultado de estos años de práctica pedagógica en las S.U.M., es que dichos estudios no son privativos de un tipo particular de curso. Ya hemos podido comprobar cómo en los Cursos Regulares Diurnos comienzan a introducirse en algunas disciplinas y carreras, experiencias de trabajo con la modalidad semipresencial y que demuestran ser superiores a lo que se hacía con métodos tradicionales.

Tomando en consideración todo lo anteriormente expuesto el problema que nos ocupa queda expresado en la siguiente interrogante: ¿Cómo alcanzar altos niveles de comunicación pedagógica en las condiciones semipresenciales para que se favorezca el proceso formativo de los estudiantes?.

Y el objetivo general: Fundamentar la propuesta para el desarrollo del proceso de comunicación pedagógica en los programas semipresenciales y su implementación a través de una estrategia didáctica en la Universidad de Pinar del Río.

Se emplearán métodos teóricos como el análisis-síntesis y la inducción-deducción en el estudio que se hace de los rasgos que tipifican al modelo semipresencial. Y como método empírico la observación, apoyada en la aplicación de instrumentos que permitirán interpretar el nivel de satisfacción de estudiantes y docentes.

El nivel de actualidad del tema, resulta evidente ante la impronta de la Nueva Universidad, de cara al principio de Universalización del conocimiento, o sea, Universidad para Todos y durante toda la vida.

Ante semejante desafío de masividad y heterogeneidad de cursos debe ser superior la calidad. Y para ello no se trata de trasladar mecánicamente lo que en el orden de la comunicación pedagógica hemos aplicado en la presencialidad, sino de crear nuevas estrategias didácticas que se ajusten a formas de organización de la docencia, tales como el encuentro, la consulta y la tutoría.

El tema aportará importantes elementos teóricos a la pedagogía y, especialmente, a la didáctica en torno a la necesaria singularidad de los procesos comunicativos en los modelos semipresenciales de enseñanza-aprendizaje. A la vez ofrece en la práctica como propuesta una estrategia concreta para que ello pueda materializarse con resultados satisfactorios.

Se trasciende el acostumbrado enfoque psicologista que hemos encontrado en el tratamiento a la comunicación y se asume una visión integracionista más completa en la que aprendizaje colaborativo y dimensión dialógica del conocimiento ocupan un espacio importante.

Se advierte, pues, el desplazamiento preferencial de la atención hacia cuestiones relacionadas con la metódica -dentro de esta se jerarquiza el debate – y los medios de que se disponga (sobre todo una efectiva guía interactiva o una teleconferencia verdaderamente activadora del pensamiento y la indagación). Se ejemplifica para ilustrar con intención desarrolladora el instrumental teórico que se expone.

El trasfondo sociológico subyace al concebir la comunicación como un componente cultural que agrupa a todo un sistema de competencias.

La novedad radica precisamente en comprender a la comunicación como un proceso que como cultura es la estructura sobre la que reposa, y esta apertura para la pedagogía resulta trascendental.

Se trata, pues, de dirigir el desarrollo de las actividades docentes tomando en cuenta este carácter integrador, hacia todas y cada una de estas dimensiones, y ello es posible si se aplican modelos pedagógicos sustentados en una estrategia metodológica que contemple momentos esenciales de la actividad del estudiante.

En las ciencias de la educación se ha concedido en todo tiempo una importancia prioritaria al estudio de las características de la comunicación. Más específicamente, la actividad didáctica, como relación interpersonal intencional, se realiza a través de un proceso de comunicación, que desde una perspectiva estructural se podría conceptualizar como un intercambio de mensajes significativos entre un conjunto de personas que actúan alternativamente como emisores o receptores, entre los cuales hay que considerar el contenido, el entorno psicosocial, el nivel de formalización y el lenguaje utilizado (Teoría del contexto).

En la actualidad, aceptándose la función del profesor como organizador de la comunicación didáctica, se estima que estriba más en la determinación de las líneas y orientaciones generales de la estructura comunicativa y se deja así al estudiante con mayor libertad para su actuación en el plano operativo.

La escuela, como todo organismo social, constituye una red de comunicación cuya arquitectura y propósito están mediados por el lenguaje. Como en ninguna otra institución, la relación interpersonal es esencialmente verbal y en cada encuentro del sujeto con la palabra del otro se perfila una continua construcción de identidades.

En los últimos años se ha incrementado la tendencia a comprender la necesidad de una metodología integrista e interactiva que supere los desequilibrios mediante un modelo holista, que permita romper los esquemas monoplanares, deje alternativas a la experiencia, al potencial creador y reconozca que el “juego” comunicativo del proceso docente – educativo más allá de la simple verbalización de patrones, reifica desde su fondo sociológico la mayor tensión generadora y regeneradora de las relaciones discursivas, mentales y culturales del hombre.

Para la Nueva Universidad en nuestro país, todo ello adquiere una profunda connotación. La idea de la semipresencialidad como una estrategia educativa general de la Educación Superior, rebasando el concepto ya estrecho de una simple modalidad de formación, surge y se afianza en la necesidad que tiene la época actual de ampliar el acceso a los estudios superiores. El Programa de la Universalización es la concreción que ya podemos mostrar en tal empeño.

Es hoy una verdad reconocida por todos los que estudian estos problemas que el tema del acceso a las universidades está íntimamente relacionado con la búsqueda de nuevos métodos para el quehacer pedagógico, que no estén limitados por los enfoques tradicionales, centrados en una alta presencialidad, que fundamentan su éxito en lograr que docentes y estudiantes compartan semanalmente, en un espacio común, altos niveles de carga académica, en algunos casos superiores a las treinta horas semanales.

El problema es sumamente complejo porque tiene que ver con viejos sofismas pedagógicos fuertemente arraigados en los claustros. Y son precisamente esas personas, los profesores y directivos universitarios, quienes tienen la responsabilidad de producir esas transformaciones. Entre esos mitos o sofismas, los más comunes están relacionados con dos ideas. La primera, muy común y defendida por la mayoría de los docentes, que plantea la necesidad de disponer de altos volúmenes de carga presencial para poder cumplir exitosamente los objetivos del curso. Tanto es así que usualmente los procesos de modificación curricular se limitan casi exclusivamente al debate entre los docentes de la cantidad de horas de cada materia de estudio, y donde se reclamen más horas argumentando que las actuales no son suficientes.

El otro sofisma, igualmente arraigado, es el que relaciona de modo inevitable los incrementos en el acceso con la pérdida de excelencia académica, la que se ha soportado en toda la historia precedente de las universidades en el mundo, en criterios selectivos, elitistas, que de ninguna manera aseguran las demandas de la sociedad contemporánea.

La concepción de semipresencialidad que estamos defendiendo supone la adecuada articulación de ayudas pedagógicas presenciales con otras mediadas por recursos tecnológicos, que permiten extender la influencia del profesor más allá del momento en que se encuentra con sus estudiantes; y que es adaptable en intensidad a los requerimientos de los estudiantes que participan del proceso de formación y a los recursos tecnológicos disponibles para llevarla a cabo. Sin dudas, ello propicia un enfoque más individualizado, personalizado de esa relación, a partir de las necesidades educativas de cada estudiante.

Lo anterior constituye un verdadero desafío en materia de comunicación pedagógica, pues carecería de sentido pretender extrapolar mecánicamente lo que se hace en los modelos presenciales. Por sus características, los estudios semipresenciales posibilitan enfrentar mayores niveles de acceso y demandas de poblaciones estudiantiles geográficamente distantes de las sedes centrales. Son diversos los factores que aconsejan el empleo cada vez más fuerte como tendencia de los modelos semipresenciales. Podemos identificar los siguientes:

Factores sociopolíticos

• Aumento de la demanda educacional, que no puede ser satisfecha con los métodos tradicionales.

• Urgencia de formar profesionales altamente calificados en función de las necesidades específicas del desarrollo territorial.

• Necesidad de asegurar un vínculo estable de los estudiantes con su localidad, su ámbito laboral y en general con sus condiciones de trabajo y vida, de modo que se garantice la compatibilidad con sus obligaciones laborales, personales y familiares.

Factores pedagógicos

• Necesidad de flexibilizar los currículos y personalizar más la atención de los estudiantes, de manera que cada quien pueda avanzar, progresar al ritmo que sus posibilidades le permiten.

• Promoción de niveles superiores de independencia cognoscitiva de los estudiantes y adquisición gradual de hábitos de trabajo independiente y de autopreparación.

• Perfeccionamiento del vínculo del estudio con el trabajo y la teoría con la práctica, al desarrollar una estrecha relación con las tareas laborales que cumplen los participantes, lo cual puede llegar a constituirse en el eje fundamental de su proceso de formación.

Factores tecnológicos

• Utilización en todas sus posibilidades de los recursos tecnológicos disponibles, en función de potenciar la asimilación de los contenidos que adecuadamente empleados, permiten potenciar el proceso de formación.

La idea rectora de la unidad entre los aspectos educativos e instructivos que tipifica al modelo general de formación de toda la educación superior cubana en las condiciones de la semipresencialidad se apropia de una fisonomía muy singular. Y entonces diríamos que únicamente consiguiendo altos niveles de comunicación pedagógica, aun cuando el profesor no está junto a él todo el tiempo, es la clave del éxito.

Recordemos que la esencia de esta idea rectora está en lograr que los estudiantes se apropien de los valores que han de caracterizar su desempeño profesional. Los valores son parte del contenido de enseñanza, y como tal se requiere que sean precisados en los programas de estudio y trabajados pedagógicamente para lograr que los estudiantes los incorporen a su personalidad. La formación de valores en la personalidad de un joven tiene su propia dinámica, diferente a la de dominar un concepto o apropiarse de una ley. Es algo que atañe no solo a la universidad, sino a toda la sociedad. ¿Cómo lograrlo entonces bajo un modelo de formación semipresencial? La idea es retadora, porque una fortaleza para la labor educativa en los Cursos Regulares Diurnos es precisamente el tiempo en que estudiantes y profesores participan de conjunto en las diferentes actividades lectivas. En condiciones de menor presencialidad se hace necesario utilizar otros recursos para lograr los mismos objetivos educativos. Se trata entonces de poner en función de ese quehacer no solo los recursos tecnológicos disponibles, sino concebir de un modo diferente el sistema de influencias educativas, que haya coherencia entre estas, ese es el requerimiento primordial para que la comunicación “fluya” y sean internalizadas por el alumno. La identificación de nuevas figuras docentes, propias de esta modalidad juegan aquí un papel fundamental, sobre todo la del tutor, que está llamado a cohesionar todas esas influencias. Es un claro proceso de reingeniería universitaria.

En este sistema de influencias educativas lo laboral reclama de un pensamiento diferente, porque generalmente está dado en el hecho de que la mayoría de los estudiantes, además de estudiar, tienen importantes tareas laborales que le ocupan una parte importante del tiempo. La solución está entonces en aprovechar tal situación para convertirla en una fortaleza del proceso de formación, integrando el entorno laboral de los estudiantes a dicho proceso, logrando además que los empleadores participen activamente de esta labor, ello también favorecerá la comunicación, pues en la empatía está la garantía de la interiorización.


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