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DESARROLLO REGIONAL E INVERSIÓN EXTRANJERA DIRECTA EN EL SECTOR AUTOMOTRIZ. DESEMPEÑO, COMPOSICIÓN Y ASIMETRÍAS ENTRE ARGENTINA Y BRASIL (2000-2009)

Guadalupe Piñeyro y otros



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Capítulo 3. Análisis de las inversiones extranjeras directas (IED) en el sector automotriz en el caso específico de Argentina y Brasil

A partir de los años ’90 se aprecia un ingreso masivo de flujos de IED en el MERCOSUR, estableciendo tanto impactos positivos como negativos en el interior del sector automotriz de Argentina y de Brasil. Así las IED a través de las ET desarrollaron un papel fundamental en el entramado productivo del sector automotriz en el MERCOSUR.

1. Perspectivas y características generales de las inversiones extranjeras directas (IED) en el MERCOSUR.

Retomando lo establecido en el Capítulo 1, debemos tener presente y resaltar el contexto en el cual se desarrollan dos procesos de suma importancia, que nos permiten comprender en su totalidad el tema tratado, un primer proceso, es un mundo Globalizado y luego aparece el segundo proceso que es la formación de bloques económicos regionales, cada vez más interdependientes entre sí, donde la IED tiene un lugar predominante, a través del rol estratégico desarrollado por las ET.

Así se distingue la profundización del proceso de Globalización, donde existen tres aspectos que se encuentran contenidos en el mencionado proceso:

1. El aumento de la interdependencia de los países mediante la mayor expansión de las corrientes internacionales de comercio, tecnología e inversiones;

2. El fortalecimiento de la predisposición a organizar reglas internacionales en distintas áreas, desarrollando un papel principal la Organización Mundial del Comercio (OMC);

3. La expansión de distintas formas de acuerdos, que se extienden desde procesos de integración regional hasta tratados de inversión.

Las ET y sus filiales, a partir de la participación constante en la formación de cadenas de producción globalmente integradas, en los distintos países donde ingresan llevan a cabo un papel central mediante la articulación de la trama productiva. La preeminencia de estás en el comercio exterior, en la producción nacional y mundial, en la generación y transmisión internacional de tecnología, en alianzas, provocan que sus estrategias tengan un alto grado de significación para el progreso de las economías donde se insertan. Igualmente, las particularidades de las actividades que realizan en los contextos en que se instalan, determinan ciertos impactos provocados a la estructura productiva local. (Aldana et al. 2008).

Teniendo en cuenta el panorama internacional, las mismas estrategias de las ET se fueron modificando hacia el camino de establecer sistemas internacionales integrados de producción, que fueron desarrollados con éxito por la presencia de distintos factores, tanto la rápida transmisión de las tecnologías de la información y las comunicaciones, como también la influencia de una mayor liberalización de los flujos de comercio e inversión. (Chudnovsky-López, 2006).

De esta forma, los socios del MERCOSUR, según Chudnovsky-López (2001) entendieron la entrada de IED, como una contribución esencial para la eficacia de los programas de reforma estructural realizados en 1990, tanto para el financiamiento del balance de pagos, como también la posibilidad de la modernización tecnológica y la mejora en la competitividad de las distintas economías de la región. Así tanto Argentina como Brasil, y en menor dimensión Paraguay y Uruguay, desarrollaron y llevaron a cabo programas de reformas estructurales a la manera del denominado “Consenso de Washington”, estableciendo ciertos aspectos claves y relevantes para los mencionados países, como la liberalización comercial, desregulación de mercados y privatización de empresas públicas. Dentro del proceso de reformas en lo que concierne al caso específico de las IED, se buscó eliminar las restricciones y condiciones para el ingreso de las mismas, como también a desregular las operaciones de las filiales de ET y mantener un tratamiento igualitario con las firmas locales.

Teniendo en cuenta el análisis de Kosacoff-Porta (1997), podemos establecer cinco aspectos generales que favorecieron la atracción de la IED a la región: las políticas de transformación estructural (apertura comercial, privatización de empresas públicas, etc.), la propia formación del MERCOSUR (con la ausencia de las barreras comerciales entre sus socios), la reactivación de la demanda interna y el mantenimiento estable de los precios (mediante la aplicación del Plan de Convertibilidad), la renegociación de la deuda externa, y por último, la mayor liberalización de la reglamentación en materia del capital extranjero.

El MERCOSUR para Chudnovsky-López (2006), se convirtió en una de las principales áreas de atracción de IED entre los países en desarrollo (PED), ocupando Brasil el primer puesto de recepción de IED con un 2,4% y luego Argentina con un segundo lugar con el 0,4%, así se transformaron en los principales países receptores de la IED recibida al bloque. (Cuadro nº 8)

También debemos resaltar que la formación del bloque regional tuvo un rol destacado en la reformulación de las estrategias operativas de las ET instaladas en la región. Mediante la configuración del MERCOSUR, con un panorama de dinamismo expuesto por la demanda interna y regional, se transformó en un aspecto determinante para las decisiones de inversión de las ET, no sólo para las empresas que ya se encontraban establecidas, sino que también para las nuevas empresas que ingresaron al bloque.

Tanto para Argentina, Brasil y Uruguay influyen los países inversores extra-regionales, encontrándose como primordial país inversor EE.UU. Luego aparecen los países europeos, con un destacado papel de inversores, como Alemania, Francia, Suiza, Reino Unido, Italia y Holanda. También se percibe un rol predominante de firmas españolas, y para el caso específico de Brasil, empresas portuguesas, esta predisposición se encuentra enérgicamente relacionada a los distintos procesos de privatización. Otro aspecto importante a destacar, es la disparidad que existe con respecto a la representativa presencia de IED japonesa en Brasil, en vinculación al pequeño peso inversor tanto en Argentina, Uruguay y Paraguay. (Chudnovsky-López, 2006).

Un fenómeno relativamente reciente, es la relevancia de Brasil como país de origen de IED hacia Argentina, obteniendo en el 2008 el cuarto puesto de mayor participación en el stock de IED en el país mencionado, está disposición ascendente desde el 2002 que verifican las inversiones brasileñas es la consecuencia de cuatro factores según el Informe sobre IED en Argentina (2010):

1. las oportunidades de inversión que resultaron después de la vertiginosa expansión de la economía argentina luego de la crisis del 2001;

2. el crecimiento económico brasileño y el sustento financiero otorgado por BNDES (Banco de Desarrollo de Brasil) para alcanzar la internacionalización de las empresas de dicho país;

3. algunas empresas argentinas de primer nivel estaban subvaluadas, mostrando una ocasión única de compra para las empresas brasileñas (fortalecido por el peso relativo del real brasileño en relación al peso argentino);

4. la cercana relación comercial entre Argentina y Brasil, institucionalizada mediante el MERCOSUR, tuvo un rol decisivo en convertir a Argentina en una primera instancia para la tendencia de internacionalización de las firmas brasileñas;

También la progresiva participación de Brasil en los flujos de IED hacia Argentina manifiesta una tendencia global, es decir, la participación creciente de las economías emergentes en los flujos de IED hacia Argentina.

Según la visión de diferentes autores, coinciden en establecer que la intensiva entrada de IED hacia el MERCOSUR se encuadra en la evolución de la IED a nivel mundial, y en forma más específica de la IED enviada a países en desarrollo. Aunque también, debemos tener en cuenta ciertos factores internos, que le permitieron a la región ingresar IED, entre los cuales se destacan el tamaño y la expansión del mercado interno, las privatizaciones, la desregulación y apertura comercial de los países del MERCOSUR. (Bittencourt et al. 2006).

De este modo, mediante el gráfico nº 5 podemos observar durante el período 1980-2004, la distribución del stock de IED entre los países socios del MERCOSUR, donde queda expuesta la diferencia entre Argentina y Brasil.

También a través del Cuadro nº 9, se detallan los porcentajes ingresados de IED en cada uno de los países socios del bloque económico, teniendo un enérgico primer lugar Brasil (72,7%) y después aparece Argentina en un segundo lugar con un marcado contraste (25,8%), durante el 2004.

Tomando la clasificación de las distintas formas que pueden adquirir la IED según Dunning (1994), en relación al MERCOSUR los flujos ingresados de IED han tenido un rol influyente de tipo market seeking, con fuerte centro en el sector servicios, en estrecha relación a las privatizaciones, aunque también son notables las corrientes de tipo resource seeking relacionadas a la búsqueda de recursos naturales. Se presentaron también casos de estrategias de tipo efficiency-seeking de repercusión regional, permitidas por el desarme de barreras tarifarias dentro del MERCOSUR, que habilitó especializar a las filiales por líneas de productos que después se intercambiaron dentro del bloque. Además la liberalización unilateral permitió que las filiales terminen su oferta local con bienes importados y suplanten proveedores locales con importaciones de insumos y bienes de capital. (Chudnovsky-López, 2006).

La captación de considerables corrientes de IED se trasformó, para la mayoría de los países en desarrollo, en uno de los objetivos principales de política económica, así se ha traducido en políticas de competencia para conseguir IED. (Chudnovsky-López, 2001)

Siguiendo a Oman (1999), podemos establecer dos formas de competencia por la IED:

1. “Vía reglas”: esta manera de competencia se centra en dos formas distintas de acciones: a- la disminución de estándares ambientales o laborales; b- el fortalecimiento de la seguridad económica y política, la firma de tratados de integración regional, la desregularización de mercados, etc.

2. “Vía incentivos”: donde estos pueden ser: a- Incentivos financieros (créditos subsidiarios, ayudas directas, etc.); b- Incentivos fiscales (rebajas impositivas, etc.); c- Incentivos indirectos (tratamientos regulatorios especiales, suministro de terrenos e infraestructura, etc.).

Debemos subrayar, el surgimiento de conflictos entre los dos socios más importantes del bloque, Argentina y Brasil, debido a las políticas de incentivos establecidas por este último país. Esto como resultado, de la ausencia de un régimen común que discipline los incentivos a la inversión concedidos por los países que integran el bloque. Con respecto al tema de las inversiones en relación al MERCOSUR, se han firmado dos documentos en 1994: Protocolo de Colonia para la Promoción y Protección Recíproca de Inversiones en el MERCOSUR (también llamado Protocolo “intra-zona”), y el Protocolo de Colonia sobre Protección y Promoción de Inversiones provenientes de Estados no Partes (llamado Protocolo “extra-zona”), aunque ninguno de ellos fue ratificado por los países que integran el bloque. También en 1996, se firma el Protocolo de Defensa de la Competencia, el cual establecía estándares y dispositivos para controlar las medidas estatales que erosionaran el comercio y la competencia entre los países miembros. Este Protocolo, se encuentra sin entrar en vigor aún. Luego en el 2000, como resultado de las disputas antes mencionadas entre los dos países de mayor peso dentro del bloque regional, Argentina y Brasil, se formó un Subgrupo de Trabajo dentro del MERCOSUR para analizar los problemas encontrados por los Estados Partes para la aprobación y ejecución del Protocolo de Colonia y Protocolo de Buenos Aires. Con el transcurso del tiempo, desde la adopción de las decisiones, y pese a la posición de buena voluntad aportada por los distintos integrantes del bloque, no se lograron aún traducir en avances concretos. (Chudnovsky-López, 2006).


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